Su espíritu sagrado se eleva

Por S. Qiouyi Lu

鶼鶼 jian jian (en sistema Wades-Giles), kimkim (cantones estándar)
Lit. Pareja de aves míticas interdependientes, cada una posee un ojo y un ala.
Fig. Una pareja inseparable.

Con los cuerpos pegados uno contra otro, nos elevamos sobre las montañas de Guilin y nos detenemos en una cima frondosa. Plegamos juntas nuestras alas , las tornasoladas  puntas de las plumas de mi ala descansan sobre la tuya. Soportas nuestro peso sobre tu pierna, cuando te cansas, soporto nuestro peso en la mía. El control sobre nuestros ojos es compartido.

El río debajo reluce con un millón de tonalidades del ocaso, botes pequeños deambulaban por la superficie, adornando esos resplandecientes colores. Un céfiro cruje a través de los árboles y sacude la esencia de toda la flora y fauna a nuestro alrededor. Levantamos vuelo nuevamente, nuestras alas perfectamente sincronizadas y nos deslizamos sobre el agua.

Los pequeños botes se dispersan para dar lugar a un barco más grande que emerge de la curva del río . Algo está mal con el aspecto de este barco, es como una puñalada al paisaje. Mientras que los otros botes son pequeñas balsas de bambú atadas con cáñamo, este barco es una cosa monstruosa, impetuosa y angular que contrastaba con las redondeadas curvas de las montañas. Huele a fuego, pero no a fuego hecho con madera. Algo más antiguo, arrancado de la tierra, agrio, que desentona con el aroma fresco de la lluvia de las montañas.

Un grito, seguido de otro. Los humanos se mueven por todo el barco, preparan un dispositivo y nos apuntan con él. Nos elevamos, pero es demasiado tarde ¡Pam! Un suave silbido se escucha detrás nuestro y una red nos envuelve, nos destierra de los cielos.

Agitamos nuestras alas, y nos machucamos las piernas, pero la red sigue ahí, firme y ajustada. Somos grandes entre las aves, pero pequeñas entre los humanos. Se amontonan a nuestro alrededor, nos bloquean la luz del sol, y nos confinan en una caja. Nuestros corazones laten  juntos, cada vez más y más rápido, un staccato de pánico en nuestros pechos. Los espacios entre las tablas nos ofrecen un espacio muy reducido para respirar. Estiramos los cuellos para mirar hacia afuera, pero han tapado la caja con una tela negra, para escondernos del mundo.

No tenemos noción del tiempo ahí adentro. A veces, cuando quitan la tela, se filtra un hilo de luz solar; en otras ocasiones, el cuarto queda oscuro. La única constante era el mecer de las olas detrás nuestro. Nos alimentan con desperdicios de pescado a medio descomponer y los devoramos, pero nunca es suficiente. Temblamos la una contra la otra.

A medida que pasan los días, nos desvanecemos juntas. Ansiosas, mutilamos nuestros cuerpos, muchas de nuestras plumas, esmeraldas y carmesí, relucen desparramadas por toda la caja, con los calamos retorcidos. Sólo el color pálido de los troncos de ginkgos permanece en nuestros pechos.

Cuando finalmente volvemos a tocar tierra y los humanos nos sacan del barco, sentimos que el olor del océano sigue siendo el mismo que el del océano allá en nuestro hogar,  pero solo reconocemos la mitad de las estrellas en el cielo. Han cambiado y rotado, ahora descansan en lugares distintos en el oscuro océano de la noche. Los humanos nos llevan a un lugar donde no hay árboles, nos trasladan de la caja a una jaula. Graznamos, nuestra voz suena ronca, agitan nuestra caja, nos devuelven el graznido y nos calmamos.

Sus voces hacen eco en las paredes y crean un bosque de parloteos que no podemos entender. Entierro mi cabeza en tu cuello, cierro mi ojo y nos dejan ahí solo con la mitad de tu espacio. Ladeas la cabeza y observas a un pequeño grupo de humanos mientras conversan.

Nos alimentan con mejor pescado aquí. No hay un río adentro, pero el brillo de todos los muebles metálicos nos recuerdan al agua de todas formas. Un día, cuando los humanos nos dejan salir de la jaula para volar libremente en un cuarto grande, confundimos una mesa brillante con un charco. Nos detenemos en su superficie, esperando sumergir los pies en barro y agua fría. Pero aun cuando la superficie de la mesa está fría, no cede.

Algo nos duele en nuestro interior.

Los humanos parecen emocionados cuando vuelven a quitar la tela de la jaula. Murmuran entre ellos mientras nos llevan a una habitación donde nunca habíamos estado antes. Nos acuestan de espalda, les damos pelea, rasguñamos, agitamos nuestras alas pero aun así no pudimos evitar que  restrinjan nuestras piernas y cuellos,  atan nuestras alas contra nuestros cuerpos. Se retiran. Aun podemos ver sus figuras a nuestro alrededor, pero hay algo que nos separa de ellos.

Un zumbido, más fuerte que un millón de cigarras chirriando juntas, lleno nuestros oídos. Una serie de luces resplandecientes, un arco purpura brillante sobre nuestros cuerpos.

El relámpago golpea y nos separa.

El mundo se pone blanco.

#

Me despierto sola.

Puedo tolerar el peso de dos kim pero no el de uno. Me cuesta levantarme, el ala me pesa; logro mantenerme en pie solo por un momento antes de caer. Intento llegar a ti, pero no te encuentro en ningún lado, no estás a mi lado y no puedo sentir tu presencia en ninguna otra forma. Quiero estrellarme contra la jaula, dar vueltas contra la jaula hasta que pueda salir y encontrarte, para llenar este agujero en mi corazón, pero mi única ala no colabora sin la tuya, y mi único ojo solo puede ver la mitad de lo que veíamos juntas, y mi única pierna sigue cediendo al no tener tu peso para equilibrarnos.

No puedes estar muerta. Yo no puedo estar viva. Un solo kim no tiene sentido, los humanos nos separaron de alguna manera, pero ¿por qué sobreviví? ¿Acaso no te amé lo suficiente?

Me acerqué lentamente a la puerta. Luché para levantarme, junte mis fuerzas y me arroje con todo mi peso hacia una caída inevitable, esperando que de alguna manera, de alguna manera, pueda romper este cerrojo.

Choque contra la jaula hasta que todo mi cuerpo sangraba.

(Excepto que sin ti, todo mi cuerpo está incompleto.)

#

Me llevan a otra habitación. Los miro amenazadoramente, pero me duele el corazón, no he comido, y estoy demasiado débil sin ti para resistir. Un cuerpo humano joven yace en una mesa inclinada, con los ojos cerrados. Tenía cables por todo su cuerpo como si fueran sanguijuelas, respira, pero apenas. Siento poca vitalidad. Los humanos me cubren con esos cable tipo sanguijuelas también, todo esto mientras rebuznan entre ellos.

Las luces resplandecentes expulsan la melancolía  bruscamente de mi cuerpo, me invade el pánico; cierro los ojos y agito mi ala, excepto que no puedo mover mi ala, ya no. Todo da vueltas y estoy atrapada en un tifón, despojada de mi cuerpo, mis pensamientos son como agujas filosas mientras pasan por mi mente, todo es fuego y destellos. Me aferro de algo más, pero todo el paisaje cambia. Mi cuerpo se siente diferente. Los olores se intensifican y disminuyen; escucho mucho más ahora, y el espectro de sonidos es abrumador. Abro mi ojo, mis ojos, y descubro que sólo puedo ver lo que hay delante mío. Muchos colores han desaparecido. Debo girar mi cabeza (mi cabeza gira) para ver algo más.

Un bulto beige moteado con verde brillante, carmesí y negro yacía todavía en la mesa junto a mí, y pensé: un ave; yo era un ave, pero el ave está muerta y…

Yo sigo aquí. Sigo con vida. Ya no soy el ave; soy esta cosa sin alas, esta cosa con cuatro extremidades, este ser humano. En algún lugar de mi memoria está la sensación de volar por el cielo, pero también visiones de otros mundos; edificios altos, automóviles que huelen exactamente igual a ese barco, diésel, complementa mi mente, ese olor es combustión diésel. Una palabra, escondida muy dentro mío, sale a la superficie; Meisun. Un nombre. Mi nombre.

Estos recuerdos no son míos, pero de alguna forma son míos. Aunque son distantes, muy distantes, y recordarlos es como intentar tocar el reflejo de las piedras del fondo de un charco lodoso.

“Estas consciente,” dijo alguien. Antes, sus palabras solo eran sonidos, pero ahora las reconocía y las entendía.

O quizás siempre las había entendido.

“Si.”

“¿Quién eres?”

“Soy…” Dudo. Estoy lista para responder, pero no estoy lista para responder. Una ráfaga de recuerdos me azota, intento atraparlos uno por uno, pero de repente siento nauseas, sacudo la cabeza y dejo que todo se asiente “No lo sé.”

“Mm.”

Mientras la persona ante mí toma notas, yo miro de reojo al cuerpo del ave. Sé que soy yo, pero también que es imposible que sea yo.

“¿Donde está la otra ave?”

“¿Qué ave?”

Intente decirle a esta persona tu nombre, pero las kim no tenemos nombres. ¿Por qué duele tanto este vacío que siento, donde debería estar tu nombre? Trago y asiento en dirección al cuerpo del ave.

“Nos separaron en dos. Esa de ahí es–era yo. ¿Dónde está la otra?”

“Oh. Murió cuando cortamos el vinculo. Hemos preservado el espécimen. Este otro también será preservado.”

Mi cabeza da vueltas, levante una mano para incorporarme. Algo brilla, un brazalete envuelve mi muñeca, y las letras estampadas en él decía RECUPERADO. Cuando me vieron mirando el brazalete, uno de ellos me hablo.

“Tu identificación. Seguiremos monitoreándote, el brazalete indica que eres parte de nuestro proyecto.”

Tengo el estomago revuelto. Esta cosa no es nada comparada al brazalete de jade. Es plateada y sin vida, muy diferente al hermoso brazalete verde y marrón que envolvía mi muñeca en mis sueños, si tan solo tuviera dinero para comprar uno. La luz reflejada en el brazalete activa algo en el ojo de mi mente, me elevo, y veo el agua resplandecer con la luz del sol.

Frunzo el ceño.

¿Cuando he tenido yo la necesidad de algo como un brazalete de jade, o incluso de tener el tipo de miembro necesario para portar uno?

#

Mientras me tienen aquí, recuerdo más acerca de mí y del mundo: es 1949. Estamos cerca de San Francisco, en Berkeley. He estado en California por cuatro años ya. Los días son indistinguibles; los investigadores me toman los signos vitales y me pide que cuente lo que recuerde. Cada uno de ellos es una doble revelación, fantasmas sobre fantasmas, algunos días lo único que puedo hacer es sacudir la cabeza y decir que ya no puedo hablar.

Gradualmente, al igual que el agua erosiona la piedra, las visiones dobles empiezan a desvanecerse, y me cuesta cada vez menos filtrarlas. Mis recuerdos empiezan a cuajar, poco a poco. Cuando llego al punto donde puedo contar algo de corrido, los investigadores suspiran aliviados y me preparan para una reunión que dicen es muy importante.

Funcionarios del INS vienen a visitar las instalaciones. El Dr. Ackerman, uno de los que más ha trabajado conmigo, me explica que el INS significa “Instituto Nacional de Salud” y que son quienes financian su investigación. Necesita que hable con ellos mas tarde. Asiento.

Mas tarde, el Dr. Ackerman regresa del brunch con los funcionarios, me guió desde mi habitación hasta el salón de reuniones. Sentada en una silla dura con respaldar alto al frente, el Dr. Ackerman se para tras de mí. El leve y cálido sonido del proyector de diapositivas llena mis oídos. Habla y habla, no entiendo completamente lo que está diciendo, aun cuando entiendo la mayoría de las palabras que está usando.

“…Terapia Electroconvulsiva, o TEC, es la última opción para enfermedades mentales resistentes al tratamiento, pero la amnesia retrógrada sigue siendo el efecto secundario más común… las kim kim, o Tórtolos Orientales, son dos aves individuales que se han fundido en una sola, son parte de la mitología de los celestiales, pero son de hecho muy reales, e incluso sus plumas tiene un potente uso medicinal… la energía no puede crearse ni destruirse, solo transformarse… como hemos visto en esta primera fase, es posible revertir el vinculo entre las dos aves y almacenar esa energía en celdas…”

Cambia las diapositivas mientras habla, con cada click acentuaba el silencio. El panel de caras desconocidas frente a mí asentía y tomaba notas, me cuesta mantenerme despierto. Entonces, escucho mi nombre y levanto la vista.

“Meisun, aquí, es un caso único, nuestro estudio esta asociado con el  del grupo Recuperación de Stanford, nuestros colegas allí han demostrado que, mientras que la energía transferida de animales vivos a pacientes comatosos puede efectivamente sacarlos del coma, la transferencia involuntaria del sistema sensorial y los reflejos del animal dejan una marca indeleble en el ser humano, y a menudo se los ve en un estado de semi-humanidad, semi-bestial… debido a que los Tórtolos Orientales son famosos por sus habilidades curativas, nuestra hipótesis era que quizás los efectos de las transferencia disminuyeran, extendimos esa hipótesis a los estudios de TEC y teorizamos que pequeñas dosis de energía provocarían poca o nada de transferencia y también evitaría la amnesia. Nuestras esperanzas eran grandes, al igual que nuestra hipótesis de que los estudios de Recuperación parecían estar en lo correcto. Meisun, ¿podrías contarles a nuestros invitados un poco sobre ti? Puedes empezar por contar de dónde eres.”
         Asentí. Había discutido mis recuerdos con tanta frecuencia con el Dr. Ackerman y los demás que ya se había convertido en una rutina.

“Nací en Toisan, y la mayoría de mi familia aun vive ahí. Mis padres me casaron con Kam Saan haak, un comerciante que ya vivía aquí en California. Viaje hasta aquí en el fondo de un barco.” Hice una pausa. “Estaba en un caja, no, no fue así. Solo estaba muy hacinada, como estar en una caja. Y cuando llegue aquí, me detuvieron en la Isla Ángel durante meses.”

Uno de los funcionarios levanto una ceja. “¿y cómo fue tu experiencia ahí?” preguntó.

“Fue.. Fue solitario. Difícil. Estaba en una jaula, una celda. Lo único que me hacía compañía era la poesía que cubría las paredes, escrita por otros detenidos.” Fruncí el ceño. Siento que me falta alguien, que hay un agujero en mi corazón. , pienso, pero recordar detalles sobre ti es como intentar servirse agua en las manos.

Los funcionarios asienten. Otro me observa y examina detenidamente, sus ojos son de un verde vibrante, y pienso en los bosques de las montañas.

“¿Puedes contarnos sobre tu esposo? ¿Tu vida aquí?”

Asiento. “Teníamos una pequeña tienda en Chinatown. El trabajo era duro, pero ganábamos suficiente dinero que incluso podía enviar un poco a casa. Nunca hicimos lo suficiente para ser ricos.” sonreí con remordimiento. “No pensé que me iba a asentar aquí pero parecía estar pasando. Y entonces…”

Mi corazón se sobresalto. Cerré los ojos, y recordé un sonido ¡Pum! Cosas volando hacia mí. Temblé, pero seguía hablando.

“Entonces las revueltas llegaron a quemar Chinatown y le dispararon a mi esposo, y me capturaron, no, me rodearon y me golpearon, recuerdo que me dolía todo, y entonces, un relámpago, ¿una tormenta? Y entonces…” respire temblorosamente. “Nada.”

El funcionario a cargo sacudía la cabeza en señal de empatía. “Lo siento.”

“Gracias.”

“Bueno, Dr. Ackerman,” uno de los funcionarios dijo momentos después. “este es efectivamente un caso muy prometedor, y presenta argumentos convincentes para una prueba de TEC con energía de Tórtolos Orientales. Empezaremos a trabajar en renovar su subvención y la de su grupo Recuperación, espere confirmación de nuestra parte dentro de las siguientes dos semanas.”

El Dr. Ackerman sonríe. Me mira y coloca su mano en mi hombro. El tacto se siente extraño e impersonal.

“Maravilloso trabajo, Meisun.”


#

Algunas personas empiezan a sumarse a las instalaciones, todos ellos tenían brazaletes como el mío, pero aparentemente soy tímida. Me alejo de ellos y paso la mayor parte del tiempo en mi habitación, con sus paredes desnudas y escasos muebles, su ventana apuntaba a una extensión de arboles desconocidos. A veces, miro hacia afuera y un recuerdo se cruza por mi cabeza, un bosque visto desde arriba, como que estoy volando, entonces cierro mis ojos y si estoy volando, y tu estas apretada junto a mi, y estamos tan unidas y completas juntas.

Entonces el recuerdo se desvanece, y me quedo con el recuerdo que la única persona junto a mi había sido mi esposo, a quien nunca había podido amar, y que, si lo hubiera amado, se habría sentido como una traición hacia ti.

El Dr. Ackerman toca a mi puerta un día y lo dejo entrar. Carga unas bolsas, hay alguien detrás de él. Inclino mi cabeza intrigada.

“Meisun, conoce a tu nueva compañera de habitación,” dice el Dr. Ackerman.

La mujer detrás de él es como de mi edad, entre veinte y treinta años. Su cabello negro, del mismo color que el mío, cae sobre sus hombros, sus ondulaciones son menos pronunciadas. La bata de hospital que usa le da una apariencia informe. Luce cansada, casi vacía, pero cuando ve mi rostro, una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios.

“¿Nei kong Kwongtungwa?” pregunta suavemente. Sin darme cuenta le devolví la sonrisa.

“Hai,” respondí, entonces me di cuenta lo dulce que sonaba el cantones en mis oídos, como desenmarañaba mi lengua y mi corazón cuando no tengo que rebuscármelas para hablar en español.

“Soy Yaulan,” siguió hablando en cantonés. “¿Y tú?”

“Meisun.”

El Dr. Ackerman sacudió la cabeza. “Tu gente siempre suena tan enojada cuando habla,” dijo. Lo mire, desconcertada.

“Sólo nos estamos presentando,” dije en español.

“Ya veo,” respondió. Junto a mí, Yaulan enrolló los ojos y musitó Gweilo y tuve que contener la risa. “Bueno, pónganse cómodas, Yaulan es parte de la prueba y se quedará por un tiempo.”

Durante los días siguientes, entre las sesiones de diagnóstico de Yaulan, hablamos sobre nuestro pasado, nuestras familias, nuestras vidas. Aun confundo los recuerdos, pero Yaulan me tiene paciencia y no le parezco extraña. Me cuenta sobre sus padres, tenían una máquina para hacer dumplings, pero fue destruida durante las revueltas, en este punto de la historia desvía su mirada hacia la ventana, ella y sus padres apenas escaparon con vida.

“Me siento un poco mal por haberlos dejado solos para atender el restaurante, trabajaba ahí sirviendo mesas, pero ahora que no estoy, mi mamá probablemente este trabajado por las dos, pero bueno, esta probablemente sea mi única oportunidad para recibir el tratamiento, así que…”

Eso llamo mi atención “¿Tratamiento?”

Se quedo muy callada por un buen rato, hasta que finalmente hablo. “Yo… yo intente suicidarme. Dos veces. Fue estúpido, pero… a veces no puedo contenerme cuando empiezo a pensar en eso y entonces…” hace una pausa y respira profunda y temerosamente. “Estoy enferma y esta puede mi última posibilidad de seguir viviendo.”

Mi corazón se sobresalta.

“Lo siento,” dije, porque no estoy segura de qué decir.

Se encoge de hombros.

“Solo espero que ayude.”

#

Regresas a mí en un sueño.

Tenemos forma de ave nuevamente, las dos, bebemos del rocío de las hojas, el agua refresca nuestras gargantas. Pateamos la rama y nos echamos a volar, la rama rebota y arroja el roció al aire,  puntos brillantes de luz arrojados al cielo. Sobrevolamos la superficie del río, y nos sumergimos. El río nos llena de calma, nos abraza con una suave presión. Salimos del agua con un pez y nos paramos en una rama, nos alimentamos mutuamente.

Me despierto con lágrimas en los ojos. Me toma un momento recordar que soy humana, y para cuando eso sucede, el sueño ha empezado a desvanecerse. Alguien debería estar junto a mi, pero mi cintura, mi cadera, están vacías e inconexas, un espacio sin llenar.

Son más de las 11. No me di cuenta que había dormido hasta tan tarde, cuando me doy vuelta, veo a Yaulan sentada en su cama de espaldas a mí.

Y te veo a ti, superpuesta sobre ella.

Me incorporo de un salto. Yaulan se da vuelta y es solo ella, me regala una sonrisa muy, muy pequeña.

“Tenía miedo de que nunca despertarías,” me dijo en cantonés. Mi corazón galopaba en mi pecho y tenía la boca seca.

“Estas…” empecé a decir, trague. “¿Qué… qué sucedió?”

“Si, tuve mi primera sesión de TEC,” dice Yaulan. “Fue extraña. No estoy segura de sentirme mejor, pero al menos no me siento peor.”

Lo sentí: nuestro lazo, nuestra energía, arrancada de ambos. Retrocedo, y Yaulan luce confundida.

“¿Que sucede?”

“No es nada,” dije, mis manos temblaban. “Sólo tuve un sueño extraño, y…”

Y tú estabas en el, solo que eso no era verdad. No era ella, eras tú.

Yaulan se va para más pruebas y entrevistas. Me siento en mi cama sola, respiro profundo un par de veces más y de repente todo se desvanece, me quedo ahí sintiéndome mareada y confundida por la extraña reacción que me produjo Yaulan. La marea de nauseas retrocede y dejo escapar un suspiro.

Cuando me incorporo, empiezo a sentir que la habitación es demasiado grande sin Yaulan en ella.

#

Empecé terapia con un psicólogo, el Dr. Roberts. Me dice que debo rechazar los recuerdos del ave cuando aparecen, pero aun me cuesta mucho trabajo hacerlo. Se siente tan real en el momento, tan convincente, que quiero aferrarme a ellos e intentar salvar ese sentimiento de sentirme completa contigo. Pero cuando le digo esto al Dr. Robert, sacude la cabeza y me dice que debo abandonar estos recuerdos, o me convertiré en una persona por siempre atormentada por experiencias que ni siquiera he vivido.

No estoy segura de cómo me siento respecto a eso. Creo que no quiero abandonar esos recuerdos y olvidar que alguna vez sucedieron, que alguna vez exististe. Solo quiero llegar al punto donde pueda pensar en ellos y que no me sumerjan en una espiral reflexiva donde paso horas atrapada en mis propios pensamientos.

Yaulan tambien esta luchando. La veo sonriendo mas estos días, pero por momentos aun se ve vacía, se encoge sobre si y se niega a hablar conmigo. También hay momentos como cuando apenas vuelve de las TEC en los que casi no soporto mirarla, la energía que emana de ella, despierta una energía en mi; me hace recordarte, empiezo a rememorar Guilin, Toisan, otra vez perdida en mis recuerdos.

Los sábados, no tengo que ver al Dr. Roberts, y Yaulan no tiene que ir a sus TEC, podemos hacer actividades juntas o salir a excursiones supervisadas. La enfermera Florence nos lleva a un café. Nunca me ha gustado el café, encuentro su sabor demasiado amargo, demasiado amargo aun cuando le ponga crema y azúcar, pero Yaulan bebe su café negro y saborea cada sorbo. Ver que el café la anima me hace sonreír.

Otro sábado, Yaulan y yo nos quedamos para asistir a una clase de arte. Ella es mucho mejor para hacer que las flores y las aves luzcan como flores y aves de verdad. Me inhiben mis deformes garabatos, pero cuando Yaulan mira mi pintura, sus ojos brillan de placer.

“Guau, Meisun,” dice. “¡Mira esos colores! Eres un talento nato. Mis colores siempre se sienten muy chatos.”

Miro ambas pinturas y supongo que la mía es un poco menos vivida que la suya, me pregunto, si pudiéramos combinar nuestras habilidades, quizás podríamos crear una pintura perfecta.

La enfermera Florence también nos supervisa mientras usamos la cocina el sábado siguiente. No hay cuchillos en el lugar, por lo que no podemos cocinar demasiado, pero si podemos hornear y hacer cosas que solo requieran mezclar. Es el festival de mediados de otoño y la enfermera Florence nunca lo ha celebrado antes, le enseñamos como hacer pasteles de luna. Sin el molde especial, nuestros pasteles de luna salen torcidos. Los caracteres chinos que escribimos sobre el pastel no son tan lindos como los que venden en la tienda, pero el resultado sigue siendo delicioso.

Cada sábado, no puedo evitar pensar lo mucho que me gusta pasar tiempo con Yaulan, lo bien que la pasamos juntos.

Solo cuando llega el lunes y tenemos que volver a la terapia recuerdo la ansiedad que siento en el corazón.

#

Yaulan me dijo una vez que sus terribles pensamientos iban y venían, que temporalmente se siente mejor, pero cuando tiene recaídas me doy cuenta que no estoy preparada para ayudarla.

“Nunca voy a estar mejor, nunca me voy a liberar de estos pensamientos, me estaba yendo tan bien y de pronto ya no; no tiene sentido.”

Se arrastro hacia una esquina, con las manos sobre su cabeza.

“Pero ese es el punto,” le dije, arrodillándome junto a ella, “si mejoraste, así que puedes…”

“Pero siempre va a ser así. Siempre.”

Fruncí el ceño.

“No lo sabes; ninguna de nosotras conoce el futuro.”

“Es que,” Yaulan empezó a sollozar, escucharla llorar me rompe el corazón; le cuesta respirar, y sus palabras salen en oleadas, hay tanto dolor entrelazado en cada una de las silabas, tanto dolor que me atraviesa de lado a lado. “Desearía no tener que lidiar con esto. Desearía estar mejor. A veces lo estoy, pero luego empiezo a sentirme triste de nuevo, y quiero volver a suicidarme. Quiero arrojarme por la ventana en este instante, lo que más quiero es que todo esto se termine de una vez.”

Mi corazón se sobresalta. Coloco mis manos sobre las suyas.

“Es difícil. Lo sé, te he observado; es muy difícil.” murmure.

Ella deja caer la mano que tenía sobre la cabeza. Le froto la piel con mi pulgar haciendo pequeños círculos y le regalo una sonrisa triste.

“Pero mírate, quieres hacer todas estas cosas, pero no las haces. Sigues viviendo a pesar de todo.”

Levanto la vista, sus ojos enrojecidos, pero no dice nada, sólo sigue sollozando.

“Lanlan,” le digo, usando el sobrenombre que empecé a usar con ella, “vamos a dormir ¿sí? Vamos a dormir y veamos cómo te sientes por la mañana, ¿estás de acuerdo?”

Por un momento, me pregunte si esto la haría enojar, si quizás piensa que la estoy tratando como una niña. Pero no es lo que hago, estoy haciendo mi mejor esfuerzo por ser amable con ella, por calmarla. Finalmente, asiente.

“Está bien.”

La ayudo a levantarse. Nos acostamos juntas en su cama. Se enrolla contra mi pecho, sigue llorando, pero en silencio esta vez. Sus lágrimas atraviesan mi pijama y humedecen mi pecho. Le acaricio el cabello y le canto la canción de cuna que mi madre solía cantarme, le cuento algunas de mis historias preferidas, le digo que descanse por ahora, que duerma.

Aun cuando su respiración se normaliza, sigo aferrándome a ella. Es tan cálida, como un fardo de luz; temo que si la suelto, su luz se escapara. Solo puedo relajarme cuando me quedo dormida.


#

Al día siguiente, los ojos de Yaulan están hinchados por el llanto. Se mira en el espejo, se pellizca las recién descubiertas arrugas en sus párpados, e hizo una mueca.

“Quiero volver a tener un solo parpado,” dice. “No luzco como yo misma.”

“Luces adorable,” dije, y Yaulan volteó hacia mí, frunciendo el ceño.

“¿Te estás burlando de mí?” dice, poniendo sus manos en la cadera. Intenta hacer una broma, pero me doy cuenta por su tono que se sintió herida.

“No, ¡en serio!” dije, “de verdad, luces bien.”

Deja caer sus manos y suspira, su postura se relaja. Sus mejillas se sonrojan.

“Me siento tan tonta por lo que paso.”

Me levanto y la abrazo. Al principio estaba un poco tensa, pero luego se relaja sobre mí. Le sobo la espalda.

“A veces esas cosas pasan,” dije. “Está bien.”

Al cabo de un momento, se separa de mí. Me mira como si no creyera que soy real, y por un segundo, yo también empecé a dudarlo, empecé a preguntarme por qué me mira así, pero entonces habla e interrumpe mis pensamientos.

“ ¿…realmente no vas a reprenderme?”

Frunzo el ceño.

“¿Por qué te reprendería?” pregunto. “Me lo dijiste tu misma, estas enferma. No te reprendería por toser, ¿por qué habría de enfadarme contigo por tu enfermedad mental?”

Me examina minuciosamente, como si me estuviera probando. Entonces, me sonríe.

“De verdad me gustas, Meisun,” dice, y me sonrojo.

“De verdad. Me alegra tenerte en mi vida.”

Sus palabras se quedan conmigo por el resto del día. Me doy cuenta que ella también me gusta, de alguna forma se siente muy familiar y a la vez aterrador. Siento que se me hincha el pecho, y de repente me acuerdo de ti. ¿Te molestaría? Después de todo, estábamos unidas de por vida. Pero ¿qué sucede cuando tu vida termina pero la mía sigue?

Sigo sintiendome ansiosa cuando entro a la oficina del Dr. Roberts horas más tarde.

“¿Hay algo que te preocupe?” dice. “te ves distraída.”

“Yo…” me detuve. “Sigo pensando, sigo pensando en mi compañera. La otra ave. Se suponía que íbamos a vivir y morir juntas, pero yo aun estoy viva. Si yo fuera a estar con alguien más, ¿eso estaría bien?”

“No eres un ave, Meisun,” dice el Dr. Roberts, y el enojo enciende mi pecho.

“Pero si lo soy,” respondo. Entonces, dudo y agrego, “o, lo era.”

“Entonces ya no eres un ave,” dice el Dr. Roberts, eleva la voz, y de pronto algo cambia dentro de mí. “Eres humana ahora, y vives con humanos ahora, ¿verdad?”

Parte de mi lo resiente, pero parte de mi considera lo que dice.

Soy humana.

Y quizás los humanos aman de otra manera.

#

Este sábado, Yaulan y yo vamos a la playa bajo la supervisión de la enfermera Florence. Es un día hermoso, nubes tipo cirro atraviesan el gentil cielo azul; empacamos los almuerzos y llevamos una canasta de pícnic. Yaulan viste su cheongsam favorito color azul oscuro, y yo visto uno blanco. Me molesta por ser tan modesta, mi cheongsam me queda suelto, y le saco la lengua.

Les cuento a ella y a la enfermera Florence historias sobre Toisan mientras comemos sándwiches. La enfermera Florence asiente, reconociendo mis palabras, mientras Yaulan escucha maravillada, ya que nunca ha estado en China.

“Quizás podemos visitar Toisan juntas algún día,” dice ella.

“Me gustaría,” respondo.

Exploramos la playa, escalamos hasta las cuevas, y me habría arrepentido de usar mi cheongsam blanco si no fuera por el hecho de que me estoy divirtiendo tanto. Bajamos y volvemos a la arena. Yaulan levanta una concha, yo levanto otra, revuelvo la arena buscando una entera, una con ese perfecto brillo madreperla.

Cuando levanto la vista, Yaulan se encuentra varios pasos adelante. El sol en su ocaso la convierte en una silueta; el viento mece sus cabellos y la pollera de su cheongsam mientras camina descalza en la arena. Tiene los brazos abiertos como si se estuviera balanceando sobre una barra invisible. La veo elevándose en el ojo de mi mente, y de pronto siento un dolor en el corazón.

Ella nunca te reemplazará, no es su propósito. No tuvo nada que ver con la ruptura de nuestro lazo, y si nuestro lazo la ayuda de esta manera, ¿habrá sido algo tan malo? Además, ella es humana, y yo también, no estamos destinadas a estar unidas por siempre como las kim kim. El amor para los humanos significa volar lado a lado en la misma dirección, dos seres separados que trabajan juntos.

Alcanzo a Yaulan y la tomo de la mano. Voltea a verme, sorprendida, y una sonrisa se dibuja en su rostro. Es la visión más hermosa que he presenciado, pero aun así, la tristeza aun revolotea en sus ojos, en la manera en la que se mantiene entera.

Pero está bien. No estoy esperando magia, para que vivamos felices por siempre. Todo lo que quiero es estar a su lado y esperar lo mejor.

Me inclino y beso su frente, y en ese momento pienso, te amo.

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