El Tío James o El extraño purpura

Por Edith Nesbit

Publicada originalmente en The book of the dragons en 1901.

La princesa y el hijo del jardinero jugaban en el patio trasero.

-¿Qué vas a ser cuando crezcas, princesa?-preguntó el hijo del jardinero.

-Me gustaría casarme contigo, Tom-dijo la Princesa-.¿Te molestaría?

-No-dijo el hijo del jardinero-. No me molestaría para nada. Me casare contigo si quieres, si es que tengo tiempo.

Lo que quería decir es, cuando creciera, Tom quería ser general y poeta y Primer Ministro y almirante e ingeniero civil. Mientras tanto, era el primero en todas sus clases en la escuela, e insuperable en geografía.

La princesa Mary Ann, por su parte, era una niña pequeña y muy buena, y todos la amaban. Siempre era amable y educada, incluso con su tío James y otras personas que no le agradaban mucho, y aunque no era muy lista, para ser princesa, siempre intentaba hacer sus tareas. Incluso cuando sabía perfectamente que no podría hacerlas, de todas formas lo intentaba, y a veces, por algún afortunado accidente estas terminaban hechas. La princesa tenía muy buen corazón, siempre era muy amable con sus mascotas. Nunca golpeó a su hipopótamo cuando rompió sus muñecas con sus alegres brincos, y nunca olvida alimentar a sus rinocerontes que dormían en su pequeña madriguera en el patio trasero. Su elefante era muy devoto con ella, a veces Mary Ann enfurecía a su niñera y contrabandeaba al pequeñín a su cama para dormir con ella, con su largo trompa sobre su cuello y su bella cabeza acunada sobre sus oído derecho.

Cuando la princesa se había comportado bien durante toda la semana, ya que al igual que las demás niñas bien portados a veces ella también hacia travesuras, pero sin ser malvada, la Niñera la dejaba que su amiguito la visitara los miércoles bien temprano por la mañana y pasara todo el día, porque el miércoles era el ultimo día de la semana en ese país. Entonces, por la tarde, cuando todos los pequeños duques y duquesas, los marqueses y las condesas habían terminado sus budines de arroz y se habían lavado las manos y la cara, la Enfermera les decía: “ahora, corazones, ¿qué les gustaría hacer esta tarde?” como si no lo supiera. La respuesta siempre era la misma:

“Vamos a los Jardines Zoológicos a montar conejillos de india y alimentar a los conejos y escuchar como duermen los lirones.”

Se quitaron los mandiles y salieron todos rumbo a los Jardines Zoológicos, donde veinte a la vez montaban al conejillo de india, y donde incluso los mas pequeños pudieron alimentar a los inmensos conejos, si algún adulto era lo suficientemente amable para levantarlos.

Siempre había alguien para levantarlos, porque en Rotundia todos eran amables, todos excepto uno.

Ahora que has leído hasta aquí, sabrás para entonces, que el Reino de Rotundia es un lugar extraordinario, y si eres un niño atento, como seguramente lo eres, no necesitas que te diga que es lo mas extraordinario de ese reino. Pero en caso de que no seas un niño tan atento, y es totalmente posible de que así sea, te diré de una vez que es lo extraordinario. ¡Todos los animales del reino son del tamaño equivocado! Y así fue como sucedió.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando nuestro mundo estaba hecho de tierra suelta, aire, fuego y agua todo junto y mezclado como un budín, y girando y girando como un trompo, un trozo de tierra se desprendió y salió girando por sí mismo a través del agua, que apenas estaba empezando a esparcirse y a convertirse en el mar que conocemos.  

Y mientras el trozo de tierra salió desprendido, dio vueltas y vueltas tan fuerte como pudo, hasta que chocó contra un enorme trozo de roca muy dura que se había desprendido de otra parte de la mezcla budinesca, y tan dura era la roca e iba tan rápido que se clavo de punta en el trozo redondo de tierra y asomo por el otro lado, por lo que las dos juntas eran como una cumbre giratoria muy pero muy grande.

Me temo que esa información haya resultado un poco aburrida pero saben que la geografía nunca es muy entretenida, y después de todo, debo darles un poco de información, incluso en un cuento de hadas como este, le da un poco de sabor.

En fin, cuando la roca puntuda atravesó el trozo redondo de tierra el impacto fue tal que ambos salieron volando por el aire, aire que apenas se estaba acomodando en el lugar que le correspondía, como el resto de las cosas, solo, por cuestiones del azar, olvidaron en que dirección estaban girando y empezaron a girar en la dirección contraria. En ese momento, el Centro de Gravedad, un enorme gigante que administraba todo el asunto, se despertó en el centro de la tierra y empezó a gruñir.

-Apúrense-dijo-. Bajen y quédense quietos ¿quieren?

Entonces la roca con el trozo de tierra redondo cayeron al mar, y la punta de la roca calzo justo en el rocoso fondo del mar, ahí giraron en la dirección equivocada otras siete veces hasta que se quedaron quietos. Ese trozo de tierra redonda se convirtió, después de millones de años, en el Reino de Rotundia.

Acá termina la lección de geografía. Y ahora un poco de historia natural, así no sentimos que estamos perdiendo nuestro tiempo. Por supuesto, las consecuencias de que la isla haya girado en la dirección equivocada fue que los animales que crecían en la isla crecían en los tamaños incorrectos. El conejillo de india, como saben, era tan grande como un elefante de los nuestros, y el elefante, su adorada mascota, era del tamaño de uno de esos tontos perritos, pequeños que las mujeres suelen cargan a veces en sus bolsos. Los conejos eran del tamaño de los rinocerontes y en todas partes de la isla habían hecho madrigueras tan grandes como túneles de ferrocarril. El lirón, por supuesto, era la criatura mas grande de todas. No puedo decirles lo grande que era. Aun si piensan en elefantes no les ayudaría a formarse una imagen. Por suerte había solo uno de ellos, y siempre estaba durmiendo. De lo contrario no creo que los Rotundianos hubieran podido con él. Así como estaba, le hicieron una casa, y se ahorraron el gasto de tener que pagarle a una banda para tocar, porque cuando el Lirón hablaba dormido nadie podría oírla de todas formas.

Los hombres, mujeres y niños de esta maravillosa isla eran del tamaño correcto, porque sus ancestros habían llegado con el Conquistador mucho tiempo después de que la isla se hubiera asentado y los animales crecido.

Ahora, la lección de historia natural ha terminado, y si has prestado atención sabes mas sobre Rotundia que todos sus habitantes, todos excepto tres; el Señor Jefe Maestro de Escuela, el tío de la Princesa, que era mago y sabía todo sin haberlo aprendido, y Tom, el hijo del jardinero.

Tom había aprendido mas en la escuela que cualquier otro porque deseaba llevarse el premio. El premio que ofrecía El Señor Jefe Maestro de Escuela era una Historia de Rotundia, un tomo bellisimamente compuesto, con el sello Real en el lomo. Pero después de ese día que la princesa dijo que quería casarse con Tom, el hijo del jardinero pensó y decidió que el mejor premio del mundo sería la princesa, y ese era el premio que Tom pretendía ganar, y cuando eres el hijo de un jardinero y quieres casarte con una princesa, descubrirás que mientras mas aprendas en la escuela mejor.

La princesa siempre jugaba con Tom los días en que los pequeños duques y marqueses no acudían a tomar el té, y cuando él le dijo que el primer premio estaba casi asegurado, ella aplaudió y dijo: “Querido Tom,tan bueno y brillante, mereces todos los premios. Te daré mi elefante mascota, y puedes quedártelo hasta que estemos casados.”

El elefante mascota se llamaba Fido, y el hijo del jardinero se lo llevo en el bolsillo de su abrigo. Era el elefantito mas adorable que hayan visto, media como quince centímetros. Pero era muy pero muy inteligente, y no podría haber sido mas inteligente aun si midiera un kilómetro de alto. Iba muy cómodo en el bolsillo de Tom, y cuando él metía la mano Fido enrollaba su trompa alrededor de su dedo con afecto y confianza tal que enternecían el corazón del niño. Ahora que contaba con el afecto del elefante y de la princesa, y el conocimiento de que al día siguiente recibiría el bellísimo tomo de la Historia de Rotundia, con el sello Real en el lomo, Tom apenas si podía pegar un ojo. Ademas, el perro ladraba desmesuradamente. Había solo un perro en Rotundia, el reino no podía mantener a mas de uno. Era uno de esos chihuahuas mejicanos, del tipo que en otras partes del mundo solo median quince centímetros desde su adorable hocico hasta la punta de su hermosa cola, pero en Rotundia era mas grande de lo que esperaría que ustedes crean. Y cuando ladraba, su ladrido era tal que llenaba la noche y no dejaba lugar para dormir, soñar o siquiera conversar, nada de nada. Nunca le ladraba a las cosas que sucedían en la isla, era demasiado sensato para eso, pero cuando los barcos navegaban en la oscuridad y se acercaban mucho a las rocas en el extremo de la isla, ladraba una o dos veces, para hacerles saber que no podían hacer lo que quisieran.

Pero esa noche en particular, ladró, ladró y ladró, y la princesa dijo “ay querido, querido, como desearía que parase, tengo tanto sueño.” Tom por su parte se dijo a sí mismo, “me pregunto que habrá pasado. Tan pronto haya luz saldré a ver.”

Para cuando finalmente llegó la luz del día, amarilla y rosa. Tom se levantó y salio rápidamente. Durante todo el tiempo que el perro había estado ladrando la casa se sacudía y las tejas del techo del palacio castañeaban como los tarros de leche en la carreta.

“Iré a ver al pilar” pensó Tom, mientras atravesaba el pueblo. El pilar, por supuesto, era la cima del trozo de roca que había atravesado Rotundia millones de años atrás, y la había hecho girar en dirección contraria. Estaba exactamente en el medio de la isla y sobresalía bastante de la superficie, y cuando estabas en la cima podías ve mucho mas lejos que cuando no.

Cuando Tom salió del pueblo y se internó en las colinas, pensó en que hermosa vista era la de los conejos en esa mañana brillante de rocío, jugando con sus crías al pie de sus madrigueras. No se acercó demasiado a ellos, por supuesto, porque cuando un conejo de ese tamaño juguetea no siempre mira por donde camina y fácilmente podría aplastar a Tom con un solo pie y luego sentirse muy apenado. Y como Tom era un niño amable no le hubiese gustado disgustar así al conejo. Incluso los escarabajos en nuestro país a menudo se quitan del camino cuando creen que estas a punto de pisarlos. Ellos también tienen buen corazón y no quieren que sientas pena por ellos.

Tom continuó su camino, mirando los conejos y viendo como la mañana se hacia cada vez mas roja y dorada. El perro ladró todo el tiempo, hasta que la campana de la iglesia sonó y la chimenea de la fabrica de manzanas se encendió.

Cuando Tom llegó al pilar, vio que no necesitaría escalar hasta la cima para descubrir porque ladraba el perro. Ahí mismo, junto al pilar, había un inmenso dragón purpura. Sus alas eran como viejos paraguas purpuras después de una buena lluvia, y su cabeza era muy grande y calva, como un hongo purpura, y su larga cola, que era muy pero muy larga y delgada parecía un látigo, como los que se usan en los carruajes.

Estaba lamiendo una de sus alas tipo paraguas, y cada tanto dejaba escapar un gemido de dolor y se recostaba sobre el pilar de roca como si fuera a desmayarse. Tom entendió de inmediato lo que había sucedido. Una bandada de dragones purpura debe haber volado sobre la isla durante la noche y este pobrecito debió haberse estrellado contra el pilar de roca y se había roto un ala.

Todos son amables con todos en Rotundia, y Tom no le temía al dragón, aunque nunca había hablado con uno antes. Los había visto volar sobre el océano con frecuencia, pero nunca pensó que iba a conocer a uno en persona.

Entonces le dijo “me temo que no te ves muy bien.”

El dragón sacudió su enorme cabeza. No podía hablar, pero como todos los demás animales, entendía lo suficiente cuando quería.

-¿Puedo traerte algo?-preguntó Tom, amablemente.

El dragón abría grande sus ojos purpuras con una sonrisa inquisidora.

-Un bollo de pan, o dos-dijo Tom en forma de propuesta-. Hay un hermoso árbol de pan aquí cerca.

El dragón abrió su enorme boca purpura y se lamió los labios purpuras, así que Tom corrió y sacudió el árbol de panes y regresó rápidamente con un puñado de panes recién cortados y a la pasada también cosecho algunos de tipo Bath que crecían en los arbustos bajos cerca del pilar.

Otra consecuencia, evidentemente, de que la isla haya girado en el sentido equivocado es que todas las cosas que había que hacer como los bollos de pan, las tortas y galletas, crecían en arboles y arbustos, pero en Rotundia tenían que fabricar los coliflores, repollos, zanahorias, manzanas y cebollas, así como nuestros cocineros hacen los budines y tartas.

Tom le dio los bollos al dragón y le dijo: “Toma, come un poco. Pronto te sentirás mejor.”

El dragón se comió los bollos, asintió en forma poco elegante y empezó a lamer su ala nuevamente. Tom lo dejo ahí y volvió al pueblo con la novedad, todos estaban muy emocionados por tener un dragón de verdad en la isla, algo que no había sucedido nunca antes, así que todos fueron a verlo, en lugar de asistir a la entrega de premios y el Señor Maestro de Escuela fue con ellos. Llevaba consigo el libro de Historia de Rotundia, lo tenía en el bolsillo, envuelto en piel de becerro, con el sello Real en la tapa, se le cayó por accidente y el dragón se lo comió, así que Tom nunca recibió su premio después de todo. Para colmo al dragón ni siquiera le gustó.

-Quizás sea para bien-dijo Tom-. Quizás no me hubiese gustado el premio de haberlo recibido.

Por esas casualidades, era miércoles, por lo que cuando a los amigos de la princesa les preguntaron que querían hacer, todos los pequeños duques y marqueses dijeron “Vamos a ver al dragón.” Pero las pequeñas duquesas y marquesas, y condesas no querían porque le tenían miedo.

Entonces, la princesa Mary Ann habló con un aire de realeza y dijo; “no sean tontas, solo en los cuentos de hadas e historias inglesas hay personas malvadas que se lastiman los unos a los otros. En Rotundia todos son amables, y nadie tiene nada que temer, excepto que se porten mal, entonces lo que nos pase es por nuestro propio bien. Vayamos todos a ver al dragón. Podemos llevarle unos caramelos ácidos.” Así que fueron. Y todos esos niños con titulo se turnaron para darle caramelos ácidos al dragón,que se sintió halagado y agradecido, así lo demostró moviendo su larguísima cola purpura, es decir, lo mas que podía moverla. Pero cuando fue el turno de la princesa de darle un caramelo ácido al dragón, este esbozó una sonrisa muy grande y agitó el ultimo tramo de su larguísima cola purpura, como diciendo, “que amable, gracias pequeña princesa.”Pero muy en el fondo de su malvado corazón purpura estaba diciendo “que amable, pequeña y sabrosa princesa, preferiría comerte a ti en vez de estas tontos caramelos.” Pero claro, nadie podía oírlo, excepto por el tío de la princesa, que como era un mago estaba acostumbrado a escuchar detrás de las puertas. Era parte de su negocio.

Ahora, recuerdan que les dije que solo había una mala persona en todo Rotundia, bueno en este punto de la historia ya no puedo ocultarles mas que esta persona Mala muy Mala era el mismísimo tío de la princesa, el tío James. Los magos siempre son malos, como sabrán de leer cuentos de hadas, y algunos tíos también son malos, como el de Los niños del bosque o el de las Tragedias de Norfolk,donde por lo menos un James era malo, como habrán aprendido de la historia. Y cuando alguien es mago, es tío y encima se llama James, no puedes esperar nada bueno de alguien así. Es el malo mas malo de todos y no tiene buenas intenciones.

Hacia mucho que el tío James quería deshacerse de la princesa y quedarse con el reino para sí mismo. No le interesaban muchas cosas, un buen reino era casi lo único que le importaba, pero nunca había encontrado la manera de quedárselo, porque todos en la isla eran tan buenos que los hechizos no funcionarían, resbalarían sobre esos intachables isleños como el agua por el lomo de un pato. Ahora, sin embargo, el tío James pensó que podía haber una posibilidad, porque ya no era el único malvado de la isla, ahora habían dos y podían ayudarse mutuamente, él y el dragón. No dijo nada, pero intercambio una significativa mirada con él y todos se fueron a casa a tomar el té. Y nadie vio esa mirada significativa excepto Tom.

Tom se fue a casa y le contó a su elefante sobre lo que vio. La criatura inteligente lo escuchó cuidadosamente y entonces escalo desde su regazo a la mesa, donde reposaba el calendario ornamental que la princesa le había regalado a Tom como regalo de Navidad. Con su pequeña trompa, el elefante señaló una fecha, el quince de agosto, el cumpleaños de la princesa, y miró ansiosamente a su amo.

-¿Qué sucede pequeñín?-dijo Tom, y el sagaz animalito repitió su gesto. Hasta que Tom entendió.

-¿Dices que algo va a suceder en su cumpleaños? Esta bien, voy a estar muy atento entonces.

Y así lo hizo.

Al principio, los habitantes de Rotundia estaban encantados con el dragón que vivía junto al pilar y se alimentaba solo de los bollos del árbol, pero de a poco empezó a deambular por otros lugares. Se metía en las madrigueras de los grandes conejos, donde los excursionistas que hacían deporte en las colinas veían solo su larga cola asomada de la madriguera, y antes que pudieran decir nada, éste asomaba su inmensa cabeza purpura por otro madriguera a sus espaldas y se mataba de risa. Y su risa no era una risa alegre. Esta especie de juego de escondidas divertía a las personas al principio pero con el tiempo empezó a molestarles, y sino sabes lo que eso significa, pregúntale a Mamá lo que sucede la próxima vez que quieras jugar a la gallinita ciega cuando tiene dolor de cabeza. El dragón había agarrado el habito de agitar su cola como las personas agitan un látigo, y esto también empezó a ser una molestia. Tiempo después, empezaron a faltar pequeñas cosas. Saben lo feo que es cuando faltan cosas, es feo cuando falta en la escuela, privada o no, y el reino que era público mucho peor. Al principio no eran grandes cosas, algunos elefantes, un hipopótamo o dos, algunas jirafas, cosas así. No era demasiado pero las personas estaban incomodas. Entonces, un día, el conejo preferido de la princesa, llamado Frederick, desapareció misteriosamente, y después de eso, llegó la terrible mañana en que el perro también desapareció. Había estado ladrando desde que el dragón había llegado a la isla y las personas se habían acostumbrado al ruido. Pero cuando dejo de ladrar, todos despertaron y fueron a ver que había sucedido con él. ¡Simplemente había desaparecido!

Un niño fue despachado a despertar al ejercito, para que salieran a buscarlo. ¡Pero el ejercito también había desaparecido! Ahora las personas empezaron a tener miedo. Entonces el tío James salió a la terraza del palacio y pronuncio un discurso. Dijo: “amigos,conciudadanos, no podemos seguir negando el hecho de que el dragón purpura es un pobre exiliado desahuciado e indefenso en nuestro país, y, ademas de eso, no es un dragón ordinario.

Las personas pensaron en la cola del dragón y se dijeron entre si, “escuchen, escuchen”

El tío James continuó: “Algo le ha sucedido a un amable e indefenso miembro de nuestra comunidad. No sabemos exactamente qué.”

Todos pensaron en el conejo Frederick y murmuraron.

-Las defensas de nuestro país han sido engullidas-dijo el tío James.

Todos pensaron en el pobre ejercito.

-Solo hay una cosa que podemos hacer-advirtió el tío James preparándose para ir al punto-. ¿Podremos perdonarnos a nosotros mismos si por descuidarnos y no tomar una simple precaución perdemos mas conejos, o peor, perdemos nuestra armada, nuestra policía o nuestro escuadrón de bomberos? Desde ya les advierto que el dragón purpura no tendrá respeto por nada, por mas sagrado que sea.

Todos se quedaron pensando, hasta que alguien dijo “¿Y cuál sería esa simple precaución?”

Entonces el tío james dijo: “Mañana es el cumpleaños del dragón. Está acostumbrado a recibir un obsequio para su cumpleaños. Si recibe uno va a querer llevárselo para mostrárselo a sus amigos, y de esa manera alzará vuelo y jamas volverá.”

La multitud alentó salvajemente, y hasta la princesa aplaudió desde su balcón.

-El regalo que el dragón espera-dijo el tío james-, es uno muy costoso. Pero, cuando se lo demos, no puede ser de mala gana, especialmente si se lo damos a un visitante. Lo que el dragón quiere es una princesa. Tenemos solo una princesa, es verdad, pero que mal haríamos si nos ponemos testarudos en momentos como estos. Y es algo que no nos costará ni un centavo. Nuestra disposición en entregar a la princesa solo mostrara el nivel de generosidad que tenemos.

La multitud se largo a llorar, porque amaban a la princesa, aun cuando entendieron que su principal obligación era ser generosos y darle al pobre dragón lo que necesitaba.

La princesa empezó a llorar, porque no quería ser el regalo de nadie, y mucho menos de un dragón purpura. Tom empezó a llorar también pero porque estaba furioso.

Se fue directo a casa y le contó todo a su pequeño elefante, éste intento animarlo y ambos se quedaron absortos mientras giraba un trompo sobre la punta de su trompa. Esto le dio una idea.

Temprano por la mañana, Tom fue al palacio. Miro en dirección a las colinas, ya casi no habían conejos jugando ahí, recolectó rosas blancas y las arrojó a la ventana de la princesa hasta que ella despertó y se asomó.

-Ven aquí y dame un beso-dijo ella.

Entonces, Tom escalo el rosal blanco y besó a la princesa a través de la ventana, le dijo: “Y que cumplas muchos mas.”

Entonces Mary rompió en llanto y dijo: “Oh Tom, ¿por qué me dices eso? Cuando bien sabes que…”

-Eso si que no-dijo Tom-. Mary Ann, mi bella princesa, ¿crees que no voy a hacer nada mientras el dragón recibe su regalo de cumpleaños? No llores, ¡mi pequeña Mary Ann! Fido y yo hemos arreglado todo. Solo tienes que hacer lo que te digamos.

-¿Eso es todo?-dijo la princesa-. Eso es fácil, es lo que hago siempre.

Entonces Tom le contó su plan. Y ella lo beso una y otra vez.

-Eres muy listo querido Tom, brillante-dijo ella-. Que contenta estoy de haberte dado a Fido. Ustedes dos me han salvado. ¡Los quiero!

La mañana siguiente, el tío James se puso su mejor abrigo y sombrero, y un chaleco con una serpiente dorada bordada, era un mago después de todo, y le gustaban los chalecos coloridos. Llegó entonces con un carruaje a buscar a la princesa.

-Ven aquí pequeña regalo de cumpleaños-dijo tiernamente-. El dragón estará encantado. Veo que no estas llorando. Sabes, querida, nunca se es demasiado joven para aprender a pensar en la felicidad de los demás antes que la nuestra. No quisiera ver a mi pequeña sobrina convertirse en una niña egoísta, o siquiera pensar en negarle un gusto tan trivial a un pobre, y enfermo dragón, lejos de su hogar y sus amigos.

La princesa dijo que intentaría no ser egoísta.

El carro se dirigió entonces hasta el pilar, y ahí estaba el dragón,con su horrible cabeza purpura brillando al sol y su horrenda boca medio abierta.

El tío James dijo: “Buen día, señor. Le hemos traído un pequeño presente de cumpleaños. No nos gustaría dejar pasar semejante aniversario sin algo para recordarlo, especialmente con alguien que es un extraño en este lugar. Tenemos pocos recursos pero corazones muy grandes. Tenemos solo una princesa pero se la regalamos con todo gusto. ¿No es así niña?

La princesa asintió y el dragón se acerco un poco.

De repente, una voz gritó: “¡Corre!”, era Tom que había traído los conejillos de india del zoológico y un par de liebres belgas.

-Llegamos justo a tiempo-dijo Tom.

El tío james estaba furioso-.¿Con qué propósito…?-gritó-, interrumpe este acto formal con sus conejos y animales? Lárguese, mocoso entrometido, vaya a jugar con sus criaturas a otro lado.

Pero mientras le hablaba, los conejos lo rodearon, con su imponente tamaño, y lo apretaron entre ellos enterrándolo entre su grueso pelaje y casi lo ahogaron. La princesa, mientras tanto, había corrido hasta el otro lado del pilar y estaba mirando desde ahí para ver qué sucedía. Una multitud de personas había seguido el carruaje desde el pueblo y llegaban a la escena del “acto formal” justo en ese momento. Empezaron a gritar: “¡Eso no es justo, hay que ser justos! No podemos retractarnos de esta manera. ¿Quitarle lo que acabamos de darle? Está mal. Deja que el pobre y extraño dragón exiliado tenga su presente de cumpleaños.” Intentaron llegar hasta Tom pero el conejillo les bloqueó el camino.

-Si-gritó Tom-. Lo justo es genial. Y su pobre e indefenso dragón exiliado puede tener a la princesa, si es que puede atraparla. ¡Ahora, Mary Ann!

Mary Ann miró en dirección al pilar y llamo al dragón burlonamente: “¡Lero lero! No puedes atraparme,” y empezó a correr tan rápido como pudo con el dragón corriendo detrás. La princesa corrió durante medio kilómetro, se detuvo, dio vuelta alrededor de un árbol y corrió devuelta hacia el pilar y lo rodeó, con el dragón aun detrás suyo. Como el dragón era tan largo, no podía girar tan rápido como ella. La princesa seguía corriendo alrededor del pilar, primero corrió muy lejos y luego cada vez mas cerca de la base, con el dragón siempre detrás suyo, que estaba tan ocupado intentando atraparla que nunca notó que Tom había amarrado el extremo de su larguísima cola al pilar, y mientras mas corría, mas se enredaba a su alrededor. Era como tejer una canasta y el pilar servia de aguja. Mientras tanto, el mago seguía restringido entre el pelaje de las liebres belgas y no podía ver nada de lo que sucedía.

Cuando el dragón estaba tan atado al pilar como era posible y ya no podía moverse, la princesa se detuvo y con el poco aliento que le quedaba le dijo “Lero lero, ¿ahora quién se lleva a quién?”

Esto molesto mucho al dragón que con todas sus fuerzas, abrió sus poderosas alas purpuras e intentó volar hacia ella. Claro que al hacerlo tiro muy fuerte de su cola, tan fuerte que la cola empezó a desenredarse y de un minuto a otro se liberó, pero al hacerlo hizo girar la isla sobre su eje como si fuera una trompo. Giró tanto y tan rápido que todos cayeron boca abajo al piso y se sujetaron fuerte, algo importante iba a suceder. Todos excepto el mago que seguía sofocado entre las libres belgas y no sintió nada.

Y algo sucedió. El dragón envió al reino de Rotundia a girar como debería haber girado durante la creación del mundo, y mientras giraba y giraba, los animales empezaron a cambiar de tamaño. Los conejillos se hicieron pequeños y los elefantes, grandes. Hombres, mujeres y niños hubieran cambiado de tamaño también sino hubiesen tenido el sentido común de aferrarse muy fuerte al suelo, algo que por supuesto los animales no sabían cómo hacer. Y lo mejor de todo fue que cuando las pequeñas bestias se hicieron grandes y las pequeñas, grandes, el dragón también se hizo pequeño, y cayó a los pies de la princesa, convertido en una pequeña lagartija purpura con alas.

-Que cosa tan curiosa-dijo la princesa al verla-.  Lo tomare como mi regalo de cumpleaños.

Mientras las personas seguían boca abajo aferradas al suelo, el tío James, el mago, que nunca pensó en aferrarse a nada y solo pensaba en como vengarse de las liebres y del hijo del jardinero sufrió el mismo destino de las liebres que lo envolvían, y cuando el dragón lo vio, lo tomo para si como su regalo de cumpleaños.

Ahora que todos los animales eran de un nuevo tamaño, y al principio les resulto muy extraño a todos tener elefantes enormes y lirones pequeños, terminaron por acostumbrare y ya no piensan en eso, al igual que nosotros.

Todo esto sucedió hace varios años, y el otro día vi en el periódico de Rotundia, un anuncio de la boda de la princesa con Lord Thomas Jardinero, B.C.D, y supe que ella no podría haberse casado con nadie mas que no sea Tom, así que supongo que lo convirtió en lord para la boda, y B.C.D. significaba, Brillante Conquistador de Dragones. El periódico decía que entre los hermosos regalos que el novio le hizo a su novia, había un enorme elefante que cargó a los recién casados y los llevó a su viaje de bodas. Debe haber sido Fido. Recuerdan que Tom prometió devolvérselo a la princesa cuando estuvieran casados. El periódico de Rotundia llamó a los recién casados “una pareja feliz”. Una expresión novedosa en ese tiempo y en mi opinión lo mas sincero que se ha publicado en un periódico.

Porque, verán, la princesa y el hijo del jardinero se querían tanto que no podían evitar ser felices juntos, y ademas, tenían un elefante propio que los llevaba a todos lados. Si eso no es suficiente para hacer feliz a alguien, me gustaría saber qué es. Claro que hay personas que no son felices a menos que tengan una ballena para navegar sobre ella y ni siquiera con eso les alcanza. Pero son codiciosos y mezquinos, el tipo de personas que agarran cuatro porciones de torta, algo que nunca identifico a Tom ni Mary Ann.

FIN

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