Operación Policial

Por H. Beam Piper

Dar caza a la bestia, bajo las mejores circunstancias, era peligroso. Pero en esta pequeña operación policial, las condiciones requieren el uso de medidas poco ortodoxas.

“… creo que existe algo así como una fuerza policial oculta que opera para disipar las sospechas del ser humano, y para dar explicaciones que convenzan a las personas de que, en caso de que existen alborotadores o saqueadores ocultos, deben provenir de un mundo donde otros seres actúan para mantenerlos a raya y dar explicaciones, pero que lo hacen para distraer la atención de ellos mismos, ya que ellos también explotan la vida sobre esta tierra, pero lo hacen de una forma mas sutil, y de forma mucho mas organizada y ordenada.”

Charles Fort: “¡Mira!”

John Strawmyer, una iracunda figura vestida con un overol gastado y una camiseta negra blanqueada por el sudor, se paro ahí, lejos de los demás, de espaldas a los desvencijados graneros, a una linea de amarillentos bosques, y a las nubes cirrus que atravesaban el cielo azul de octubre. Levantó su nudosa mano en señal de acusación.

“¡Esa heifer valía doscientos, doscientos cincuenta dolares!” reclamo ruidosamente. “¡Y ese perro de ai era como dela familia, y míralo ahora! ¡No me gusta decir profanidades pero tienen q hacer algo!”

Steve Parker, el guarda fauna del distrito, apuntó su cámara hacia el cadáver del perro y apretó el disparador. “Estamos en eso,” dijo cortante. Avanzó unos metros hacia la izquierda y rodeó el descuartizado cuerpo de la heifer, buscando el mejor angulo para tomar fotografías.

 Los dos hombre de gabardina gris de la policía estatal, al ver que Parker había terminado con el perro dieron un paso al frente y se agacharon para examinarlo. El que tenia tres galeones en la manga lo tomó por las patas frontales y lo volteó para dejarlo panza arriba. Era un perro enorme, de raza no identificada, con un pelaje áspero negro y marrón. Algo le había desgarrado la cabeza, tenía varios cortes trasversales en la garganta y lo habían destripado, un solo corte le había abierto el estomago desde el pecho hasta la cola. Lo observaron detenidamente, y entones se ubicaron junto a Parker que seguía fotografiando a la heifer. Al igual que el perro, tenía rasguños en ambos lados de la cabeza, y varios cortes en la garganta. Ademas de eso, le habían arrancado grandes tiras de carne de un lado.

“¡No puedo matar un oso fuera de temporada, no!” decía quejándose Strawmyer. “Pero un oso viene y mata mi ganado y a mi perro; ¡pero eso si está bien! ¡Eso es lo que nos queda a los granjeros en este estado! No me gusta decir profanidades…”

“¡Entonces no las diga!” gritó Parker impaciente. “¡No diga nada! ¡Solo haga la denuncia y cállese la boca!” se volvió hacia los hombres de gabardina “¿Vieron algo muchachos?” preguntó. “Entonces en marcha.”

*

Caminaron rápidamente de vuelta al vehículo, Strawmyer los seguía, vociferando sobre todo lo que padecen los granjeros a manos de los cínicos y corruptos del gobierno estatal. Se subieron a la patrulla, el sargento y el cadete adelante y Parker en el asiento trasero, apoyo su cámara en el asiento donde tambien descansaba una carabina Winchester.

“¿No fuiste un poco duro con ese sujeto Stevie?” preguntó el sargento mientras el cadete encendía el auto.

“No lo suficiente. “No me gusta decir profanidades”,” dijo Parker burlándose del afligido dueño de la heifer, y aclaró: “Estoy moralmente seguro de que ese hombre le ha disparado a por lo menos cuatro ciervos ilegalmente en los últimos años. Cuando y si logro probarle algo, va a estar mas afligido que ahora pero por él mismo.”

“Es de ese tipo de personas de personas problemáticas,” acordó el sargento. “¿Crees que lo que sea que haya hecho esto es el mismo que los otros casos?”

“Si. El perro debe haber interferido mientras devoraba la heifer. Los mismos rasguños superficiales en la cabeza, y cortes profundos en la garganta y el estomago. Mientras mas grande el animal, los cortes aparecen mas adelante. Es evidente que algo los toma de la cabeza con las garras frontales y los desgarra con las patas traseras; por eso creo que es un lince.”

“Sabes,” dijo el cadete, “he visto muchas heridas como esa durante la guerra. Mi grupo aterrizó en Mindanao, donde había actividad de guerrillas. Y esto parece obra de un experto en armas blancas.”

“Las tiendas de usados están llenas de machetes y cuchillos de caza,” consideró el sargento. “Creo que llamaré al Doctor Winters, en el Hospital del Condado, y ver si no se les perdió algún loquito.”

“Pero la mayoría del ganado fue devorado, como la heifer,” objetó Parker.

“Por definición los lunáticos tienen gusto anormales,” respondió el sargento. “O quizás se lo comieron los zorros, despues de que los matara.”

“Eso espero, sería un alivio,” dijo Parker.

“¡Ha!¡escuchen al señor!” aulló el cadete deteniendo el vehículo al final del camino. “Cree que un lunático con machete y complejo de Tarzán es algo divertido. ¿Ahora por donde?”

“Bueno, veamos.” el sargento desplegó una hoja cuadrangular, el guardafauna se inclinó hacia adelante para mirar por encima de su hombro. El sargento pasó su dedo de un lado para el otro sobre una serie de cruces de colores marcadas en el mapa.

“Lunes por la noche, aquí en la Montaña Copperhead, asesinó una vaca,” dijo. “La noche siguiente, cerca de las diez de la noche, atacó el rebaño de ovejas, de este lado de la Copperhead, justo aquí. La noche del miércoles, rasguñó a una mula en el bosque detrás de la granja Weston. Apenas la lastimo, debe haber pateado al engendro y escapó, pero el engendro no salió gravemente herido, ya que unas horas mas tarde, atacó un averío de pavos en la granja Rhymer. Y anoche, hizo lo que hizo.” Sacudió su dedo y señalo la granja Strawmyer. “Mira, siguiendo la cresta de la montaña, en dirección al sudoeste, evitando el campo abierto, y matando solo de noche. Puede ser un lince.”

“O un maníaco con un machete,” acordó Parker. “Vamos al cañadon Hindman a ver si podemos encontrar algo.”

*

Giraron entonces en dirección a un polvoriento sendero, que se iba deteriorando cada vez mas hasta convertirse en un pastizal que se perdía en el bosque. Eventualmente se detuvieron y el agente sacó el vehículo del camino. Los tres hombres salieron del auto, Parker con su Winchester, el sargento revisando el barril de su Thomson y el cadete cargando su escopeta con perdigones. Caminaron durante media hora por el sendero cubierto de arbustos que corría junto a un arroyo, cuando pasaron junto a un jeep gris oscuro de modelo comercial aparcado a un lado y subieron a la cima del desfiladero.

Un hombre, vestido con un abrigo de lana, botas, y pantalones caquis, estaba sentado sobre un tronco, fumando una pipa, con un rifle sobre su piernas y un par de binoculares colgando de su cuello. Tenía unos treinta años y los inmóviles rasgos de su rostro eran tan atractivos que debía ser la envidia de cualquier ídolo sensación adolescente de la pantalla grande. Mientras Parker y los dos policías se acercaron, se levantó balanceando su rifle y los saludo.

“¿Sargento Haines?” preguntó amablemente. “¿Están cazando a esa criatura también?”

“Buenas tardes, Sr. Lee. Sabía que era su jeep el que vimos ahí abajo.” El sargento se volvió hacia los demás. “El Sr. Richard Lee; ocupante actual de la vieja estancia Kinchwalter, del otro lado del Fuerte Rutter. El Sr. Parker, guardafauna del distrito. Y el cadete Zinkowski.” Miro el rifle. “¿Le esta dando caza usted mismo?”

“Si, creí que encontraría algo aquí arriba. ¿Qué cree usted que estamos cazando?”

“No lo sé,” admitió el sargento. “Puede ser un lince. Un gato montes canadiense. Aquí, Jink tiene la teoría de que puede ser un fugitivo del hotel de lunáticos con un machete. Por mi parte, espero que no, pero no descarto la posibilidad.”

El hombre con el rostro de ídolo de la matinee asintió. “Puede ser un lince, si. Tengo entendido que no son poco comunes por estas lados.”

“Pagamos recompensa por dos en este condado, el año pasado,” dijo Parker. “Es un rifle extraño el que tiene ahí, ¿le molesta si lo veo?”

“Para nada,” el hombre presentado como Richard Lee se descolgó el rifle y se lo alcanzó. “Está cargado,” advirtió.

“Nunca vi uno como este,” dijo Parker. “¿Es extranjero?”

“Creo que si. No sé mucho sobre el tema. Pertenece a un amigo mio, él me lo prestó. Creo que el mecanismo de carga es alemán o checo; el resto es un trabajo personalizado hecho por algún armero de la costa oeste. Está diseñado para cargas de ultra-velocidad.”

El rifle pasó de mano en mano; los tres hombres lo examinaron detenidamente haciendo comentarios de admiración.

“¿Encontró algo sr. Lee?” preguntó el sargento, devolviendo el rifle.

“Ni un rastro.” Lee se volvió a colgar el rifle y tiro la cenizas de su pipa. “Recorrí la cima de estas crestas, dos kilómetros, por ambos lados, y por debajo hasta el Cruze Hindman; no encontré rastro alguno o indicios de que hubiera matado.”

El guarda fauna asintió, volviéndose hacia el sargento Haines.

“No tiene sentido entonces seguir adelante,” dijo. “Diez a uno, siguió la linea de arboles detrás de la granja Strawmyer y cruzó a la otra hondonada. Creo que tendremos mejor resultado pasando el acantilado Lowrie. ¿Qué les parece?”

El sargento acordó. El hombre llamado Richard Lee empezó a rellenar su pipa metódicamente.

“Creo que me quedare aquí un poco mas, pero creo que tiene razón. El desfiladero Lowrie o el cruce Lowrie en el Valle de Coon,” dijo.

Cuando Parker y los policías se fueron, el hombre a quien se habían dirigido como Richard Lee regresó a su tronco, se sentó y encendió su pipa con el rifle sobre las piernas. Por momentos, miraba su reloj pulsera y levantaba la cabeza para escuchar. Eventualmente, escuchó a la distancia, el sonido de un motor al encenderse.

Se puso de pie rápidamente. Del interior del tronco donde había estado sentado retiró un bolso de tela. Camino rápidamente hasta una sección de suelo húmedo junto al pequeño arroyo, apoyó su rifle contra un árbol y abrió el bolso. Primero, saco un par de guantes hechos de alguna especie de goma color verde y se los puso, estirándolos hasta los codos por encima de sus abrigo. Entonces saco una botella y la destapo. Con mucho cuidado para evitar salpicar su ropa, vertió el liquido cristalino sobre la tierra en varios lugares. Donde este caía, se elevaba un vapor, y las ramas y el pasto se convertían en polvillo marrón. Volvió a tapar la botella y la guardo en el bolso, esperó unos minutos, entonces con una espátula que también saco del bolso escarbó donde había vertido el fluido y saco cuatro trozos de materia, negros y de forma irregular, los llevo hasta el curso de agua y los lavo cuidadosamente, los envolvió y los coloco en el bolso junto con los guantes. Entonces, se colgó el bolso y el rifle y encaro el sendero que lo llevaría hasta el jeep.

Media hora mas tarde, después de conducir a través de la pequeña aldea rural de Fuerte Rutter, se estacionó en el predio de una derruida granja y estacionó dentro del granero. Cerró las puertas dobles y le cruzó una tabla desde adentro. Fue hasta el muro posterior del granero, que estaba mucho mas cerca del anterior de lo que las dimensiones externas del granero parecían indicar.

Saco de su bolsillo un objeto negro similar a un portaminas. Tanteando el áspero muro de madera, encontró un pequeño orificio e insertó el extremo puntiagudo del portaminas presionando lo que había del otro lado. Espero un instante y nada. Entonces una sección de tres metros cuadrados del muro retrocedió unos metros y se deslizó silenciosamente a un lado. La sección que se había deslizado estaba hecha de acero de ochenta centímetros de espesor, revestido con una delgada capa de tablas de madera, el muro a su alrededor era de concreto, sesenta centímetros, camuflado de la misma forma. Entró rápidamente.

 A la derecha de la abertura encontró un interruptor y lo presionó. Al instante, la masiva placa de acero regresó a su lugar con un suave y bien aceitado clic. Al mismo tiempo, las luces de esa habitación oculta se encendieron, revelando una enorme semiesfera hecha de una delicada malla metálica, de casi diez metros de diámetro y cinco de altura. El hombre llamado Richard Lee ingresó a la semiesfera a través de una puerta corrediza lateral y ésta se cerró detrás suyo. Se volvió hacia el centro del domo hueco y se sentó en una silla con respaldo frente a un enorme panel de instrumentos y un escritorio. Todo, desde las valvulas, medidores, diales, palancas, e interruptores en ese panel de control estaban señalizados con números y caracteres pero no del alfabeto romano ni arabigo, también había, al alcance del ocupante de la silla, un arma que parecía una pistola en el escritorio. Tenía un gatillo y empuñadura convencional pero en lugar de un barril tubular, tenia dos delgadas varillas de metal que se extendían paralelamente por unos diez centímetros, unidos por lo debería ser el cañón por un estilizado botón de cerámico azul claro o una especie de sustancia plástica.

El hombre con el rostro apuesto e inmóvil depositó su rifle y el bolso en el suelo junto a la silla y se sentó. Primero, levantó el arma extraña y la reviso, entonces examinó los instrumentos en el panel frente a él. Y finalmente, activó un interruptor de la tablero de control.

De inmediato, se escuchó un pequeño zumbido, desde algún lugar sobre su cabeza. El zumbido empezó a aumentar en intensidad hasta convertirse en un sonido estable y monótono. El domo empezó a titilar con un brillo frio y extraño y lentamente se desvaneció. El cuarto oculto a su alrededor se desvaneció, y de repente se encontró mirando el oscuro interior de un granero desierto. El granero se desvaneció, apareció un cielo azul en lo alto, atravesado por nubes cirrus. Un paisaje otoñal apareció por un segundo. Edificios, aparecían y desaparecían y así con todo tipo de construcciones en un parpadeo. Todo a su alrededor, formas a medio aparecer se movían brevemente ante sus ojos y desaparecían.

En un momento, la figura de un hombre apareció, dentro del circulo del domo. Tenía un rostro furioso y brutal, y vestía una túnica negra con plateado, pantalones negros y botas negras pulidas, tenía una insignia, compuesta por una cruz y un trueno en el casco. Y un arma automática en su mano.

Al instante, el hombre del escritorio se despabiló y tomo su arma y le saco el seguro, pero antes de que pudiera levantarla y apuntar, el intruso tropezó y cayó afuera del campo de fuerza que rodeaba la silla y los instrumentos.

Por momentos, pudo escuchar fuego de metralla fuera del domo, y al siguiente, el hombre del escritorio se encontró rodeado por un gran corredor con un cielorraso alto como si fuera una bóveda, a través del cual las figuras se movían rápidamente y desaparecían. Por momentos, pudo ver las profundidades de un bosque, siempre con el mismo fondo de montañas y siempre bajo el mismo cielo azul atravesado por nubes cirrus. Hubo un intervalo de una luz blanca azulada de una intensidad insoportable. Entonces el hombre del escritorio se vio así mismo en el interior de un gigantesco complejo industrial. Las figuras que se movían a su alrededor disminuyeron su velocidad y se hicieron distinguibles. Por un instante el hombre de la silla sonrió al encontrarse dentro del vestidor de mujeres donde una mujer rubia se bañaba y otra, mas pequeña y de cabello roja se secaba desnuda con una toalla. El domo se hizo visible, destellando con muchas luces de colores, el zumbido empezó a disminuir en intensidad hasta apagarse por completo y el domo volvió a ser una malla fría e inerte del mas fino metal blanco. Una luz verde sobre él se encendió y apago lentamente.

Apretó un botón y bajo un interruptor, y se puso de pie, levanto su rifle y el bolso y tanteó bajo su camisa buscando una pequeña bolsa tejida, de donde saco un pequeño disco de plástico azul. Abrió un contenedor en el panel del instrumental, y tomo un pequeño rollo de película solidográfica que guardó en su bolso. Abrió entonces la puerta y salio a su propia dimensión de espacio-tiempo.

Fuera del domo había un amplio pasillo con suelos color verde, muros de un verde aun mas claro y un cielorraso de un verde blanquecino. Un enorme hoyo había sido tallado para dar lugar al domo y del otro lado del pasillo, sentado detrás de un escritorio, un funcionario de túnica azul claro, que al verlo se sacó los audífonos. Dos policías de uniforme verde, con sus paralizadores ultrasónicos colgando de la muñeca izquierda y aguijoneadores de rayos sigma como el que tenía en su escritorio dentro del domo, charlaban armoniosamente con un grupo de mujeres vestidas con batas naranjas, carmesí y verde brillante. Una de ellas, la de verde brillante era el duplicado de la chica que había visto secándose con una toalla.

“Aquí llega su jefe,” dijo una de las chicas a los policías, cuando lo vieron acercarse. Ambos se voltearon y saludaron casualmente. El hombre que hasta entonces respondía al nombre de Richard Lee les devolvió el saludo y se dirigió al escritorio. Los policías tomaron sus paralizadores y sus rifles y se encaminaron rápidamente hacia el domo.

Saco el disco de plástico azul de su empaque y se lo entregó al funcionario en el escritorio, que lo introdujo en una ranura del Voder frente a él. Al instante, una voz mecánica respondió:

“Verkan Vall, noble sello azul, heredero de Mavrad de Nerros. Asistente Especial del Jefe, Policía Paratemporal, asignación especial. Bajo ordenes directas de Tortha Karf, Jefe de la Policía Paratemporal. Todas las cortesías y cooperación a su disposición en lo que refiere al Código de Transposición Paratemporal y la Código de la Fuerza Policial. ¿Algo que agregar?”

El empleado presionó el botón “no”. el emblema azul salió eyectado de la ranura y fue devuelto a su portador, que lo guardo en su manga izquierda.

“¿Supongo que querrá asegurarse que soy su Verkham Vall?” dijo él, extendiendo su brazo. “Si, claro señor.”

El empleado toco su brazo con un pequeño instrumento que frotaba antiséptico, tomaba una muestra de sangre y medicaba con la punta de la aguja, todo en un operación casi indolora. Colocó la gota de sangre en una lamina y la insertó de un lado del microscopio de comparación, asintiendo. Mostraba el mismo patrón de suspensión coloidal distintivo que la muestra que estaba ya dispuesta para comparación; el patrón coloidal que le habían inyectado en su infancia para distinguirlo de la innumerable cantidad de Verkham Valls de cada una de las demás lineas de probabilidad del paratiempo.

“Correcto, señor,” asintió el empleado.

Los dos policías salieron del domo , con sus armas enfundadas y la guardia baja. Encendieron cigarrillos al salir del lugar.

“Todo en orden señor,” dijo uno de ellos. “No trajo nada con usted, esta vez.”

El otro se rió. “¿Recuerdas la vez que un salvaje del Nivel Cinco se infiltro en el cargamento del transporte en Jandar el mes pasado?” preguntó.

Si esperaba que una de las chicas quisiera escuchar la historia del hombre salvaje, era un caso perdido. Con un mavrad sello azul en la habitación ¿qué esperanza había para un par de simples policías? Las chicas convergieron rápidamente alrededor de Verkham Vall.

“Cuando vas a quitar esa monstruosidad de nuestra sala de descanso,” demandó la pequeña pelirroja de la bata verde. “Si no fuera por esa cosa, estaría tomando una ducha en este momento.”

“Acabas de tomar una, como hace cincuenta parasegundos atrás, justo cuando llegue,” le dijo Verkham Valls.

La chica lo miró con una indignación obviamente fingida. “Pero como, tu… ¡parafisgón!”

Verkham Valls se rió y se volvió hacia el empleado. “Quiero un cohete estratosférico y un piloto, con destino a Dhergabar, de inmediato. Llama al Campo de Policía Paratemporal de Dhergabar y dales mi ETA; llama a un taxi aéreo para que me busque y notifica al jefe, dile que voy en camino. Informe extraordinario. Deja un guardia en el transporte, creo que voy a volver a necesitarlo, pronto.” Se volvió hacia la pequeña pelirroja. “¿Quieres acompañarme hasta la pista de cohetes?” preguntó.

Afuera, en la pista de aterrizaje al aire libre, Verkham Vall levantó la vista al cielo y miró su reloj.

Han pasado veinte minutos desde que estacionó el jeep en el granero, en esa otra linea temporal tan distante; las mismas lineas delicadas de cirrus blanco atraviesan el cielo azul. La constancia del clima, incluso a doscientos mil paraaños de tiempo perpendicular, nunca deja de impresionarlo. La larga curva de las montañas era la misma, y moteado con los mismos colores otoñales. Pero en el lugar donde estaba la pequeña aldea Fuerte Rutter en esa otra linea de probabilidad, se erigían torres blancas de apartamentos, los habitáculos del personal de la planta.

Caminó rápidamente hacia el cohete que iba a llevarlo al cuartel general, con su rifle y su bolso a cuestas, mientras lo remolcaban y lo colocaban en la plataforma de despegue . Un piloto de aspecto muy juvenil lo esperaba en la plataforma, le abrió la puerta del cohete, se hizo a un lado para que Verkham Vall entrara, lo siguió y cerro la puerta, espero hasta que su pasajero asegurara su bolso y su rifle y se ajustará a su asiento.

“¿A la Terminal Comercial de Dhergabar señor?” preguntó el piloto, sentándose en el asiento contiguo frente a los controles.

“Al Campo de Policía Paratemporal, detrás del Edificio de Administración Paratemporal.”

“Entendido señor. Veinte segundos para el despegue, cuando esté listo.”

“Listo.” Verkham Vall se relajo, contando los segundos en forma subconsciente.

El cohete se sacudió y Verkham Vall sintió una leve presión que lo ajusto al asiento al despegar. Los asientos, y los instrumentos del piloto frente a él se balancearon sobre el cardan y el indicador se movió lentamente hasta los noventa grados mientras el cohete se elevaba y se nivelaba. Para entonces, las nubes cirrus que Verkham Vall habia visto desde el campo quedaba lejos por debajo suyo cuando se metían de lleno en la estratosfera.

No había nada que hacer ahora, durante las tres horas que demoraba el cohete en acelerar en dirección al norte, atravesar el polo y virar hacia el sur, hacia Dhergabar; la navegación estaba a cargo del robot controlador. Verkham sacó su pipa y la encendió, el piloto también encendió un cigarrillo.

“Esa es una pipa muy particular señor,” dijo el piloto. “¿De otro tiempo?”

“Si, Cuarto Nivel de Probabilidad; típico del cinturón paratemporal en el que estaba trabajando.” Verkham Vall se la paso para que la examinara. “El hornillo esta hecho de una raíz de zarzarrosa; la boquilla de una especie de plástico hecho con la savia de ciertos arboles tropicales. El pequeño punto blanco es la marca característica del fabricante, hecha de marfil de elefante.”

“Suena un poco rustica para mi gusto señor,” dijo el piloto mientras la devolvía. “Es un trabajo de calidad si. Parece hecho a maquina.”

“Si. El sector en el que estaba ha avanzado bastante, para ser un civilización electro química. El arma que traje conmigo, ese proyector de misiles sólidos, es típico de la cultura del Cuarto Nivel. Partes móviles fabricadas magistralmente e intercambiables con partes similares de armas similares. El misil es un pequeño perno de aleación de cobre recubierto de plomo, impulsado por gases en expansión por ignición de un compuesto de alguna especie de nitro celulosa. La mayoría de los avances científicos ocurrieron durante el ultimo siglo, y la mayor parte se ha producido en los últimos cuarenta años. Claro que la expectativa de vida en ese nivel es apenas de setenta años.”

“¡Hum! Yo tengo setenta y ocho, recién cumplidos,” resopló el joven piloto. “¡Su ciencia medica debe ser prácticamente brujería!”

“Hasta hace poco lo era,” Acordó Verkham Vall. “Lo mismo sucedió con todo lo demás, un avance rápido en las ultimas décadas después de miles de años de inercia cultural.”

“Sabe, señor, nunca entendí todo este tema de lo paratemporal,” confesó el piloto. “Sé que el tiempo es el tiempo presente y que cada momento tiene su propia linea de eventos pasados y futuros, y que todos los eventos en el espacio tiempo suceden de acuerdo a una máxima de probabilidad, pero no logro entender esto de la probabilidad de alteridad, no lo entiendo. Si algo existe, es porque tiene la máxima probabilidad de ser el efecto de causas previas; ¿por qué entonces existen otras cosas en otras lineas temporales?”

Verkham Vall exhaló el humo en dirección al renovador de aire. Una clase sobre teoría paratemporal sería genial para llenar el viaje de tres horas antes de aterrizar en Dhergabar. Por lo menos el muchacho hacía preguntas inteligentes.

“Bueno, ¿supongo que conoces el principio del paso del tiempo?” comenzó.

“Si,claro; la Doctrina Rhogom. La base de la mayor parte de nuestra física. Existimos perpetuamente en todos los momentos de nuestra vida, nuestro componente ego extrafísico pasa del ego existente en un momento al ego existente en el siguiente momento. En momentos de inconsciencia, el componente extrafísico se libera de las restricciones del tiempo, puede desconectarse, y conectarse en algún otro momento, con el ego existente en ese otro punto temporal. Ese es el principio detrás de la precognición. Nos sometemos a una auto hipnosis y recuperamos recuerdos, traídos desde un momento en el futuro y enterrado en nuestro subconsciente.”

“Así es,” le dijo Verkham Vall. “E incluso sin la auto hipnosis, mucha de la materia precognitiva se filtra desde nuestro subconsciente hacia nuestra mente consciente, pero por lo general en formas distorsionadas o en forma de acciones “instintivas”, por esa razón no les traemos al nivel de la consciencia. Por ejemplo, supongamos, que usted va caminando por el Paseo Norte, en Dhergabar, y llega al Café Martian Palace, va a tomar algo, y conoce una chica y deciden seguir viéndose. Esta relación eventualmente se convierte en una relación romántica, y un año mas tarde, por celos, ella le dispara, digamos con media docena de rayos de una aguijoneadora.”

“Eso le ocurrió a un amigo hace un tiempo atrás,” dijo el piloto. “Continué señor.”

“Bueno, en el microsegundo antes de morir, o después, es indistinto, ya que sabemos que el componente extrafísico sobrevive a la destrucción física, tu CEF se transmite a unos años atrás y se reconecta contigo en algún punto del pasado antes de conocer a esta chica, y con él, todos los recuerdos de todo lo que sucedió hasta el momento de la desconexión, y todo eso queda indeleblemente registrado en su subconsciente. Entonces, cuando vuelva a experimentar los eventos y se paré frente al Café Martian Palace y sienta sed, en lugar de entrar se va a dirigir a Starway o Nhergal, o a algún otro bar. En ambos casos, en ambas lineas temporales, usted siguió la linea de máxima probabilidad; en el segundo caso, los recuerdos futuros de su subconsciente agregan un factor causal.”

“Entonces cuando mi recuerdo viajo hacia atrás, después de ser aguijoneado, ¿generé una nueva linea temporal? ¿Es así?”

Verkham Vall dejo escapar un pequeño bufido de impaciencia. “¡No, no existe tal cosa!” exclamó. “Es semánticamente inadmisible hablar de la presencia total del tiempo en un momento y al siguiente de generar nuevas lineas temporales. Todas las lineas temporales están totalmente presentes, en perpetua co-existencia. La teoría es que el CEF pasa de un momento en una linea temporal al siguiente en otra linea temporal, para que el verdadero pasaje de CEF de momento a momento sea una diagonal en dos dimensiones. Entonces, en el caso que hemos establecido, el evento, usted entrando al Martian Palace existe en una linea temporal y el evento, entrando al Starway existe en otra, pero ambos eventos existen.

“Ahora, lo que nosotros hacemos, en transposición paratemporal, es construir un campo hipertemporal para incluir la linea temporal que queremos alcanzar, y entonces movernos a ella. El mismo espacio ocupado, el mismo punto en el tiempo primario, mas el tiempo que transcurra durante la transmisión mecánica y electrónica, pero en una linea de tiempo distinta de tiempo secundario.”

“Entonces ¿por qué no podemos viajar al pasado o futuro de nuestro propia linea temporal?” preguntó el piloto.

Esa es una pregunta que todo paraviajero tiene que responder cada vez que se habla del viaje paratemporal con los laicos. Verkham Vall la esperaba, y la respondió con paciencia.

“El generador de campo Ghaldron-Hesthor es como cualquier otro mecanismo; solo puede operar en el área de tiempo principal en la cual existe. Puede transportarse a cualquier otra linea temporal, y llevar consigo todo lo que este dentro del campo, pero no puede salir de su propia área temporal de existencia, no mas de lo que una bala disparada por un rifle puede dar en el blanco un semana antes de que sea disparado,” señaló Verkham Vall. “Nada que suceda por fuera del campo debe afectar lo que viaje dentro de él, debe es una forma de decir, no siempre funciona así. De tanto en tanto, se puede arrastrar algo desagradable durante el transposición.” pensó brevemente en el hombre de la túnica. “Por esa razón tenemos guardias armados en las terminales.”

“Supongamos que recibe el impacto de una bomba nuclear,” preguntó el piloto, “¿o algo ardiente o radiactivo?”

“Tenemos un monumento, en Cuartel General de la Policía Paratemporal, en Dhergabar, con los nombres de todo el personal que no logro regresar. Es un monumento grande, tiene registro de los últimos diez mil años, y hay bastantes nombres en él.”

“Por mi quédeselo, ¡yo me quedo con los cohetes!” respondió el piloto. “Pero dígame, ¿qué es todo ese asunto de los niveles y sectores, y cinturones?¿Cuál es la diferencia?”

“Son términos puramente arbitrarios. Hay cinco niveles principales de probabilidad, derivados de cinco posibles resultados del intento de colonizar este planeta hace setenta y cinco mil años. Nosotros estamos en el Primer Nivel, donde ha tenido un éxito total y una colonia completamente establecida. El Quinto Nivel es la de mayor probabilidad de fracaso, no hay población humana establecida en este planeta, y las formas de vida nativa cuasi humana evolucionó en forma autóctona. En el Cuarto Nivel, los colonos evidentemente fueron victimas de algún tipo de catástrofe en el cual perdieron todo recuerdo de su origen extraterrestre, al igual que todo rastro de su cultura extraterrestre. Si alguien les pregunta son una raza autóctona de este planeta con una larga prehistoria de vida salvaje en la edad de piedra.

“Los Sectores son áreas paratemporales que existen en cualquier nivel en los cuales la cultura dominante tiene un origen y características en común. Esta dividida en forma mas o menos arbitraria en sub sectores. Los Cinturones son áreas dentro de esos sub sectores donde las condiciones son el resultado de probabilidades alternas recientes. Por ejemplo, acabo de regresar de un Sector Europeo-americano del Cuarto Nivel, un área que abarca aproximadamente diez mil paraaaños, en los cuales la civilización dominante se desarrolló en el continente Noroeste de la Masa Continental Mayor y desde ahí se esparce hacia la Masa Continental Menor. La linea en la cual estaba operando a su vez, es parte de un sub sector de unos tres mil paraaños y un cinturón que se desarrolló como uno de varios resultados probables de una guerra que concluyó hace tres años transcurridos. En esa linea temporal, el campo en La Fabrica de Sintéticos Hagraban desde donde despegamos, es parte de una granja abandonada, y donde está la Ciudad Hagraban hay una pequeña aldea rural. Esas cosas están ahí, en este momento, tanto en el tiempo principal como en el espacio ocupado. Se encuentran a unos doscientos cincuenta paraaños perpendicularmente uno del otro, y cada uno se encuentra en el orden general de lo que se considera la realidad.”

Una luz roja se encendió sobre él. El piloto miró su visor y colocó sus manos sobre los controles manuales en caso de que el robot controlador fallara. El cohete aterrizó de manera impecable, sin embargo, si hubo un pequeño ajetreo cuando la grúa enderezo el cohete y los asientos giraron sobre el cardan. El piloto y el pasajero se quitaron las amarras y rápidamente salieron del ardiente cohete.

*

Un taxi aéreo, con la insignia de la Policía Paratemporal esperaba por él. Verkham Vall se despidió del piloto del cohete y tomó asiento junto al piloto del aerotaxi; este levantó el vehículo y sobrevoló los edificios hasta llegar a la pista de aterrizaje del Edificio de la Policía Paratemporal, donde se zambulló lateralmente y aterrizó. Un elevador expreso llevó a Verkham Vall a uno de los pisos intermedios, donde mostró su insignia al guardia y finalmente ingresó a la oficina de Tortha Karf.

El jefe de la Policía Paratemporal se levantó de su escritorio semi circular, repleto de teclados, monitores y comunicadores. Era un hombre grande de mas de doscientos años; tenía el cabello gris metalizado que se retraía exponiendo su frente, estaba un poco gordo y su tranquilos rasgos portaban las arrugas de la mediana edad. Vestía con el uniforme verde oscuro de la Policía Paratemporal.

“Y bien Vall,” saludo. “¿Está todo asegurado?”

“No exactamente, señor.” Verkham Vall rodeó el escritorio, depositó su rifle y su bolso sobre el piso y se sentó en una de las sillas a su alrededor. “Tendré que regresar.”

“Te escucho” dijo su jefe mientras encendía un cigarrillo.

“Rastreé a Gavran Sarn.” Verkhan saco su pipa y empezó a llenarla. “Pero eso es solo el comienzo. He rastreado algo mas. Gravran Sarn excedió su permiso Paratemporal, y se llevó a una de sus mascotas con él. Un sabueso nocturno Venusiano.”

La expresión de Tortha Karf no se altero; solo se intensificó un poco. Utilizó uno de los mas breves y semánticamente feos términos que servían, en lugar de una profanidad, como alivio emocional de una raza que había dejado atrás todos los tabúes y terminologías de religiones sobrenaturales e inhibiciones sexuales.

“Estás seguro de esto, por supuesto.” Era mas una afirmación que una pregunta.

Verkham Vall se inclinó y tomó los objetos envueltos en tela de su bolso, los desenvolvió y los puso sobre el escritorio. Eran moldes de plástico negro solido de las huellas de un animal grande de tres dedos.

“¿Las reconoce señor?” preguntó él.

Tortha Karf pasó sus dedos sobre ellas y asintió. Fue entonces que se dejo ver visiblemente molesto, tanto como un hombre de su nivel cultural y civilizatorio se podía permitir.

“¿Para qué cree ese idiota que tenemos un Código Paratemporal?” demandó. “Es completamente ilegal transposicionar un animal o cualquier otro objeto extraterrestre a una linea temporal donde no exista el viaje interestelar. No me importa si es thavrad sello verde; ¡cuando regrese enfrentara cargos por esto!”

Era thavrad sello verde,” corrigió Verkham Vall. “Y no va a regresar.”

“Espero que no hayas tenido que lidiar con él sumariamente,” dijo Tortha Karf. “Con su titulo, y posición social, y la relevancia política de su familia puede ser problemático. Por supuesto que no sería yo el que te daría problemas, pero parece ser que es imposible hacerle entender a la Administración o al público en general los extremos a los que nos llevan.” Suspiro. “Probablemente nunca lo entiendan.”

Verkham Vall esbozó una leve sonrisa. “Oh no, señor; nada de eso. Estaba muerto antes de yo me transposicionara a esa linea temporal. Murió al estrellar un vehículo autopropulsado en el que se transportaba. Uno de esos automóviles del Cuarto Nivel. Me hice pasar por un familiar e intenté reclamar su cuerpo para los arreglos funerales típicos de la cultura de ese nivel, pero me dijeron que quedó completamente destruido por el fuego cuando el tanque de combustible ardió en llamas. Me dieron sus efectos personales que sobrevivieron al fuego, encontré su insignia oculta en lo que parecía ser una cigarrera.” saco un disco verde de su bolso y lo coloco sobre el escritorio. “No hay duda alguna; Gavran Sarn murió en ese accidente.”

“¿Y el sabueso nocturno?”

“Iba en el auto con él pero escapó. Usted sabe lo rápidos que son esas cosas. Encontré esa huella,” dijo señalando uno de los moldes de plástico negro “cerca del lugar del accidente sobre un charco de barro seco. Como puede ver, ese esta un poco defectuoso. Los otros son mas frescos, los tomé esta mañana.”

“¿Qué has hecho hasta ahora?”

“Alquilé una vieja granja cerca del lugar del accidente e instalé mi generador de campo ahí. Corre a través de la Fabrica de Sintéticos Hagraban, a unos cien kilómetros al este de Thalna- Jarvizar. Tengo la terminal en esta linea instalada en el vestuario de mujeres en la fabrica de plásticos durables, lo manejo con un pequeño contingente de policía local. He estado cazando al sabueso nocturno desde entonces. Creo que lo encontré pero voy a necesitar equipamiento especial y adoctrinamiento hipnomecanizado. Por eso regresé.”

“¿Ha llamado mucho la atención?”

“Está matando ganado en las proximidades; y ha causado un revuelo considerable. Afortunadamente, está en un valle montañoso con bosques y algunas granjas, y no en un distrito industrial bien desarrollado. La policía local y oficiales de protección de vida salvaje están preocupados, los granjeros están inquietos y se están armando. La teoría es que puede ser alguna especie de lince o un maníaco armado con un machete. Ambas teorías son factibles analizando la naturaleza de los ataques. Nadie lo ha visto.”

“¡Eso es bueno!” dijo aliviado Tortha Karf. “Bueno, tendrás que ir y traerlo contigo, o matarlo y desintegrar el cuerpo. Sabes tan bien como yo porque eso es importante.”

“Ciertamente señor,” respondio Verkham Vall. “En una cultura primitiva, a cosas como estas se le pueden atribuir explicaciones sobrenaturales y se incorporan a la religión localmente aceptada. Pero esta cultura, aunque nominalmente es religiosa, en la práctica es altamente racional. Un típico efecto retraso característico de toda cultura en expansión. Y en este sector Europeo-americano tiene ciertamente una cultura en expansión. Hace ciento cincuenta años, los habitantes de esta linea en particular ni siquiera sabían manipular la energía a vapor; ahora han empezado a liberar energía nuclear, en formas aun un poco rudimentarias.”

Tortha Karf silbó suavemente. “Es un salto considerable. Ese sector va a tener problemas serios en los próximos siglos.”

“Es lo que ellos también creen, señor.” Verkham Vall se concentro en volver a encender su pipa y continuó: “Me arriesgo a decir que desarrollaran el viaje espacial en ese sector en algún momento del próximo siglo. Quizás dentro de los próximos cincuenta años, por lo menos hasta la Luna. Y el arte de la taxidermia está muy extendido. Ahora, suponte que algún granjero le dispara a esa cosa; ¿qué cree usted que harán con él señor?”

Tortha Karf gruño. “Buena lógica, Vall. La posibilidad mas incomoda es que lo disequen y lo pongan en un museo. Tan pronto como la primera nave espacial llegue a Venus y se encuentre a esas cosas en su estado salvaje habrán identificado a la especie.”

“Exacto. Y entonces, en lugar de romperse la cabeza pensando de donde salió ese espécimen, van a empezar a preguntarse de que época vino. Incluso ahora, tienen la capacidad de llegar a ese razonamiento.”

“Cien años no es un periodo particularmente largo de tiempo,” consideró Tortha Karf. “Estaré retirado para entonces, pero tu tendrás mi trabajo, y será tu dolor de cabeza. Sera mejor que arregles este desastre ahora, mientras aun se pueda. ¿Qué es lo que vas a hacer?”

“No estoy seguro señor. Primero quiero pasar por la maquina de adoctrinamiento hipnomecanizado.” Verkham Vall señaló el comunicador en el escritorio. “¿Puedo?” preguntó.

“Ciertamente.” Tortha Karf arrastró el instrumento a lo largo del escritorio. “Lo que quieras.”

“Gracias señor.” Verkham Vall tomó bruscamente el indice de códigos, encontró el símbolo que quería y lo presionó en el teclado. “Asistente Especial del Jefe Verkham Vall,” se identificó. “Hablo desde la oficina del Jefe de la Policía Paratemporal, Tortha Karf. Quiero un hipnomecanizado completo sobre Sabuesos Nocturnos Venusianos, con énfasis en estado salvaje, énfasis especial en sabuesos domesticados devueltos a su estado salvaje en entornos terrestres, énfasis extra especial en técnicas de cacería aplicables a la misma. La palabra “sabueso nocturno” funcionara como disparador.” Se volvió hacia su Jefe. “¿Puedo tomarlo aquí?”

Tortha Karf asintió, señaló hacia una fila de cabinas que corrían a lo largo del muro mas lejano de la oficina. “Ajusten para transmisión a distancia; lo tomare aquí.”

“Entendido señor; en quince minutos,” respondió una voz en el comunicador.

Verkham Vall devolvió el comunicador. “A propósito, señor; levante un polizón cuando regresé. Lo arrastré por alrededor cien paraaños, debo haberlo levantado cerca de trescientos paraaños después de dejar la terminal de la otra linea. Un sujeto de aspecto desagradable, vestido de negro, parecía uno de esos soldados de ejercito privado que se encuentra por doquier en ese sector. Armado y hostil. Pensé que tendría que dispararle, pero se tropezó y cayó fuera del campo apenas unos segundos después. Tengo el registro sino le molesta verlo.”

“Si, claro activalo,” dijo Tortha Karf señalando el proyector solidográfico. “Está configurado para reproducir una miniatura aquí en el escritorio, ¿le parece bien?”

Verkham Vall asintió, saco el film y lo cargo en el proyector. Cuando presionó un botón, un pequeño domo radiante apareció sobre el escritorio, de unos sesenta centímetros de ancho y treinta de alto. En el centro de la pequeña imagen solidográfica se veía el interior del transporte, mostraba el escritorio, el panel de control y la figura de Verkham Vall sentado frente a él. La pequeña figura del soldado de asalto apareció, pistola en mano. El pequeño Verkham tomó rápidamente su pequeño aguijoneador; el soldado dio un paso al costado y al salir del domo desapareció.

Verkham Vall bajó un interruptor y cortó la imagen.

“Si. No sé que es lo que ocasiona esto pero sucede, de vez en cuando,” dijo Tortha Karf. “Por lo general sucede cuando la transposición recién comienza. Recuerdo que cuando era apenas un niño, hace unos ciento cincuenta años atrás, ciento treinta para ser exactos, levanté a un sujeto del Cuarto Nivel, casualmente del mismo lugar donde tu estás operando ahora, y lo arrastré unos doscientos paraaños. Volví para buscarlo y regresarlo a su propia linea temporal, pero antes de que pudiera encontrarlo, había sido arrestado por las autoridades locales como persona sospechosa, y le terminaron disparando en un intento de fuga. Me sentí mal por eso, pero…” Tortha se encogió de hombros. “¿Sucedió algo mas en este viaje?”

“Atravesé un cinturón de bombardeo nucleonico intermitente en el Segundo Nivel.”  Verkham Vall mencionó una localización paratemporal aproximada.

“¡Aaagh! La civilización Khiftan, y lo de civilización es pura cortesía!” Tortha Karf asomó su mueca irónica. “Supongo que las enemistades intrafamiliares de la Dinastia Hvadka han alcanzado masa crítica nuevamente. Van a seguir haciendo este tipo de idioteces hasta que terminen por destruir todo y vuelvan a la edad de piedra.”

“Intelectualmente, ya están ahí. Tuve que operar en ese sector una vez y , ah lo olvidaba, hay algo mas señor. Este rifle.” Verkham Vall lo levantó, vació el cargador y se lo entregó a su superior. “Se equivocaron con este en el Departamento de Suministros; no es apropiado para mi linea de operación. Es un rifle muy bueno pero es dos o tres veces mas avanzado que el diseño de armas existente en mi linea. Llamó la atención de un par de policías y del guarda fauna, que deben estar familiarizados con las armas de su propia linea. Les dije que no era mía y no conocía su origen, quedaron aparentemente satisfechos con esa respuesta pero me preocupó.”

“Si. Esta fue hecha en nuestra tienda de duplicación aquí en Dhergabar.” Tortha Karf lo llevó a un banco fotográfico detrás de su escritorio. “Lo mandaré a revisar mientras tomas tu hipnomecanizado. ¿quieres que te lo cambie por uno mas autentico?”

“No, señor no lo haga. Ya lo han visto en mis manos, sería menos sospechoso que lo lleve a que lo abandone y misteriosamente aparezca con uno distinto. Solo quiero que lo revisen y que adviertan a Suministros para que tenga mas cuidado en el futuro.”

Tortha Karf asintió con aprobación. El joven Mavrad de Nerros pensaba como todo un agente paratemporal.

“¿Cuál era la designación de tu linea?”
Verkham Vall se lo dijo. Era una especie de valor numérico de seis cifras, pero expresaba un numero en el orden de la décima a cuarentésima potencia, exacto hasta el ultimo dígito. Tortha Karf lo repitió en su estenomemografo, con las correspondientes explicaciones.

“Parece que hay varias cosas mal en esa área,” dijo. “Veamos ahora.”

Ingresó la designación en el teclado; al instante, apareció una pantalla translucida frente a él. Ingreso otra combinación y en la parte superior de la pantalla, bajo el número apareció la leyenda:

EVENTOS, PASADO TRANSCURRIDO CINCO AÑOS

Pulso otra vez, bajo esta linea apareció un subtitulo

EVENTOS QUE INVOLUCRAN TRANSPOSICION PARATEMPORAL

Un código y apareció una tercera linea:

(LLAMO LA ATENCIÓN PUBLICA ENTRE LOS HABITANTES)

Presiono el botón de “inicio”; el encabezado desapareció y en su lugar aparecieron página tras página de papel impreso, pasando una tras otra mientras los dos hombres leían. Hablaban sobre extrañas y aparentemente desconectadas historias, fuegos inexplicables y explosiones; personas que se desvanecían sin dejar rastros; desastres aéreos incomprensibles. Muchas historias sobre una epidemia de misteriosos objetos en forma de discos avistados en el cielo, de a una o en grandes cantidades. En cada relato venía un anexo de uno o mas números de referencia. Tortha Karg o Verkham Vall ingresaban alternadamente alguno de estos y leían información adicional en una pantalla adjunta.

Finalmente Tortha Karf se reclinó en su silla y encendió otro cigarrillo.

“En efecto Vall; definitivamente tenemos que actuar sobre este asunto del nocturno fugitivo del difunto Gavran Sarn,” dijo él.

“Había olvidado que esa era la linea del tiempo en la que la expedición Ardrath lanzo esos discos anti-gravedad. Si esta monstruosidad extraterrestre aparece, sumado a este escándalo de “Platillos Voladores”, cualquiera que sea un poco mas que un idiota puede hacer la conexión.”

“¿Qué sucedió realmente con el Ardrath?”preguntó Verkham Vall. “En esa época estaba en una operación en el Imperio Luvarian, en el Tercer Nivel.”

“Es verdad, te lo perdiste. Fue una de esas operaciones en conjunto. La Comisión Paratemporal y la Patrulla Espacial estaban experimentando con una nueva técnica para transposicionar naves espaciales. Utilizaron el crucero Ardrath, al mando de Kalzarn Jann. Se lanzó al espacio, y se quedo en órbita a mitad de camino entre la Tierra y la Luna, manteniéndose en el lado iluminado del planeta para evitar ser avistado. Hasta ahí todo bien. Pero entonces, el Capitan Kalzarn ordenó lanzar los discos anti gravedad, tripulados, para tomar fotografías, y finalmente los autorizó a aterrizar en la cadena montañosa del oeste, en el Continente del Norte, la Masa Terrestre Menor. Ahí es donde empezaron los problemas.”

Presionó el botón “regresar” hasta que recuperó la página que quería. Verkham Vall leyó sobre un aviador del Cuarto Nivel, que desde su pequeña aeronave, divisó nueve objetos voladores con forma de platillos.”

“Así fue como comenzó,” le dijo Tortha Karf. “No paso mucho tiempo hasta que otros incidentes similares se sucedieron, nuestra agentes en esa linea empezaron a regresar para saber que estaba sucediendo. Naturalmente por la descripción de estos “platillos”, reconocieron los objetos como discos de aterrizaje anti gravedad de una nave espacial. Así que me presente ante la Comisión y hice llover lluvia radioactiva, así fue como a la Ardrath se le ordenó restringir sus operaciones a las áreas mas bajas del Quinto Nivel. Nuestros agentes en esa linea temporal tienen ordenes de tomar acciones correctivas. Mira.”

Limpio la pantalla y empezó a ingresar combinaciones. Página tras página con relatos de personas que afirmaban haber visto los misteriosos discos, y cada informe era mas fantástico que el anterior.

“La técnica estándar de la asfixia,” dijo Verkham Vall sonriendo. “Se habla poco sobre los “Platillos Voladores” y todo lo que he oído ha sido en broma. En ese orden cultural, para desacreditar una historia se montan diez mas, notablemente falsas en paralelo a esa. ¿No fue en esa misma linea temporal que la Corporación de Comercio Tharmax casi pierde su licencia paratemporal?”

 “¡Si si la misma! Compraron todos los cigarrillos y causaron una sospechosa escasez cuando los cigarrillos del Cuarto Nivel se conocieron por primera vez en esta linea y se hicieron muy populares. Deberían haber repartido su compra a lo largo de múltiples lineas y no afectar la oferta y demanda de una sola linea. También se metieron en problemas con el gobierno local por vender petroleo en forma irrestricta y ruedas de automóviles. Tuvimos que enviar un grupo de operaciones especiales y estuvieron demasiado cerca de involucrarse en la política local.” Tortha Karf citó entonces una linea de una canción actual muy popular sobre las penurias de la vida de un policía. “Somos malabaristas, Vall; intentando evitar que nuestros comerciantes y observadores sociológicos, y turistas o simplemente idiotas como el difunto Gavran Sarn se metan en problemas, intentando evitar pánicos y disturbios, o un descalabro en la economía local como resultado de una operación; intentando mantenernos al margen de la política extra temporal, y, en todo momento, asumiendo los costos y los riesgos de mantener el secreto de la transposición temporal, cueste lo que cueste. ¡A veces desearia que Ghaldron Karf y Hesthor Ghrom se hubieran muerto en sus cunas!”

Verkham Vall sacudió su cabeza. “No jefe,” dijo. “No diga eso. Hemos utilizado la transposición por los últimos diez mil años. Cuando se descubrió el campo transtemporal Ghaldron-Hesthor nuestras ancestros habían agotado completamente los recursos de este planeta. Teníamos una población mundial de medio trillón y fue lo único que pudieron hacer para mantenerlos con vida. Después de que empezamos a utilizar la transposición paratemporal la población ascendió a diez trillones y ha permanecido así por los últimos ocho mil años. La cantidad suficiente para disfrutar de nuestro planeta y los demás planetas del sistema al máximo, suficiente de todo para todos por lo que nadie necesita pelear con alguien por nada. Hemos explotado los recursos de esos otros mundos en otras lineas temporales, un poco de aquí, un poco de allá, y nunca en cantidades que pudieran causarle daño a alguien. Hemos dejado nuestras marca en algunos lugares, las Tierras Baldías en Dakota, y el Gobi, en el Cuarto Nivel, por ejemplo, pero nunca dañamos gravemente a ninguno de esos mundos.”

“Excepto por la vez que volamos la mitad del Continente Insular del Sur, hace quinientos paraaños en el Tercer Nivel,” mencionó Tortha Karf.

“Un lamentable accidente, eso seguro,” concedió Verkham Vall. “Y mira cuanto hemos aprendido de las experiencias en todos esas otras lineas temporales. Durante la Crisis, después de la Cuarta Guerra Interplanetaria, podríamos haber adoptado el esquema de “Dictadura del Elegido” que proponía Palnar Sarn, sino fuera porque vimos lo que ese esquema le hizo a la Civilización de los Jak-Hakka en el Segundo Nivel. Cuando se lo dijimos a Palnar Sarn, fue a verlo por sí mismo y cuando regresó, renunció horrorizado a su propuesta.”

Tortha Karf asintió. En ese momento sintió que dejarle su puesto a Mavrad de Nerros al retirarse era lo correcto.

“Si, Vall; lo sé,” dijo. “Pero cuando has estado en este escritorio por tanto tiempo como yo, es inevitable no tener un momento de amargura, o dos, de vez en cuando.”

*

Una luz azul resplandeció sobre una de las cabinas del otro lado de la habitación. Verkham Vall se puso de pie, se quitó el abrigo, lo colgó en el respaldo de su silla, y cruzó la habitación arremangandose la camisa. Había una silla relajante en la cabina, con un casco de plástico azul sobre ella. Observó la pantalla de observación para asegurarse que estaba a punto de obtener el adoctrinamiento que había pedido, y entonces se sentó y bajó el casco para ajustarlo a su cabeza, se colocó los audífonos y se ajustó el mentón. Entonces se inyectó algo en el brazo izquierdo y activó la maquina al mismo tiempo.

Una música suave y lenta empezó a reproducirse a través de los audífonos. Los insidiosos dedos de la droga bloqueaban sus sentidos, uno por uno. La música disminuyó y las palabras de la hipnótica formula lo arrullaron hasta dormirse.

Se despertó con una animada música bailable. Se relajó por un momento y desactivó la maquina, se quitó los audífonos, el casco y se puso de pie. En lo profundo de su subconsciente se encontraba todo el conocimiento necesario sobre el Sabueso Nocturno de Venus. Pronunció mentalmente la palabra y un torrente de información inundó su mente consciente. Ahora conocía la historia evolutiva del animal, su anatomía, sus rasgos característicos, sus hábitos alimenticios y reproductivos, cómo cazarlo, cómo la criatura cazaba a sus presas, como evadía a sus perseguidores y cuál era la mejor manera de rastrearlo y matarlo. Asintió. Ya tenía un plan para lidiar con la mascota renegada de Gavran Sarn.

Tomó un vaso plástico del dispenser, se sirvió vino especiado de la canilla del refrigerador, lo bebió y descartó el vaso en el cesto de basura. Repuso el inyector de la maquina, lista para el siguiente usuario. Entonces emergió de ella mirando su reloj pulsera del Cuarto Nivel traduciendo mentalmente la hora a la escala temporal del Cuarto Nivel. Tres horas habían pasado; había mas que aprender sobre la presa de lo que había anticipado.

Tortha Karf estaba sentado detrás del escritorio, fumando. Parecía que no se había movido de donde Verkham lo había dejado, aunque sabía que en ese tiempo había cenado, asistido a varias conferencias y hecho muchas otras cosas.

“Revisé el asunto de tu polizón, Vall,” dijo el jefe. “No tienes de que preocuparte. Es un miembro de algo llamado Los Vengadores Cristianos, uno de esos grupos de odio de raza y religión típicos de la zona europeo-americana. Pertenece a un cinturón resultado de la victoria de Hitler en 1940, lo que sea que haya sido eso. Algo desagradable me arriesgo a decir. No le debemos nada, ese tipo de personas se merece lo que le toque, deben ser aplastadas como las cucarachas. Y no va a ocasionar mas problemas en la linea donde lo dejaste que los que ya tienen. Está en un cinturón donde reina la anarquía social y política; ya deben haberle disparado, apenas emergió, porque no tener el uniforme correcto. ¿Mil novecientos cuarenta y cuanto?”

“Años transcurridos desde el nacimiento de un líder religioso,” explicó Verkham Vall. “¿Averiguaste sobre mi rifle?”

“Ah, si. Es una reproducción de algo llamado Modelo Sharp ‘37 calibre .235 de Ultravelocidad. Hecho por una compañía de un cinturón paratemporal adjunto que quebró hace sesenta y siete años, tiempo transcurrido, en tu linea de operación. Lo que hizo la diferencia fue la Segunda Guerra entre los Estados, No se muy bien lo que fue, no estoy muy bien versado en la historia del Cuarto Nivel, pero sea que lo sea, no existe en tu linea de operación. Probablemente sea para bien, aunque seguramente tengan cosas igual de peligrosas o peor. Elevé una queja a Suministros y te conseguí mas municiones y herramientas de recarga. Ahora, dime que vas a hacer con este Sabueso Nocturno.”

Tortha Karf guardó silencio por un momento al escuchar el plan de Verkham Vall.

“Es muy arriesgado Vall,” dijo al fin. “La forma en la que planeas hacerlo, el Nocturno corre con todas las ventajas. Esas cosas pueden ver tan bien en la noche como tu en el día. Supongo que lo sabes, ahora que eres un especialista.”

“Si. Pero están acostumbrados a las llanuras ardientes de Venus; y hemos tenido climas secos durante las ultimas dos semanas, en toda la sección noroeste del Continente del Norte. Lo escucharé mucho antes de que pueda acercarse a mi. Y voy a llevar una lampara eléctrica en la cabeza. Cuando me lance contra él, quedara temporalmente cegado.”

“Bueno, como dije, tu eres el especialista. Ahí está el comunicador, ordena lo que necesites.” se encendió otro cigarrillo con la colilla del anterior. “Pero ten cuidado Vall. Me tomó casi cuarenta años formar un paratemporal como tu, no quiero tener que repetir el proceso con alguien mas antes que pueda retirarme.”

*

Verkham Vall, que se recordó a sí mismo que su nombre aquí era Richard Lee, cruzó el pasto húmedo del patio de la granja en dirección al desvencijado granero una oscura madrugada de otoño. Había estado lloviendo esa mañana cuando el cohete estratosférico lo había llevado desde Dhergabar hasta la Fabrica de Sintéticos Hagraban, en el Primer Nivel; sin efecto por las probabilidades de la historia humana, la misma lluvia había caído sobre la granja Kinchwalter, cerca del Fuerte Rutter, en el Cuarto Nivel. Y así había estado durante todo el día, un rocío lento y deliberado.

Eso no le gusto. El bosque estaría húmedo, y las pisadas de su presa estarían mas acolchadas, eliminando así su única ventaja por sobre el merodeador nocturno. Sin embargo, no tenía intención de posponer la cacería. En todo caso, esta lluvia no hacia mas que reafirmar la urgencia de asesinar al Nocturno. En esta estación, un descenso de temperatura estaba a la vuelta de la esquina. El Nocturno, un criatura de las ardientes planicies de Venus, no soportaría el frio, y adiestrado por años de domesticación buscaría el calor en habitáculos humanos. Podría invadir alguna granja aislada o peor, una de las pequeñas aldeas del valle. Si no lo mataba esa misma noche, el incidente que había venido a prevenir sería casi inevitable.

En el granero, extendió una vieja manta de caballo sobre el asiento de su jeep, acostó el rifle sobre ella y sacó el jeep del granero. Entonces tomó su abrigo, le saco la pipa y el tabaco del bolsillo y lo extendió sobre el pasto. Desenvolvió un paquete y sacó una pequeña pistola plástica de roció que había traído consigo desde el Primer Nivel, apuntó con ella al saco y presionó el gatillo hasta que dejarla vacía. Un olor fétido y rancio llenó el aire, la esencia de una cucaracha venenosa gigante de Venus, la única criatura por la cual el Sabueso Nocturno sentía un odio innato e implacable. De hecho, fue gracias a esta compulsiva necesidad de los Nocturnos de asesinar a las letales cucarachas venenosas que los primeros asentamientos humanos en Venus, hace mas de mil años atrás, decidieron domesticar a estas horribles y salvajes criaturas. Recordó también que la familia Gavran había heredado su título debido a sus inmensas propiedades en las tierras ardientes de Venus, Gavran Sarn, el mismo hombre que había traído esta cosa al Cuarto Nivel, había nacido en el planeta interior. Cuando Verkham Vall rocío su abrigo, se convirtió en carnada viviente para atraer a la furiosa criatura a la cual debía cazar. En ese momento, intentando dominar las nauseas para ponerse el abrigo, sentía mas rechazo por esa peste nauseabunda que por el peligro que representaba. Para obtenerlo tuvo que sacrificar un valioso espécimen del Museo de Zoología Extraterrestre de Dhergabar.

Llevó la pistola de plástico y su envoltura y los arrojó a la chimenea, eran altamente inflamables por lo que ardieron rápidamente y se desintegraron en un instante. Probó la lampara eléctrica que había dispuesto en su gorra, revisó su rifle, desenfundó un pesado revolver, producto autentico de su linea de operación, e hizo girar el tambor para asegurarse de que girara. Entonces se subió a su jeep y se alejó de la granja.

Durante media hora condujo rápidamente por los caminos del valle. Por momentos pasaba frente a las granjas enfureciendo a los perros con la esencia alienígena que emanaba de su abrigo. Finalmente llegó hasta un camino secundario, y de ahí a un viejo sendero maderero apenas discernible. La lluvia había cesado, y para estar listo para disparar en cualquier dirección le quitó la capota al jeep. Ahora debía protegerse detrás del parabrisas para no golpearse con las ramas bajas.

Conducía muy lentamente ahora, dejando tras de sí una estela de la apestosa esencia. Había vuelto a matar la noche anterior, mientras él estaba en el Primer Nivel. La ubicación de su ultimo ataque confirmaba sus estimaciones e indicaban donde estaría el rondador esta noche. Estaba seguro de que estaría cerca, y tarde o temprano captaría la esencia.

Se detuvo y apagó las luces. Había elegido ese lugar cuidadosamente mientras estudiaba el mapa de Actividad Geológica, estaba en la explanada de una vieja linea ferroviaria, ahora abandonada, sin las vías que habían servido para operaciones madereras cincuenta años atrás. De un lado, la montaña se eleva agudamente, y del otro una pronunciada caída. Si el Nocturno viniera de abajo tendría que escalar una pendiente de cuarenta y cinco grados, y sería imposible escalarla en silencio, sin duda rompería una rama o aflojaría una roca. Se bajaría de ese lado, si el nocturno estuviera sobre él, el jeep lo protegería de su carga. Se bajo del jeep aferrado a la seguridad de su rifle, pero un instante mas tarde entendería que había cometido un error que podía haberle costado la vida, un error que ni su lógica impecable o su conocimiento hipnoticamente adquirido sobre los hábitos de la bestia habían evitado que cometiera.

Cuando bajó del jeep, mirando hacia el frente del jeep, escuchó un suave aullido detrás suyo, y un rápido movimiento de piernas. Giro rápidamente sobre sí mismo encendiendo su lampara con su mano izquierda y blandiendo su rifle como si fuera una pistola con la mano derecha. Alcanzo a ver al animal cargando contra él por un breve segundo, alcanzo a ver su cabeza como la de un lagarto exhibiendo una feroz dentadura y las filosas garras de sus patas delanteras.

Abrió fuego y la bala se perdió en la oscuridad sin dar en el blanco. Al instante siguiente la criatura le arrebato el arma de sus manos. Instintivamente se cubrió el rostro con el brazo izquierdo y las garras del animal arañaron su brazo hasta su hombro, la fuerza del impacto lo arrojó al piso y lo hizo perder la lampara de su sombrero, rodó bajo el jeep y se enrolló en el suelo a la vez que intentaba sacar su revolver de bajo su abrigo.

En ese instante, supo que era lo que había salido mal. Su plan había sido victima de su propio éxito. El nocturno había sentido su presencia cuando apenas llegó a la explanada y lo había seguido. El sonido del motor había tapado el sonido de sus pisadas mientras permanecía a pocos metros detrás suyo. En los segundos que tardó en detener el pequeño auto y bajarse de él, el sabueso lo había alcanzado y se había arrojado contra él.

Era característico de la mentalidad del Primer Nivel no perder demasiado tiempo en reproches o en entrar en pánico. Por lo que mientras Verkham Vall rodaba bajo su jeep evaluaba también como salir de esta situación. Se quedo inmóvil mientras intentaba tomar la Smith & Wesson de la funda de hombro, que descubrió estaba seriamente desgarrada por el ataque del Nocturno, aun cuando estaba hecha del cuero mas resistente que había. El seguro de la funda estaba dañado y necesitó de ambas manos para desenfundar su revolver. El miembro intermedio del Nocturno tenía una sola y filosa garra de veinte centímetros, si no se hubiera cubierto con el brazo y no hubiera tenido la funda de cuero probablemente hubiera acabado con su vida.

El nocturno caminaba alrededor del jeep aullando frenéticamente. Estaba severamente confundido. Podía ver a la perfección, incluso en la oscuridad de esa noche sin estrellas, sus ojos podían percibir radiación infrarroja como la luz. En ese momento había mucha, el motor del jeep, seguía caliente después de recorrer un buen tramo cuesta arriba. Si hubiese estado solo, especialmente en esta noche cruda y fresca, el calor corporal de Verkham Vall hubiera revelado su posición como si encendiera una lampara. Ahora, sin embargo, con el motor caliente encima suyo había enmascarado su propia radiación. Lo que es mas, la esencia de la cucaracha venenosa en su abrigo parecía emanar del suelo del jeep y se mezclaba con el hedor del asiento, pero el nocturno tenía problemas en localizar al insecto de medio metro que debería estar ahí, emanando ese olor. Verkham Vall se quedo inmóvil, preguntándose cuanto tardaría en hacer su próximo movimiento. Entonces, sintió un golpe sobre el jeep y a continuación un furioso ataque sobre la manta y los asientos del auto.

“Espero que se le enganche una garra en los resortes del asiento,” comentó mentalmente Verkham Vall. Para entonces, ya había encontrado dos piedras grandes con las que lleno los bolsillos de su abrigo. Se calzó el revolver en la cintura y se quitó el abrigo retorciéndose bajo el auto, y destrozando lo que quedaba de la funda en el proceso. Se arrastró como pudo entre las ruedas traseras y se ubicó detrás del auto. Entonces lanzó su pesado abrigo por encima del nocturno y frente al auto, a la vez que desenfundaba su revolver.

De inmediato, el Nocturno atraído por el repentino movimiento de la principal fuente de la esencia, saltó del jeep y se lanzó sobre el abrigo. Al mismo tiempo, Verkham se metió al jeep y encendió las luces.

Su estratagema había funcionado a la perfección. El apestoso abrigo había aterrizado sobre un arbusto a unos dos metros del auto y dos metros del suelo. Con sus patas delanteras el Nocturno bajo el abrigo y lo destrozo furioso con las garras de sus miembros intermedios dándole la espalda a Verkham Vall.

Con su objetivo claramente definido por las luces del vehículo, el agente paratemporal apuntó a la espina dorsal de la criatura, justo por encima de sus hombros secundarios y apretó suavemente el gatillo. La enorme Magnum .357 estalló en sus manos y escupió una llamarada, el nocturno cayó lanzando un escalofriante alarido. Mientras amartillaba su revolver, Verkham Vall espero un instante y entonces asintió satisfecho. La espina de la bestia estaba desecha, y sus piernas e incluso sus miembros intermedios estaba paralizados. Apuntó cuidadosamente por segunda vez y le disparó en la base del cráneo. Se sacudió un poco y murió.

*

Con ayuda de una linterna encontró su rifle con la culata sumergida en el barro detrás del jeep y maldijo brevemente utilizando expresiones del Cuarto Nivel, ya que Verkham Vall era un hombre que amaba las armas, así fuera aguijoneadores de rayos sigma, blasters disruptores de neutrino o los proyectores de misiles sólidos de los niveles inferiores. Para entonces, estaba increíblemente dolorido por los rasguños que había recibido. Se quitó la camisa y la arrojó sobre el capot del jeep.

Tortha Karf le había aconsejado llevar un aguijoneador o un blaster, o aunque sea un arma neuroestática, pero Verkham Vall se había mostrado reticente a llevar ese tipo de armas al Cuarto Nivel. Si no salía con vida de la cacería no quería que un arma así cayeran en las manos equivocadas, alguien que pudiera deducir que los principios científicos eran demasiado avanzados para la cultura general del Cuarto Nivel. Solo se permitio llevar un único articulo del Primer Nivel y principalmente porque debidamente empaquetado no era fácil identificarlo como tal. Sacó un respetable maletín de cuerina del Cuarto Nivel de bajo el asiento, lo abrió y sacó una botella de medio litro de etiqueta roja, y una toalla. Saturando la toalla con el contenido de la botella, se refregó cada centímetro del torso para desinfectar las heridas que el Nocturno le había ocasionado. Donde sea que la loción tocaba su piel rasgada sentía un ardor similar a que si se estuviera pasando un hierro ardiente, la curación resulto ser una agonía. Satisfecho de haber desinfectado cada uno de sus heridas, dejó la toalla a un lado y se subió lateralmente al jeep. Empezó a vociferar una serie de injurias en el idioma local, y las combinó con obscenidades en otra lengua que había aprendido de los habitantes del Cuarto Nivel de su isla natal de Nerros, en el sur, y una atronadora maldición en el nombre de Mogg, Dios del Fuego de Dool, en un lenguaje del Tercer Nivel. Mencionó a Fasif, el Gran Dios de Khift, de forma tal que lo hubieran bañado en ácido si los seguidores de Khift lo hubieran oído. Aludió a las practicas barrocas y eróticas del pueblo Illyalla del Tercer Nivel, para tranquilizarse, en la lengua clásica Dar Halma, con uno de esos insultos genealógicos comunes en el Sector Indo-Turaniano del Cuarto Nivel.

Para entonces, su dolor había menguado hasta convertirse en un leve picazón. Tendría que soportarlo hasta que su trabajo estuviese terminado y pudiera disfrutar de un baño caliente. Sacó otra botella similar del kit de primero auxilios, etiquetada como “Old Overholt,” con un brebaje producido localmente específicamente para heridas internas o externas, y se medicó copiosamente con él, la tapo y se la guardo en el bolsillo para usos futuros. Levantó la derruida funda de hombro y la tiró bajo el asiento. Se volvió a poner la camisa y entonces, arrastró el cuerpo del Nocturno muerto tirándolo de la cola.

Era una criatura realmente horrenda, pesaba cerca de noventa kilos, sus patas traseras eran puro musculo, lo cual le daba una apariencia poderosa como una mole, y sus patas frontales exhibían tres robustas garras. Sus miembros secundarios, a un tercio de distancia de sus hombros, eran largos y delgados, normalmente los llevaba plegados sobre su cuerpo, y cada uno iba armado con una sola garra curva. La bala del revolver entró por la base del cráneo y salió por debajo de su mandíbula, la cabeza estaba relativamente ilesa. Verkham Vall se alegró de que así fuera, quería esa cabeza para la sala de trofeos de su casa en Nerros. Gruñendo y con mucho esfuerzo logro cargar la criatura en la parte de atrás del jeep y lo tapó con su abrigo de lana hecho jirones.

Dio un ultimo vistazo para asegurarse de que no había dejado nada que pudiera ser sospechoso. El arbusto estaba destruido ya que era donde el Nocturno había destrozado el abrigo; pero un oso podría hacer eso. Había salpicaduras del viscoso liquido que la criatura usaba como sangre pero no estarían ahí por mucho mas tiempo. A los roedores terrestres les gustaba la sangre del nocturno, y los bosques estaban llenos de ratones. Se sentó tras el volante, retrocedió, giro y se alejó entonces de ese lugar.

*

Una vez dentro del domo de transposición paratemporal, Verkham Vall dejó el cuerpo del nocturno que había arrastrado hasta ahí y volcó su atención a la forma inerte de otro animal, un Lince Canadiense de cola corta y orejas peludas. Ese animal en particular había sido transposicionado dos veces, había sido capturado en la inmensidad del bosque en América del Norte del Quinto Nivel y confinado a los Jardines Zoológicos en Dhergabar, para terminar aquí, a petición de Verkham Vall y autorizado por Tortha Karf. Estaba casi en el final de sus viajes.

Verkham Vall pinchó al supino animal con la punta de su bota, y se retorció ligeramente. Tenía las patas atadas con precintos pero cuando vio que el efecto del narcótico se agotaba, tomó un jeringa y lo volvió a inyectar en la base del cuello. Esperó un momento y lo cargo en sus brazos hasta el jeep.

“Tranquilo gatito,” dijo él mientras lo acostaba en el asiento trasero, “este es un viaje de ida. Con los narcóticos no sentirás nada.”

Volvió a revisar entre los escombros del abandonado granero. Levantó una azada, pero la descarto por ser demasiado liviana. Un viejo arado era poco práctico. Consideró la pesada parrilla del hornillo pero entonces encontró la alabarda, tirada entre una pila de tablas agusanadas. Tenía el mango cortado y medía apenas treinta centímetros lo que la convertía en un hacha pesada. La pesó con las manos y la probó con un bloque de madera, y entonces, asegurándose que la puerta secreta estaba cerrada, abandonó el granero y se alejo con su auto.

Una hora después, regresó. Abrió la puerta secreta y cargo dentro del domo la derruida funda de hombro, los precintos con los que habían atado las patas del lince, y el hacha, ahora manchada de sangre y pelo de gato. Entonces cerro la puerta y le dio un largo trago a la botella que llevaba en el bolsillo.

El trabajo estaba hecho. Se daría entonces un baño caliente y descansaría en la casa de la granja, y luego regresaría al Primer Nivel. Quizás Tortha Karf vuelva a enviarlo a esa linea por un tiempo. La situación esta lejos de ser satisfactoria, incluso ahora que la crisis desatada por la mascota renegada de Gavran Sarn estaba bajo control. La presencia del asistente del jefe podría ser necesaria.

Tenía derecho a esperar aunque sea una pequeña vacación. Pensó en la pequeña pelirroja en la Fabrica de Sintéticos Hagraban. ¿Cómo se llamaba? Kara algo, Morvan Kara, si. Si todo sale bien estaría saliendo de su turno para cuando regrese al Primer Nivel mañana por la tarde.

Las heridas del rasguño aun le ardían. Un baño caliente y una buena noche de sueño… se tomó otro trago, encendió su pipa, levantó su rifle y caminó hasta la casa.

*

El agente Zinkowski colgó el teléfono y se levantó del escritorio, desperezándose. Dejó el ordenado cuarto y cruzó el pasillo hasta el cuarto de recreación, donde el resto de los muchachos haraganeaba. El sargento Haines que jugaba una lánguida partida de gin-rumi con el Cabo Conner, un ayudante del sheriff, y un mecánico de la estación de servicio cercana levantó la mirada.

“Bien Sargento, creo que podemos tachar el caso de la matanza de ganado,” dijo el agente. “¿Así?” El interés del sargento se despertó rápidamente.

“Si. Creo que el comosellame lo atrapó. Acabo de recibir un llamado de un policía ferroviario en Logansport. Parece que el supervisor de vías encontró un lince muerto en la rama del Río Logan, a un par de kilómetros del torre MMY. Parece que se metió con el cargamento nocturno río arriba y salio perdiendo. Estaba hecho picadillo.”

“La torre MMY, eso está justo debajo del Cruce Yoder,” consideró el sargento. “La granja Strawmyer hace dos noches, la granja Amrine anoche, si, tiene sentido.”

“Le sirve a Steve Parker, los linces no son especies protegidas así que no es problema suyo. Y no es una violación a una ley estatal, así que tampoco es problema nuestro,” dijo Conner. “¿Le toca a usted Sargento?”

“Si, espera un minuto.” El sargento se puso de pie. “Le prometí a Sam Kane, el periodista de Logansport que le contaría cualquier novedad en el caso.” Se paró y enfiló hacia el teléfono. “¡El asesino fantasma!” dijo burlón.

“Bueno, fue emocionante mientras duró,” dijo el asistente del sheriff. “Como eso de los Platillos Voladores.”

FIN

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