A través del Rayo Hewitt

Por M.F. Rupert

La hija de un científico sigue a su padre a un mundo complejo donde los hombres son objetos y las mujeres gobiernan.

Capitulo 1 

Mensajes desde el Mas Allá

Carta para Lucile Hewitt de parte de su padre, John J. Hewitt:

Querida hija: son las once de la noche y solo tengo una hora para darte mi mensaje de despedida. No te alarmes, Lucile. No estoy contemplando el suicidio. Pero he llegado al punto culminante de toda una vida de estudios y voy a poner a prueba mis recientes descubrimientos. Si tuviese éxito en este experimento no volverás a verme por un largo tiempo. Cuando descubras que he desaparecido no temas por mí, regocijate ya que mi proyecto ha sido exitoso.

Ahora que has terminado tus estudios universitarios y te concentras en tu propio trabajo, y aunque voy a extrañarte y sin dudas tu a mi, me siento en libertad para realizar este experimento. Ahora que eres financieramente independiente ya no me necesitas, he dejado instrucciones para que recibas esta casa y todo lo que poseo al cabo de un año. Lo mas difícil de este asunto es romper nuestro lazo de camaradería, por lo menos temporalmente, pero sé que apoyaras este sacrificio.

¿Recuerdas, querida, que hace aproximadamente un año te conté de los experimentos que estoy haciendo con ondas de luz? Es sobre esos experimentos y a donde esos experimentos me llevaron que quiero escribirte. Intentaré no ser demasiado técnico.

En el laboratorio encontraras mis equipos, aparatos eléctricos y mi maquina de ondas de luz, y también la maquina de Rayos Hewitt. En el cajón superior de la derecha en mi escritorio, encontraras un manuscrito donde explico todos los descubrimientos que he hecho. Por favor, no permitas que nada perturbe mi laboratorio mientras no estoy.

Si regreso dentro de un año, puedes publicar el manuscrito. Espero regresar y poder hacerlo yo mismo pero si no sucediera espero que tú, mi querida hija, le presente al mundo el trabajo de mi vida.

Sin dudas recuerdas cuando construí la maquina de ondas de luz. Te dije entonces que era similar a una maquina receptor de ondas de radio pero en lugar de captar ondas de radio, estaba diseñada para captar ondas de luz. Al igual que el sonido, la luz se propaga desde una fuente a través del aire mediante una serie de ondas.

Esta máquina recepciona las ondas de luz al igual que la radio recepciona ondas de radio. Claro que la explicación real es mucho mas complicada y solo un físico podría entenderla y apreciar la belleza y la inmensidad de la idea. Pero como estoy escribiendo en forma simple para tu beneficio la explicación que te di hace un año es suficiente.

Cuando construí la máquina no tenía idea de las asombrosas revelaciones que iba a recibir. Pero un día, mientras giraba el dial, noté un desplazamiento del espectro en la pantalla.

¿Recuerdas lo suficiente para entender lo que esto significa? Cuando estudiamos minuciosamente el espectro con un espectroscopio descubrimos que no era una banda de colores continua sino que estaba atravesada por muchas lineas oscuras llamadas lineas de Fraunhofer, conocidas por cualquiera que estudie las ondas de luz. También es un hecho conocido que la diferencia entre los colores en el espectro se debe a las distintas longitudes de onda. Recuerda esto para lo que viene a continuación.

 Cuando noté que estas peculiares lineas aparecían a lo largo del espectro, detuve inmediatamente el dial y estudié las lineas del espectro, cuyas características me resultaban totalmente desconocidas. Este peculiar espectro se mantuvo en la pantalla por quince minutos hasta que las lineas de Fraunhofer convencionales lo desplazaron.

Sin tocar el dial espere cuidadosamente a que volvieran a aparecer las lineas oscuras, algo que no sucedió hasta las cinco en punto del día siguiente. Compare linea por linea con el diagrama del día anterior y ¡eran exactamente las mismas! Todos los días a las cinco en punto estas lineas reaparecían en pantalla. Finalmente, me animé a cambiar el dial, para ver si el fenómeno se repetía cuando hubiese restaurado el numero del dial.

Y así fue, pero solo a las cinco en punto. Con la ayuda del Profesor Hendricks, que falleció el mes pasado, construí un emisor de ondas de luz y después de mucha investigación y trabajo encontramos la correcta combinación de lentes y prismas que producen el espectro correcto. Al manipular la longitud de las ondas producíamos el espectro de la linea oscura que me había maravillado cuando la observé por primera vez en mi pantalla.

Como sabes el Profesor Hendricks y yo siempre hemos creído en la existencia de una cuarta dimensión e incluso de una quinta y una sexta. ¿Recuerdas como te reíste de nosotros pero nos dijiste que teóricamente era posible pero era imposible conseguir pruebas reales y tangibles? No te rías ahora, querida, pero el Profesor Hendricks y yo creemos que estas inusuales lineas fueron enviadas por seres inteligentes pero ¡no de nuestra dimensión! Los elementos presentes en estas lineas son desconocidas para nosotros.

¿Estas entendiendo? Si estas extrañas lineas del espectro en mi pantalla eran enviadas por alguien, el hecho de que llegaran día tras día a la misma hora y solo con el dial ajustado de una forma particular era prueba de que no un corto circuito accidental de la longitud de onda sino que eran enviados deliberadamente. Ese arreglo de lineas, preciso y constante era prueba de que era algún tipo de mensaje. Que significaba ese mensaje y quien lo enviaba era algo que desconocíamos pero teníamos intención de averiguar.

Una tarde, inmediatamente después de recibir lo que habíamos empezado a llamar “nuestro mensaje”, encendimos nuestro emisor y repetimos el mensaje linea por linea. Al cabo de unos minutos recibimos en nuestra pantalla otra emisión de lineas idénticas. Estábamos muy entusiasmados, tenlo por seguro, entendimos que quien fuera que enviara el mensaje había recibido nuestra repetición y nos lo hacia saber.

Sin embargo, fue entonces que el Profesor Hendricks cayó rendido por una enfermedad y falleció por lo que tuve que seguir adelante solo. Estaba casi desesperado cuando se me ocurrió de pronto una forma posible de comunicarme con estos seres extraños.

Hace varios años, realicé una serie de experimentos con ondas cortas, particularmente con catódicos y rayos X. En esa época la experimentación con rayos catódicos condujo al descubrimiento del rayo X, y yo, al experimentar con los rayos X, descubrí un nuevo tipo de rayo al cual bauticé el Rayo Hewitt. Sin duda recuerdas el revuelo que ocasionó ese descubrimiento.

Al igual que el rayo X, el Rayo Hewitt puede penetrar cualquier sustancia opaca a la luz ordinaria con la diferencia que no se detiene para formar imágenes de sombra como lo hace el rayo X.

Al disminuir la presión de gas dentro del tubo y aumentar el voltaje en los electrodos el poder de penetración de los rayos generados aumenta hasta el punto en que el objeto donde se concentra el rayo queda completamente desintegrado. Lo que es extraño es que no aparece una imagen del objeto en el punto de fuga sino el objeto verdadero que se reconstruye y vuelve a aparecer.

Eras apenas una niña en ese entonces pero debes recordar todo lo que se habló y conjeturó sobre el descubrimiento de este nuevo rayo. Se construyeron gigantescas máquinas de Rayos Hewitt con un alcance de cientos de kilómetros y algunas almas intrépidas se ofrecieron voluntariamente para el experimento.

Pero, aunque llegaron a destino sanos y salvos y no dejaron de alabar este método de transporte, el público general no estaba preparado para esto.

La humanidad no había evolucionado al punto de disponerse a viajar a 300 mil kilómetros por segundo. Fue así que mi Rayo Hewitt, a pesar de ser considerado una maravilla fue almacenada junto a muchas otros inventos revolucionarios.

Pensé entonces en usar este rayo. Me pregunté si, experimento de por medio, era posible modificar el rayo para que ademas de reconstruir el objeto después de desintegrarlo se pudiera viajar utilizando ese mismo rayo. ¿Viajar adonde te preguntaras? ¿Al espacio? ¿A la cuarta dimensión o donde sea que van las ondas de luz cuando desaparecen de nuestro rango de visión?

No quiero agotarte con los detalles, Lucile, pero he modificado exitosamente los rayos como tenía propuesto y he descubierto que las ondas de luz no se desvanecen sino que sufren una transformación de energía, pasan a otro plano de energía.

Con mi Rayo Hewitt modificado he desintegrado objetos como libros, jarrones, flores y animales vivos y los envié integrados a la onda de luz hacia el mundo desconocido desde donde provienen los mensajes.

Ajusté el dial de mi maquina de ondas de luz para recibir una respuesta de parte de los seres con los que me he estado comunicando, y cada vez que envié algo, sin importar la hora, ya sea de día o de noche, recibí un mensaje, el cual entiendo significa que los objetos llegaron a su destino.

Estoy determinado a viajar a este nuevo mundo. Es un procedimiento simple. He construido un inmenso proyector de Rayos Hewitt que se apagará automáticamente luego de que haya cruzado. Qué tipo de mundo me encontraré o qué tipo de personas o seres voy a conocer, no lo sé. Creo que son amistosos y me darán la bienvenida, pero de todas formas pronto lo averiguaré.

Ahora, querida hija, debo dejarte. En el cajón encontraras las llaves del laboratorio e instrucciones detalladas para operar el receptor y el emisor de ondas de luz. Todas las tardes a las cinco en punto voy a hacer el esfuerzo de enviarte un mensaje siguiendo el código de ondas de luz que he diseñado. Me haría muy feliz si pudieras responderme.

Adiós, querida. Que sigas bien y feliz, es el deseo de tu
Amado padre
          JOHN J. HEWITT

Capitulo II

La historia de Lucile Hewitt

Como describir mi reacción al recibir esta carta, no alcanzaría con decir estupefacta y muy preocupada. Mi querido y anciano padre, ¡viaja sobre una onda de luz en dirección a un nuevo mundo lleno de nuevos y desconocidos peligros! No entiendo, siempre me advertía y me pedía que fuera cuidadosa. Era 1945 y mi padre aun se rehusaba a subirse a un aeroplano porque creía que eran peligrosos. Con frecuencia le rogaba que me dejara llevarlo a pasear en mi avioneta pero él afirmaba que no tenía el valor suficiente para subirse. Pero aun así arriesgaba su vida cotidianamente en su amado laboratorio.

Es una verdadera pena que yo no tuviera su inclinación por la ciencia. ¡Podría haber ayudado mucho a mi padre! Honestamente lo intenté, intente seguir una carrera científica y no fue culpa mía el haber fracasado estrepitosamente.

Cuando papá descubrió su Rayo Hewitt y se hablaba de utilizarlo para viajar, ahí fue cuando mi interés por la ciencia se despertó. ¡Viajar a la velocidad de la luz!¡Imaginen la emoción! Sin que papá lo supiera, ya que de lo contrario me lo habría prohibido, me escabullí del colegio y me ofrecí como voluntaria para el viaje de prueba del Rayo Hewitt. Yo fui una de esas “almas intrépidas” de las que habla papá.¡Fue glorioso! Pararte frente al rayo y moverte miles de kilómetros en un parpadeo. ¡Eso sí que es viajar!
Cuando discontinuaron el uso del Rayo Hewitt mi interés en la ciencia sufrió el mismo destino. Pero uno de mis grandes intereses en la vida se había revelado ante mí. Viajar, y viajar con velocidad ilimitada. Lo mas veloz que encontré después de eso fue el aeroplano y puedes estar seguro que me hice con uno.

Para cuando aprendí a operar mi primer aeroplano tenía dieciséis años. Cuando el interés general por la aviación creció, el mio creció a la par, y ahora con veintiséis años piloteo un gigantesco avión comercial entre New York y Honolulu, es lo que he hecho por los últimos cinco años.

La mañana que recibí la carta de papá coincidió con que terminaba mi turno. Estuve seis días de turno y ahora me correspondían tres de descanso. Ese era mi esquema laboral.

Después de leer la carta, fui de inmediato al laboratorio. Lo primero que atrajo mi atención fue la enorme máquina de Rayos Hewitt. Después de examinarla detenidamente, encontré los controles y con un poco de estupor la encendí. Un suave y casi invisible rayo color ámbar resplandeció en la abertura con forma de embudo. Ya con un poco mas de valor me quite un guante y lo coloque experimentalmente en la plataforma sobre la cual brillaba el rayo. Al principio no sucedió nada pero entonces el guante empezó a brillar con el mismo suave resplandor del rayo y de forma casi imperceptible, desapareció, se convirtió en parte de la luz que lo envolvía.

Volví mi atención hacia el receptor de ondas de luz, lo encendí y ajuste el dial en veinte. La pantalla se encendió de inmediato. Una sucesión de hermosos colores desfilo frente a mi. Active el interruptor señalizado como Espectro y al hacerlo la pantalla cambió por completo. Los hermosos colores se habían separado para luego mezclarse y entrelazarse descontroladamente, pequeñas lineas se formaba aquí y allá. Lo observé fascinada por un tiempo y luego lo apagué.

En fin, Papá se había ido y yo aquí, con un laboratorio lleno de maravillosos maquinarias que apenas si lograba comprender. Leí su carta una y otra vez para asegurarme de que iba a estar bien. ¿Pero cómo podía convencerme de semejante cosa? Era un científico maravilloso pero fuera de su laboratorio estaba perdido. Siempre había sido como un niño en el mundo exterior.

Después de dos días de pensar y enferma de preocupación me decidí a conseguir a alguien que pudiera operar la maquinaria y así seguirlo hasta ese extraño mundo. Me puse manos a la obra y llame por radio a mi antigua compañera de clases, Marion Wells, que ya tenía una prominente carrera como científica.

“Estaré ahí en diez minutos,” me dijo y corto la comunicación.

Y en exactamente diez minutos su auto-plano aterrizaba verticalmente en nuestra entrada, las alas se retraían automáticamente al tocar el suelo. Admire su habilidad para conducir mientras ella atravesaba el portón y se deslizaba bajo los arboles hasta el porche de la casa.

En el laboratorio Marion demostró un gran interés por el Rayo Hewitt. El receptor de ondas de luz de hecho le resultaba familiar. Entonces se volvió y observo detenidamente la pantalla. Con curiosidad le pregunté si sabía que significaban los colores y las lineas.

“Si, es un sistema de código de onda internacional,” asintió. “Lento pero con firmeza, esta forma de comunicación esta reemplazando los métodos de antaño. Las estaciones de ondas de luz son mucho mas simples de construir, mucho mas baratas y el servicio que proveen es ampliamente superior al viejo telégrafo.”

Una vez que las maravillas en el laboratorio han sido examinadas y puestas a prueba, nos sentamos e intentamos resolver el problema de traer a Papá de vuelta sano y salvo. Marion proponía esperar a recibir un mensaje concreto de su parte pero yo estaba demasiado preocupada para considerarlo. Quería que Marion se quedara aquí a interceptar mensajes mientras yo iba a buscarlo.

“Sé razonable,” rogaba Marion. “Este plano de existencia al cual ha ido tu padre es sin lugar a dudas tan grande como el mundo en el que vivimos ahora. Quizás se ha movido o lo han llevado a cientos de miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo esperas encontrarlo?”

“Bueno,” respondí obstinadamente, “si esta ahí del otro lado, quizás me necesite, y si me necesita, debo ir con él. Lo encontraré de alguna manera.”

“Muy bien. Dime como planeas volver una vez que lo encuentres.”

Debo haber tenido una apariencia fatal porque Marion se inclinó y me palmeó la mano. “No te preocupes, Lou. Tengo un plan. Pero hay que ponerse a trabajar de inmediato si esperas cruzar en un futuro cercano.”

Rápidamente me pidió el manuscrito de mi padre y obtuvo un detalla descripción para crear y operar una nueva máquina de Rayos Hewitt.

“Veras,” explicó finalmente, “vamos a construir otra maquina de rayos y la enviaremos contigo. Es tu única oportunidad de volver.”

Durante las siguientes semanas trabajamos arduamente. Llamé por radio a mi compañía para extender mi licencia y me la dieron. Hasta que una tarde finalmente, terminamos. Eran las cinco en punto y encendimos el receptor de ondas de luz siguiendo las instrucciones de papá. Marion observó atentamente el mensaje sobre la pantalla pero algo no estaba bien y tuvo que consultar las notas de papá.

“Lou, me temo que tenemos un problema. Este no es el código privado de tu padre. O el código internacional que yo conozco.”

“Quizás es el mismo mensaje que papá había estado recibiendo,” dije.

“Si, eso debe ser. Por alguna razón tu padre esta incapacitado para mandar su mensaje y estos seres intentan comunicarse contigo.”

“¡Oh! Sabía que le había pasado algo,” dije casi llorando. “Déjame ir ahora Marion. Puedes terminar la otra maquina y enviarla después.”

“No,” respondió. “Es mejor no correr ese riesgo y esperar a que la otra maquina esté lista.”

No estuvo lista sino hasta la mañana siguiente y pudimos empezar. Me vestí con mi ropa de piloto y me calcé una Colt .45 y una cartuchera de balas. Un par de pañuelos limpios y un paquete de cigarrillos completaban mi equipaje.

Aunque estaba muy preocupada no pude evitar sentir un arrebato de emoción cuando subía a la plataforma y le indicaba a Marion que encendiera el rayo.

Un tenue resplandor me envolvió. Sentí un hormigueo desde la cabeza hasta los pies. Mis manos empezaron a brillar tenuemente. ¡Estaba cruzando! Sentí un repentino lapso de ausencia en mi consciencia, entonces, el hormigueo regresó… se detuvo… y cuando me quise dar cuenta estaba del otro lado.

La desorientación me duro unos cuantos segundos. Lentamente mi cabeza se aclaró. Estaba en alguna especie de lugar cerrado. Los muros, el techo y el suelo eran blancos como la nieve. Me agaché y toqué el suelo. Se sentía como la Tierra. Toque los muros, eran rocas. Estaba en una cueva, una cueva blanca como la nieve.

Un cueva debía tener una entrada. Pensé. Empaqué la máquina de Rayos Hewitt y la deje en una esquina y empecé a caminar pegada a uno de los muros. El túnel dio tres vueltas antes de que pudiera ver una abertura. El brillo reflejado de los muros blancos gradualmente dio lugar a un tenue color rosa, que se oscurecia cada vez mientras me acercaba a la abertura y a un extraño resplandor sonrosado.

Salí cautelosamente de la cueva y me quede inmóvil ante semejante maravilla. El suave resplandor de un sol rojo brillaba alto en el cielo sonrosado. La cueva estaba sobre una pequeña colina y había allí un sendero que bajaba y se adentraba en un bosque con arboles carmesí. Bajé corriendo por el sendero, hecho de tierra tan blanca como la de la cueva, para observar de cerca esos arboles.

No tardé demasiado en alcanzarlos, sus hojas eran de un color carmesí brillante, pero los troncos y las ramas eran blancos como el suelo. A su alrededor crecían arbustos carmesí con flores del mismo color pero un poco mas claras y pequeños brotes color plateado. Un poco mas adelante había un pequeño arroyo que serpenteaba alegremente así que me decidí a seguirlo y ver donde me llevaba. Había mucha paz y tranquilidad. El aire era suave y confortable, un contraste directo con los intensos vientos invernales que había dejado atrás. Era un lugar realmente mágico.

Al principio tuve miedo de encontrar algún animal extraño o persona pero ese momento de mio el coraje para abandonar el amparo de los arboles bajo los cuales había estado viajando y camine junto al arroyo hacia un área mas desprotegida.

Sin la mínima advertencia, un sonido aterrador rompió el silencio. Tomé mi revolver y corrí a resguardarme en los arboles y ahí espere, agitada detrás de un ancho tronco blanco mientras el sonido se acercaba.

Cada vez mas cerca, el sonido se hacía cada vez mas fuerte hasta que algo surgió de entre los arbustos a mi derecha, algo realmente increíble.

Dos enormes criaturas, hombres o animales, no podía saberlo a primera vista, ya que eran una mezcla de los dos, cayeron rodando sobre el camino frente a mi. Estaban trenzados en una pelea a muerte. Chillando y gritando forcejearon y pelearon, se separaban solo para volver a arremeter el uno contra el otro, desgarraban y mordían hasta que disgustada ya no pude seguir mirando semejante escena.

Cuando volví a verlos, uno de ellos yacía agonizante en el suelo y el otro, aunque victorioso seguía emitiendo el aterrador sonido y descuartizando vivo a su oponente. Esa imagen me enfureció de tal manera que olvidé mi precaria posición y levante mi revolver, que aun sostenía en la mano, y abrí fuego contra el monstruo.

El estallido del arma detuvo el aullido de la criatura que se dio vuelta y observó estúpidamente sin entender que sucedía. Eventualmente descubrió de donde venía el extraño sonido y miro hacia donde yo estaba. Completamente aterrorizada, volví a levantar el arma pero antes de que mis temblorosos dedos pudieran jalar el gatillo, la criatura se desplomo estrepitosamente.

A unos metros de ella yacían entonces dos inmensos cuerpos. El que había caído en batalla estaba demasiado mutilado así que me acerqué al que yo le había disparado. El cuerpo que medía cerca de dos metros y medio y pesaba, según mis cálculos, unos doscientos kilos estaba cubierto de cabello corto y pinchudo. Las manos y pies de las criaturas eran como grandes garras le daban la apariencia de ser una cruel y poderosa criatura.

¡Pero su rostro! ¿Cómo podría describirlo? Si su cuerpo era humano, excepto por el hecho que sus manos y pies eran como garras y lo tenia cubierto de cabello, su rostro estaba lejos de ser humano. La monstruosa cabeza parecía demasiado grande y pesada incluso para su enorme y poderoso cuerpo y el cuello que la soportaba, era chata atrás y arriba y de frente era puntiaguda con dos aberturas como nariz.

Los ojos, ahora fijos con la mirada vidriosa, eran pequeños y verdes, y su boca, una ranura enorme con gruesos labios, había quedado inmóvil en una mueca que exhibía dos filas de afilados y feroces dientes. No tenía mentón y su mandíbula desembocaba abruptamente en el cuello. En definitiva, era la cosa mas espantosa y aterradora que había tenido la mala fortuna de encontrar en mi vida.

Capitulo III

¡Capturada!

Sin poder controlar mis nervios me aleje de ahí. Si esto era una muestra de como eran los habitantes de la cuarta dimensión tenía que encontrar a mi padre de inmediato para llevarlo de vuelta a nuestro propio mundo.

Seguí caminando y preguntándome donde podría encontrarlo. De repente, una rama crujió en los arbustos junto a mi. Mire a mi alrededor en señal de alarma. ¿Alguien me estaba siguiendo? Con pasos ligeros me escabullí en los arboles. Un enorme búho alzo vuelo a mis espaldas y entonces escuche el repiqueteo de un pesado cuerpo moviéndose con rapidez.

¡Fiiu! Algo voló sobre mi cabeza y pude ver horrorizada como una especie de flecha de apariencia muy extraña se enterraba en la tierra blanca a centímetros de mi. Corrí por el sendero hasta que terminaba abruptamente en un ancho desfiladero que me resultó imposible siquiera considerar saltarlo. Me detuve en seco. Mi mano bajo rápidamente para tomar el arma automática que olvidé que llevaba pero fue demasiado tarde. Mi perseguidor ya estaba junto a mi y antes que pudiera sacar el arma sus garras me apresaron y pude ver sus pequeños ojos muy de cerca esta vez.

Me levantó y me arrojó sobre su hombro como un saco de harina, soltó un aullido de triunfo y corrió velozmente entre los arboles. No dure mucho tiempo consciente, ya que escuchar ese aullido tan de cerca me hizo desmayar.

Cuando volví en si, estaba tirada en el suelo y rodeada por esas asquerosas criaturas. Ninguno me tocaba pero todos me miraban con curiosidad, farfullando en tonos guturales. Evidentemente nunca habían visto algo como yo.

Me senté y se movieron como sobresaltados. Ninguno me molesto y me quede ahí sentada durante un buen tiempo, rodeada por una curiosa audiencia. Tenía hambre pero ninguno parecía tener intenciones de ofrecerme comida. Finalmente encendí un cigarrillo. Si se habían sobresaltado cuando me senté, cuando vieron la pequeña llama y el humo los invadió el pánico. Salieron corriendo en todas direcciones y se quedaron a mirarme desde una distancia considerable.

Eventualmente un grupo de criaturas se me acercó, armada con arcos y flechas. El líder valientemente me indicó que bajara mi arma. Ignoré su orden y con tranquilidad exhalé una nube de humo en su dirección. De inmediato una lluvia de flechas cayeron silbando a mi alrededor. No tenían intenciones de herirme, era solo una advertencia para que obedeciera. Algo que por prudencia termine haciendo. Después de esa interacción me dejaron sola así que empece a deambular por las proximidades, con un grupo de criaturas siguiéndome a una distancia prudente.

Mire por todas partes y no pude ver señales de papá. Determinada, intente obtener información de estas personas, me acerque al líder y con una variedad de señas intenté preguntar si había visto a otra criatura como yo en su territorio.

Al principio me miró como quien no entiende nada pero entonces sus ojos de puerco se encendieron e hizo señas para que le siguiera. Lo seguí con el corazón el boca. Quizás tenían a papá escondido en algún lugar apartado de este bosque. Con seguridad podía decir que no eran ellos los que mandaban mensajes a papá. Eran apenas salvajes.

Mi guía me llevo a través de un matorral donde seguimos un angosto sendero a través de un pastizal carmesí hasta que llegamos a un claro. Ahí encontramos una aeronave de un diseño muy peculiar y junto a ella, una mujer. ¡Y que mujer! Era tan alta como la criatura a mi lado y de proporciones magnificas. Tenía cabello corto, negro y rizado. Su rostro era hermoso pero sus rasgos tenían un aspecto sombrío.

Un flecha había perforado su corazón y su vestimenta, una túnica azul de una sola pieza, estaba completamente teñida de sangre. Estaba muerta pero mi corazón se sintió aliviado al verla junto a su aeronave. Estas bestias salvajes no eran los únicos habitantes de este lugar.

Alejé la vista de la mujer muerta y me concentré en la aeronave. Era de las que tienen la cabina cubierta. Nunca había visto una como esa y me moría de ganas de subirme y probar esos extraños controles que podía ver a través del vidrio de la cabina.

Haciendo señas pedí permiso para subirme e investigar la maquina. Pero mi guía, se posiciono rápidamente entre el vehículo y yo y me indicó que me alejara.

Deslice mi mano hacia mi cinturón y con mucho cuidado tome la culata de mi arma, ya que mis captores sin saber que era no se habían molestado en quitármela.

Desenfundé rápidamente y le disparé a quemarropa a la criatura en la pierna. Dejo escapar un terrible alarido. Entre el sonido del disparo y el estruendoso alarido, la manada entera estaría ahí muy pronto. Abrí la escotilla y me subí rápidamente al vehículo.

“¡Oh Dios, funciona por favor!” dije mientras jalaba de una palanca. Con un movimiento tan inesperado que me dejo sin aliento la aeronave se elevó verticalmente a toda velocidad. Al recuperarme maniobré la palanca hacia atrás hasta la primera posición y dejo de ascender para empezar a avanzar. ¡No sabía a donde estaba yendo pero por lo menos me había puesto en marcha!

Volé en linea recta esperando ver aunque sea una señal de civilización, pero kilómetro tras kilómetro lo único que veía era el sol rojo sobre mí y el bosque carmesí debajo.

De repente, tres pequeños bulbos en el frente de la cabina se encendieron, el vehículo viró bruscamente en angulo recto hacia mi derecha. Me asusté, había perdido el control, el vehículo actuaba ahora por voluntad propia y había trazado una nueva dirección a una velocidad sorprendente.

A la distancia pude divisar una pequeña mancha que se hizo cada vez mas grande a medida que avanzaba hacia ella hasta que adquirió dimensiones descomunales. Iba directo hacia ese lugar y no había nada que pudiera hacer para desviar el vehículo.

De repente, la velocidad disminuyo drásticamente hasta que termino planeando y aterrizando magistralmente sobre lo que parecía ser una montaña de cima chata. La aeronave se detuvo con una sacudida apenas perceptible y los bulbos se apagaron.

¡Control remoto! Había sido llevada hasta ese lugar por una fuerza desconocida. Quien sea que haya sido, ¿sabría que venia y me ayudo a llegar? ¿o había atravesado accidentalmente por su campo de control? De cualquier manera debería haber alguna señal de presencia humana. Pero lo único que veía desde la ventana de la cabina era la cima de la montaña o mejor dicho, una meseta.

En el preciso momento en que me preguntaba qué debía hacer, alguien me trajo a esta montaña. ¿Que sigue ahora? Me pregunté atemorizada. La aeronave se detuvo y asombrada descubrí que estaba alineada junto a muchas otras aeronaves iguales.

Abrí la escotilla y salí a lo que debía ser un gigantesco hangar. Entonces escuché un tenue zumbido y miré hacia arriba justo cuando el techo se abría y otro auto volador aterrizaba suavemente. Mi vehículo y los demás se movían silenciosamente a un lado para dejar lugar y que otras maquinas pudieran aterrizar.

La puerta de ese vehículo se abrió y de ella salió una mujer casi idéntica a la mujer muerta que vi en el bosque carmesí. Me miro sorprendida por unos segundos y luego levantó una mano con la palma abierta en lo que interprete era una especie de saludo. Con la misma solemnidad le devolví el saludo y la mujer sonrió y hablo en una lengua extraña.

Le respondí en mi propio idioma. Y aunque ninguna de las dos entendió lo que la otra decía nos reímos simultáneamente, entrelazo su brazo con el mio de forma amistosa y me guió hacia un muro cercano. Había un hilera de botones embutidos a un lado y ella presiono uno, un click y una abertura apareció frente a ella. Esperaba entrar en alguna especie de elevador pero no había nada ahí excepto un espacio iluminado.

Con serias dudas, deje que mi compañera me guiara al espacio donde nos sumergimos suavemente en el vacío. En un momento el descenso se ralentizó hasta detenerse y otra abertura apareció frente a nosotras. Por lo que pude deducir estábamos dos pisos abajo del hangar.

Un largo corredor con muchas puertas en forma de arcos nos dio la bienvenida. Pasamos delante de varias rápidamente y entramos en una. No sabia que esperar en ese preciso momento, supuse que alguna especie de escenario surrealista, pero en su lugar encontré una especie oficina, donde muchas mujeres estaban ocupadas operando máquinas de aspecto muy peculiar. Me recordaron a las electromecanografas de mi mundo.

Atravesamos el salón y entramos a una oficina privada donde mi acompañante me indicó que tomara asiento. Presionó un botón en su escritorio y otra mujer de la oficina externa trajo un objeto muy similar a un casco de fútbol americano pero con muchos mas cables.

Siguiendo el ejemplo de mi compañera me puse el casco, ella sonrió y habló, y para mi sorpresa pude entender cada palabra.

“Bienvenida, Visitante, a la Ciudad Cuarenta y Tres del Segundo Plano Evolutivo. Yo soy Mavia, jefa de gestiones de esta ciudad, y en nombre de mis camaradas gobernantes quiero darte la bienvenida y poner nuestra voluntad y nuestra ciudad a tu servicio.”

Respondí un poco dubitativa, “Gracias. Me siento muy extraña. Soy Lucile y he venido desde la tercera dimensión en busca de mi padre.”

“Guau, ¿de la tercera dimensión dices? ¿en serio? No tenía idea que los seres de la tercera dimensión habían evolucionado al punto de dominar el viaje interdimensional. ¿Mencionaste algo sobre otra persona de tu mundo en este plano?”

“Si, mi padre. Estuvo recibiendo ondas de luz desde este mundo así que utilizó una máquina de su propia invención para venir hasta aquí. Me preocupé por él así que lo seguí. ¿lo has visto?”

“No, lamento decirte que no lo he visto. Ni ha sido visto en alguna de las otras ciudades de la Segunda Evolución de lo contrario lo habrían reportado.”

Mi corazón se sobresaltó. Pobre papá, ¿donde podrá estar? Mavia siguió hablando.

“¿Dices que recibía mensajes por ondas de luz? Creo que puedo explicar eso. Pero primero, déjame contarte sobre nosotras.”

Capitulo IV 

Las tres evoluciones

El mundo en el que te encuentras ahora, es la cuarta dimensión. En él encontraras seres de la Primera, Segundo y Tercero Plano Evolutivo. El primer plano consiste en salvajes del mas bajo orden, en estos momentos están emergiendo de su etapa bestial a una mas humana.”

“Si,” la interrumpí entusiasmada. “Ellos fueron los que me capturaron. Mataron a una de tus mujeres y utilicé su aeroplano para escapar.”

Mavia no pareció conmovida por el accidente de su camarada. “Esa era Donna, mi segunda al mando. Le advertí que no fuera sola al bosque carmesí. Reconocí su aeronave en el hangar y me pregunté como había llegado a tus manos. ¿Así que ha muerto? Bueno, todas debemos pasar por eso alguna vez.

“El Segundo Plano Evolutivo somos nosotras. Tenemos setenta y nueve ciudades. Cada una de las ciudades es como esta, donde estas ahora. Originalmente eran montañas pero construimos nuestras ciudades dentro como una forma de protegernos del primer y el tercer plano, quienes están constantemente en campaña para exterminarnos.”

“Nuestro plano esta compuesto mayoritariamente por mujeres. Mantenemos una pequeña cantidad de hombres para la preservación de la raza. Las pocas criaturas masculinas que dejamos vivir entre nosotras viven rodeados de lujos y en un estado de ocio permanente. Hace mucho tiempo los hombres eran el sexo dominante de este plano. Pero gradualmente las mujeres exigieron igualdad de derechos y poco tiempo después terminamos gobernando a los hombres. Fueron días oscuros y sangrientos. La historia le llama “La Era de la Guerra de los Sexos.”

“Eventualmente las mujeres ganaron y destruyeron a millones de los mas despreciables seres masculinos.”

“¡Oh!” dije yo. “En nuestro mundo las mujeres estamos igualando nuestros derechos a los de los hombres. Durante mucho tiempo, nosotras también, fuimos sometidas, pero ahora nos hemos puesto de pie y trabajamos juntos, hombro a hombro. Espero que no lleguemos a tener una guerra de los sexos.”

“El tiempo dirá,” respondió Mavia. “Ahora, Lucile, ¿hay algo que desees preguntarme? Debes estar hambrienta así que continuaremos nuestra conversación después de que hayas comido y descansado.”

“Primero, cuéntame ¿cómo es que podemos entendernos cuando ambas hablamos lenguas diferentes?”

Mavia se rió. “Es muy simple. Las placas sensibles dentro de estos cascos captan las vibraciones de tus pensamientos hablados, los cables lo transmiten y llegan a mí como si estuviera hablado en mi propio idioma a través de los cables de mi propio casco que recibe y traduce tus pensamientos. Lo mismo ocurre con mis pensamientos hablados.”

“Los teníamos desde la era en que gobernaban los hombres. En esa época cada una de nuestras ciudades era una nación en sí misma y hablaban cada una en su propio idioma, tenían sus propias leyes e iban a la guerra una con otra. Cuando las mujeres tomamos el control de las cosas internacionalizamos el idioma y las leyes, y ahora cada ciudad es parte de un todo. Las Segundas somos ahora iguales a los del Tercer Plano prácticamente en todo sentido.”

“¿Cómo fue que,” pregunté, “no nos estrellamos cuando nos metimos al foso que existe entre piso y piso?”

“Porque apenas entramos en él nuestros cuerpos perdieron casi todo su peso debido a la fuerza de gravedad disminuida que emana desde arriba del foso.Ahora, Lucile, voy a llevarte a mi apartamento donde podrás comer y descansar, tengo mucho para contarte y mañana va a ser un día muy agitado. Ven conmigo.”

Dejamos la oficina y bajamos flotando por otro foso hacia el piso inferior, Mavia me explicó el esquema general de los pisos a medida que ibamos bajando. El piso superior estaba designado completamente a albergar los aeroplanos. El segundo piso, es decir el que sigue al piso superior, era el piso de las oficinas, y desde el tercero al décimo se encontraban los habitáculos de estas extraordinarias mujeres. Yo estaba muy preocupada por papá pero tenía confianza en que Mavia me ayudaría a encontrarlo.

Cuando llegamos al tercer piso me asuste al ver que un inmenso insecto venía hacia nosotras. Retrocedí alarmada. Mavia dijo, “no temas. Es uno de nuestro sirvientes. Es de la familia de las hormigas y mediante un cuidadoso método de crianza lo hemos desarrollado para que sean de este tamaño. Son sirvientes extremadamente eficientes, cada uno entrenado para una tarea especifica.”

Noté que en el medio del corredor, o calle como Mavia le llamaba, había un amplio sector del suelo que se dividía en dos y se movía en direcciones opuestas mientras que a ambos lados una franja del mismo tamaño permanecía inmóvil. Nos subimos a la calzada móvil y ésta nos llevo rápidamente a nuestro destino.

El apartamento de Mavia era estrictamente utilitario, prácticamente vacío. Solo tenía los muebles mas necesarios. Le manifesté que deseaba bañarme y me acompaño hasta el cuarto de baño, me instruyó que me desnudara pero que no me quitara el dispositivo de transmisión de pensamientos y que me parara debajo de lo que asumí era una ducha. Hizo girar una rueda y una luz brillante recorrió todo mi cuerpo.

“¿Dónde esta el agua y el jabón?” pregunté.

Mavia dijo, “Este es nuestro método de aseo y rejuvenecimiento del cuerpo. Los rayos radioactivos limpian la piel y penetran los poros,  revivifican el cuerpo, llenándolo de vida y energía.”

Era verdad. El polvo y la suciedad que había recolectado desapareció y aunque estaba muy cansada ahora me sentía como si hubiera descansado. Mavia me prestó una de sus túnicas para que no tuviera que seguir llevando mi incomodo traje de vuelo.

De ahí fuimos al comedor, y Mavia le ordenó a tres insectos gigantes que se retiraran y me atendió ella misma. Primero fue hacia una pared y operó una maquina que parecía una maquina de escribir portátil. Abrió una sección del muro y saco una mesa con platos y la ordenó. Para cuando hubo terminado la maquina de escribir hizo un leve zumbido y Mavia saco una bandeja desde otra parte del muro. Depositó frente a mi una comida extraña pero deliciosa y comí con gran entusiasmo.

Durante el transcurso de nuestra comida le pregunte de dónde venía la comida y me dijo que en el piso treintiuno estaban las cocinas y que ahí se preparaba la comida para toda la ciudad, y que desde el piso treintidos al cincuenta desarrollaban exitosamente la agricultura utilizando luz solar artificial y riego.

“Mavia, dime,” le pregunté finalmente, “¿crees que seras capaz de ayudarme a encontrar a mi padre?”

“Si él está donde creo que está, quizás si pueda.”

“Gracias,” respondí. “Por favor continua con la descripción de los tres evoluciones de tu mundo.”

Y así lo hizo. “Después de la guerra vino un tiempo de caos absoluto. Las mujeres no estaban acostumbradas al poder y se les fue a la cabeza. Querían matar a toda criatura masculina del segundo plan evolutivo porque estaban hartas de parir y criar niños. Unas pocas fueron capaces de soportar la embriaguez de nuestra victoria y tomaron el control de la situación, y fue así como evitaron la completa exterminación del sexo masculino, por lo menos hasta que pudiéramos determinar si eran estrictamente necesarios para el futuro de nuestra raza.”

“Yo hubiese creído,” Interrumpí, “que con su avanzado conocimiento científico podrían haber desarrollado un método para reproducirse sin ayuda de los hombres.”

Mavia rió. “Lo intentamos y deberías haber visto los resultados. Eran monstruosidades. No queríamos que nuestra raza se deteriorara así que volvimos a los métodos de antaño.”

“Los hombres que sobrevivieron al exterminio fueron sometidos a rígidos exámenes físicos y mentales. Los que superan el promedio están albergados en el doceavo piso, y estos hombres son para fines reproductivos.

“Cada mujer está obligada por ley a darle dos bebés a la ciudad, que mediante métodos científicos de avanzada realiza en un periodo de tiempo mínimo y prácticamente sin sentir dolor.”

“Los masculinos cuya inteligencia estuviera por debajo del promedio del estándar que hemos establecido pero que poseen belleza física han sido esterilizados mediante un proceso especial y hoy viven en el treceavo piso.”

“Pero no necesitan a esos hombres estériles,” le dije.

Mavia sonrió macabramente. “Hemos cambiado muchas cosas pero no hemos sido capaces de cambiar los instintos mas fundamentales. Cuando una mujer ya ha aportado con dos bebes a la raza no tiene permitido reproducirse por tercera vez. Sin embargo el deseo biológico de antaño regresa y es entonces que encontramos uso para los hombres estériles.”

“Pero eso es completamente inmoral,” objete.

Mavia frunció el ceño. “¿Qué es la moralidad?” ¿qué acaso no es moral vivir de manera tal que eres capaz de darle lo mejor de ti a la raza a la que perteneces? Pero volvamos a la explicación de los tres planos evolutivos. Nosotras, como comprenderás, somos la Segunda Evolución. Hay otro plano mas, el Tercero, cuyos habitantes son nuestros enemigos mortales.”

“Son horribles y grotescas criaturas, con un desarrollo mental anormal. Tienen pequeños y débiles cuerpos y cabezas enormes. Máquinas inteligentes los llevan de aquí para allá y hacen todo el trabajo físico que sus marchitos cuerpos no les permiten realizar.”

“¿Por qué son sus enemigos?” pregunté con curiosidad.

“Nos temen,” respondió Mavia. “Temen que evolucionemos al punto en que podamos tomar su lugar. Probablemente debamos exterminarlos para asegurar la seguridad de nuestra raza. Bien, acerca de esos mensajes de ondas de luz…”

En ese momento tocaron a la puerta y cerca de quince mujeres entraron al apartamento, todas llevaban el casco de las ondas de pensamiento. Estaban listas para conocerme y conversar conmigo.

Mavia las presentó. Eran todas muy agradables, inteligentes, bien desarrolladas y atractivas, y me miraban con disimulada curiosidad.

“Camaradas gobernantes,” dijo ella, “han llegado justo a tiempo, le explicaba a nuestra visitante algo que creo que sera del interés común. Un hombre a quien ella llama “Padre” ha estado recibiendo mensajes vía ondas de luz desde este mundo. Utilizando un rayo desintegrador, este “Padre” ha viajado desde la tercera dimensión a esta. Lucile fue capturada por la Primer Evolución y “Padre” no estaba entre ellos. Sabemos que no está con nosotras, por lo tanto debe estar con los Terceros.

“Como saben, los Terceros planean una ataque contra nosotras y sin lugar a dudas esos mensajes de ondas de luz que “Padre” intercepto eran llamados para pedir refuerzos de esos horrendos seres de la segunda dimensión.”

Las mujeres murmuraron horrorizadas. Me divertía escuchar que Mavia llamaba “Padre” a papá como si ese fuera su nombre.

Mavia siguió. “Mi sugerencia es la siguiente: los Terceros no saben que conocemos sus planes de ataque, así que porque no tomarles desprevenidos y lanzar nuestro propio ataque nocturno con nuestros recientemente perfeccionadas armas de rayos y borrarlos de la existencia.”

Una arenga se extendió entre la multitud y duro varios minutos antes que alguien me oyera. “¡Mi padre!” chillé. “Si él está con los de la Tercera Evolución y van a exterminarlos…¿qué será de él?”

“Me temo que es inevitable, pero si está con ellos, tendrá que irse con ellos también.”

Desesperada empecé a llorar y a rogarles que salvaran a mi padre de la destrucción. Me miraron asombradas. Supuse que no estaban acostumbradas a semejante demostración de emociones. Eventualmente, Mavia me palmeó la espalda un poco incomoda y me dijo “lo siento si hemos herido tus sentimientos, pero nosotras, en este mundo, acostumbramos poner siempre el bienestar de la raza por delante de preferencias individuales. Pero, como eres nuestra invitada haremos una excepción a tu favor.”

“¿Eso significa que van a salvar a mi padre?” lloré de felicidad y para sorpresa de todas me lancé sobre Mavia para abrazarla.

“Espera un segundo,” gritó. “No puedo prometerte que lo salvaremos, pero si haremos el esfuerzo de salvarlo para tu beneficio. Tú, Calissia, te designo para ser guía e instructora de nuestra visitante. Muéstrale la ciudad.”

Capitulo V

Exploración

Calissia resultó ser una agradable compañera y me llevo a explorar la ciudad. Bajamos por un agujero expreso desde el tercer piso al onceavo. Ahí trabajaban las científicas.

El piso entero era un inmenso laboratorio y conocí a muchas mujeres que habían oído hablar de mi presencia y estaban ansiosas por conocerme. Muchas de ellas intentaron explicarme lo maravilloso de sus experimentos pero me temo que la mayoría eran demasiado complejos para mi. Pero papá la hubiera pasado de maravillas.

En el doceavo piso estaban las habitaciones de los hombres destinados para la reproducción. Debo admitir que estaba ansiosa por conocerlos. Fuimos directamente a la sala de recreación donde encontramos a cientos de hombres, algunos caminaban sin rumbo y otros estaban recostados leyendo. No eran tan altos como las mujeres y estaban vestidos prácticamente de la misma manera. Esperaba encontrar un grupo de timoratas criaturas pero en su lugar encontré un grupo de hombres que excepto por su particular cabello hasta los hombros podrían pasar por hombres de mi propio mundo.

En el piso siguiente, sin embargo, mis expectativas estaban mas que justificadas. Los hombres en ese lugar estaban peinados y perfumados y con sofisticadas vestimentas, no pude soportar su timorata mirada por lo que le pedí a Calissia que nos largáramos de inmediato.

El quinceavo piso albergaba la guardería de la ciudad, donde niños y niñas eran cuidados por los insectos gigantes. ¡Esos pobres pequeñuelos! Lo único que hacían eran caminar muy seriamente de aquí para allá o jugar tranquilamente con juguetes educativos. No parecían tener la misma espontaneidad y alegría de vivir característico en los niños y niñas de nuestro mundo.

En el piso dieciséis estaba el hospital, las mujeres ejercían como doctoras y asistentes trabajando en forma mas que eficiente. Recorrimos los siguientes catorce pisos donde conocí las fabricas y los centros de manufacturas.

El piso treinta y uno lo exploré extensivamente.

Preparaban grandes cantidades de comida y pensé que alivio representaría un sistema así para miles de agotadas amas de casa. Utilizaban gigantescos refrigeradores automáticos para mantener la comida fresca.

A continuación, visitamos los niveles agrícolas. Desde el piso treinta y dos al cincuenta incluido donde habían hectáreas tras hectáreas de cultivos. Con inmensas luces colgando sobre ellos para proporcionar la luz solar necesaria para que crezca el alimento, y con un sofisticado sistema de irrigación. Aquí también estaban los insectos, de aquí para allá manejando la producción industrial de alimentos.

El piso cincuenta y uno estaba, según me informó Calissia, destinado para uso exclusivo de las hormigas gigantes, donde vivían, se reproducían y se las entrenaba. Cuando decline visitar ese piso Calissia sugirió que deberíamos regresar al apartamento de Mavia.

“¿No hay mas pisos que estos?” pregunté.

“Si claro,” respondió Calissia. “Muchos mas, algunos incluso bajo la tierra, pero se utilizan principalmente como graneros, depósitos y mausoleos para las cenizas de nuestros muertos. Y debajo de eso están las antiguas prisiones que han quedado en desuso.”

“¿Qué hacen con los prisioneros si ya no utilizan las prisiones?”

“No tenemos prisioneros. Si alguien manifiesta una tendencia criminal la tratamos científicamente para erradicar tales impulsos. Si los tratamientos son efectivos es devuelta a la sociedad. Si no lo son, nos deshacemos de ella en forma indolora.”

En el camino de vuelta mientras subíamos por el foso, Calissia me enseñó los contenedores de donde emanaba la luz solar artificial sanitaria que se difuminaba en forma equilibrada sobre toda la ciudad. Y junto a ella, la máquina que fabricaba el aire artificial que respiraban.

Para entonces habían llegado a un foso expreso que nos llevo directamente al tercer piso. Sentí curiosidad por la fuerza invisible que nos hacia subir rápidamente por el foso y pregunté como funcionaba. Calissia me explicó que a diferencia de los que fosos que bajaban en los que subían manteníamos nuestro peso y un rayo magnético ubicado sobre el foso nos hacia levitar.

Cuando nos reportamos con Mavia, ésta le pidió a Calissia que presidiera el juicio por insubordinación de uno los hombres reproductores. Alguien sugirió que quizás yo podría estar interesada en presenciar el juicio, acepté de inmediato y me dispuse a acompañar a Calissia de vuelta al doceavo piso.

Encontramos un grupo de cinco mujeres sentadas cómodamente con el acusado frente a ellas, con la cabeza echada hacia atrás y un luz de rebeldía que emanaba de sus encantadores ojos oscuros.

Calissia ocupó su lugar y me indicó que me sentara junto a ella. Entonces, le pidió a todas las presentes, incluyendo a los hombres, que se pusieran los cascos de ondas de pensamiento para que yo pudiera seguir el juicio. Mientras una de las mujeres buscaba y repartía los cascos yo me puse a estudiar al acusado.

Firme con un árbol se paro frente nuestro. Era muy apuesto. Supongo que al ser mujer era natural que lo primero que noté fuera su atractivo físico.

En mi mundo no había tenido mucho tiempo para relacionarme con hombres, estaba lejos de ser promiscua. Algún día, de encontrar al hombre correcto, estaría dispuesta a casarme. Pero de alguna manera se las han ingeniado para alejarme, ya sea porque los hombres con los que he tenido contacto me han generado rechazo o los que si me han atraído han terminado por ahuyentarme con sus aires de superioridad.

Pero volviendo al juicio. Calissia estaba hablando. “¿Cuáles son los cargos contra este acusado?”

Una de las mujeres se levantó y dijo. “Está acusado de sedición, lo atrapamos intentando convencer a los demás a levantarse contra el presente sistema de gobierno. Tenemos un testigo.”

Calissia llamó al testigo y otro hombre fue escoltado al estrado. Sus aires de excesivo servilismo me disgustaron y noté que incluso las otras mujeres lo miraban también con desprecio.

“¿Nombre y posición?” preguntó Calissia.

“Mi nombre es Soonta, de la Sección Frontal, número seis,” respondió el recién llegado dedicándole una maliciosa mirada al acusado. “Ese hombre ha sido fuente de problemas desde que lo trajeron aquí desde el cuarto de entrenamiento.”

“Eventualmente declaró que prefiere morir antes de someterse a vivir de esta manera. Se rehusó a atender a las mujeres cuando vienen a vernos y se encerró en su cuarto ofuscado. He intentado de todo para ayudarlo a acostumbrarse a esta vida pero es inútil.”

“Muy bien Soonta, tomo nota de tu lealtad. Puedes retirarte ahora. Acusado, ¿cómo es tu nombre y qué tienes que decir en tu defensa?”

El acusado habló y una sensación de empatía me atravesó el cuerpo al escuchar su orgullosa respuesta. “Mi nombre es Joburza y los cargos contra mi son perfectamente reales. Despreció el presente sistema de gobierno y las odio a ustedes las mujeres. Son tiranas de las peor clase. Me rehusó a someterme a mi rol de reproducción. Con gusto aceptaré mi condena a la Cámara Letal.”

“Sin dudas,” dijo Calissia con desprecio. “Pero creo que con un poco de tratamiento en el cuarto de coma eléctrico para reducir tu capacidad intelectual y una pasada por el rayo esterilizador estarás listo para ocupar tu lugar con los hombres del treceavo piso.”

Joburza visiblemente desanimado dijo “Se lo ruego. ¡Concédame la bendición de la muerte!”

Las mujeres rieron y una de ellas dijo, “Una vez que pases por el reductor de inteligencia no te importara demasiado. Te daremos un trato especial para erradicar ese orgullo.”

“¡Tenga piedad!” suplicó Joburza.

Yo, que ya no podía soportar tanta crueldad, hice uso de mi condición de visitante bien recibida para pedir permiso para hablar. “Me gustaría hacer una solicitud. Soy una mujer como ustedes. Si esto no ofende sus costumbres me gustaría pedirles que me dejen tener a este prisionero para disponer de él como me plazca”

Mi pedido fue recibido por un silencio estupefacto y Joburza me miró con sospechas. “Le molestaría compartir con nosotras ¿qué es lo desea hacer con él?” preguntó Calissia.

“Quiero llevarlo de vuelta conmigo a mi dimensión para…” pensé desesperadamente, “¡para realizar experimentos científicos!”

“Un pedido particular,” afirmó Calissia.

“Pero en fin, tenerte aquí es una situación particular de por sí. ¿Qué dicen camaradas gobernantes? Personalmente, estoy a favor. Por lo menos es una forma novedosas de castigo.”

Las otras cinco mujeres acordaron y yo escondí cuidadosamente mi entusiasmo. Pedí hablar con el prisionero a solas. Cuando las demás se fueron le pregunté si estaba contento porque lo había salvado de su castigo.

“No lo sé,” replicó con severidad. “Quizás los experimentos que tienes planeado para mi terminen siendo aun mas degradantes.”

“¡Pobre Joburza!” le dije. “¡Alégrese! No tengo intenciones de experimentar con usted. Solo lo dije para que accedieran y puedas irte conmigo. Quiero ayudarte.”

“¿Ayudarme?” preguntó. “¿Esto significa que…?”

 “Significa, Joburza, que voy a llevarte a mi mundo, donde todos, hombres y mujeres por igual, tiene la posibilidad de vivir y trabajar. Seras libre, absolutamente libre, libre para hacer de tu vida lo que quieras. ¿Ahora lo comprendes?”

“¿Es eso posible?” murmuró. “Parece ser demasiado bueno para ser verdad. ¿Cómo puedo agradecerte?”

“No hay necesidad. Cuando lleguemos a mi mundo quiero que me demuestres con tu conducta que no he cometido un error.”

“¡Así lo haré!” prometió él, con lágrimas de agradecimiento en sus ojos.

En ese momento Calissia entre y me dijo que Mavia deseaba verme en su oficina.

“Creo que tiene buenas noticias para ti.”

Le pedí que se ocupara de mi prisionero y me apresure a ver a Mavia. “¡Hey!” dijo en tono burlón. “Me enteré que hiciste con un prisionero. Entregarle un prisionero a los habitantes de la tercera dimensión es hilarante,” dijo riendo a carcajadas.

“¡Si es verdad!” respondí sonriendo.

“Tengo algo que quiero mostrarte.”

En un parte de su oficina había un dispositivo que asumí era alguna especie de radio. Mavia hizo girar unos diales y el muro inmediatamente arriba de la maquina se encendió. En él pude ver los arboles carmesí sobre una puesta de sol, y una gigantesca esfera color lavanda que lentamente desaparecía en el horizonte. “¡Guau!” exclamé. “¡Televisión! Que belleza. Parece como si estuviéramos mirando el mundo exterior.”

“Espera un segundo.” Mavia ajusto uno de los diales y conecto un pequeño cable. De repente, tuve la sensación de que estaba viajando a una velocidad sorprendente. El paisaje pasaba volando a mi lado. Montaña tras montaña pasaban junto a mi en segundos.

“Esas son nuestras otras ciudades. Una onda bifocal recoge estas imágenes y las reproduce en la pantalla camino a su objetivo. Observa con atención, esto puede interesarte.”

La ultima montaña quedo atrás. Llegamos al final de la vegetación carmesí. Grandes sectores áridos pasaron rápidamente a mi lado. A la distancia, pero acercándose rápidamente, había una niebla densa y purpura. Por algunos segundos la pantalla quedó completamente tapada por bruma. Se aclaró y llegamos a lo que parecía ser una enorme granja de abejas.

Ese era nuestro objetivo. Pasamos junto a las colmenas. Las llamaba colmenas pero en realidad eran casas. Giramos bruscamente y una colmena mucho mas grande que cualquier otra llenó la pantalla.

Capitulo VI

¡Papá!

De repente la pantalla cambio. Habíamos penetrado los muros y una gran puerta de metal, hasta llegar a un salón.

Reconocí a las criaturas de grotesca apariencia por la descripción que Mavia había hecho de ellas, eran los seres de la Tercera Evolución. Y en el medio del salón, hablando muy seriamente estaba él.

“¡Papá!” grité, olvidando por completo que era apenas una reproducción de algo que sucedía a cientos de kilómetros.

“¿Ese es “Padre”?” preguntó Mavia. “¡Eso pensé! Lo localizamos hace una hora y cincuenta de nuestras mejores exploradoras han ido a rescatarlo. Ya no tienes que preocuparte por “Padre”. En poco tiempo estará aquí. ¿te gustaría observar la batalla? No, pensándolo bien creo que sería una escena horrenda.” Apagó la pantalla.

“Veras,” continuo hablando, “al enviar a las exploradores a rescatar a “Padre” los Terceros no esperaran otro ataque tan pronto así que podemos atacar esta noche y tomarlos desprevenidos.”

Le pedí a Mavia que volviera a encender la pantalla pero en su lugar empezó a preguntarme sobre el Rayo Hewitt. Le conté todo lo que entendía sobre su funcionamiento y ella sugirió que mientras esperábamos deberíamos localizar la cueva donde deje el segundo modelo de la máquina.

Mientras ella guiaba el ojo invisible por el bosque le dije, “supongo que estas ansiosa por deshacerte de nosotros. Mi padre y yo estamos causando demasiados problemas.”

“En absoluto,” respondió. “Disfrutamos mucho el tenerte aquí, pero solo como visitante. Cuando tu visita termine debes regresar a tu mundo.”

“Hay algo que me tiene desconcertada y me pregunto si quizás tu sabes que sucede.” le dije. “Siempre pensé que si un ser de una dimensión cruza a otra, las cosas tendrían para esa persona una apariencia extraña, ángulos raros e intersecciones. ¿cómo es que todo aquí luce igual que en mi mundo?”

“Entiendo lo que dices,” respondió Mavia. “Pero cuando un objeto pasa de una dimensión a otra asume de inmediato las proporciones y dimensiones del nuevo plano de existencia. Es por eso que tenemos una apariencia normal ante tus ojos y tu ante los nuestros.”

Localizó la cueva donde había dejado la maquina, anotó los números que indicaban la posición exacta del lugar, presionó un botón y le ordenó a una mujer entrar y recuperarla.

Volvimos al apartamento y nos refrescamos con un baño radioactivo. Mientras descansábamos tocaron a la puerta, la puerta se abrió y papá entró junto a sus rescatadoras.

Corrí a abrazarlo y no podía dejarlo ir de tanta alegría.

“¡Valgame! ¿Eres tú, Lucile?” los ojos de papá titilaban. “Por un momento pensé que una de esas extrañas mujeres me estaba abrazando.”

Entre risa y risa, Mavia despachó a las exploradoras y ordenó comida para los tres. Papá nos contó sus experiencias. Le brillaban los ojos de alegría mientras nos relataba emocionado todos los conocimientos científicos que había adquirido en este viaje. No parecía percatarse que había estado en grave peligro.

“Sabe,” dijo dirigiéndose a Mavia, “esos Terceros, como se llaman a sí mismos, son unas criaturas increíblemente brillantes. Señorita Mavia, ¿sabía usted que estuve a punto de dirigir una guerra en su contra? Los Terceros me dieron a entender que eran salvajes que amenazaban con tirar abajo su civilización y todo su acumulado conocimiento científico. Y aquí estoy entre ustedes, un grupo de hermosas damiselas jugando a la política.”

“Como vera hacemos un poco mas que jugar,” dijo Mavia con frialdad. “Y en cuanto al conocimiento científico, descubrirá que no estamos muy por detrás de los Terceros. Ahora, Lucile, voy a estar muy ocupada durante la siguiente hora o dos. Hemos decidido adelantar la hora del ataque y debo irme. “Padre” y tu son libres de circular por la ciudad.”

“Mavia, antes de que te vayas quería…”

“No, nada de “gracias”. Eres nuestra invitada y era nuestro deber ayudarte.”Y se marchó.

Papá y yo nos quedamos mirando. Con preocupación me dijo, “¡Bueno jovencita! Ahora quiero saber ¿cómo se te ocurrió seguirme hasta aquí?”

“¡Vamos papá! No uses ese tono conmigo. Me muero de curiosidad, quiero saber como fuiste rescatado. Mavia apagó la pantalla antes de que empezara el rescate. ¿Qué sucedió?”

“Bueno, no puedo decirte mucho mas. Estaba en medio de mi explicación sobre el uso de explosivos en la batalla ante el Codrom, es decir el líder de los Terceros, cuando de repente los muros del salón empezaron a temblar. Rayos de luz entraron por las aberturas y vaporizaron a los Terceros. Para mi sorpresa los rayos destruyeron absolutamente todo el edificio, dejándome ahí, sano y salvo en medio de todo.

“Fue entonces que un grupo de jóvenes mujeres con curiosas armaduras entraron violentamente al salón, me tomaron por la fuerza y me sacaron del edificio por la abertura mayor. Ahí pude ver varias aeronaves rodeando el edificio y disparando mortíferos rayos para destruirlo. Presumo de verlos en acción que esos rayos son algún derivado de rayo ultravioleta de frecuencia muy baja, que una vez que la longitud de onda alcanza…”

“¡Papá!” lo interrumpí impaciente. “¿Qué sucedió después?”

“Bueno, casi inmediatamente después levantamos vuelo. Estuve congelado por el miedo durante varios minutos, y lo digo literalmente. Como sabes nunca me había subido a un aeroplano antes, pero no pasó mucho tiempo hasta que la agitación fue tal que alejó el miedo a volar de mi mente.”

“Cuando nos aproximamos a las nieblas purpuras la piloto me dio un traje aislante. Esas nieblas purpuras, como sabrás, son la principal protección de los Terceros. Hasta el momento nada ni nadie había podido atravesarlo y seguir con vida pero estas mujeres parecen haber encontrado una forma de protegerse. Atravesamos las nieblas y aquí estamos.”

“Me alegra que estés aquí y no con los Terceros, ya que después de esta noche ya no habrá mas Terceros,” le dije, intentando que comprendiera lo peligrosa que había sido su posición.

“Si, si, lo sé. Es terrible. Poseer un conocimiento científico como el que tienen estas maravillosas personas y utilizarlo para destruirse mutuamente. No entiendo, los Terceros han descubierto que la vida es apenas…”

Anticipando un largo discurso científico lo interrumpí. “Papá, deberías bajar al onceavo piso y ver lo que estas mujeres han hecho en materia de ciencias.”

Lo deje ahí, feliz en su propio ambiente, y me apresuré a buscar a Mavia.


La encontré en su oficina y le rogué que me dejara ir con ella al combate. Se rehúso rotundamente pero me prometió que podría utilizar la pantalla para seguir el combate desde ahí. Mientras hablábamos entró una exploradora y pasó su reporte.

Los Terceros, al parecer, habían tenido éxito en comunicarse con los seres de la segunda dimensión y miles de ellos habían cruzado y ocupaban ahora las nieblas purpuras, y que estas a su vez rodeaban por completo los dominios de la Tercera Evolución.

“¡Maldición!” dijo Mavia, o cualquiera sea el equivalente de eso en su lengua.

“¿Puedo hacer una sugerencia?” pregunté timidamente.

“Si, por supuesto.” Dijo Mavia exaltada. “Si tienes una forma de ayudarnos dila de inmediato.”

“Si utilizamos el Rayo Hewitt de mi padre, podría transportarte a ti y a todo tu ejercito y situarte justo en el medio de sus dominios. Los seres de la segunda dimensión no podrán dañarlas cuando atraviesen la niebla.”

“Hmm. Y una vez que entremos podremos acabar rápidamente con los Terceros. Pero, jovencita, has considerado que cuando hayamos acabado con ellos ¡no podremos regresar a casa!”

Sonreí triunfante. “Mavia, si me llevas contigo, te prometo que las traeré a salvo a través de las nieblas.”

“Ciertamente eres una jovencita muy determinada ¿verdad? ¡muy bien! Te has ganado un lugar en nuestras filas.”

Las siguientes horas fueron muy extremas. Siguiendo mis indicaciones, Mavia ordenó construir un Rayo Hewitt adicional, y las científicas con ayuda de papá la armaron en muy poco tiempo. Y ademas me dieron mi propio traje aislante.

“Te protegerá de los rayos de los Terceros, pero que tu deidad, cualquiera que sea, te ayude si entras en contacto con los seres de la Segunda Dimensión.”

“¿Qué tipo de arma utilizan?¿Es realmente tan terrible?” pregunté.

“Ese es el tema,” respondió una de las exploradoras que se estaba poniendo el traje detrás mio. “No lo sabemos. Son criaturas aladas enormes de apariencia repugnante. Sus cuerpos emiten rayos eléctricos que aniquilan todo lo que tocan. Por alguna razón solo pueden subsistir en esta dimensión es dentro de las nieblas purpuras que están cargadas de electricidad.”

Finalmente estuvimos listas. Las dos máquinas de Rayos Hewitt fueron trasladadas a la cima de la montaña y Papá fue el encargado de operar la que nos enviaría hasta allá. Imaginen, si pueden, la escena. Papá en un extremo de la montaña con su maquina de Rayos Hewitt y la otra máquina en el centro de la montaña, custodiada por una escolta de cincuenta mujeres cuya única misión era protegerla de los rayos enemigos. Dispersadas en formación estaban las mujeres guerreras, no solo de nuestra ciudad sino de las otras setenta y ocho también. Columna tras columna de mujeres con armaduras brillantes.

Mavia, que estaba apostada junto a mi, dio la señal y en un segundo estábamos en la cima de la montaña y al siguiente en el interior del circulo creado por las nieblas purpuras.

Entonces, ¡el infierno se desató! Nuestras mujeres se dispersaron y sembraron destrucción a su paso. Las casas tipo colmenas que teníamos mas cerca colapsaron y se convirtieron en polvo cuando fueron alcanzadas por el destructivo rayo que blandían nuestras tropas. Los Terceros de las demás colmenas se retiraron rápidamente y se montaron sobre enormes maquinas que disparaban rayos de luz.

Sus rayos tenían mejor enfoque que las nuestras pero el traje aislante funcionaba y casi no sufríamos daño, con un par de excepciones cuyos trajes asumo estaban defectuosos y cayeron rendidas al piso.

Me volví a ver si la maquina de Rayos Hewitt había sufrido algún daño. Las cincuenta mujeres que la rodeaban emitían rayos de luz en todas direcciones y formaban una barrera de luz que, mas tarde aprendí, podía reflejar cualquier rayo destructivo que pudiera estropear la maquina.

Era todo muy emocionante pero a la vez completamente distinto a las sangrientas carnicerías que alguien de mi mundo esperaría encontrar en una batalla, era casi como una puesta en escena de la que yo formaba parte.

Marché con el resto de las soldadas y dispare contra los Terceros y sus hogares. Eran criaturas de un aspecto tan inhumano, con delgados cuerpos como maquinas y cabezas gigantescas que cuando sucumbían y desaparecían ante mi rayo no sentía la repugnancia que sí hubiese sentido si hubieran tenido un aspecto mas humano. En lugar de eso, festejé salvajemente cada victoria.

Marchamos desde el centro hasta el límite con la niebla purpura, no dejamos a nadie con vida excepto por las mujeres que cayeron ante los rayos de los Terceros. Cuando llegamos a la niebla dirigimos nuestros rayos hacia ella intentando alcanzar alguna de las gigantescas criaturas que la habitaban.

Ahora que estábamos tan cerca podíamos verlas, claramente, gigantescos cuerpos con alas de murciélago y cabezas pequeñas. Sus feroces ojos rojos ocupaban gran parte de la superficie de sus pequeñas cabezas. Nos rugian y arrojaban sus rayos eléctricos contra nosotras.

Nos retiramos a una distancia segura y les gritamos desafiante. Cansadas por el combate, el ejercito victorioso de mujeres regresó cantando y gritando hasta la máquina de Rayos Hewitt que seguía bien custodiada.

Era mi deber entonces operar la máquina no tenía intención de quedarme atrás. Ajusté el control automático como Papá me había enseñado, y me ubiqué rápidamente en mi lugar.

El rayo de brillo tenue se disparó y volvimos a la cima de la montaña. Papá, quien había esperado ansioso mientras seguía la batalla a través de la pantalla de observación de Mavia, se apresuró a recibirnos.

“Lucile, no sabía que eras una salvaje sanguinaria. ¡Te observé por la televisión y ciertamente hiciste tu parte de destrucción y parecías disfrutarlo en gran manera!”

“Bueno, Papá, si tu te lanzas a la aventura en tierras extrañas no puedes culpar a tu hija si decide seguir tus pasos.”

“Aun así,” dijo con los ojos brillantes, “será mejor que nos vayamos a casa antes de que encuentres otras formas de meterte en problemas.”

“Si,” admití. “Tengo solo tres semanas de licencia y debo descansar un poco antes de regresar a trabajar.”

Mientras Papá reajustaba el Rayo Hewitt para llevarnos de vuelta, mandé a buscar a Joburza, mi prisionero, y se lo presente a papá. Le conté sobre el juicio y sus resultados.

Papá se rió y dijo “Vaya vaya, nunca escuché de una mujer que no quisiera llevarse alguna especie de recuerdo de sus viajes. Supongo que debo agradecer que solo trajiste uno.”

“Claro que si,” acordé divertida.

Entre amistosas despedidas de nuestras extrañas amigas y con su afectuosa invitación a regresar algún día resonando en nuestros oídos, Papá, yo y nuestro prisionero atravesamos el rayo y en pocos segundos nos encontramos en el laboratorio de mi padre.

“Despierta,” grité, sacudiendo a Marion, que se había dormido junto a la maquina de ondas de luz. “¡Hemos regresado!”

Aunque estábamos exhaustos, nadie pudo dormir esa noche. Mario demandó que le contáramos cada pequeña detalle de nuestras aventuras. Nos tomó casi toda la noche contar la historia por completo y explicar las extrañas cosas que habíamos encontrado en la otra dimensión. Marion se anotó para integrar el grupo que iría en el próximo viaje. Estaba muy interesada en las mujeres de la cuarta dimensión.

“Siempre pensé que nosotras nos habíamos emancipado, pero esta Mavia y su gente se emanciparon al cuadrado.”

Mientras desayunábamos bien temprano, le pregunté a Papá, “¿por qué tu y yo nos materializamos en distintos lugares? Tu en el país de los Terceros mientras que yo me materialicé junto a los salvajes Primeros.”

Papá explicó. “Debido a la curvatura del espacio, no viajamos en linea recta. Tu partiste un tiempo después que yo y por lo tanto apareciste al otro lado del circulo. ¿Entiendes?”

“Siii, creo que si,” respondí dubitativamente.

Joburza, a quien rebautice John, se ajustó fácilmente a nuestra vida. Aprendió nuestra lengua rápidamente pero la hablaba con un pintoresco y curioso acento. Papá, al descubrir que tenía aptitud para la ciencia, lo llevo a su laboratorio y lo tomó como asistente aprendiz.

“Mi hija no siguió mis pasos, así que he adoptado a este muchacho,” explicaba riendo a sus amigos.

Me agradaba mucho John pero solía exasperarme con su excesiva timidez para con las mujeres. Pobre muchacho, no podía evitarlo por la forma en que fue criado.

Un día, como seis meses después, regresé a casa por mis tres días de descanso y encontré a John recibiendo una severa reprimenda de nuestra ama de llaves. La despaché para que siguiera con su trabajo y me volví hacia John.

“¿Por qué haces esto John?¡Animate! Recuerda que eres un hombre. Olvida tu vida pasada. Ahora estas en este mundo. Recuerda, no hay nada que temer. Las mujeres no pueden lastimarte. Repitelo para ti mismo, “Soy un hombre,” ¡y actúa como tal! Si una mujer no acuerda contigo se frontal y dile lo que piensas. Le gustará. Inténtalo y veras que funciona.”

“Creo que lo haré,” dijo John y ¡me tomó de los brazos y me beso!

“¡John!” grité asombrada. “¿Por qué hiciste eso?”

Mi padre que estaba parado junto a la ventana se largo a reír. “Pobre John solo seguía tu consejo.” “Se frontal” En serio Lucile , creí que querías que los hombres admitieran la superioridad de las mujeres.”

“Si bueno” respondí despreocupada, mirando a John con el rabillo de mi ojo. “Creo que depende de que hombre estemos hablando.”

“Oh ya veo,” Papá sonrió y con exagerado sigilo abandonó la habitación.

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