El Día que la Estrella Verde se Apagó

Por Nictzin Dyalhis

Ron Ti era nuestro mas grande científico. Lo que significa que era el mejor en nuestro universo conocido, ya que nosotros en el planeta Venhez somos la avanzada en relación a otros mundos ya que nuestra civilización es la mas antigua y avanzada.

Nos ha convocado a nosotros siete para una reunión en su “taller”, como suele llamar a su laboratorio experimental. Fueron convocados; Hul Jok, el gigantesco Comandante de las Fuerzas de Defensa Planetaria; Mor Ag, quien sabia todo lo que había que saber sobre tipos, lenguajes y costumbres de los moradores de cada uno de los principales planetas; Vir Dax quien salvo resucitar a un muerto, hacia maravillas con sus extrañas pociones, medicinas y formulas; Toj Qul, agudo de mente, de modales suaves, el único Venheziano que podía “persuadir a un ave de volar”, como dice el refrán, nuestro Jefe de Diplomacia para Asuntos Interplanetarios; y Lan Po, cuyo talento era peculiar, ya que al escuchar a alguien, ya sea Venheziano, Markhuriano, o del lejano Ooranos, planeta de lo inesperado, Lan Po podía, reitero, decir si esa persona decía la verdad o mentía descaradamente. No, incluso sabia cuando alguien omitía la verdad mientras escuchaba atentamente la mentira pronunciada. Un hombre valioso pero que a veces incomodaba tener cerca.

Por ultimo, yo, cuya única distinción era una bastante pobre, ya que era el labrador de registros, un escritor de acciones ajenas. Incluso personas como yo tenemos nombres, y el mio es Hak Iri.

Ron estaba extasiado, se le notaba aun detrás de sus maneras casuales e indiferentes. Él es así. El resto de nosotros estábamos francamente intrigados, todos excepto el condenado Lan Po. Se lo veía con una leve sonrisa de superioridad, como diciendo “¡No hay misterio para mi!”

Amo a ese muchacho como a un hermano, ¡pero hay momentos en los que siento un ardiente deseo de arrancarle la cabeza!

Ron se paró frente a un gigantesco dial. Ahora esto no es un registro de su invención, sino un recuento de la extraña aventura en la cual nosotros siete estábamos a punto de embarcarnos debido a lo que ese dispositivo estaba a punto de revelar. Así que no haré el intento de hacer una descripción minuciosa, solo diré que tenía forma de disco, con el símbolo de los principales planetas tallado en los bordes exteriores a intervalos regulares, y desde el centro colgaba un señalador que en ese momento marcaba un espacio en blanco.

“Escuchen,” ordenó Ron, y llevó el señalador hasta el símbolo que representaba a  nuestro propio mundo.

Instantáneamente, irrumpió en el tranquilo cuarto todos los sonidos de la diversificada existencia con la cual los Venhezianos estamos familiarizados. Los seis escuchamos atentamente y asentimos en señal de comprensión.Este principio científico nos era familiar, ya hemos tenido este tipo de dispositivos, mucho mejores que este, de hecho nuestro planeta estaba sintonizado por uno que podía y de hecho lo hacia, registrar cada suceso, escena, o sonido del lugar, a cualquier distancia, independientemente de los obstáculos sólidos que hubiese en el camino. Pero este artefacto, tenía los símbolos de todos los mundos habitados. ¿Podría ser acaso que…?

Ron hizo girar el señalador hasta el símbolo de Markhuri, y de inmediato el alboroto chillón que caracterizaba a las personas de ese mundo, nerviosos y volátiles aunque gentiles, bombardeó nuestros oídos.

Planeta tras planeta, cercanos y lejanos, nos sintonizamos, a pesar del espacio, hasta que Ron giró el señalador en dirección al símbolo de Therra.

El resultado fue el silencio.

El aspecto de Ron era significativo. Era alarmante en sí mismo. Nos miramos los unos con los otros, y reflejábamos la misma ansiedad, la misma preocupación que cada uno experimentaba.

Algo muy malo le había sucedido a nuestro vecino, eso ya lo sabíamos, ya que durante muchos años la luz verde de Therra se había debilitado perceptiblemente. No le prestamos demasiada atención en un principio, ya que según leyes interplanetarias, los moradores de cada planeta deben permanecer en sus mundos, a menos que su presencia fuese requerida en otro sitio. Una idea notable, si uno se detiene a pensar. Y nadie había llamado a nuestro mundo o a cualquier otro desde Therra, así que lo atribuimos a una causa estrictamente natural, algo que, sin lugar a dudas, los Therranos eran perfectamente capaces de controlar sin asistencia o interferencia externa.

Año tras año la luz verde menguaba en el cielo nocturno hasta que finalmente se desvaneció por completo.

Quizás sufrió cambios atmosféricos. La vida, incluso, puede haberse extinto por completo en Therra, por lo que nadie sobrevivió para comunicarse con alguien de cualquier otro mundo habitado de la Cadena Planetaria, pero es muy poco probable, a menos que la catástrofe fuera instantánea, y en cuya caso debería haber sido muy violenta. Algo tan tremendo debería haber sido registrado de inmediato por instrumentos de todas partes del universo.

Pero ahora, la invención de Ron Ti nos señalaba un aspecto muy serio de la cuestión. Ya que si Therra, seguía ocupando su antiguo lugar, y sabíamos a ciencia cierta que esto era así, ¿entonces qué había detrás de este doble velo de silencia e invisibilidad?

¿Qué peligro amenaza el universo? Lo que sea que haya ocurrido en un planeta puede ocurrir en otro. Y si por esas circunstancias de la vida Therra estuviese destruido, el delicado balance del universo seria gravemente afectado, incluso destruido por completo, y Markhuri, tan cerca del sol, podría convertirse en una ruina ardiente.

Luego, un horror detrás de otro, hasta que el caos y la vieja noche volvieran a predominar, y el desconocido propósito de la Gran Mente fuese…

Oh, ¡pero tales pensamientos nos llevaran a la locura! ¿Qué podemos hacer? Necesitamos recuperar la cordura.

“¿Entonces?” demando Hul Jok, el pragmático. “¿Qué piensas hacer al respecto, Ron?”

¡Típico de Hul Jok!. Era el mejor amigo de Ron y su mas ferviente admirador. Conocía las habilidades científicas de Ron y creía firmemente que si Venhez se partiera al medio, en menos de una hora Ron Ti sellaría la ruptura, y la soldaría tan bien que ninguna inspección podría siquiera encontrar rastros de la ruptura. Pero en ese sentido, todo mundo en Venhez pensaba lo mismo sobre las habilidades de Ron Ti, por lo que Hul Jok no era para nada original.

“Este es un asunto para el Concejo Supremo,” respondió Ron con seriedad. “Propongo que los siete obtengamos permiso para visitar Therra a bordo de uno de los grandiosos Torpedos del Ether, necesitamos credenciales del Concejo que explique el porqué de la incursión y de ser posible, intentar averiguar si este asunto merece la interferencia o no.”

Lo que sucedió luego es un poco obvio y no necesita demasiado registro. Cuando personas tales como Ron Ti y Hul Jok elevan un pedido al Concejo Supremo es claro que es por necesidad y no por placer. El concejo lo vio de esa manera, y les dio luz verde.

Empezamos tan pronto como nos fue posible.

El grandioso Torpedo del Ether surcó el espacio con un vuelo parejo y ligero, con Hul Jok al mando. ¿Quién mejor para ese trabajo? ¿Acaso no era él nuestro príncipe de guerra, experto en cualquier dispositivo conocido en el campo de la ofensa y la defensa? De seguro, él, que con su mente brillante podía dirigir flotas enteras y ejércitos era la opción mas lógica para manejar una sola nave, pilotearla, guiarla y si fuese necesario, combatir con ella.

Con esto en mente le pregunte informalmente aunque con curiosidad.

“Hul Jok, si los Therranos resienten nuestra investigación, y nos expulsan ¿que harás?

“¡Correr!” dijo con una sonrisas el gigante.

“¿No pelearas si nos atacan?”

“hmm!” dijo refunfuñando. “¡Eso es diferente! No hay raza en ningún planeta que pueda alardear de atacar un Torpedo del Ether de Venhez con impunidad. Por lo menos,” agregó, con determinación, “no mientras Hul Jok tenga el emblema de la Cruz Infinita en su pecho!”

“¿Y si hubiera pestilencia?” insistí.

“Vir Dax sabrá que hacer mejor que yo,” Respondió en seco.

“Y si…” Volví a insistir, pero el gigante retiro una mano de los controles y como una garra me tomo del hombro con sus gruesos dedos, casi me lo destroza.

“Y si,” gruño “no dejas de parlotear cuando estoy en servicio, te aseguro que te arrojaré por la abertura de la torre cónica hacia el espacio, y ahí podrás formar una órbita propia como un pequeño planeta que se paso de listo. ¿He respondido tu pregunta?”

Si lo había hecho. Le sonreí, ya que conocía a nuestro gigante, y el me devolvió la sonrisa. Pero tenía razón, después de todo, las especulaciones son el intento de los necios de predecir el futuro. Mejor esperar y ver la realidad.

Y en cuanto a las conjeturas, nadie podría haber tenido una pesadilla tal como la que encontramos cuando llegamos a nuestro destino.

Un resplandor rojizo opaco y débil pero al mismo tiempo estridente nos informó que estábamos llegando a destino. Era en efecto, la atmósfera Therrana, solo que mas gruesa, lodosa, casi viscosa, como un humo húmedo y pastoso.

Era tan denso, que de hecho, tuvimos que aminorar la velocidad de nuestro Torpedo del Ether para reducir la intensa fricción generada por nuestra ingreso  ya que podía fundir las placas casi infundibles de metal Berulio de las cuales estaba hecha nuestra nave. Mientras mas cerca estábamos de la superficie, mas lento debíamos proceder por la misma razón.

Pero finalmente nos deslizamos lentamente, sobrevolamos la superficie y, encontramos una desolación como nunca habian visto nuestros ojos. Casualmente nos acercamos al planeta en el lugar donde alguna vez se había erigido una gran ciudad. Se había erigido, he dicho, ya que ahora no era mas un montón de ruinas, con la excepción de uno o dos edificios desperdigados aquí y allá, pero incluso estos, estaban en su ultima etapa de deterioro, listos para sucumbir de un momento a otro.

De hecho, oímos el colapso de uno de ellos, cayo con un sonoro estruendo debido a las vibraciones de nuestra nave al pasar.

En vano hicimos sonar la sirena, no había signos visibles de vida, nos esforzamos mucho para tener esperanzas. Pero era una ciudad muerta. ¿Seria así en todo el planeta Therra?

Dejamos atrás esta reliquia de un grandioso pasado y llegamos a campo abierto. La misma desolación mortal prevalecía también allí. No había signos de civilización, ni rastros de vida alguna, ni aves ni animales ni personas. No había evidencia visible de cultivos e incluso la vegetación silvestre de cualquier tipo era poca o nula. No había nada mas que tierra marrón y gris, y rocas descoloridas, con algunos arbustos grisáceos desperdigados y aislados.

Llegamos eventualmente a una pequeña cadena montañosa, rocosa, lúgubre, y deprimente a la vista. Fue mientras sobrevolábamos bajo sobre este lugar que vimos agua por primera vez desde que llegamos a Therra. En un amplio valle observamos una lento y plomizo fluido que serpenteaba a lo largo del lugar.

Ron Ti, que entonces estaba en los controles, hizo un exitoso aterrizaje. Este valle, especialmente en las orillas del arroyo, era el lugar mas fértil que habíamos visto hasta entonces. Allí crecían algunos arboles bastante altos, y en algunos lugares se veían matas y matorrales de arbustos verde pálidos casi tan altos como Hul Jok o incluso mas altos. Pero tanto los troncos como los arbustos estaban cubiertos con hongos, rojo opaco, purpura furioso y amarillo estridente, al cual Vir Dax, caratulo como venenoso al tacto y al gusto apenas verlo.

Aquí encontramos vida, o lo que pasaba por vida. Yo la encontré, y menuda bienvenida me dio esa horrible cosa. Tenía la apariencia de una masa amorfa y pulposa de un despreciable color azul, medía dos veces la altura de Hul Jok, y tenía un orificio triangular que hacia de boca donde exhibía colmillos color escarlata, esas fauces se encontraban en el centro de su cuerpo hinchado. Dos óvalos malignos, opacos y plateados que hacían el papel de ojos se ubicaban en las comisuras de la boca.

Fue afortunado que, siguiendo las ordenes de Hul Jok llevara mi Blaster apuntando delante mio, ya que cometí el fatal error de aventurarme hacia la monstruosidad a la vez que este horrible bulto se deslizaba hacia mi, ¿cómo se movía? No lo se ya que no vi piernas ni alas, estaba a punto de caer sobre mi, pero instintivamente saque el pequeño Blaster y la horrenda criatura se desvaneció, excepto por pequeños fragmentos, destruida hasta la nada por las vibraciones emitidas por ese poderoso pequeño desintegrador.

Era la primer vez que usaba una de esas terribles armas, y quede paralizado por lo instantáneo de su efecto.

El Blaster no hizo ruido, nunca lo hace, tampoco los Blasters- Ak que son las armas equipadas en el Torpedo del Ether, pero esa horrenda cosa que había eliminado se convirtió en un siseo burbujeante que lentamente iba recuperando su forma original, el resto de nuestro grupo vino corriendo hasta mi posición y me encontraron temblando de la excitación, Hul Jok lo llamó miedo pero se equivocaba. Me preguntaron que había encontrado.

No hubo tiempo para responder ya que poco después, Hul Jok encontró otro y nos llamó a todos para que viéramos, le arrojó una roca del tamaño de su cabeza, le dio justo en el medio de la boca, la roca se desvaneció dentro y fue aparentemente bien recibida, ya que la pesadilla apenas se inmutó, se sacudió un poco y siguió ahí. Hul Jok intentó con otra roca pero tuvo la mala fortuna de golpear a su pequeña mascota en el ojo, se movio hacia nosotros a una velocidad increible, poco tenia que envidiarle a un rayo, pero reaccionamos a tiempo y los siete Blasters enviaron a esa criatura del horror a cualquiera sea el limbo de donde hubiese salido. Lo desintegramos en pleno vuelo. Incluso Hul Jok había visto suficiente después de esto, de ahí en mas se limito a apuntarles con el Blaster y presionar el gatillo, en lugar de intentar conocer sus reacciones.

Pero eso fue, después de todo, la única forma de vida que encontramos en ese valle, aunque no pudimos averiguar de que se alimentaban esas criaturas, a menos que devoraran a su misma especie.

Encontramos mas de su especie en otro lugar, esas masas amorfas resultaron inmunes a nuestros Blasters y finalmente descubrimos de qué se alimentaban. ¡Pero me estoy adelantando, todo a su debido tiempo!

Pasamos un tiempo en ese valle, pero al no encontrar nada nuevo, nos subimos a la nave y sobrevolamos las montañas, solo para encontrar mas montañas y algun que otro valle.


 Tiempo después llegamos a un valle mucho mas grande que habíamos visto hasta entonces. Este era, a diferencia del otro, una planicie entre dos cadenas montañosas, o, para ser mas precisos un llano donde la cadena se dividía y formaba un gigantesco ovalo, para luego reunirse y continuar la cadena.

Aquí volvimos a aterrizar donde una pequeña arboleda nos daba cubierta para ocultar el Torpedo del Ether, en caso de que, quien sabe, de que algo pasara. Pero entre nosotros circulaba con pesada certeza que estábamos en un lugar que potencialmente perjudicial para nuestra existencia.

¿Por qué? No lo sabíamos, pero cada uno de nosotros lo sentía, lo sabía, y hasta cierto punto, lo temíamos, ya que aun los mas valientes le temían a lo desconocido.

Fue MoR Ag quien enunció las palabras que guiaron nuestras acciones.

“Si Therra estuviera habitada, en el estricto sentido de la palabra” había dicho, sentenciosamente, “la gran ciudad en ruinas que acabamos de ver no sería una ruina sino un lugar rebosante de vida y actividad como era la costumbre de los Therranos antes de que la luz de la Estrella Verde menguara. Por lo que, si hay alguno seguía aun con vida, estará en el campo abierto y es ahí donde debemos buscarlos. Hasta que podamos confirmarlo, estos lugares no son lo que parece.”

Cuanta razón tenía, rápidamente esto se convirtió en un manifiesto.

La sombría y completa oscuridad de la noche lentamente le dio lugar a la pálida y tenue luz del día, aunque la luz solar no brillara realmente, y mientras juntábamos nuestros Blasters y demás equipamiento, preparando para seguir, Toj Qul levantó su mano en señal de advertencia.

No hubo necesidad de un discurso. Todos oímos lo mismo. Creo que hasta los muertos deben haber oído ese infernal y disonante estruendo cada vez que sonaba. ¿Describirlo? No hay palabras para describirlo.

Cuando nuestros oídos de alguna manera se recuperaron del shock, Vir Dax sacudió la cabeza.

“Uff” exclamó. “Escuchar eso tan seguido nos va a volver locos.¡Es una agonía!”

“Quizás,” gruñó Hul Jok. “Pero ya me volví loco, ¡loco de curiosidad! ¡vamos!”

El era el comandante. Lo seguimos, dejando el Torpedo del Ether desprotegido. Pero nunca volvimos a cometer semejante tontería.

 Avanzamos cautelosamente, desperdigados en linea, cada uno manteniendo en vista al otro. El ruido había venido desde el norte de la planicie, y hacía allá nos dirigimos. Por ahora cubiertos por los arboles y arbustos.

Al unisono nos detuvimos repentinamente, nos reagrupamos, sorprendidos, horrorizados y sin poder creerlo.

Estábamos en el limite de los arbustos altos y ante nosotros se extendía un claro abierto a los pies de un precipicio de piedra, que se elevaba aproximadamente diez veces la altura de un hombre alto.

A mitad de camino sobresalía una formación de roca que se extendía sobre toda la cara occidental del acantilado y terminaba en la cara oriental, a intervalos regulares podíamos distinguir aberturas grandes y rectangulares, cubiertas o selladas por puertas de algún metal opaco y plomizo.

¡Todo el espacio entre los arbustos y el pie del acantilado estaba ocupado por la misma especie de monstruosidades que habíamos encontrado antes! Estaban ahí, expectantes, en apariencia, ya que su atención se centraba en la cima de la formación rocosa.

Una puerta cerrada en el extremo occidental se abrió y una procesión emergió de ella. Por fin habíamos encontrado, “¡Gran Poder de la Vida!” blasfemó Mor Ag . “¡Esos seres nos son Therranos!”

Y tenía razón, ¡Therra jamas había producido seres semejantes como los que estábamos contemplando!

¡Tenían rostros y no tenían rostros! ¡Tenían forma pero eran amorfos!. ¿Cómo podría describirlos cuando están mas allá de toda descripción!? Estamos acostumbrados a ciertos tipos de formas y rostros, concretos y cohesivos, y ¡estos eran inconclusos! Su aspecto cambiaba constantemente, se estiraban, se contraían, se expandían y ampliaban. Por momentos la parte baja de uno de estos seres parecía desvanecerse mientras la parte de arriba seguía siendo visible, y viceversa.

El frente se desvanecía instantáneamente dejando solo su parte de atrás, solo para revertirlo de inmediato. O desaparecía el lado izquierdo dejando el derecho, entonces, imagínense ustedes. He dicho suficiente.

Esta imagen me provocó mareos, ¡provocó a Mor Ag porque no podía nombrarlos! Enfureció a Hul Jok, le ardía el deseo de atacar la multitud y destruirlos a todos, por qué, no podía explicarlo, el solo hecho de mirarlos le hacia sentir de esa manera.

Ron Ti se controlaba su curiosidad pero Vir Dax sentía un impulso frenético de querer estudiar esos seres, nuestra Dama de la Bendición me habia librado de semejantes niveles de curiosidad, ¡pero tales eran sus métodos de estudio!

Solo Toj Qul y Lan Po permanecían impasibles.Toj Qul es diplomático y en su trabajo aprendió a no sorprenderse o maravillarse por nada y ante nada.Y Lan Po sentía desprecio, ya que al verlos pensaba, cualquier raza que cambie así de forma inevitablemente debe cambiar también su forma de pensar y a él cualquier tipo de mentira no le generaba nada mas que desprecio. ¡Extraño argumento, extraño estimulo tomar coraje, pero quizás tan efectivo como cualquier otro!

El único rasgo distintivo en común que tenían estos seres e incluso este fluctuaba, era su color. Eran plateados y negros, pero de un negro mas negro que cualquier otro. Mas tarde, descubrimos qué tipo de seres eran, y como llegaron a afectar Therra con su presencia.

Estaban formados en fila bastante lejos de la formación rocosa, y entonces, de la misma puerta de donde habían salido, salió otra procesión, o mejor dicho, una turba. Estos si eran, como Mor Ag bien confirmó, indudablemente Therranos. Pero qué podría haber provocado la caída de una raza tan sabia y poderosa. Estos hombres eran poco mas que bestias. Desnudos, de hombros redondos, con la cabeza inclinada, se arrastraban, con el cabello apelmazado y barba, por lo menos los hombres, en pocas palabras, estaban totalmente abatidos, destruidos, con el espíritu doblegado.

Solía existir un proverbio en los mundos habitados que decía; “tan bella como una mujer Therrana,” pero las mujeres que contemplábamos en ese instante, estaban, estaban aun mas deterioradas que los hombres.

Muchas cosas se nos hicieron evidentes para entonces mientras observábamos a esas desafortunada criaturas. Era evidente que esas cosas, llegaron de algún lugar y esclavizaron y corrompieron a quienes fueran alguna vez una poderosa raza, que eran o habían sido de lo mejor del universo, y éste, éste era el resultado.

Hul Jok se movía en su lugar, inquieto, un sabor amargo invadía su garganta. A pesar de su apariencia, nuestro gigante tenia el corazón de un infante, de una niña, gentil, tierno y empático en situaciones donde el mal o la opresión se atreviera a mostrar su horrible rostro. Y aquí, era muy evidente que esos demonios del averno habían estado muy ocupados.

La turba de Therranos se detuvo justo en el extremo de la formación, se agruparon, a una equidistancia de la larga fila de esa Cosas que no podíamos nombrar. Mientras los Therranos permanecían en su lugar, los horrores vivientes del suelo fijaron su maligna mirada sobre las desechas criaturas, sus bocas triangulares se abrieron grande, de la multitud de nauseabundas masas amorfas llegó a nuestros atormentados oídos el mismo bramido ensordecedor que habíamos oído antes.

De repente, las Cosas de pie detrás de los Therranos dejaron de fluctuar, adoptaron una sola forma, aunque ese cambio no les favorecía en nada. Aun cuando ahora se asemejaban a cualquier otra forma de vida, inteligente y consciente, sus rostros exudaban maldad pura.

Piensa en toda la depravación, el libertinaje y las mas fétida indecencia conocida, en todo el universo desde tiempos inmemoriales y multiplícalo por la potencia N, y aun entonces así no te habrás aproximado a la expresión del rostro de estas criaturas.

En lo personal, contemplar ese semblante me hizo sentir como si estuviese estado inmerso en la mas cruel de las inmundicias durante eones. Y afecto a los demás de la misma manera, sabíamos, por experiencia propia lo que les había ocurrido a los Therranos.

Ellos, las Cosas, lentamente levantaron un brazo y señalaron cada uno a un Therrano en particular del grupo. Y éste a su vez, abatido y destruido como estaba señaló a la criatura y se elevó contra su voluntad lentamente en el aire, se deslizó justo sobre la masa amorfa que esperaba ahí, con las fauces abiertas de par en par. El Therrano dio una vuelta en el aire, y empezó a caer de cabeza, aun restringido por la poderosa voluntad de la Cosa que señalaba…

Me quede sin aliento, mis ojos no daban mas del terror por lo que estaba a punto de acontecer, quede estupefacto ante la demostración de fuerza aplicada sobre los abatidos Therranos.

Un poco absorto, vi como el Blaster de Hul Jok entraba en acción contra la pobre victima que había comenzado su descenso hacia el repugnante orificio triangular, que esperaba ansioso hasta que vio a su victima desvanerse justo frente a sus ojos.

Agradecí silenciosamente la rapidez y la misericordia con la que había actuado Hul Jok.

Entonces, por un momento, enloquecimos. Empuñamos los Blasters y abrimos fuego hacia las criaturas. Espantados descubrimos que no tenía efecto. Una y otra vez disparamos contra ellos, y ni siquiera se percataron de nuestra ataque. ¡Los mortales Blasters eran inútiles contra ellos!

Ron Ti entendió rápidamente la situación.

“Estas Cosas no son seres, solo son malignas entidades de la mas baja calaña, son astutos, viles, pero no inteligentes. Esta hechos de una densidad muy baja, las vibraciones del desintegrador no pueden destruirlo, sino que pasan inadvertidos a través de su estructura atómica. No podemos hacer nada excepto eliminar piadosamente a esos pobres Therranos y así destruir sus corrompidos cuerpos antes de que sean devorados.”

 ¡Y así lo hicimos! Fue un acto de verdadera misericordia hacia los Therranos. Sin embargo, a pesar de la aparente brutalidad de nuestras acciones, sabíamos que era lo mejor. Si algo había quedado demostrado es que, aun cuando los habitantes de Therra habían caído tan bajo, muy lejos de la divinidad, aun podían distinguir en cada uno de ellos esa chispa plateada que diferencias a las criaturas con alma de las que no la tenían. Ya que cada cuerpo que regresaba al éter de donde había nacido, liberaba una chispa plateada, que una vez libre flotaba en el aire hasta desaparecer. Fue entonces que volvimos nuestra atención hacia las masas amorfas.

Aun cuando habíamos aniquilado a esas criaturas nauseabundas, notamos que los extraños seres en la formación rocosa entendieron rápidamente que alguien se había inmiscuido en los asuntos de Therra. Se erigieron, sorprendidos y estupefactos por alrededor de un minuto y se pusieron rápidamente en acción, con una velocidad francamente admirable.

Varios de ellos descendieron de la roca, saltaron en el aire y flotaron en nuestra dirección. De alguna forma habían sentido nuestra ubicación. En muy poco tiempo estábamos frente a frente.

Uno de ellos, evidentemente mas importante que los demás, articuló sonidos que no pudimos entender. Tampoco teníamos deseo de entenderlo, criaturas como esa solo entendían una cosa, ¡la guerra sin cuartel!

Y así, una vez mas intentamos utilizar los Blasters en su contra, y al igual que la primera vez, resultaron inútiles contra ellos. Note que Hul Jok estaba enardecido, literalmente le salia espuma de la boca.

Las Cosas que estaban mas cerca parecían emanar una abominable vibración que resultaba atrofiante. Poco a poco empece a sentir una urgente necesidad de encaminarme hacia el pie de la plataforma rocosa. Sin pensarlo, di un paso en esa dirección pero el poderoso brazo de Hul Jok me tiró de vuelta hacia atrás.

“Yo también puedo sentirlo,” nos gritó a los seis. “Pero,” dijo atronadoramente, “les ordeno, ¡por la Cruz Infinita misma, que permanezcan en sus lugares! ¡No es nada mas que su voluntad! ¿Acaso somos niños que deben obedecer?”

De repente, empece a reír, ¿seguir las ordenes de estas cosas? Era ridículo. La risa fue nuestra respuesta como grupo. Hul Jok asintió en señal de aprobación.

“¡Bien hecho, Hak Iri!” agregó. “¡La Cruz Infinita te lo agradece, el Concejo Supremo te dará el derecho a usarla, por tu gran valor, por los servicios proporcionados!”

Me había prometido el honor mas grande de nuestro planeta por… reírme. Si, aunque me cueste admitirlo, el servicio no era tan trivial después de todo. Ya que en definitiva, no existía una arma tan grande contra el mal como la risa, el ridículo. Tomarse al mal con seriedad solo magnifica su importancia, pero ridiculizarlo inutiliza sus fortalezas. Aquellos que lo duden, ¡inténtenlo, inténtenlo en la hora de mas necesidad!

Las Cosas se oscurecieron, no quedaban mas partes plateadas. Uno intentó capturarme, me atrajo hacia él. Algo, que no sabía que tenía dentro, ardió en mi como una llama de ira. Endurecí mi puño y sin siquiera darme cuenta mi brazo cruzó velozmente junto a mi, le asesté un formidable puñetazo junto en el rostro. Le quedó un orificio horrible y vacío que lentamente recuperó su forma original. La Cosa emitió un chillido extraño, casi una demostración de dolor.

“Ahá!” gritó Hul Jok, con entusiasmo. “¡Quizás no podamos despedazarlos o asesinarlos pero, podemos lastimarlos!” Agitó su Blaster como si fuera una porra y le asestó un golpe certero en el medio de la cabeza al mas cercano que tenía. El golpe pasó a través de la Cosa como si estuviera hecho de polvo. Aun así, alcanzo para ahuyentarlo y que los demás huyeran detrás suyo.

“¡De vuelta a la nave!” ordenó Hul Jok, y así lo hicimos tan rápido como la capacidad de nuestras piernas nos lo permitieron. Pero no fuimos los primeros en llegar.

Para nuestra consternación, encontramos la nave en manos de una horda de esas Cosas. Estaban por todas partes, incluso dentro, pero eso no era lo peor, también habían muchos Therranos, una multitud de ellos formaba una masa solida, mirando hacia nosotros, empuñaban hojas de metal brillantes, con puntas filosas.

“Espadas,” masculló Mor Ag. “Tenía entendido que ese tipo de armas habían quedado obsoletas en Therra hace mas de diez mil años!”

“Uho ho!” gritó Hul Jok. “¡A los Blasters, rapido!”

¡Que cosa tan tremenda! Lagrimas caían de mis ojos incluso antes de que hubiese terminado. Ron Ti, también se veía afectado. El mismo Hul Jok lanzaba extrañas maldiciones, y sino hubiese sido por Lan Apo, dudo que hubiésemos tenido la fortaleza necesaria para atravesar por tan espantoso asunto. Pero a medida que las chispas plateadas salían despedidas de sus cuerpos, una sonrisa de alegría, se dibujaba en su pálido rostro.


”¡Se regocijan!” nos gritó mientras se lamentaba. “Puedo sentir su gratitud fluyendo hacia nosotros mientras los liberamos de una vida que es peor que la muerte. ¡Están felices de partir así, sin dolor!”

A partir de ahí, ya no seguimos lamentándonos.

Ya habíamos acabado con la mayoría de los Therranos cuando Mor Ag gritó:

“Atrapa alguno de esos esclavos, con vida, Quiero interrogarlo…”

Hul Jok dio un paso adelante y atrapó uno de la muñeca, le arrebato la espada de la mano y lo azotó contra el casco de la nave, lo incapacitó y nos lo dejo a nosotros, mientras seguía peleando con otro.

Mientras tanto, nuestras Blasters no descansaban, hasta que no quedaron mas de esos pobres Therranos a la vista. Las Cosas, que a través de su Fuerza de Voluntad, habían obligado a los Therranos a enfrentar la aniquilación, no podían pelear por si mismos, y aun cuando nuestros Blasters superaban largamente a las espadas y las piedras, ellos seguían a bordo de nuestra nave, el Torpedo del Ether. Seguramente, Nuestra Dama de Venhez evitaba que supieran que botones apretar para utilizar los Blasters-Ak ya que nos aniquilarían en un segundo. ¡Por suerte para nosotros no tenían a un Lan Po entre ellos para leer nuestros pensamientos!”

Tiempo después, descubrimos que estaban bien familiarizados en cómo funcionaban los Blasters-Ak y solo puedo intentar adivinar que la única razón por la que no los usaron contra nosotros, es porque deseaban capturarnos con vida, solo para satisfacer sus diabólicas necesidades, se contienen para no matarnos ya que no se puede torturar a los muertos.

Nos retiramos, temblando por la excitación y el esfuerzo de resistir a sus malévolas mentes, a su voluntad, con la que intentaron sin éxito hacernos seguir sus ordenes. Aun sin controlarnos, esa fuerza que emiten golpea nuestros cuerpos casi de forma física. Nuestra nave seguía en sus manos, y estábamos parados en campo abierto, y completamente perplejos acerca de cómo volveríamos a controlar nuestra Torpedo.

Hul Jok, príncipe guerrero, resolvió el dilema. Tomó un árbol joven, grueso como su muñeca, lo arrancó del suelo y lo partió con la rodilla. “Garrote,” gruño. “Hace un millón de años, nuestros ancestros los usaron en Venhez. Hay registros en el Castillo Central de Guerra.”

Rápidamente, preparó uno para cada uno, mientras nos decía.

“Pueden sentir,” masculló, “no podemos matarlos. Bien. ¡Los sacaremos a golpes del Torpedo del Ether!”

Y eso fue precisamente lo que sucedió. En Venhez, en ocasiones, hacia trabajos manuales, solo por el deleite de trabajar con mis músculos. Pero jamas me hubiese imaginado que haría ese tipo de trabajo hasta ese momento, cuando, garrote en mano tomamos la nave por asalto y no nos detuvimos hasta que la ultima de esas Cosas se habia marchado. Una vez fuera de la nave levantaron vuelo rápidamente hacia el acantilado, todos excepto uno, al cual finalmente acorralamos en un compartimiento donde se había separado de los demás. Lo rodeamos, lo golpeamos con los garrotes hasta que se retorció de dolor. Entonces Ron Ti acercó su rostro al de la Cosa…

Captamos la idea de Ron, sumamos nuestra voluntad a la suya, dominando la de nuestro rehén. Esto lo confundió, desconcertado empezó a cambiar de colores, de plateado a negro, y de vuelta a plateado, el negro se hizo opaco, con nubes, el plateado dio pie a un plomizo, entonces, la Cosa se encogió en el suelo temblando, emitía olas de miedo y se manifestaba en colores tenues.

“¡Hemos visto suficiente!” declaró Ron Ti. “ ¡De vuelta a Venhez! Este es un asunto para el Concejo Supremo, como había temido incluso antes de que partiéramos. No estamos en condiciones para lidiar con esto, nosotros siete no tenemos la fuerza suficiente. ¡De vuelta a Venhez!”

“Nada de eso,” objetó Hul Jok. “Debemos quedarnos aquí y liberar Therra de esta escoria!” dijo, mientras señalaba a la Cosa cautiva con un gesto despectivo.

Pero Vir Dax sumó su voz a la de Ron Ti; y yo, estaba ansioso por partir, por quedarme, no sabía cual. Los demás estaban igual que yo. Ambos cursos de acciones tenían sus ventajas y desventajas. Por un lado, temía por mi mismo, temía que yo, Hak Iri, que siempre me he mantenido distante de toda emoción violenta, que siempre opté por registrar las acciones de los demás. Temí, que dentro mío siguiera con vida algo de ese viejo Hak Iri, mi ancestro distante que según dicen fue conocido en los lejanos Días Salvajes de nuestro mundo, cuando nuestros juglares aun cantaban, como el terror de todo Venhez y como un amante de la batalla.

Pero fue Mor Ag quien resolvió la disputa.

“Tenemos a esta… Cosa,” declaró. “Debemos examinarla, si hemos de aprender algo sobre su naturaleza, es una tarea impostergable si tenemos alguna esperanza de resolver todo este problema de raíz” (en ese momento una luz impía brilló brevemente en los fríos y astutos ojos de Vir Dax), “y,” continuó Mor Ag, “podemos, durante el viaje de vuelta a Venhez intentar descubrir qué fue lo que realmente sucedió en Therra de los dos Therranos…”

“¡Un Therrano!” interrumpió Vir Dax. “El otro murió. ¡Hul Jok no conoce su propia fuerza!”

Se inclinó para examinar al sobreviviente y rápidamente lo hizo recuperar la conciencia. Mor Ag le habló. El éste se animó un poco cuando entendió que no le íbamos a hacer daño. Se animó aun mas cuando observo que teníamos cautivo a uno de sus antiguos amos.

Entonces la Cosa atrajo la atención del Therrano y Lan Po se apresuro a decirle a Hul Jok.

“Haríamos bien en confinar a esta Cosa, donde el Therrano no pueda alcanzarlo,” Advirtió con énfasis. “De lo contrario, la voluntad de la Cosa puede obligar a este pobre esclavo a que lo ayude a escapar, o lo vuelva en contra nuestra de alguna manera”

Dejamos a la Cosa en el pequeño compartimento y cerramos la única puerta, Hul Jok utilizo una clave que solo el podría volver a abrir. El Therrano le dijo algo a Mor Ag, quien le sonrió y le palmeo la espalda dándole seguridad.

“Nos agradece por sacarle del control de la voluntad…”

Se interrumpió para hacerle otra pregunta, y la respuesta lo dejo sin aliento.

“Santa Madre de la Vida!” exclamó. “Esas Cosas vienen del lado oscuro de la Lona, el Satelite de Therra!”

El Therrano asintió.

“¡Avitchi!” exclamó, y agregó otra palabra: “¡Infierno!”

“No conocemos su idioma, es decir, nadie excepto Mor Ag, pero entendemos lo que quiere decir. Se refiere a las criaturas que vimos antes como demonios, según las creencias Therranas.

   Podríamos haber seguido el interrogatorio a través de Mor Ag ya que todos teníamos mucha curiosidad, pero sucedió algo que nos interrumpió e hizo que nos apresuráramos a partir de ese planeta tan dolorosamente devastado.

El siseante sonido de un relámpago y el terrorífico estruendo del trueno que impacto y sacudió el Torpedo del Ether.

“¡Aho!” gritó Hul Jok. “¿Y ahora qué?” Se asomó por una de las aberturas de observación justo cuando otro rayo golpeaba la nave.

Nos asomamos también y con un vistazo nos alcanzo. A nuestro alrededor flotaban como un enjambre grotescos globos iridiscentes que disparaban continuas ráfagas de luz y poderosas corrientes eléctricas.

Nuestro comandante saltó a la torre cónica, y los demás nos repartimos en el resto de las estaciones de disparo, en las Blasters-Ak, de los cuales teníamos seis, rápidamente despegamos.

No estábamos realmente preocupados por nuestras vidas ya que el metal Berulio del que estaba hecho el Torpedo del Ether resistía perfectamente y nos protegía de cualquier shock eléctrico. Pero algunas partes de los mecanismos de control podrían dañarse por una seguidilla de impactos y ademas, no estaba en nuestra naturaleza sentarnos tímidamente a recibir un ataque.

Con un silbido salimos disparados en el aire, Hul Jok apuntó la filosa nariz de nuestra gran cilindro volador en dirección a uno de los globos que flotaba a nuestro alrededor. Sus delgadas paredes no pudieron protegerlo de nuestro impacto y los destrozamos tan fácilmente como se rompe la cascara de un huevo.

Con los Blasters-Ak destruimos algunos de los globos que no embestimos con la nave pero las vibraciones de desintegración no tenían efecto sobre sus ocupantes al igual que nuestros Blasters de mano, y Hul Jok estalló de ira.

“Ron Ti,” exclamó colérico, “¡tu ciencia ha demostrado ser un fraude! Montamos tus modelos de Blasters mejorados en la nave con la capacidad de exterminar lo que sea, y ahora…”

Casi se ahoga de tanto enojo.

“Quedarás satisfecho,” lo consoló Ron. “Si alguna vez volvemos a Therra…”

“Si alguna vez volvemos a Therra,” afirmó sombríamente Hul Jok, “Therra será purificada, o de lo contrario no regresare a Venhez! Pero,” siguió, imperativamente, “debes descubrir como destruir a estos Lunarianos. Destruimos y embestimos sus ridículos globos desde donde jugaban con el poder de los truenos pero no les hicimos daño alguno. Solo quedaron ahí, flotando, insolentes, cayeron suavemente sobre el planeta.”

“Tenemos un Lunariano sobre el cual experimentar,” sugirió Vir Dax seriamente.

“Así es,” dijo bruscamente Hul Jok. “Y espero que tanto tu como Ron Ti descubran algo.¡No fallen!”

Conozco a nuestro gigantesco comandante desde que ambos eramos niños pero nunca lo había visto actuar así. Parecía fuera de sí, una versión inferior a la que todos conocíamos. Al principio pensé que se sentía humillado pero luego entendí, al igual que los demás que en su interior, él sentía que la dignidad de la Cruz Infinita había sido insultada, casi hasta el punto de la derrota, y para él, la Cruz Infinita, el emblema de nuestro planeta, era un símbolo sagrado, el único objeto de su adoración; su espíritu, fuerte y feroz, estaba herido y consternado, y no podría apaciguarla hasta que una frase salga de su boca, “¡Therra ha sido purificada!”

Hicimos el reporte formal ante el Concejo Supremo y pusimos a su disposición, tanto al Therrano como al Lunariano que habíamos traído con nosotros. El Concejo Supremo, haciendo uso de su sabiduría, ordenó a Mor Ag y a Vir Dax que examinaran e interrogaran al Lunariano, conmigo a su lado para tomar notas de lo que pudiera decir, aunque no emitió una sola palabra, ya que parecía disfrutar de nuestra incertidumbre.

El Therrano, cuyo nombre era Jon, le había contado a Mor Ag durante nuestro viaje todo lo que había que saber sobre las condiciones de Therra. No tengo espacio aquí para registrarlo todo, pero brevemente seria algo así: hace siglos, los Therranos se dividieron en naciones, guerrearon entre sí. Un poderoso imperio, con el deseo de dominar el planeta, atacó a un pequeño país como primer paso. Otra nación, grande y poderosa se apresuró a socorrer a su pequeño vecino. El reino de una isla fue convocado a la batalla. Una poderosa república del otro lado del mar tomó partido en el asunto, y así, terminó la disputa.

Pero en lugar de terminar con el conflicto, esto dio pie para la invención de letales dispositivos. Alguien descubrió que el elemento metálico oro, tenia extrañas cualidades, anteriormente inadvertidas. Otro descubrió que el oro se podía producir por medios artificiales, sintéticos sería el termino utilizado en Therra. Pero la producción consistía en tomarlo del almacén mismo del universo, el Ether primordial, donde, de manera latente, todas las cosas son objetivas y subjetivas. El drenado del Ether abrió una extraña puerta en el espacio, la cual hasta ese momento, por designio de la Gran Sabiduría había estado cerrada.

Los científicos de una gran raza, los Mongulianos, abusaron del Ether, con la esperanza de subyugar a las demás razas del Oeste. Las vibraciones de su trabajo crearon un pasaje entre Therra y su Luna. Y en lado oscuro de esa Luna vivía una raza de viles criaturas sin alma, lejos de la Infinita Piedad, siempre en movimiento para mantener la luna entre ellos y la odiosa luz del Sol. Siempre habían odiado Therra, y a sus moradores, ya que alguna vez habían habitado ese mundo, fue su propia maldad la que provocó que tanto ellos con la Luna fueran desterrados de Therra por la Ira del Todopoderoso, desterrados y condenados a flotar en el océano espacial. La Luna, aunque siempre circulaba alrededor de su planeta paterno, no giraba sobre su propio eje por lo que tenía un lado que siempre apuntaba hacia Therra; fue entonces que estos Señores de la Cara Oscura, que habían cultivado su odio durante eones, vieron la oportunidad de, finalmente, recuperar su mundo perdido, al cual miraban con ojos envidiosos cada vez que la fase lunar les acercaba al planeta. En sus globos de Selenio invadieron Therra, valiéndose de la apertura que los Monguliones habían establecido inadvertidamente.

Con la ayuda de estos impíos poderes del mal, los Mongulianos que habían dominado y reducido a la servidumbre a todas las demás razas fueron a su vez subyugados por los Señores del Andar Oscuro, que los redujeron utilizando solo su fuerza-energía vital.

Y fue así, que, reducidos a las condiciones de semi-bestialidad, los Therranos han sido la presa de sus malévolos conquistadores, incluso en estos momentos mientras escribo, están siendo maltratados al punto que de solo pensarlo mi alma tiembla de pavor. Soy incapaz de describirlo, ya que, ¿por qué sometería mi mente a tan  innecesarias corrupciones?

Solo quienes han oído el relato de ese Therrano pueden llegar a concebir lo que había sucedido durante muchos años en esas aterradoras orgías de los Lunarianos, y nosotros que sí habíamos oído el relato ya no volveremos a ser lo que eramos antes de que nuestros oídos se contaminaran de esa manera.

Tan horrendas eran las condiciones en Therra que nuestro Concejo Supremo decretó que debían ser abolidas a cualquier costo. No el planeta, sino la situación reinante. ¡Temían que pudieran contaminar el Ether mismo y que esa degeneración llegase algún día a cada planeta de la Cadena Universal!

Pero este asunto involucraba a todos los planetas. Así que el Concejo envió invitaciones para realizar una conferencia. Llegaron delegados de todas partes. Hablaron, discutieron, debatieron, consultaron y eso fue todo.

Hul Jok, el pragmático, rompió eventualmente la etiqueta interplanetaria.

“¡Hablar!” gritó, levantándose de su asiento junto a otros Venhezianos. “¿Que esperamos lograr hablando? No estamos mas cerca que cuando comenzamos. Ya que nadie puede hacer una alternativa viable, escúchenme a mi! Soy el Principe de la Guerra de Venhez, no un sabio, pero les digo que Ron Ti, puede encontrar la solución si le damos el tiempo suficiente, él hallara la manera de acabar con estos Lunarianos y toda su horda infernal, y eso es lo que necesitamos! ¡Dejen este asunto en las manos de Venhez!”

Un serio pero simpático delegado de Jopitar se puso de pie en su lugar.

“Ustedes de Venhez,” dijo en su tono cortes y formal, “¡su Principe de la Guerra ha hablado muy bien! ¡Ya que Ron Ti es reconocido en cualquier planeta como uno de los mas grandes inventores, solo tiene que pedirlo y nosotros en Jopitar nos pondremos a su entera disposición para avanzar en la investigación, solo tiene que enviar una comunicación y nuestros recursos son suyos!”

Uno a uno, delegados de todos los planetas apoyaron la oferta del Jopitariano, repitiendo el discurso y reemplazando su lugar de origen. Un delegado, un tipo grande de piel roja y ojos azules fue aun mas lejos, se puso de pie al salto y exclamó:

“Si va a haber una refriega, nosotros, habitantes de Mharz ¡demandamos participar!” Hul Jok caminó hasta él y palmeó al Mharziano en el hombro.

“¡Aho!” rió. “¡Uno como yo! ¡Hermano, he contemplado la posibilidad que naves y guerreros de todos los planetas deberán ser convocados antes que este asunto haya concluido!”

Parece una crueldad, lo sé, ¿pero qué mas podíamos hacer? A partir de ese momento, el Lunariano cautivo fue sometido a todo tipo de extraños y aterradoras pruebas. Venenos, ácidos, nada tenía efecto en él, según pudo comprobar Vir Dax. Los instrumentos cortantes lo herían, pero no permanentemente. Ya sabíamos que nuestros Blaster no tenia efecto en ellos, y eran las armas mas mortíferas que teníamos.

¡A Ron Ti se le estaban acabando las ideas! Dos años pasaron en Venhez, y seguíamos sin progreso alguno. Entonces, una chica resolvió el único problema que nunca había podido resolver por sí mismo.

Ron Ti tenia pareja, como cualquier otra persona en Venhez, y ella, completamente comprometida con sus ideales y ambiciones, con una empatía y capacidad de comprensión propia de las doncellas de Venhez, tenía acceso total al taller donde él trabajaba y estudiaba para beneficio de su planeta.

Un día que ella lo vio completamente perplejo por sus investigaciones, sin decir nada se retiró y regresó poco después con su mas grande tesoro entre sus manos, era un instrumento de muchas cuerdas, con el cual empezó a producir hermosas melodías, con la esperanza de que así pudiera aliviar la perturbada mente de su amante.

Su melodía tenia un compás precioso, y cuando sonó por primera vez, el Lunariano se retorció. ¡Cuando el compás se repitió éste lanzó un aullido! Y fue entonces que Ron Ti comprendió, en un repentino ataque de claridad lo que sucedía.

“¡Armonía!” gritó contento. “¡La Cosa amorfa es de naturaleza disonante!”

 Nunca hubo una doncella mas orgullosa hasta entonces como la pareja de Ron Ti. Había podido afectar a la criatura de alguna manera, lo había herido de seriedad. Así que una y otra vez tuvo que tocar ese mismo compás y al cabo de unos minutos, el Lunariano quedó tendido boca abajo, retorciéndose de dolor y aullando enloquecido.

“Suficiente, Alu Rai,” ordenó Ron luego de contemplar la miseria del cautivo por algún tiempo. “¡Le has prestado un servicio al universo! Ahora déjame solo que tengo que pensar. ¡Aquí esta el secreto del arma que purgará a ese mundo devastado de este infortunio!”

Una poderosa flota se dirigió hacia Therra, una expedición de rescate y represalia que jamas sera olvidada. En términos prácticos, todas las naves eran de apariencia similar, ya que el Torpedo del Ether había sido ampliamente reconocida como el tipo de nave mas eficiente para viajes interespaciales. Incluso los Therranos las habian utilizado antes de ser subyugados, de hecho Jon el Therrano nos contó que los Lunarianos tenían una gran flota de ellas almacenadas, listas para desplegarlas el día que finalmente decidan invadir otro mundo. Pero, como también nos había contado, los Lunarianos no se irían de Therra hasta que no hubieran drenado sus recursos por completo y que para viajar dentro del planeta utilizaban sus globos de Selenio, por que aparentemente les resultaban mas prácticos, eran impulsados por su fuerza de voluntad, en cambio los grandiosos Torpedos del Ether funcionaba con métodos estrictamente mecánicos.

Naturalmente, los Torpedos del Ether de los distintos planetas variaban ligeramente en su diseño, por ejemplo, los de Venhez tenían la cabina de mando en forma cilíndrica, que iba desde el medio hasta la popa, la nariz de la nave era puntiaguda y se estrechaba hasta la mitad del ancho nominal de la nave, el de la cintura, nuestros Blasters-Ak eran largos, delgados y revestidos en cobre. Los Torpedos del Ether de Mharz eran de un color rojo chillón, con la nariz chata, con la popa redondeada, y Blasters- Ak cortos y gruesos; su cabina de mando pasaban del medio de la nave, y tenía forma octogonal. Pero ¿para qué explayarme sobre esto? De seguro los diseños de los distintos Torpedos son bien conocidos en los distintos planetas.

Y, por supuesto, cada nave portaba el símbolo de sus planeta de origen. Las naves Mharzianas blandían El Dardo Infinito en dorado, y las nuestras portaban la Cruz Infinita, pero los símbolos de cada mundo también son bastante conocidos como para explayarme en estas descripciones.

Ron Ti y Hul Jok estaban al mando de todo el escuadrón, aunque los comandantes de guerra de todos los mundos estaban bien informados sobre el cuidadoso plan de ataque. Todos los Torpedos del Ether estaban equipados con algo mas que los Blasters-Ak, sobre las torres de mando habían montado un nuevo dispositivo que consistía en un tubo muy grande, mas grande que la sirena y terminaba en una especie de hocico con cinco pequeños tubos.

Era una noche oscura en Therra cuando llegamos. Esperamos hasta que saliera la débil y enfermiza luz del día para comenzar las operaciones.

Nos separamos, surcamos el aire hasta llegar a la gran planicie ovalada. Para nuestra fortuna fue nuestra nave la que llegó primero, y al llegar vi como los ojos de Hul Jok resplandecían con una ira jubilosa, si es que se puede describir una emoción de manera tan contradictoria. Intercambio miradas con Ron Ti y asintió.

Ron Ti obedeció y bajo una palanca. Un descomunal y espantoso estruendo sacudió el aire con su rugido. A lo lejos, desde el norte, llegó un sonido similar. Desde el este, el mismo sonido llego hasta nuestros oídos, respondido a su vez por otro desde el lejano este. Desde el sur también llego una algarabía en respuesta, fue entonces que comprendimos que todo Therra estaba cubierto por naves Torpedos de la Flota Expedicionaria.

Lenta pero deliberadamente, empezamos a dar vueltas alrededor de ese valle infernal. Pero al cabo de tiempo, los tubos cambiaron del odioso aullido y pasaron a tocar la dulce melodía que había desarrollado Alu Rai, la amante de Ron Ti, que había atormentado tanta al Lunariano cautivo.

La melodía se repetía una y otra vez, pero nada sucedía. Esta era la idea de Ron Ti, pero me empece a preguntar si de alguna forma no se había equivocado. ¿Y si no afectaba a todos los Lunarianos de la misma manera? ¡En ese caso, no solo la expedición estaba condenada al fracaso, sino que Ron Ti seria el hazmereir en muchos mundos!¡ Y los Venhezianos no podríamos siquiera caminar con la frente en alto!

Pero Ron Ti sonreía, y una expresión de confianza atravesaba el feroz rostro de Hul Jok, una feroz expectativa, y yo, yo solo esperaba, curioso, aun con esperanzas.

Desde la plataforma rocosa salió disparado, tan rápido que apenas pudimos verlo, un globo iridiscente, se elevó diagonalmente en dirección a nuestro Torpedo, Ron toco algo y el sonido de la música se hizo aun mas claro y la melodía aun mas dulce.

Apenas estuvo en rango, el globo abrió fuego y descargo una cadena de espectaculares descargas eléctricas contra nuestra nave, no dejo de disparar y descargar mientras nosotros respondíamos solo con nuestra melodía.

 El globo se arrojó hacia la nave hasta quedar muy cerca, justo delante del Blaster-Ak que yo controlaba.

La burbuja Lunariana estaba a unos treinta metros en ese instante, y al igual que una burbuja, se desvanecía de manera incontinente. Como siempre, aunque pudiéramos destruir los globos de Selenio, los demoníacos Lunarianos permanecían intactos, lo que me hizo emitir iracundas profanidades ante semejante decepción.

Pero Hul Jok sonrió, y Ron Ti asintió en un intento de contenerme y consolarme:

“¡Espera!”

Y así lo hice. ¿Qué mas podía hacer? Para ese entonces el mismo juego se estaba jugando en todo Therra.

Los Lunarianos salían frenéticamente de sus hogares, enloquecidos por la melodía y dentro de sus globos disparaban rayos a diestra y siniestra hacia nuestras naves Torpedos que eran inmunes ante ese tipo de ataque.

Sin embargo, estábamos empatados, sus armas no podían dañarnos pero lo único que podíamos hacer era reventar sus globos ya que ellos salían de la explosión sin un rasguño y caían flotando al suelo, sin verse afectados por los Blasters-Ak.

Y así, durante tres días y tres noches continuó la inútil batalla, hasta la mañana del cuarto día en la que asumimos que se habían quedado sin globos de Selenio.

Durante los siguientes dos días y dos noches nadie volvió a ver uno. Pero durante esos dos días seguimos tocando la música una y otra vez hasta que toda Therra vibraba con las ondas de sonido.

La mañana siguiente, tuvimos una prueba mas que concisa, los Lunarianos habían tenido suficiente y ya no podía tolerar ese sufrimiento. Un Torpedo del Ether de un modelo muy distinto a cualquiera de los que había visto alguna vez, despegó a una velocidad increíble y embistió a una nave Sathorniana que agarró desprevenida, la agarró en pleno vuelo y la hizo pedazos, aunque fue rápidamente destruida por los Blasters-Ak de una nave Markhuriana. No pudimos salvar a la tripulación de la desafortunada nave pero fueron debidamente vengados.

Presenciamos el ataque y Mor Ag gritó sorprendido.

“Ese Torpedo del Ether, a pesar de su velocidad, es un modelo antiguo,” afirmó con excitación, y Hul Jok asintió.

“Nuestra Señora del Amor afirma que sus Blasters-Ak también son modelos antiguos,” dijo casi riendo. “Si es así, sus vibraciones son demasiado largas y la amplitud de las ondas demasiado cortas para afectar la estructura de metal Berulio de la cual están hechas nuestras naves.”

Pusimos a prueba esa teoría momentos después.

Podíamos destruir sus modelos antiguos de nave sin problemas y tomarnos nuestro tiempo en hacerlo pero ¿con qué propósito? Nos dejaría con el mismo problema. Los Lunarianos, con sus poderes de levitación, descenderían tranquilamente a la superficie y seguirían habitando Therra, infestandola como la diabólica plaga que eran.

Pero los avanzados cerebros de Ron Ti y Hul Jok habían trazado un elaborado plan, en el que ademas de seguir enloqueciendo a los Lunarianos con la música y evitar colisionar con sus naves Torpedos (algo que no era nada sencillo dado su velocidad), nuestra expedición debía abstenerse de utilizar los Blasters-Ak hasta que los Lunarianos lleguen a la misma conclusión que nuestros maestros estrategas quieren que lleguen eventualmente, que de alguna manera nos hemos quedado sin municiones vibratorias.

Finalmente, una mañana fuimos victimas de una ataque coordinado. Las naves antiguas salieron de todas partes, y nosotros huimos. Al descubrir que sus Blasters-Ak no surtían efecto ya que nos protegían las placas de Berulio, cambiaron a descargas eléctricas, y fue en esta incesante persecución que los hicimos salir de la atmósfera Therrana y entrar en el gran Océano de Ether Espacial.

Seguimos tocando la música que les enloquecía ya que actuaba como incentivo para que siguieran persiguiéndonos, la ira los había hecho descuidarse ante cualquier peligro. Y como venía sucediendo, mientras huíamos de ellos, reíamos a carcajadas.

¡Una vez que alcanzamos los ocho millones de kilómetros de la superficie de Therra, dejamos de huir!

Desplegados a lo largo y ancho, en linea curva, esperamos su llegada, y apenas estuvieron en rango, cada una de nuestras naves Torpedo comenzó a girar sobre su eje transversal para darle margen a cada Blaster-Ak de disparar.

¡Aunque no pudiéramos dañar a los Lunarianos, muy pronto los dejamos sin protección, al descubierto en el frio mortal del espacio exterior, sus formas conservaban la estructura pero a la vez estaban expuestas a la tremenda presión del Ether!

Comprimía sus cuerpos como si fuera la propia densidad. Al no tener defensa alguna, instintivamente se acercaron unos a otros, y la presión del Ether hizo el resto.

¡Se habían fundido en una sola masa por lo que aprovechamos ese momento para bombardearlos con los Blasters-Ak hasta que no quedo nada!

¡Y así fue como los Señores del Lado Oscuro encontraron su final, lo único que quedo de ellos siguió flotando como una lluvia de pequeñas chispas rojos que lentamente iban desapareciendo o quemándose en la profundidad de la Noche Abismal!

Ron Ti hizo una reverencia ante el gran Poder que nos había permitido ser el instrumento de Su venganza, blandiendo en el aire frente a él la Cruz Infinita, símbolo de la Vida.

“Como había sospechado,” dijo seriamente, “no tenían alma. No tenían nada mas que forma y vitalidad, mente y voluntad, una forma de vida del mas bajo orden, no hecho para perdurar. Las chispas rojas son la prueba de eso ya que, incluso los que se quemaron, han regresado a un Mar de Energía Sin Indiferente. Nuestro trabajo ha terminado. Dejemos que Therra se recupere sola. Esa maravillosa raza Therrana volverá a sembrar las bases de la civilización mas grande que su mundo ha visto jamas.”

Fin.

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