Academia para Señoritas Dobladoras del Tiempo de la Señorita Karami

Por Kat Otis
Publicada originalmente en Kaleidotrope, enero 2020

Ryksa y yo somos gemelas pero no exactamente idénticas. Así fue como me descubrieron haciendo un duplicado del tiempo de una manera que Madre describió como, “inapropiada para una dama de Sociedad.”

Pasé mi primera semana de exilio en la academia de la Señorita Karami furiosa, tanto por mi mala suerte como por el desprecio que Ryksa camufló detrás de su abanico mientras se despedía de mí. Cualquier otra hija de caballero hubiera vendido su alma para entrar en los prestigiosos salones de la Srta. Karami, donde las hijas de la nobleza formaban alianzas vitalicias mientras aprendían como mantener caliente el té de sus invitados por un periodo de tiempo similar. Yo estaba mas interesada en aprender a ser expulsada. Al cabo de tres días y la misma cantidad de bromas, confiaba en que lo lograría, pero en su lugar, la Srta. Karami me llamó a su oficina y me dio consejos sobre cómo doblar el espacio-tiempo en secciones determinadas para maximizar los efectos de mis travesuras. Entonces me inició en el mas selecto grupo de dobladoras del Imperio.

Dos semanas fueron suficiente para descubrir que había encontrado mi lugar en el mundo. Pero no por eso iba a dejar pasar mi venganza cuando Ryksa llegó exiliada igual que yo seis meses después.

“¡La mucama de servicio me delató!” estalló Ryksa apenas se retiró el sirviente que la había traído junto a una bandeja de té. “¡Podría haberme pedido cualquier tipo de soborno, si tan solo hubiese mantenido la boca cerrada, pero no!” Ryksa se acostó sobre el sofá, despreocupada por la forma en que la pollera de lino de su nuevo uniforme se arrugaba bajo su cuerpo. “Esa boba gritó despavorida cuando se dio cuenta que había dos como yo. Intenté convencer a Madre de que ella mentía, pero…”

Pero la Srta Karami probablemente había estado sobornando a sus sirvientes, con mucho mas de lo que Ryksa podía ofrecerles, desde el momento que escuchó sobre mi desafortunada experiencia doblando el tiempo. Mientras que la mayor parte de la nobleza tenía la capacidad de doblar el tiempo lo suficiente para aumentar o disminuir el flujo del tiempo en una área especifica, no habían muchas personas con la fortaleza para volver el tiempo atrás sobre sí mismo. Quizás una chica en una década descubría ese truco por sus propios medios. Y yo no tenía intenciones de confiarle a Ryksa esa habilidad.

Por lo menos, hasta que tuviera mi venganza.

Saqué a relucir las habilidades que la Srta. Karami me había estado ayudando a perfeccionar y concentré mis alegría en forma de sonrisa de Sociedad, tan insulsa que Madre lloraría de orgullo. Entonces me estiré para alcanzar la tetera con mi mano física y los hilos del tiempo con mi mente. “¿Te sirvo té?”

Ryska se incorporó en el sofá con un gesto de sorpresa en el rostro, gesto que habría pasado por modestia si no hubiese sido por la forma en que llevaba la pollera enroscada entre sus piernas. “¿Té? Estamos solas, puedes dejar de fingir.”

No hice tal cosa, apenas estaba empezando a engatusarla. “Servir el té es un arte bastante complejo,” simule confidencia, con seriedad, mientras tiraba suavemente de los hilos para ralentizar el flujo del tiempo en la taza y así evitar que el té perdiera temperatura a su ritmo normal. “La clave está en la precisión. No sirve controlar los hilos alrededor de la taza, solo del liquido en su interior.” Cuando estuve segura de que había tirado de los hilos correctos, le serví el té a Ryksa como si le estuviera sirviendo el té a la Reina de los Romanos. “Ese nivel de control lleva práctica, la cual encontraras aquí en abundancia. La Srta. Karami no acepta nada menos que…”

“¡Al demonio los hilos, Elzbieta! ¿Acaso sigues enojada conmigo por no defenderte?” Ryksa tomó la taza de un arrebato y bebió. Segundos después escupió una bocanada de liquido hirviendo y casi dejó caer la taza, derramando todo el liquido sobre su pollera. Aullando de dolor, arrojó la taza sobre la mesa al mismo tiempo que retrocedia con silla y todo.

Contuve una sonrisa mientras tiraba de los hilos para ralentizar la caída de la taza, y la retiré cuidadosamente del aire antes que se estrellara contra algo y se rompiera. La Srta. Karami me había jurado que los modales eran una arma efectiva, cuando se blandían apropiadamente, parece que estaba en lo correcto. “Cuida tu lenguaje,” reprendí a Ryksa, utilizando la misma voz suave que Madre hubiera utilizado. “Según la Srta. Karami…”

“¡La srta. Karami, la srta. Karami, la srta. Karami!” Ryksa tiró de los hilos con torpeza para acelerar el secado de su pollera, lo cual solo hizo que la mancha se asentara. Probablemente asumió que una lavandera la limpiaría por ella. Me hubiese gustado estar ahí para ver su cara cuando descubriera que no había lavandera. La Srta. Karami nos hacía hacer nuestros propios quehaceres de la casa durante los primeros tres meses en la academia, para asegurarse de que valoráramos apropiadamente a los sirvientes, y pudiésemos pasar por uno si la situación lo demandase.

“Eso va a dejar una mancha.” dije yo.

Ryksa me ignoró. “¿Seis meses fueron suficiente para borrar todo rastro de pensamiento inteligente de tu cabeza?” Las palabras me hubieran dolido si los ojos marrones de Ryksa, el mismo tono miel que los míos, no hubieran expuesto un nivel de ansiedad que bordeaba el miedo. Servía a mis intereses que creyera que mi verdadero ser había estado restringido y sofocado hasta la muerte en una red de modales de Sociedad, después de que ella no movió un dedo para salvarme de la ira de nuestros padres.

Pero cuando estaba a punto de apaciguarme Lady Euphrosyne Habsburg-Lothringen entró repentinamente a la habitación. “¡Señorita Olisava!”

Ryksa y yo nos levantamos al unísono, aunque mis saludos de cortesía fueron mas profundos y duraron mas que los suyos. Antes de llegar a la academia, ninguna de nosotras se había movido en círculos donde pudiéramos conocer a una chica como Lady Euphrosyne, numero veintitrés en la linea de sucesión al trono del Imperio.

Euphrosyne dio dos pasos al interior de la habitación, se detuvo y se quedo mirando, su mirada iba rápidamente de la una a la otra. Pude ver el momento en el que ella registro que mi lunar estaba sobre mi mejilla izquierda, y el de Ryksa en la derecha, se sintió tan aliviada que hasta se achico unos centímetros.

“Lady Euphrosyne,” le dije, apurada, esperando distraer a Ryksa antes de que se diera cuenta. “¿Puedo presentarle a mi hermana mayor, la Srta. Ryksa Olisava?”

“¿Mayor?” chistó Euphrosyne, su rostro se cubrió con rasgos de exasperación mientras tiraba de los hilos a nuestro alrededor para ralentizar nuestra conversación en relación al resto del mundo. “¡Que molestia! Como si llevar su rostro no fuera lo suficientemente confuso, ¿también debes tomar su dirección?”

Ryksa se endureció, con una voz tranquila y un tono entrecortado que usaba cuando intentaba esconder su feroz temperamento de extraños. “Ya que Elzbieta es seis minutos mas joven que yo, nunca fue suya para empezar.”

Euphrosyne olisqueó, con arrogancia digna de la realeza. “Bueno. Como usted diga. Srta… Elzbieta, llega tarde a su sesiones de tutoría. Indispensables para formar relaciones sociales Srta. Olisava.”

¡Tutoría! Lo único sobre lo que Euphrosyne podría darme tutoría es sobre como rechazar pretendientes que van detrás de tu título y fortuna. Y dado que no tengo ninguna de las dos, era claramente una excusa para separarme de mi gemela. “La Srta. Olisava acaba de llegar,” le dije, devolviéndole la mirada de exasperación a Euphrosyne.

“Esto no puede esperar,” Euphrosyne golpeteó la punta de su estilizado zapato lo cual puede haberse interpretado como un gesto de impaciencia pero que no era tal. Al haberse criado bajo la eterna vigilancia de sirvientes, guardaespaldas, y cortesanos, Euphrosyne solo telegrafiaba sus emociones de forma tan clara cuando ocultaba algo o cuando intentaba transmitir un mensaje. O ambas.

“Lady Jolanta podría…” empecé, cuidadosamente, intentando medir el nivel de la crisis que recaía sobre Euphrosyne.

“Está con la Srta. Karami.” El golpeteó de Euphrosyne se aceleró.

Que extraño. Jolanta era la mas débil de nosotras tres, bueno, cuatro, ahora que Ryksa estaba aquí, aunque no estuviera al tanto de nada. Jolanta podía viajar una hora al pasado, pero su fortaleza palidecía en comparación a mis dieciséis horas o las veintidós de Euphrosyne.

“Esta bien,” concedí, ahora sentía curiosidad y confusión a la vez. “Estaré allí en un momento.”

Ahora mismo,” insistió Euphrosyne. El shock que tuvo cuando vio a Ryksa me hizo comprender la advertencia, por un momento pensó que habían dos versiones de mí juntas. Nada de doblar el tiempo hacia atrás para llegar antes de partir.

“Por supuesto,” acordé. Euphrosyne siguió mirándome unos segundos mas antes de pasarme cuidadosamente los hilos a mi y deslizarse por la puerta con la misma serenidad con la cual había entrado.

“¿Qué fue eso?” demandó Ryksa, sin hacer el menor esfuerzo por ocultar su descontento ahora que Euphrosyne se había ido. “Elzbieta, no me importa que tan enfadada estés conmigo, estás siendo infantil, de nuevo y…”

Me quede mirando los hilos, preguntándome que era tan urgente que Euphrosyne estaba tan determinada a que la atendiera tan pronto como fuese linealmente posible. Por mas que estuviera disfrutando mi venganza, mi juramento tenía precedencia. “De acuerdo. Quedate aquí. Regresaré tan pronto como me sea posib…”

“¿Qué haga qué?” Ryksa estaba perpleja. “¡No lo haré!”

Dude, confundida. Por un lado, mi gemela nunca había tenido el hábito de hacer travesuras para beneficio propio, esa siempre ha sido mi marca distintiva. Por el otro lado, cuando se le mete algo en la cabeza no hay nada que pueda persuadirla de lo contrario. Ya podía imaginarla siguiéndome y solo las Nornas sabían del el daño que podía llegar a ocasionar. “Bueno. Ven conmigo. Pero si te digo que hagas algo lo haces. De inmediato, sin hacer preguntas.”


”Está bien,” dijo Ryksa, irritada.

“No nada de está bien. Júralo, por los hilos.”

Ryksa enrolló los ojos. “Lo juro por los hilos, que mis poderes me abandonen si miento.”

Mi gemela era molesta y arrogante y temperamental, pero no rompía sus promesas. No era lo ideal, pero tendría que ser suficiente.

“Ahora, apurate.”

****

Utilicé los hilos para envolvernos, luego tomé su mano y la llevé conmigo, salimos de la habitación rápidamente y atravesamos el pasillo. Las pocas personas que encontramos parecían estar congeladas en su lugar, ni siquiera parpadeaban mientras pasamos junto a ellas. Ryksa y yo habíamos jugado con los hilos de esta manera antes, cuando eramos niñas, pero nunca había tenido el control suficiente para evitar influenciar a las personas del entorno. Resistí la tentación de mirarla de reojo para ver que tan impresionada estaba.

Si alcancé a husmear un poco mientras la arrastraba a través de la puerta secreta y hacia el corredor escondido que había detrás. Se veía mas exasperada que intrigada. Si voy a ser completamente honesta conmigo misma, mis hábitos de travesuras y caos nunca antes habían sido puestos al servicio de algo tan intenso y comprometido que Ryksa hubiese aprobado.

Euphrosyne y Jolanta nos esperaban en la cámara secreta que albergaba nuestras reuniones semanales, una reunión informal donde perfeccionábamos nuestras habilidades de manipulación del tiempo y compartíamos nuestros sueños sobre nuestro futuro en las redes de inteligencia de la Srta. Karami.

Jolanta caminaba nerviosa, mientras Euphrosyne estaba sentada en un sillón sirviéndose una taza de té de una bandeja que debía haber llevado ella misma. No se permitían sirvientes en nuestro santuario.

Jolanta se detuvo en seco y abrió grande los ojos cuando vio a Ryksa. Hizo un complicado patrón de señas en el aire mientras miraba amenazadoramente a mi gemela. Confieso que pasé tres segundos enteros de diversión antes de compadecerme por la confusión de Ryksa.

“Ryksa no ha aprendido las señas aun. Aunque supongo que debemos iniciarla lo mas pronto posible.”

No estaba muy contenta con eso. Había disfrutado no ser la gemela mas joven y menos responsable aquí y no me deleitaba pensar en volver a ocupar ese papel.

“¡La gemela!” Jolanta se hundió en la silla mas próxima. “Justo hoy tenía que pasar esto.”

Ocupé la otra mitad del sillón que ocupaba Euphrosyne y mi propia taza de te, ya que no había terminado la primera. “¿Qué sucedió?”

“Con suerte, sigo en compaña de la Srta. Karami,” dijo Jolanta, mirando hacia arriba y a su izquierda, en dirección a la oficina de la Srta. Karami. “Hombres de la Agencia de Protección Cronológica deben estar llegando en estos momentos.”

“¿Agencia de Protección Cronológica?” preguntó Ryksa, que seguía parada en el medio del cuarto desconcertada.

“Hombres autoritarios que buscan custodiar la santidad del tiempo, destruyen las mentes de cualquier hombre o mujer que atrapen retrocediendo el tiempo. Lo hacen, claro, retrocediendo el tiempo ellos mismos cuando deciden que es necesario,” dijo Euphrosyne, con un tono irónico pero gentil. Evitó deliberadamente las formalidades, que en la practica significaba aceptar a Ryksa en nuestro grupo, y continuó, “Siéntate, Ryksa. Ahora ¿nos dirás que sucede Jolanta?”

“Sin entrar en muchos detalles,” suspiró Jolanta, mientras Ryksa tomaba asiento en la silla mas cercana. “El archiduque y la archiduquesa fueron asesinados ayer.”

Eso me tomó por sorpresa. La archiduquesa se había graduado de la academia de la Srta. Karami hacía apenas cuatro meses. Apenas me habían iniciado en el grupo de élite de la Srta. Karami cuando ella se fue, pero aun así alcance a conocerla. Era una de las nuestras.

“La archiduquesa dobló el tiempo lo suficiente para volver atrás cinco minutos antes del asesinato y así advertirles a tiempo para que detuvieran el carruaje y salvarse a si mismo en el pasado,” Jolanta se apresuró en consolarnos. “Pero nadie puede ocultar a un duplicado del tiempo desangrándose hasta la muerte sobre su regazo en un carruaje abierto, así que la APC se involucró. La archiduquesa tiene un cuadro de histeria lo suficientemente convincente para que la mayoría de ellos crean que fue una respuesta instintiva e irrepetible al estrés ser asesinada.”

“La mayoría,” remarcó Euphrosyne, como palabra clave.

   “La APC envió a dos de sus mas eminentes dobladores a asegurarse que la Srta. Karami no está enseñándonos técnicas prohibidas para doblar el tiempo. La Srta. Karami me hizo volver en el tiempo para advertirles, y a ella misma, esperando que fuese lo suficientemente débil para pasar desapercibida.”

Es por eso que teníamos temporalmente prohibido retroceder en el tiempo. “¿Creen que lo notaran?”

Jolanta se mordió el labio. “Espero que no.”

Euphrosyne y yo intercambiamos miradas poco felices. “Si ya tienen sospechas…”

“Esperen,” Pidió Ryksa, frotándose la frente con su mano enguantada. “¿Quieres decir que todas ustedes pueden retroceder en el tiempo?¿y que la archiduquesa de Austria también puede hacerlo?”

“Bienvenida al grupo de mujeres que trabaja en secreto para salvar el Imperio,” dijo Euphrosyne, “si tan solo pudiésemos salvarnos a nosotras mismas primero.”

“Siempre dijiste que era demasiado frívola Ryksa,” agregué. “Bueno, ahora tengo una causa. Felicitaciones, tenías razón.”

“Ninguna de nosotras tendrá una causa por mucho mas tiempo si la APC nos atrapa,” dijo Jolanta.

“Si los agentes problemáticos son una minoría,” Euphrosyne volvió su atención de vuelta al asunto urgente, “entonces todo lo que tenemos que hacer es apelar a la mayoría.”

“¿Convencerlos de que estos agentes en particular tienen algo en contra nuestra?” sugerí, la carta de la victima inocente era mi defensa preferida. Mi mente empezó a acelerarse mientras consideraba las opciones, analizando mis jugadas anteriores, tanto las exitosas como las fallidas.

“Eso sería ideal,” acordó Euphrosyne, “¿pero cómo?”

“Hay que hacer que nos acusen de algo,” dijo Ryksa, volviendo su incrédula mirada sobre mi. “Algo que podamos desacreditar. Eso es lo que Elzbieta siempre hacía cuando se metía en problemas en casa.”

Ignoré la segunda parte de su enunciación y me concentré en la primera. Euphrosyne y Jolanta habían cometido el mismo error… uno que podía desacreditarlos. “Ryksa, prometiste hacer lo que yo diga.”

Ryksa no lucía feliz, pero asintió de todas formas. “Si, ya lo sé.”

La ultima vez cometí el error de asumir que con su involuntario apoyo sería suficiente. Aunque meterme en todos esos problemas y ser enviada con la Srta. Karami era probablemente lo mejor que me podía haber pasado, estaba bastante segura que no tendría tanta suerte por segunda vez. “Ya escuchaste a Jolanta, Ryska, es por una causa justa. No vamos a hacerlo por diversión, lo juro por los hilos.”

“Por supuesto,” dijo ella, aunque no se la veía para nada contenta.

“Bien entonces”, dije, mientras terminaba de hilvanar los detalles del plan. “Para empezar, necesito derramar té sobre mi…”

***

Ryksa disfrutó un poco demasiado cuanto tuvo que recrear su mancha de té en mi pollera, especialmente después de que Jolanta mencionará que lavábamos nuestra propia ropa. Para que parezca mas autentica, se aseguró de que fuera té caliente, el cual seco rápidamente para que la mancha fuera casi idéntica.

Después, deshicimos nuestro cuidadosos arreglos en el cabello y alborotamos nuestros rizos para parecernos lo mas posible, asegurándonos de esconder nuestros lunares en caso de que los agentes fueran lo suficientemente astutos para notar las discrepancias a primera vista. Euphrosyne sacudía su cabeza maravillada ante la ilusión casi perfecta que habíamos logrado, y simulaba arrastrarnos del brazo hasta la puerta de la oficina de la Srta. Karami. Jolanta se decepcionó de no poder presenciar la escena, pero su yo del presente ya estaba en la oficina y hubiese arruinado nuestro duro trabajo si un pareja real de duplicados del tiempo se aparecía junto a nosotras.

“Srta. Karami,” Euphrosyne tocó rápidamente la puerta y la abrió sin molestarse en esperar una respuesta. “Srta. Karami, la srta. Olisava… ¡oh!”

Los dos agentes de la APC sentados frente a la Srta. Karami, tenían las manos sospechosamente vacías.

O la Srta. Karami se había negado a servirles té o ellos se habían negado a aceptarlo. La Jolanta del presente está pegada a una esquina de la habitación, intentando pasar desapercibida. Los cuatro se volvieron a mirarnos cuando entramos al cuarto, Jolanta abrio grande los ojos alarmada.

“Sir Karl, Sir Ludwing,” dijo la Srta. Karami, después un de breve momento de titubeó. “Permitanme presentarles a Lady Euphrosyne y a las señoritas Olisava. Gemelas, por supuesto.”

“Ja! ¡Que historia tan conveniente!” El agente mas joven se levantó del sofá, con la cara enrojecida. “Se lo advertí, esta academia es una cueva de iniquidad y rebeldía…”

“¡Ella empezó!” grité, con la mejor actitud de victima inocente que pude fingir, para no dejarlo avanzar demasiado profundo en esta charada. Él estaba a punto de hacer la acusación, era mejor detenerlo ahora antes de que pudiera aclarar lo que definitivamente estaba pensando. No quería perder la oportunidad de apelar ignorancia en mi defensa si volvía a enfrentarme con la APC en el futuro.

“¡Yo no hice nada!” respondió Ryksa, justo a tiempo, y yo casi arruino todo al suspirar en alivio. Esta vez, ella había venido en mi ayuda. “Tú fuiste quien dobló el té…”

“No es mi culpa si eres demasiado torpe para sostener una taza…”

“Lo enfriaste

“Es lo que debía hacer.”

“¡Chicas!” interrumpió la Srta. Karami, su voz y su rostro eran rígidos pero sus ojos brillaban entretenida. “No frente a nuestros invitados.”

Sin planearlo actuamos al unísono, nos cruzamos de brazos y desviamos la mirada.

El agente mas viejo sacudió la cabeza, lucía como si hubiese envejecido una década en el minuto que pasó. “Buen intento chicas, pero me temo que la verdad es muy evidente. Srta. Karami, tendré que reportar este crimen a la agencia.”

“Esperen, ¿Qué?” Ryksa y yo preguntamos al unisono.

“¿Desde cuándo su agencia,” Euphrosyne arrastró un poco esa palabra, “se ocupa de una infantil pelea de comida?”

Alisé mi pollera, fingiendo vergüenza, y pude ver que Ryksa hacía lo mismo por el rabillo del ojo. Ella me vio y enrolló los ojos.

No por mí, sino ante la reacción de los agentes.

Un calor invadió mis mejillas porque de pronto entendí lo mal que había interpretado la despedida de Ryksa, al estar tan enojada por su traición, que realmente no había sido una traición, ya que yo si había estado haciendo infantiles travesuras mientras ella protestaba. Ryksa y yo nos enloquecíamos mutuamente de tanto pelear, por momentos, pero aun así nos queríamos.

Eramos gemelas después de todo.

Deje de acomodar mi pollera y volqué mi atención a mi cabello, echándolo para atrás para que el lunar se hiciera claramente visible y luego intenté hacerme un rodete para darle alguna apariencia de orden. La Srta. Karami levantó las cejas. “¿Arrojando comida y tirándose de los cabellos? Estoy muy decepcionada de usted señorita Elzbieta.”

Ryksa sonrió, feliz, acomodándose el pelo también de vuelta a su lugar.

“Y en cuanto a usted Señorita Olisava,” continuo la Srta. Karami, con un tono que hizo que Ryksa se enderezara alarmada. “Aun cuando todavía no tiene el beneficio de mi adiestramiento, como la hermana mayor, esperaba que tuviera un poco mas de modales. Aparentemente, me equivoque. Como castigo, creo que ambas van a lavar ropa, la suya y la de las otras chicas, durante todo el mes.”

Ambas la miramos con la boca entreabierta, entonces, instintivamente, nos miramos la una a la otra. Mas tarde, me di cuenta que ese movimiento puso nuestro lunares de perfil de forma perfecta.

“Caballeros,” la Srta. Karami se volvió hacia los agentes para dar la estocada final que le daría el triunfo. “Como pueden ver, las gemelas Olisava no son exactamente idénticas. Aunque si tienen un idéntico talento para el caos.” Les dio unos segundos para que estudiaran nuestra apariencia, durante los cuales ambas instintivamente tocamos nuestros lunares.

No había forma que incluso el hombre menos observador pudiera no verlos. “Creo que hemos terminado aquí.”

El agente mas joven intentó recuperarse de todas formas. “Le dije, sentí que…”

El agente mas viejo le colocó la mano sobre su brazo. “No. No, veo que ella tenía razón.” El disgusto en su rostro era una respuesta familiar, pero el alivio con el que lo combinaba me sorprendió. Él realmente no quería tener razón. “Dejé de avergonzarse a sí mismo, Ludwing.” Se levantó e hizo una reverencia. “Srta. Karami, le agradecemos por su hospitalidad y nos disculpamos por hacerle perder su valioso tiempo. Vámonos.”

Ryksa nos separamos para dejar pasar a los agentes que se iban en un vergonzoso silencio. Ninguna de nosotros se movió durante casi un minuto, entonces Euphrosyne volvió a abrir la puerta para husmear. “Se fueron.”

Jolanta salió de su esquina, sonriendo. “¡Eso fue brillante! No volverán a meter sus narices en nuestros asuntos de nuevo por un buen tiempo.”


”Eso fue muy astuto de su parte,” dijo la Srta. Karami, “aunque no es una estratagema muy confiable, la Srta. Elzbieta lo sabe muy bien.”

El recordatorio de mi fracaso ya no me dolía. En su lugar, mi mente se apresuró a pensar en otras cosas, cosas mas importantes. Como; “¿no hablaba en serio sobre la lavandería verdad?”

***

“No puedo creer que mi hermanita es una espía al servicio del Emperador,” dijo Ryksa, por doceava vez, mientras intentaba sacar la mancha de su pollera.

“Espía en adiestramiento,”la corregí, a la vez que peleaba con mis propias manchas. “Y él no me reconocería si nos vemos en persona. Las mejores espías son las que están encubiertas.”

“El Emperador,” repitió. “Elzbieta, no tienes un gramo de seriedad en tu cuerpo.”

Metí la mano en mi fuente para lavar y salpiqué a Ryksa. “¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?”

Ryksa me miró, con los ojos bien abiertos, por varios segundos. Entonces, sonrió maliciosamente, una sonrisa que se me veía con mayor frecuencia a mi que a ella, esta vez inundaba su rostro y me devolvió el salpicón.

“Te amo hermanita.”


Tiré los hilos y ralenticé el agua de la fuente hasta que llegó a temperaturas glaciales. “Vas a quererme aun mas, cuando te enseñe como hacer esto.” Entonces le volqué la fuente en la cabeza como un tsunami que se movía muy lentamente.

Eventualmente conseguimos lavar nuestras polleras. Lo juro.

©Kat Otis

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