Conectado

Por Tianna Ebnet

Cuando las personas piensan en la Conexión, aunque la mayoría no piense en eso, imaginan dolor. No hay duda al respecto, ¿dejar que alguien te haga un corte en la cabeza, y te conecte a una maquina? Claro que es una experiencia dolorosa. Pero la verdad es que no recuerdas todo eso. Estas anestesiado durante todo el proceso, y no sientes nada después de él. No sientes los finos cables que corren bajo tu piel hasta la base del cráneo, tampoco sientes la base de datos en la que estas suspendido. Ni siquiera el aire cálido en tu rostro. Ni tus brazos ni tus piernas. Nada en absoluto.

A veces piensas en el dolor con cierta añoranza. La manera en que te late el pie después de  golpearte un dedo, te recordaba que seguía ahí. Ya no estás tan seguro de eso. Naturalmente te han dado garantías, antes de firmar la línea punteada. Nada dañaría tu cuerpo mientras estés Conectado, y al final del contrato serias liberado con un pequeño fondo de retiro. Será como despertar de un sueño. Pero olvidaron mencionar qué clase de sueño sería, y además, realmente no hay nada que puedas hacer si rompen sus promesas. Nadie te espera afuera.                
De alguna manera, esto es mejor que Antes. Ya no duermes en la calle con un cuchillo guardado en las medias, no intercambias sexo oral con extraños por un sándwich. Pero en realidad ya no sabes lo que es dormir. El Modo Sueño es similar a una dosis, la mitad de tu atención siempre puesta en asegurarte que el aire esté siendo filtrado y las luces encendidas, y aún cuando esperas que los nutrientes te lleguen de alguna manera, no tienes conciencia de los desechos que salen de tu cuerpo. Por lo menos nunca estás aburrido. Puede ser muy emocionante estar en todos lados al mismo tiempo, siempre y cuando no pienses en como tu influencia termina en la puerta. Tienes Internet metafóricamente en tus manos las veinticuatro horas del día, horas y horas de filmaciones de seguridad, y un cúmulo sin fin de correos electrónicos interdepartamentales para revisar. Técnicamente no deberías leer esos, pero es mucho más fácil hackear el Sistema cuando eres el Sistema, y Seguridad está más preocupada por garantizar que no cierres todas las puertas y destruyas los filtros de aire que en la privacidad del personal o de quién se acuesta con quién.
 No te falta compañía, eso sí. No eres el único Conectado, no en un negocio de este tamaño. El flujo de información por si mismo haría estallar todas las células de tu cerebro. Hay cientos en la red y puedes transmitir de ida y vuelta. Algunos de ellos están lucidos, incluso son amistosos, pero la mayoría ha estado dentro tanto tiempo que sólo pueden hablar en código binario y mensaje de error. Intentas no pensar en llegar a ese estado. Mantienes tu archivo a mano y lo revisas con frecuencia, sólo para recordarte como luces, edad: 26. Ocupación: N/R. Dirección: Indigente. Niveles de sincronización: 85%. Candidato optimo.

Miras a los ojos a ese joven, mirando con hosquedad a las cámaras que se convertirían en una extensión de ti mismo, e intentas recordar ser esa persona. Cada vez se hace más difícil.             
Sientes que la puerta de tu entorno se abre, el sonido de una tarjeta magnética, y te toma un momento concentrarte y volver a tu cerebro para abrir tus verdaderos ojos, o lo que esperas que sean tus verdaderos ojos, ya que rara vez los usas.

Es un Técnico, y notas que es nuevo, por la manera en que intenta mirar hacia todos lados excepto a ti. Eso, y que sólo a los nuevos le dan el turno del cementerio. Sólo los sistemas más vitales están funcionando, por lo que no hay mucho para hacer excepto monitorear tus signos vitales y posiblemente limpiarte el culo.

Está nervioso, igual que todos cuando recién empiezan. Es bajo, con cabello castaño rizado con mechones que sobresalen. Ojos grises, un lunar detrás de la oreja. Haces un breve escaneo de los archivos del personal, buscando el nombre que va con ese rostro, Ryan Morgan, edad veinticuatro con un titulo en Bio-Programación. Joven. No es solo nuevo en la Compañia, sino también nuevo en este puesto. Sus manos tiemblan mientras ejecuta los protocolos estándar.  Por un momento, te ves tentado a contener la respiración para que las pantallas den señales de alarma, solo para asustarlo, pero una diversión pasajera no valía el castigo que seguramente vendría a consecuencia.

Eventualmente sus movimientos se relajaron a medida que se fue concentrando en su trabajo. Empezó a hablar consigo mismo mientras tipeaba.

“Signos vitales estables. Ligera deficiencia de calcio. Definitivamente debo ajustar la solución nutritiva…”         
Es placentero, escuchar una voz. Es un buen cambio al constante zumbido de la maquinaria. El ultimo técnico nocturno nunca hablaba. Ocasionalmente, gruñía ininteligiblemente sin dejar de mirar la pantalla, donde generalmente veía mellizas rollizas que se revolcaban en una piscina de plástico. No lo extrañas.

A Ryan, por su parte, le gusta mantener conversaciones enteras consigo mismo. Se reprende amablemente cuando comete un error, resolviendo problemas en voz alta, incluso enfatizando sus argumentos con un suave movimiento de sus brazos. Honestamente, no sabes para que se molesta. ¿Qué importa si estas recibiendo suficiente calcio o si tu temperatura esta ligeramente elevada? Aun así funcionas a la máxima eficiencia.

Casi dos horas después levanta la mirada y se da cuenta que tus ojos están abiertos y que estas mirándolo. De hecho, no has sido capaz de dejar de mirarlo. Tiene mas entusiasmo de lo que estas acostumbrado. Generalmente todo es muy tranquilo en el sub sótano D, y había algo en sus movimientos, la manera en la que se acomodaba en la silla, las arrugas de su nariz cuando pensaba, algo de eso te fascinaba profundamente. Así es como se mueve un cuerpo.

Ryan desvió su mirada, pero momentos después vuelve a mirarte. Sigues mirándolo. Sonríe, los labios se le crispan pero sus ojos no sostienen tu mirada. No intentas devolverle la sonrisa. Te asusta demasiado que los músculos no te respondan.

“Hola,” dice.

Lo miras, sin saber bien como responder. Nadie te ha hablado antes. Toda la información necesaria para el mantenimiento esta en las pantallas en forma de señales de calor, salida de fluidos y receptores neuronales. Tu opinión rara vez es necesaria.

“Soy Ryan, el nuevo técnico. Estaré ayudando a cuidar de ti de ahora en mas.”

Cuidar de ti. Es una forma interesante de describir su trabajo. En tu experiencia, el mantenimiento tiene poco que ver con tu comodidad. Él esta aquí para mantenerte dormido, obediente y eficiente. Si esta cuidando algo, es del Sistema. Es difícil comprender el nivel de ingenuidad de Ryan si verdaderamente cree que  todo lo que hace lo hace para tu beneficio.

Sientes una leve vibración muy dentro tuyo, y te das cuenta de que estas riendo.

Ryan esta aun mas sorprendido que tu. Se inclina sobre las pantallas, tipea frenéticamente, buscando lo que sea que haya hecho ese ruido.

No es momento de probar si tus cuerdas vocales funcionan. Ambos están lo suficientemente asustados. Le enviás un texto.

Tranquilo. Estoy bien.

Baja la mirada hacia las pantallas. Levanta la vista de vuelta hacia ti. Y de vuelta a la pantalla. Te resulta agotador esperar a que su pequeño cerebro ate los cabos.

¿Quien mas podría estar hablándote? Somos los únicos aquí.

“No sabia, no sabia que podías hablar,” dice Ryan.

Bueno, ahora lo sabes.

Se ríe, un breve y nervioso soplo de aire. Hay un largo momento de silencio hasta que eventualmente se da cuenta que la charla ha terminado. Regresa a su trabajo pero se da vuelta con frecuencia para mirarte. Sus hombros se tensan cada vez mas cada vez que ve que sigues mirándolo. Te deleitas con su incomodidad. Dejalo ver lo ultimo avance de la ciencia, la carne detrás de su estilo de vida, y dejale saber que habla. Que tiene un nombre.

***

Ryan no te habla al día siguiente. Ni el día siguiente a ese. Intenta ignorarte por el resto de la semana. Pero es muy consciente de tu presencia. Te das cuenta por la manera en que clava sus ojos a la pantalla, mira con firmeza hacia adelante. Pero sus pupilas no deambulan como solían hacerlo, y ya no habla consigo mismo, hipersensible a que alguien lo este escuchando.

Pero no puede evitar a la maquina por siempre. Llega el viernes. Final de la semana. El ultimo viernes del mes. Es momento de una prueba de diagnostico de rutina. Odias esas pruebas. Primero, porque te inyectan bloqueadores neuromusculares para evitar que convulsiones durante el proceso, luego, cada terminación nerviosa es encendida para asegurarse que están debidamente conectadas. Sientes un pequeño pinchazo antes de que el adormecimiento haga lo suyo. Toma esa sensación y repitela 95 mil millones de veces, mientras eres incapaz de moverte, incapaz de gritar. Es la única vez en la que el dolor no es una vaguedad, un concepto casi romántico. Te recuerdan que si, de alguna manera tu cuerpo aun existe, y en ese momento no parece valer la pena en absoluto.

Ryan ingresa los protocolos estándar. Sus manos tiemblan. No es un idiota, el sabe lo que esto significa. Comete el error de mirarte y se acomoda nerviosamente en la silla.               
“Este puede doler,” dice, antes de presionar ENTER.

Ni que lo digas.

Las pantallas siempre se disparan mientras corre el diagnostico, tu corazón late fuerte, la respiración se vuelve errática y el cerebro se enciende con señales de alarma. Es el único momento en que tu cerebro esta desconectado del Sistema, para que tu malestar no interfiera con nada importante.

Las luces empiezan a parpadear. Parece que alguien olvido desconectarte del circuito eléctrico secundario. Una broma, probablemente, se aprovechan del novato. Te resultaría divertido sino fuera por la callada y paralizante agonía.

Ryan asume que el espectáculo de luces es indicio de un problema mayor, pero en vez de navegar por los programas, te sorprende al saltar de su silla y correr hacia ti. Te shoquea ver su rostro tan de cerca y entre las olas de dolor distingues una suave presión. Un toque.

“Shh,” dice, acariciando tu brazo, al menos crees que es tu brazo, con movimientos suaves y circulares. “Tranquilo. Esta bien.”

Quieres encender todas sus terminaciones  nerviosas y preguntarle si cree que todo “esta bien”. Pero ha pasado tanto tiempo desde que alguien te tocaba. No puedes sentirlo, no realmente. Estas demasiado drogado para sentir el calor y la textura de su piel. Pero es humano, la primera cosa humana que has experimentado en casi cuatro años. Te recuerda al Antes, dedos peinándote el cabello, el susurro de labios en tus hombros. Lo odias por esto. No quieres que se detenga jamas.

Pero si se detiene. El diagnostico sigue su curso, el dolor se desvanece, y las luces vuelven a estar en linea. Sus manos caen hacia sus lados.

“¿Estas bien?”

No estas acostumbrado a las preguntas pero cooperar con tus técnicos es una de las principales directivas. Esta demasiado lejos de sus pantallas por lo que haces sonar su tablet.

Estoy operando a máxima eficiencia. Que en realidad es todo lo que puedes pedir.

Ryan mira el mensaje por varios segundos, frunce el ceño y dice “si… pero eso es una evaluación del Sistema. La computadora puede decirme eso. Quiero saber si tu estas bien.”

No estas seguro de como responder eso. Por lo general, la eficiencia máxima es suficiente. Si el Sistema esta funcionando bien entonces tu debes estar bien.

No entiendo la pregunta. ¿Qué es lo que quiere de ti?¿Cuál es la respuesta correcta? Ya no sientes dolor, pero considerando que has vuelto a estar bajo los efectos paralizantes eso debería ser algo obvio.

Ryan frunce sus labios. “Es solo que, nunca he hecho esto antes. Si conozco los procedimientos de diagnostico, obviamente, sé lo que implica, pero nunca pensé que seria… así. El agudo dolor físico, ¿sabes? Bueno, claro que lo sabes.” Exhala una risa nerviosa casi sin aire. “Supongo que… ¿Cómo te sientes?”

¿Qué importa? Estoy conectado nuevamente y funciono perfectamente. Mis sentimientos son irrelevantes.           
 Ryan luce como si quisiera decir algo mas, pero deja de insistir y no te habla por el resto de la noche. En cuatro horas, la siguiente persona se presenta para el cambio de turno. Le sonríe a Ryan, al ver su ropa arrugada y su pelo enmarañado. Nuestro tiempo junto tiene sus efectos.

“¿Noche dura?” pregunta ella.

“Ryan se encoge de hombros y acepta el café que le ofrece.

“El primer diagnostico siempre es difícil,” dice ella. “No te preocupes, se hace mas fácil.”

Ryan se encorva. Frunce el ceño y toma un buen trago de café. “Si tu lo dices,” le dice, levantando su mochila y dirigiéndose a la puerta.

Pero se detiene en el umbral, te mira y te sostiene la mirada. Sonríe un poco y hace un casi imperceptible saludo.

Entonces la puerta se cierra y te deja en Silencio.

***

Has estado Conectado por tres años, once meses, doce días, y veintidós horas. Llevar la cuenta es fácil cuando tu consciencia esta directamente conectada a un reloj, pero no es algo sobre lo que pienses demasiado. No tienes una estructura real en tu vida con la excepción de protocolos programados o el Modo Sueño, por lo que tu percepción del tiempo no esta determinado por las horas del día, sino por la velocidad de la información. Se siente como si hubieras estado solo por un momento. Se siente como si nunca hubieras estado en otro lugar.

Tu contrato no va ni siquiera por la mitad.

El tiempo es mas ameno cuando Ryan esta de turno. Lo observas constantemente, parcialmente porque sus movimientos temblorosos y sus gruñidos te resultan infinitamente entretenidos, pero principalmente porque sabes que el escrutinio le resulta perturbador. Te ha mirado a los ojos mas de una vez, empezando un prolongado concurso de miradas. El siempre es el primero en desviar la mirada.

Al cabo de dos semanas, Ryan se presenta con un juego de damas. Lo sostiene frente a ti con ambas manos como si le ofreciera comida a un animal. “¿Te gustaría jugar? Estas noches se hacen largas sin algo que hacer.”

Luego de observarlo por semanas, has identificado a Ryan como un Verdadero Creyente. Alguien que no esta en esto por el dinero o para hacer carrera en la corporación, sino que es un genuino idealista que compro el discurso de la Compañia sobre la declaración de principios para crear un mundo mejor. ¿Pero esto? Esto es inesperado.

¿Quieres jugar damas? ¿Conmigo?

Ryan se encoge de hombros. “Seguro, después de todo, eres el único que esta aquí.”

Te preguntas si estará escribiendo un libro. Quizás desea estudiar a un Conectado en su hábitat natural, probar sus reacciones a los estímulos y demás. O peor, es un fetichista, y muy pronto intentara lamer los espacios donde las sondas se unen con la piel. La Compañia siempre trata de vetar este tipo de gente pero siempre hay alguno que pasa desapercibido.

Consideras estas opciones, pero la idea de un juego físico con un oponente físico es demasiado tentadora para dejarla pasar. Ryan toma la silla y se sienta frente a tu modulo y observas el movimiento de sus dedos mientras acomoda el tablero. Enviás tus movimientos a su tablet y el manipula las piezas por ti.

Puedes perder tu trabajo por esto. O peor. Los Conectados son la columna vertebral de la Compañia. Todo: toda la información, los sistemas de seguridad, la funcionalidad misma del edificio depende de una red de mentes Conectadas, que es por lo cual estas casi siempre consciente.

Corromperte aunque sea de forma mínima es equivalente a sabotaje. En estos momentos, borras los registros de charla, y pusiste la filmación de seguridad en loop pero solo puedes cubrir tus huellas hasta cierto punto si alguien decidiese indagar un poco mas de cerca.

“Les diré que estoy estimulando tus vías sinápticas,” dice Ryan. Mueve su pieza hasta el extremo del tablero. “Coroname.”

Haces una jugada triple en respuesta y el gruñe.

¿Por qué correr el riesgo? ¿Normalmente juegas a las damas con suministros de oficina?

“No eres una engrapadora.”

Por el tiempo que dure mi contrato, soy propiedad de la Compañia, al igual que tu tablet y la silla en la que estas sentado. Mueves una de tus fichas hasta el extremo del tablero.

“Lo se, pero sigues siendo una persona.”

¿Y es eso una revelación? Seguramente sabias lo que sucedía.

“¡No se suponía que fueras así… de esta manera!” dice Ryan, sacudiendo las manos en tu dirección. “Hablas. Sientes dolor. Eres sarcástico por el amor de dios! Yo, yo no lo sabia.”

No, no te importo. A nadie le importa, no mientras las luces sigan funcionando.

Ryan guardo silencio, con la cabeza gacha se miro los zapatos, “… lo siento.”

Solo establezco los hechos, no es una acusación. ¿Ahora, vas a mover o no?

Avanzo, dejando abierto el escenario para que capturaras sus ultimas piezas. Reinicio el tablero, con los dedos danzando sobre los círculos de plástico. Y juegan. Una y otra vez y otra vez.

***

No esperas que vuelva después de eso. Esperas recibir el comunicado donde pide ser transferido a un lugar mas seguro. Menos practico. Quizás a Recursos Humanos, ya que le importan tanto los sentimientos. Es una lastima, era lindo hablar con alguien en tiempo real, pero los Técnicos van y vienen. No te aferras demasiado.

Pero Ryan esta de vuelta al día siguiente con mas juegos de mesa bajo el brazo. Durante los siguientes seis meses, los juegos se convierten en rutina. Intercalando las damas con ajedrez y elaborados juegos del El Ahorcado. Aprendes bastante sobre Ryan en este tiempo. Sobre sus padres doctores, y lo inconforme que estuvieron cuando decidió estudiar bio ingeniería.Anécdotas de la universidad y el tiempo que paso estudiando la Interfaz Europea. Su trabajo de caridad equipando vecindarios menos privilegiados e incorporándolos al Sistema. También te hace preguntas, y eventualmente empiezas a responderlas. Empieza con algo pequeño, tu color favorito, los animales que te gustan, y así. Información pequeña e impersonal, preparándote antes de soltar la bomba.

“¿Como te llamas?” pregunta Ryan, a la vez que le dibuja forúnculos explotados a tu hombre ahorcado. En algún momento el juego se trato menos de adivinar palabras y mas sobre dibujar las figuras de palitos lo mas grotescas posible. “Todo lo que mis supervisores me han dado es un numero de serie. W-X6514790.”

Es pegadizo.

“Si, para nada difícil de recordar.” Sonríe. Te gusta la manera en que entrecierra sus ojos, hasta que prácticamente son dos lineas  talladas profundamente en su rostro. “¿Como te llamabas antes… de todo esto?”

No quieres decirle, no al principio. Tu nombre es algo muy tuyo. Es el único recuerdo que no duele, y no estas seguro de querer compartir eso. Pero también quieres oír como el lo dice, ver como su boca se mueve al pronunciar las silabas.

Limpias la pantalla, preparando un nuevo lazo para una nueva victima. Veamos si puedes adivinarlo antes de quedar ahorcado.

No se la haces fácil. Te limitas a los juegos y eres implacable con sus errores. Le haces carroñar por las letras. Lo mantienes así por semanas, esperando a que se rinda y simplemente busque la información.

“No quiero buscarlo en la computadora,” dice Ryan. “Quiero sacártelo a ti.”

Así que, cedes un centímetro, y le permites un cuantos juegos mas, un par de turnos extra. Eventualmente el nombre se revela solo.

“Adrien,” dice, y es como escucharlo por primera vez.

Empiezas a contarle mas cosas, cosas imposibles de encontrar en tu expediente, cosas que pensaste que habías olvidado. Perdiste a tus padres en las inundaciones. Tu recuerdo mas antiguo es el de vagar por las calles, solo y perdido. Eventualmente, te llevan a un centro de refugiados. Un hombre viejo y amable te adopta, te deja llamarlo abuelo, y hasta los trece años las cosas marchan bien. Entonces muere, y vuelves a la calle, vendiendo lo que sea para poder sobrevivir. Cuando te levantan, cuando resignas tu voluntad, te dices a ti mismo que no importa. Tu cuerpo no te ha pertenecido en mucho tiempo.

Estabas equivocado.

Ryan escucha tu historia en silencio, mirando el tablero de ajedrez que yace frente a el aunque sus pensamientos están muy lejos del juego. “Cuando obtuve mi titulo… nos dijeron que era opcional. Que estas personas habían elegido servir a un bien común. Y tanto bien a traído el Sistema. Energía limpia, ilimitada, el fin de tanta pobreza y hambruna. Pensé que valía la pena.”

Quizás lo vale, le dices. Quizás todo esto vale la pena. Para ellos y para ti. Pero no para mi.

“No,” dice Ryan. “No para ti.”

No siguen jugando ajedrez esa noche.

***

Sigue trayendo los juegos, pero no es lo mismo. Ryan esta distraído. Con frecuencia, detiene los juegos a mitad de la partida o a veces a mitad de un movimiento.

“Cosas del trabajo” dice cada vez que le preguntas si sucede algo. “Estoy cada vez mas ocupado.”

Pero sabes que te oculta algo. Se sienta en la computadora mucho mas tiempo que antes, su trabajo esta tan encriptado que ni siquiera tu puedes ver lo que esta haciendo. No sin alertarlo inmediatamente de la intromisión, y estas demasiado aterrado de lo que sucedería si cruzas esa linea.

Te preocupa que quizás hayas ido demasiado lejos, que destruiste la relación al decir verdad. Solo querías que te conociera, que supiera que hay una persona entre todos estos cables y actualizaciones de datos. A veces, con mas frecuencia de la que te gustaría admitir, tu también lo olvidas.

Pero en vez de eso, parece haber tomado la actitud contraria. Lo asustaste con tu humanidad, entonces volvió a poner su atención en la maquina. Te expuso, indago en tu pasado y en tus emociones desde las profundidades del Sistema, y ahora huye. Lo odias.                     
Cobarde, horrible, cruel. “¡Mirame, bastardo!”

Lo dices en voz alta. No en texto, con tu voz, ronca e irreconocible por la falta de uso, pero es tuya.

Ryan probablemente no entendió tus palabras pero si levanto la vista. Se acerco a ti, puso sus manos en tu rostro. Cuando las retiro estaban húmedas.

“¿Estas llorando?” sus manos cubrían tus mejillas, y su frente se apoyaba en la tuya. “Lo siento, lo siento, lo siento.” Entonces, se inclina aun mas, susurra en uno de tus receptores auditivos, oídos, son tus oídos, “¿Te gustaría salir de aquí?”

¿Que? Escribes, no confiás en tu voz recientemente descubierta. Como… como es eso posible?

“Es posible,” dice Ryan, “He estado revisando los Protocolos de Extracción. Están bajo máxima seguridad por lo que tengo que ser muy cuidadoso. No quería decírtelo hasta estar seguro de poder hacerlo.

¿Puedes hacerlo?

“Es arriesgado,” admite, “no se hace muy a menudo. Los sujetos que sobreviven hasta el final de su periodo por lo general están tan idos que no están en condiciones de irse. El shock por si mismo podría matarte. Puedo hacerlo, si eso es lo que tu quieres.”

¿Es lo que quieres? Dentro tuyo, nunca te imaginaste como seria volver al mundo. Volver a ser de carne y hueso luego de tantos años de ser solo cables.

Serias capaz de volver a sentir tu piel contra otra. De sentir la comida en tu boca. De salir de este condenado sótano.

“Si.” Tu voz sale con claridad ahora que las silabas a pronunciar son menos.

Ryan sonríe, aprieta lo que esperas que sea tu mano, ay Dios, finalmente tendrás que lidiar con lo que haya quedado de ti, “hagamoslo.”


***

Debes ser desconectado de a poco, es un proceso de puede llevar semanas. Todos los días, Ryan te saca un poco mas, parcialmente para que no detecten tu ausencia. Los otros Conectados automáticamente compensan tus tareas siempre y cuando el ingreso de nueva información no sea abrumador. Pero también lo hace así para que tengas tiempo de aclimatarte a vivir fuera del Sistema. La dependencia es inevitable. Es como introducir lentamente a un pez en aguas extrañas. Tienes que volver a aprender a respirar.
 Ryan promete que te llevara con él. Ha estado leyendo sobre comunidades en las profundidades del Desierto, aisladas de cualquier tipo de red. Te traer flores del desierto, te habla sobre la casa que tendrán, incluso quizás un perro…

“Es decir, si es lo que quieres. No tenemos que vivir juntos, no…”

“No soy bueno con los perros, ¿Podemos tener un gato?” preguntas.

Sonríe. “Si, podemos tener un gato.”

Piensas en Ryan, en la casa, y el gato para llenar los agujeros que dejaron los cables. No quieres extrañar el Sistema pero no puedes evitar sentir el vació que deja su ausencia. Un mundo entero, incluso uno que te despoja de tu cuerpo y de tu mente, es algo difícil de abandonar. Y es aun mas difícil, volver a conocer tu propio cuerpo. Los sentimientos vuelven primero, y con ellos el profundo y espantoso dolor al cual el Sistema te sometía pero permanecía dormido. El flujo de información te quema en la espalda, la piel te palpita, y una parte de ti no puede creer lo limitado que es el cuerpo humano ahora que ya no tienes cámaras para escanear los corredores. Tus piernas ya no pueden viajar a través de los circuitos eléctricos. No pueden hacer nada en absoluto. Te sientes atrapado en tu propia piel, con los músculos atrofiados; tus extremidades tiemblan y son pequeñas como las de un niño. Intentas no preguntarte si acaso no has construido otra prisión para tu mente.

“Lo arreglaremos,” dice Ryan, frotando gentilmente tus sienes mientras avanza sobre la red de cables que conectan tu cráneo al flujo de datos. En teoría, deberían salir sin problema pero no conoces a nadie que pudiera extraer algo incrustado tan profundamente. “Estarás caminando en poco tiempo.”

No le crees, no del todo.

“¿Qué pasara si no puedo hacer esto?” preguntas. “No sé como vivir en mi cuerpo. Ya no.”

“Aprenderemos juntos,” dice Ryan. “Te prometo que no estas solo.”

Te concentras en las manos de Ryan detrás de tu nuca, como finalmente puedes sentir su calor corporal, la sequedad de su piel, y asientes.

Ryan intenta ser gentil, pero sientes cada tirón a medida que los cables salen centímetro a centímetro. Una vez libre, descubres que ya nada te sostiene. Sucumbes.

Los brazos de Ryan te envuelven, soportan tu peso con una facilidad que te molestaría si no fuese tan acogedor.

“Te amo Adrien,” susurra, y tu sonríes.

Te toca disfrutar el momento por un minuto. Quizás dos. Entonces, las pisadas. Las luces. Ryan grita. Te levanta, acunando tu inservible saco de huesos contra su pecho e intenta correr, pero no llega lejos. Se oye un golpe seco como un impacto, y te desparramas por el suelo. Un dardo tranquilizante, asumes. Lo sabrás con seguridad cuando mires las cintas de seguridad.

Desearías poder moverte, para estirarte y sostener la mano de Ryan. Dejar que te mienta por ultima vez diciéndote que todo va a estar bien. Pero el rostro que se te acerca no es el suyo. No es un rostro en absoluto. Es una suave extensión de la nada plástica. Hay manos que te toman, sientes el látex suave levantándote, buscándote una vena. Un pinchazo en la nuca. Escuchas gritos. “¡Adrien!¡Adrien!”

Resuena en tus oídos brevemente. Y entonces ya no escucha nada.

***

No te anestesian de inmediato. Te dejan sentirlo por un momento. Tu humanidad es tu castigo. Gritas aun cuando te han adormecido la garganta,  tu boca se abre y se cierra mientras sufres en silencio.

Te mortificas sobre que puede haber salido mal. ¿Es que acaso hubo un error en el programa basura que debía servir como sustituto? ¿Algún otro Conectado los había delatado, o quizás fue uno de los contactos exteriores de Ryan?¿Has sido tu? ¿Sera acaso que has estado funcionando como un involuntario peón de la Compañia, sus ojos y oídos, durante todo este tiempo?

Lo que es peor, no sabes qué le ha sucedido a Ryan. Nadie mas lo sabe. Se ha ido, todos los registros borrados, el destino de Ryan es dejado a tu imaginación, a tu profunda e ilimitada imaginación.

Tortura, prisión, muerte. La Compañia no tiene piedad por un ladrón.

Te enojas. Peleas contra los inhibidores mentales que limitan tu acceso, intentas atacar, quemar todo. Seria suicidio. Valdría la pena. Pero la seguridad es muy fuerte, no puedes hacer tu movimiento. El enojo se convierte en desesperación, y una parte de ti odia a Ryan. Te ha destruido de una manera que el Sistema nunca pudo.

Hay un mensaje parpadeando en la esquina de tu conciencia. Un texto. Probablemente otra Actualización de Sistema. Los otros Conectados se alejan de ti. Nadie quiere verse involucrado con el componente rebelde.

Intentas ignorarlo, pero otro mensaje llega, y otro. Seguirán llegando hasta que contestes, así que con resignación abres el archivo adjunto. Las palabras flotan en tu mente.                      
Adrien.

Tu nombre y un pequeño diagrama de ahorcado, saludándote desde la horca.

Deberías haber sabido que iban a Conectarlo. La Compañia no desperdiciaría un material tan bueno.

Das un paso adelante, hacia su interfaz. Sus mentes se tocan, se funden y entrelazan como electricidad. No es lo mismo, extrañas sus dedos, sus palabras, su boca, pero es mejor que nada.

Ryan no esta tomando muy bien su nueva vida. Nada te prepara para el Sistema, incluso para aquellos que consienten su ingreso, y quien sea que haya supervisado su ingreso no hizo un muy buen trabajo. Su mente traumatizada busco algo familiar a lo que aferrarse. Te encontró a ti.

Al principio, sus mensajes están fragmentados. No sabe donde está o qué le ha sucedido. Tienes que aclimatarlo lentamente, apoyarlo mientras se lamenta por su familia, por su vida. Lo único que le queda eres tu, y una pequeña y horrenda parte de ti se siente feliz.

Le haces dibujos, flores del Desierto, gatos y perros. Una pequeña casa. Empieza a mejorar, poco a poco, empieza a hablar un poco mas, a incorporar su propio toque a los dibujos. Eventualmente, las formas concretas se desvanecen en colores, todo un mundo de pixeles, solo para ustedes dos. Se sumergen en él, cada vez mas profundo.

A veces, los pensamientos parpadean a través de la niebla. Miras a tu compañero y te das cuenta que no recuerdas el color de sus ojos. ¿Cuál es su nombre? ¿Cuál es tu nombre?

La pregunta te obsesionará, por un momento, pero sientes la presión de su mente contra la tuya, la conexión es suave como un abrazo, y el pensamiento desaparecerá, una gota en un infinito flujo de información.

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