El diente de león y las tres estrellas

Por Jordan Kurella

Publicada originalmente en la edición de junio de 2018 de Beneath Ceaseless Skies

-¿Qué debería pedir?-preguntó Shai, con el barro filtrándose en sus botas y chorreando sobre sus dedos.

-Es tu deseo-dijo Amarine, acercándole aun mas el diente de león-. Escogí este para ti. Dilo en voz alta. Y cuando lo hagas, veremos juntas como las semillas se esparcen sobre el pantano como las estrellas.

Amarine daba por seguro que el deseo que pidiera se haría realidad. Ella siempre era mas fantasiosa en el pantano, desconectada de sus tareas cotidianas y responsabilidades en la Fortaleza, mientras que Shai por su parte,sentía que podía respirar libremente ahí antes de regresar al pueblo, a sus preocupaciones mas practicas. Pero con Amarine a su lado, sus únicas preocupaciones eran el dobladillo de su vestido impregnado de barro y cuanto tardarían los guardias del padre de Amarine en ir a buscarla.

Amarine se inclino hacia adelante, sosteniendo la nube del diente de león frente a los labios de Shai, sonriendo como siempre. Sus ojos buscaron el rostro de Shai pero no pudo anticipar su deseo antes de que lo dijera en voz alta. Shai entendió la naturaleza de los deseos, su importancia. Entendió que no se pide algo que puedes comprar, o algo que te puedan dar. Deseas algo que quieres. Y lo que Shai quería era algo que valía la pena desear.

-Deseo-dijo Shai-, deseo que podamos casarnos.

Una vez dicho, las semillas salieron volando sobre el pantano esparcidas como las estrellas, justo como Amarine dijo que sucedería, pero estas no se llevaron consigo las preocupaciones de Shai. Era su turno ahora de ver a Amarine a la cara, y ésta había cambiado. Sus ojos se habían endurecido por la conmoción y ahora eran distantes. Su boca se lleno de dudas y su sonrisa constante había desaparecido.

Amarine, como hija del lord, tenía mucho que perder, y lo sabía. Shai lo sabía. Shai quería deshacerse de toda esa realidad, quería que todo eso se fuera junto a las semillas del diente de león a las profundidades oscuras del pantano. Que el deseo se lo llevara consigo y se desvaneciera en el frio viento de invernal. Entonces acercó su boca a la temblorosa boca de Amarine y la besó.

Entraron en confianza. Los dedos embarrados de Shai recorrían los oscuros rizos de Amarine, tirando suavemente de su cabello. Su manos frías entraron en calor buscando su piel y su ropa y su piel nuevamente. Sus besos alejaron las dudas de la boca de Amarine, la conmoción de sus ojos, y el invierno de sus mejillas. La sostuvo contra su cuerpo, sintiendo sus huesos a través de su vestido, y apretándolos suavemente contra sus propias caderas.

Esto era lo que quería, por siempre y para siempre. Esto era lo que ella había deseado. Besó a Amarine hasta que se olvido del frio, de los guardias y de todo. El mundo eran Amarine y ella, juntas y nada mas. Por siempre y para siempre, felices por siempre, hasta que el sonido de un cuerno las separo.

-Mi padre…-dijo Amarine sosteniendo la mano de Shai.

Shai empezó a acomodarle el cabello y a abrocharle el vestido apenas escuchó el cuerno. No hacían falta palabras. Amarine vivía en la Fortaleza, con murallas de piedra y custodiada por guardias, mientras que Shai debía volver rápidamente a casa, a las polvorientas calles del pueblo, con su olor a hierro y comidas ajenas. Amarine debía estar sola,como sus guardias la habían dejado, para no despertar sospechas. No podía estar sola como ellas dos lo habían estado juntas, olvidadas del resto del mundo, pidiendo deseos y besándose, eso tendría que esperar hasta la llegada de ese imposible día.

Shai volvió entonces al pueblo, dando un ultimo vistazo a Amarine de pie junto al pantano de invierno. Shai sabia que Amarine le enviaría otra carta pronto, volverían a estar juntas, algún día.

Pero esa tarde mientras Shai regresaba a la cerca fronteriza, no pudo evitar sentir que alguien la vigilaba.

Pasaron tres días desde ese beso en el pantano, y Shai los había pasado practicando su lectura y arreglando ropa de otras personas. Cuando su hermano Yann llegó a casa, sucio después de un largo día en la herrería, lavó su ropa y le dejo ropa limpia para el día siguiente. Todas las noches compartían la cena que Shai cocinaba para ellos como de costumbre, y al terminar Yann se iba a la taberna y ella quedaba sola. Todos los días igual que todas las noches, la única alegría que Shai tenía era pensar en Amarine y sus ojos verde claro, su largo y oscuro cabello y sus delgados y suaves dedos.

Durante la tercer noche, Yann regresó a casa de la taberna, muerto de risa con historias de conquistas fallidas antes de quedarse rápidamente dormido en su cama. Shai seguía despierta, contando las estrellas. En esta época del año habían doce que ella pudiera ver por su ventana, amontonadas como niños asustados. Las contó una y otra vez para mantenerlas a salvo mientras las nubes pasaban sobre ellas, oscureciendo la habitación, entonces esperó, pero la habitación se oscureció aun mas.

Alguien se había agazapado en el foso de la ventana.

Shai se incorporó lista para dar aviso, lista para gritar. Pero a medida que la persona se acercaba, vio que no era realmente una persona. A medida que las nubes se dispersaban, pudo ver sus alas como hierbas del pantano, su piel amarillo verdoso, sus ojos oscuros como el ónix. Su madre le había contado historias sobre el pueblo del pantano, sobre sus trucos y sus promesas y como ella debía actuar si se encontraba con ellos, con cautela y amabilidad. Podía oír la voz de su madre; “recuerda, cuando se trata de las hadas del pantano, espera lo inesperado.”

-He venido a conceder tu deseo-dijo el hada del pantano, con la cabeza serpenteando sobre sus hombros-. Pero exijo algo a cambio.

Lo único que Shai quería en el mundo era esto. Era lo único que había deseado desde que Amarine la había besado por primera vez hacia cinco maravillosos años. Habría consecuencias, no solo por lo que pidiera el hada sino lo que pasara con el pueblo. Pero ella y Amarine serían felices, Shai se aseguraría de eso.

-¿Cuales son las condiciones?-preguntó Shai.

-Las condiciones son mías y solo yo las conozco-dijo el hada del pantano-. Las consecuencias son tuyas. ¿Aceptas el trato?

-¿Qué necesitas?

-Solo tres estrellas-dijo ella-.Tres semillas de diente de león cayeron en mi estanque, así que te quitaré tres estrellas.

-No comprendo-. Shai miró a su hermano que aun dormía profundamente en su cama.

-Estrellas fugaces-dijo el hada del pantano-.Tus primeras tres estrellas fugaces de primavera. Desde el momento en que caigan, la noche me pertenece.

El hada levantó tres dedos unidos por membranas frente a ella pero Shai fue precavida. Su madre le había contado historias sobre las estrellas fugaces, sobre su poder para cambiar a las personas, y también sobre su poder para transformarlas. Shai volteó a ver a su hermano, su pecho hinchado que subía y bajaba indicaba que seguía profundamente dormido. Él no lo aprobaría. Desde que su madre había huido y su padre había muerto junto a otros diecinueve hombres intentando llevarla a la justicia, Yann había estado encima de Shai, siempre curioso de todo lo que hacía. Por lo que ella no compartía nada sobre su vida. Nada sobre cuanto extrañaba a su madre, nada sobre Amarine, nada sobre sus paseos en el bosque. En los últimos años, Yann había dejado de hacer preguntas, y Shai disfrutaba su libertad. Ella vivía su vida de secretos como él vivía una vida sin ellos.

Pero no podía quedarse ahí con él. La obligaría a casarse con alguien para hacerse rico, con alguien que elevara su posición. La alejarían de Amarine y solo la vería en algún acto en el pueblo, donde Shai representaría el papel de esposa devota de un hombre que no quería, mientras la vida que si quería estaría ahí, a su alcance, pero que al igual que la mayoría de las cosas demasiado hermosas para este mundo, no le permitirían tocarla.

No, estaba harta de Yann y de la vida que él tanto quería para ambos. Shai era hija de su madre. Era fuerte como ella, orgullosa como ella y lucharía por su vida igual que ella. Había llegado el momento de vivir para ella.

-Acepto los términos-dijo-.Por favor concede mi deseo. Eso me honraría.

-Es tuyo-dijo el hada del pantano, tocando la frente de Shai con la punta de su dedo-. Ahora duerme.

Y así lo hizo.

Shai recuerda la ceremonia como algo intimo y muy pequeño , casi como un sueño. Solo ella y Amarine, con el sacerdote de la aldea diciendo sus palabras como un susurro mezclado con el sonido del agonizante viento invernal. En la historia que Amarine contaba sobre la ceremonia habían asistido cientos de monstruos, el pantano estaba iluminado por fuegos fatuos y su anillo, puesto en su lugar por dedos tan fríos que aun podía sentirlos. Ocuparon una cabaña abandonada en el bosque donde termina el pantano como su nuevo hogar. Las tablas del piso estaban llenas de agujeros, el techo goteaba y se rumoreaba que estaba embrujada, pero Shai no podía ser mas feliz. La sentía acogedora, mas como su hogar de lo que su anterior hogar se había sentido en años.

La mañana siguiente a que se casaran, las flores habían brotado del barro buscando hasta el mínimo rayo de sol que pudieran encontrar. La primavera estaba cerca, ahuyentando al invierno con sus brillantes colores.

Pasaron semanas y el mundo empezó a sentirse renovado, Shai construía trampas para conejos mientras Amarine se sentaba frente a la ventana, observando como los vapores se elevaban del pantano, levantando la carga que llevaba sobre sus hombros con fuertes suspiros. Con cada día que Shai pasaba poniendo trampas para procurar alimentos como su madre le había enseñado, el animo de Amarine se oscurecía cada vez mas.

-Hace tanto frío-decía quejándose por las mañanas.

-Tengo tanta hambre-decía después de cenar.

-La noche está enojada-decía todas las noches que el viento se filtraba a través de las podridas tablas de madera.

Cada vez que esto sucedía, Shai envolvía a Amarine en sus brazos para consolarla. Sabía que era demasiado delicada, acostumbrada a vivir en la Fortaleza con sus gruesas murallas donde nunca había humedad o pasaba frío. Y ahora estaba ahí con Shai, en una cabaña tan podrida que a veces olía a muerte y tan precaria que los niños contaban las mas terribles historias sobre ella.

 Era tanto que mientras peinaba su oscuro cabello, le contaba historias sobre como ellas se harían amigas de los fantasmas, y que estos confortarían la casa para ellas y la convertirían en un hogar. Shai hacía esto todas las noches, hasta que Amarine que la tensión en sus manos disminuía y se relajaba hasta quedarse plácidamente dormida.

Pero aun cuando los prados cobraron vida, Shai encontró a Amarine mirando por la ventana, con su mano en su mejilla, mirando a la nada. Ahí estaba todos los días cuando regresaba con la comida del día, mientras cocinaba, mientras cocía u ordenaba. Amarine era la princesa triste que esperaba ser rescatada en los cuentos de hadas, pero ésta era un historia totalmente distinta. La chispa de inteligencia en sus ojos la había abandonado, la que utilizaba para pensar, imaginar y contar historias. El calor de sus manos y sus mejillas la había abandonado, la cabaña se lo había quitado. La alegría había abandonado su voz y sus gestos. La melancolía se había apoderado de Amarine, y amenazaba con apoderarse de ambas, si Shai no conseguía repelerla.

Shai tenía que rescatar a Amarine y salvarse a sí misma al mismo tiempo.

Se imaginó a sí misma sobre un caballo blanco, cubierta de armadura. Se imaginó cabalgando hasta la cabaña, espada en mano, y desafiando a la melancolía a una batalla. La batalla era salvaje y brutal. Algunas días ganaba y podía ayudar a Amarine. Otros días la melancolía la derrotaba y sucumbía ante ella. Pero sabía que tenía que ser el caballero en esa historia y en todas, historias como las que Amarine solía contarle. Y lo era.Cada vez que estrechaba las manos de Amarine y sonreía dulcemente. Pero entre ese momento y el siguiente, solo estaba Amarine, con los ojos entrecerrados y suspiros profundos llenando de desesperación el corazón de Shai .

Quizás había pedido el deseo equivocado, quizás debió haber pedido otra cosa. Esto no era para nada lo que ella quería.

La madre de Shai le había enseñado bien, pero hay algunas cosas que no pueden el suelo no provee. Necesitaban provisiones; recipientes, cucharas, tela para ropa y frazadas. Con temor a las represalias de Yann o de alguno de los guardias de la Fortaleza, Shai viajaba al pueblo solo durante el atardecer, cuando las tiendas estaban a punto de cerrar,y los tenderos estaban distraídos. Se disfrazaba utilizando la capa de Amarine que tenía capucha para esconder su rostro y un par de guantes. Ninguno le quedaba bien. La capa era demasiado larga y los guantes le apretaban. Pero cumplían su propósito, y después de tres viajes, Shai seguía pasando desapercibida.

Esta vez, Amarine quería una tetera, y Shai haría lo que fuera por ver sonreír a su esposa, así que se dirigió al pueblo cuando la oscuridad se iba abriendo paso. Pero el sonido de los gritos y el choque de espadas la detuvo antes de llegar a la cerca fronteriza, el miedo la invadió. El padre de Amarine hubiera evitado cualquier ataque contra el poblado, si había uno en proceso, ¿qué había pasado en la Fortaleza?

Apresuró el paso, escaló la cerca con pollera y capa y tomó el camino a toda velocidad. Una densa neblina cubría todo, opacando los sonidos de la batalla y los gritos de dolor como generando una especie de impotencia onírica. Shai necesitaba saber. Cuando había problemas, las personas del pueblo se resguardaban en la taberna, esta no sería la excepción. Era peligroso pero no tenía opción.

Dio dos pasos adelante cuando una figura broto de la neblina frente a ella. Una figura oscilante, como una serpiente, con una armadura oscura y cubierta de barro que se fundía con la poca luz del ocaso. Shai se paralizó. No dijo una palabra, no quería provocar al extraño, cuya espada estaba empapada con la sangre de su ultima victima. Antes de que pudiera apartar la mirada, los ojos del extraño encontraron los suyos. Eran negros como el ónix, y sus mejillas, detrás del barro y la sangre eran amarillo verdoso. Shai retrocedió, levantando sus brazos para proteger su rostro, pero el extraño le sonrió, exhibiendo una boca rebosante de dientes delgados y filosos como agujas. Y así, tan rápido como había aparecido ante ella se fue.

Shai cayó rendida de rodillas. Estaba viva, y se percató repentinamente de que el pueblo había quedado en silencio.

-El Lord está muerto-dijo el sastre del pueblo. Estaba ayudando al tabernero a acomodar las bancas de la barra-. Asesinado, en forma precisa por esos extraños espadachines.

-¿En forma precisa?-dijo el tabernero, con su voz y sus ojos bajo control para mantener la paz-. ¿Cómo lo sabes?

-Mi hijo es guardia-dijo el sastre-. Él sobrevivió. Dice que pasaron junto a él. Esos bastardos atacaban solo a algunas personas especificas e ignoraban al resto. Dejaron vivos a los demás, incluyendo al hijo mas joven del Señor.

-¿El pequeño enfermizo?-dijo el tabernero-. ¿Mataron a su alquimista?

-Si-dijo el sastre-Una pena, una maldita pena.

Shai se inclinó hacia adelante, haciendo un esfuerzo por escuchar la conversación desde su mesa en la parte trasera de la habitación. La taberna estaba llena, pero ella necesitaba estar en las sombras por lo que ese era el mejor lugar. Pero a medida que mas gente entraba se hacia mas y mas difícil distinguir lo que decían.

“… al muchacho no le queda ni un año de vida, no sé que vamos a hacer.”

-Bueno, aun nos queda Amarine-dijo el tabernero-. Ella hará lo que es mejor para nosotros.

-No puede hacer nada mientras esa bruja la tenga consigo-dijo el sastre. Se inclino hacia adelante pero aumentó el volumen, quería ser escuchado-. Esa chica era igual a su madre, como siempre lo he dicho. Su padre no pudo controlarla, y su hermano tampoco. Ahora mira lo ha sucedido.

-¿Dices que el ataque fue culpa de Shai?-la voz del tabernero era igual de alta-. No es esa clase de chica.

-Solo porque te gusta esa cosa…

Un sombra oscura se acercó de repente a la mesa de Shai rompiendo su concentración. Ella retrocedió en su silla, lista para defenderse con un cuchillo pelador que llevaba en el bolsillo pero la sombra permaneció inmóvil, expectante, a la espera.

-¿Un trago, extraño?-preguntó la sombra. Era solo la mesera, con aspecto muy poco amigable.

-Vino-dijo Shai, mientras la conversación del bar continuaba.  

-¿Vaso o jarra?-dijo la mesera sonriendo con todos sus dientes, pero sin alegría.¿La había reconocido?

-Vaso-dijo, dejando el pago sobre la mesa.

-Bien-la mesera sonrió fríamente mientras seguía su ronda y atendía otros clientes.

La conversación entre el sastre y el tabernero se había diluido ya con otras historias.

“Salieron de la nada.” “Se escabulleron como fantasmas.” “Sus filos cortaban como si fueran mágicas” Las conversaciones no era como las de la barra, eran urgentes y temerosas, y con una necesidad de hacer algo.

Antes de terminar su trago, se sentaron a su mesa una joven de su edad y sus dos jóvenes hermanos gemelos. Shai reconoció a la chica, era la hija del molinero, Baelin. Conocía a Baelin de las asambleas del pueblo, festivales y celebraciones del solsticio en la Fortaleza. Habían conversado y jugado juntas, y sus madres habían sido amigas alguna vez, antes de que todo saliera mal. Baeling seguía culpando a Shai por ello.

Podría reconocerla y su disfraz sería en vano. El castigo por brujería era la muerte. Lo único que Baelin tenía que hacer era levantar la mirada y Shai lo perdería todo. Era demasiado peligroso quedarse. Así que se levantó de su asiento justo cuando la taberna estallaba en aplausos.

Un hombre había entrado y se había sentado en la mesa frente a la suya. Estaba de espaldas a ella pero al verlo hacer una reverencia percibió un aire familiar. El tono oscuro de su cabello rubio. La mugre alrededor de las uñas de sus dedos que no salia sin importar cuanto lo refregara y como su camisa gris era impertinentemente blanca debido a los lavados nocturnos. Yann levantó sus brazos y los aplausos cesaron. Shai no podía irse ahora.

-Nuestro Señor está muerto-dijo Yann-.Todos sus mas dignos herederos han perecido con él.

-Tu hermana se llevó a una-gritó una mujer-. Aprendió demasiado bien de tu madre.

-Es así-dijo Yann-. Y estoy aquí para terminar con eso. Vamos a recuperar a Amarine y a matar a esa bruja.

La multitud empezó a susurrar. El murmullo se esparció de aquí para allá mientras Yann estaba firme en su mesa, determinado. Pasaron unos minutos hasta que alguien levantó la voz. “¿Matará a su propia hermana?”

-Esa cosa ya no es mi hermana.

-El Rey debería estar al tanto de esto-dijo el tabernero.

-¿Para que pueda designar a ese niño enfermizo en la Fortaleza?-dijo Yann-. No, necesitamos hacer algo ahora. Una vez que rescatemos a Amarine, yo me casaré con ella y me convertiré en el Señor de estas tierras-. Los murmullos volvieron a circular, esta vez con voces mucho mas altas.

Fue Baelin quien empezó a aplaudir, lentamente para que otros la siguieran. Y así lo hicieron, con gritos, silbidos hasta que se reunieron alrededor de Yann. Los clientes en las mesas bebían felizmente, mirando a su alrededor, abrazando amigos y amantes. La matanza de esa tarde se había convertido erróneamente en una venganza. Sangre por sangre, tomarían lo que creían que les pertenecía.

Se dio vuelta para irse, tenía que irse. Aprovechando el revuelo alrededor de Yann, era el momento perfecto.Su corazón embestía contra su pecho, insistía con perderse en la noche, donde pudiera ser libre.

-No es seguro salir todavía, extraño-dijo Baelin-. Eran hadas guerreras. He leído las historias. Alguien debe haberlas enfurecido.

-Quizás fue la bruja-dijo uno de los hermanos-Quizás ella quiere ocupar el puesto de nuestro Señor.

-Mi casa está cerca-dijo Shai. La sequedad de su garganta hacía que su voz sonara ronca.

-¿Así?-preguntó Baelin-. ¿Entonces por qué ocultas tu rostro si no eres extraña en este lugar?-Shai pudo sentir como Baelin la juzgaba con la mirada. Había levantado sospechas, y Yann estaba demasiado cerca de su mesa, haciendo rondas. No podía dejarle ver su rostro, escuchar su voz.

Sin mediar mas palabras con Baelin, Shai se deslizó entre los ebrios hacia la puerta de la taberna. En la calle, los cuerpos de los caídos estaban cubiertos por sabanas manchadas de sangre, listos para que la carreta los levantara por la mañana. Caminó rápidamente, saliendo por la puerta del pueblo como lo haría un visitante o un granjero local. Tuvo mucho cuidado de que no la siguieran.

Espabilada por el miedo, notó que los brotes de manzana habían florecido por completo, y la cosecha empezaba a asomar en los campos. La primavera había llegado y con ella lo que debe haber sido la primera estrella fugaz del hada. Shai aceleró el paso. ¿Acaso el ataque de las hadas había sido culpa suya? ¿Y la traición de Yann? ¿Había provocado la muerte del padre de Amarine? Es lo que el hada quería, por razones que Shai desconocía; como su madre siempre decía “no existe el felices por siempre, siempre hay un precio que pagar.”

A todo esto, Shai había olvidado por completo que Amarine estaba sola en una cabaña putrefacta en el extremo del pantano. Ignorando toda advertencia, Shai cortó camino a través del campo de un granjero, escaló la cerca y corrió a través del bosque y del pantano, hasta que llegó a casa, sin aliento, con la mente acelerada por la preocupación, solo para escuchar que Amarine cantaba alegremente en el interior de la casa.

-Me alegro que hayas llegado, amor mío-dijo Amarine, apoyando su mano sobre la mejilla de Shai-.Estuviste fuera mucho tiempo, ya empezaba a preocuparme.

Su capa estaba empapada con barro del pantano y sus guantes pegagosos por el sudor, pero Amarine, que por lo general era muy quisquillosa respecto a esas cosas, colgó su capa y guantes sin hacer comentarios y la invitó a tomar asiento, había decorado con flores y velas, mejor de lo que Shai lo había hecho jamas. Tenía una alegre sonrisa en el rostro. Siempre había visto esa sonrisa de alegría y felicidad, era la que Amarine llevaba consigo en los pantanos, pero esta era diferente. Se sentía todo muy confortable.

-Pensé que quizás estarías enojada conmigo, así que fui a revisar tus trampas y nos preparé la cena-dijo Amarine.

-¿Cuándo aprendiste a hacer estofado de conejo?-preguntó Shai cuando tenía el plato lleno en frente.

-He estado prestando atención-dijo Amarine-.Mi padre siempre dijo que aprendía muy rápido.

Shai guardó silencio. La mención del padre de Amarine le había quitado el apetito.

-¿Por qué estuviste fuera tanto tiempo?-preguntó Amarine.

-Hubo un ataque en el pueblo-dijo Shai-. Me resguarde en la taberna con los demás. Mataron a muchos. Las calles están llenas de cuerpos.

“¿Así?” Los ojos de Amarine estaban calmados, enteros. La noticia no le había afectado.

-Amarine-dijo Shai, tocando la mano de su esposa-. Tu padre y tus hermanos están muertos.

Amarine solo asintió-. Nosotras estamos vivas, Shai. Tu y yo. Eso es lo que importa-. No parpadeó-. Come, no dejes que se enfrie.

-Pero…

-Mi padre no quería que fuéramos felices, yo quiero que seamos felices-dijo Amarine, mirando a Shai a los ojos-. ¿Tú eres feliz?

-Si, claro-dijo ella-.¿Y tú?

-Yo también-dijo Amarine-. El poder de mi padre sobre mi ha desaparecido. Celebremos eso. Seamos felices juntas.

Un súbito cambio en su actitud. Extraño pero perfecto. Shai se sentía aliviada y agobiada por ese cambio tan radical. No quería creer que las hadas tuvieran algo que ver. Era amor verdadero. El amor que su esposa le había jurado en el día de su boda, y el amor que Shai sentía por su esposa crecía suspiro a suspiro. Ella sabía que era verdad,tenía pruebas. Cada vez que se besaban, Amarine dejaba de llorar; cada vez que se tomaban de la mano la hacía sonreír. Shai había sido capaz de disipar la melancolía de su esposa con adoración anteriormente y ahora realmente se había ido del todo. ¿Qué podía ser mas mágico que eso?

Era todo lo que siempre había querido, todo lo que ambas habían querido. Y ahora lo tenían.

Sabia que Amarine la amaba. Estos últimos meses debía haber sido solo nostalgia. Ahora sabía que su hogar era ese, con ella, en la cabaña, porque estaban ahí juntas, para siempre. Las historias de los fantasmas habían enternecido su corazón, las caricias y el tomarse de las manos, todo eso había hecho que Amarine se acercará a ella. Shai acalló sus dudas y observó como la luz en los ojos de su esposa brillaban de esperanza.

Esa noche en su cama, los besos de Amarine alejaron a las hadas guerreras de la mente de Shai. Desterraron todo lo que tuviera que ver con Yann, el pueblo del pantano y las estrellas fugaces. La noche era solo para Amarine.

Y así Shai finalmente pudo estar feliz y satisfecha.

La mañana siguiente la brisa que se filtraba y silbaba por las paredes con la esencia de la primavera y la lluvia que caía a través del techo se sentían frescos y cálidos. Shai pasó toda la mañana con Amarine recolectando hierbas y comida, enseñándole que plantas del bosque eran comestibles, como su propia madre le había enseñado a ella muchos años atrás. Por la tarde cocinaron juntas, se contaron historias, y se tomaron de la mano mientras paseaban por el pantano. Shai escuchó cada palabra que fluía alegremente de la boca de Amarine, hablaba sobre como se sentarían frente al fuego como viejitas en la cabaña e ignorarían lo que pasara en el pueblo y a las personas, porque ahora solo se tenían mutuamente y eso era lo importante.

Shai no podía contarle a su esposa sobre el plan de Yann. No podía contarle lo que el pueblo pensaba de ella, o que querían llevarse a Amarine lejos de ahí. Quería quedarse en el bosque para siempre, vivir de la tierra, sin los recursos del poblado, pero era imposible. Su cuchillo para pelar estaba roto.

Esa tarde, en la curtiembre del pueblo, Shai escuchó una voz familiar. Baelin estaba cerca, hablando con una anciana que su madre debió haber conocido.

-Yann será un buen Señor-dijo la anciana.

-¿Creé que Amarine se casará con él?-preguntó Baelin-. Siempre ha sido algo extraña.

-No tendrá opción-dijo la anciana-. Es por el bien del pueblo. Lo hará, estoy segura.

-Si supongo que si- dijo Baelin.

-Deberías decirle a tu esposo que se una a la cacería-le dijo la anciana-. A Yann le está costando conseguir los hombres necesarios.

-Después de lo que le pasó a su padre, no me sorprende. Este pueblo necesita a sus hombres y están preocupados. La cacería de brujas tiene un agrio antecedente en este pueblo-. Baelin giró sobre sí misma y estaba ahora de frente a Shai, que se apretó fuerte la capucha alrededor del rostro. Pero había algo en los ojos de Baelin que la inmovilizó, aun cuando quería salir corriendo.

-Si-dijo la anciana-. Es una verdadera pena que su hermana haya salido de esa manera.

Apenas Shai pudo irse, salio por la puerta principal, con el miedo a Baelin o Yann ardiendo en su cabeza. No se volvió para ver si la seguían, ni en la curtiembre, ni en las puertas del pueblo, ni en el sendero de tierra en el campo del granjero. No había otro sonido mas que sus propias pisadas, su propia respiración agitada y un zorro gritando en la neblina.

Pero aun así, no se sorprendió cuando alguien la tomó del brazo cuando estaba a punto de salirse del camino.

-Extraña-. Era la voz de Baelin-. ¿Me estas espiando?

Shai mantuvo su cabeza gacha-. Fuiste tú la que se sentó en mi mesa esa noche, no yo en la tuya.

-Pero ahora te encuentro escuchando mis conversaciones, mis planes-dijo Baelin.

Solo entonces, Shai apartó su brazo-.No. Eso lo has hecho tú sola. Ahora déjame.

-Sé que eres tú, Shai Ironsmith, y sé donde se esconden. Pronto Yann también lo sabrá, y sus hombres, y sus sabuesos.

-¿Cómo sabes donde nos escondemos?

Pero Baelin respondió con una sonrisa-. Perdonaremos a Amarine-dijo ella-. Pero tú no tendrás tanta suerte.

Sacudió a Shai como si fuera basura,y la hizo perder el equilibrio y caer al pasto, mientras le clavaba la mirada. Esa sensación desplazo completamente la felicidad que Shai tenía antes de llegar al pueblo. Le había hecho un agujero a su día, desplazando todos los buenos recuerdos.

Pero aun tenían la promesa del hada del pantano. Otra estrella podía caer y cambiar la vida de Shai para siempre,  la suya y la de su esposa. Baelin podría convertirse en un árbol en el medio del camino, Yann podría ahogarse con la sopa, el pueblo podría recibirlas con los brazos abiertos, de alguna forma, de alguna manera, aun podría encontrar la felicidad que ella había deseado.

La sensación que la mirada de Baelin le había producido se habia desvanecido, Shai se había internado en lo profundo del pantano. Sacudiendo sus preocupaciones en el barro del pantano, eran demasiadas las cosas por las que moriría; la sonrisa de Amarine como primera y ultima cosa de cada día, el sabor de su aliento en su lengua, la sensación de sus pequeños dedos sobre su piel. El aliento de Shai se aceleró con cada paso que daba camino a casa, y con cada inhalación, intentaba convencerse de lo feliz que era.

Amarine quería armar una huerta, y estaba muy entusiasmada con sus planes. Shai observaba como su esposa hablaba y hablaba sin parar sobre que vegetales resistirían mejor el invierno. Amarine se había astillado un diente el día anterior mientras cortaba leña, y eso le daba a su belleza un aspecto salvaje. Ahora lucía peligrosa, y Shai disfrutaba ver esos pequeños rasgos mientras hablaba. Había tanto que no podía contar que se dejo llevar por el entusiasmo de Amarine.

Esa noche en su cama, Amarine recorrió el cuerpo de Shai con sus manos pero ella la apartó-.No esta noche-le dijo-. Estoy sucia por el viaje.

-Eso no importa-dijo Amarine-.Yo también estoy sucia.

-Por favor-dijo-. Por la mañana.

A regañadientes, Amarine le dio un beso en la sien. “Descansa entonces. Lo necesitaras por la mañana.”

Era una noche muy oscura cuando alguien tocó la puerta. Fuerte, con autoridad, pero a la vez pequeño. Amarine despertó y se quedo mirando, con sus ojos verdes como dos estanques pantanosos en la oscuridad. Shai se incorporó y tomó su cuchillo pelador. Hubiera sido mejor tener el hacha pero por descuido lo había dejado afuera, el cuchillo tendría que ser suficiente. La advertencia de Baelin se sentía frescas en sus oídos.

-¿Quién anda ahí?-preguntó Amarine con las manos apretadas a su pecho-. Anúnciese.

Un tercer golpe llegó como una pregunta. Shai abrió la puerta con cautela y encontró solo un niño pequeño parado afuera , no tenía mas de cinco años.

-¿Estás perdido?-preguntó Shai.

Sin respuesta.

-¿Dónde está tu madre?-Shai siempre había sospechado de los extraños.

El niño sacudió la cabeza, apuntando hacia la oscuridad del pantano.

Amarine se unió a ellos en la puerta. “Déjalo entrar, pobrecito, va a pescar un resfrío ahí afuera.”

Shai encendió el fuego mientras Amarine envolvía al niño con una manta. Lo sentó en sus piernas y lo acunó hasta que dejó de temblar. El guiso estaba caliente y el fuego proyectaba sombras en la habitación, Shai quedó sola y su soledad iba en aumento. Había algo en ese niño que le resultaba perturbador. Sonreía con la boca cerrada y su cabello era demasiado fino para lo alto que era. Era desagradable, su aspecto estaba mal,su comportamiento estaba mal, y se sentía mal estar cerca de él, pero no dijo una palabra al respecto.Para este niño ella era apenas una mujer sola con su amiga Amarine, no una bruja.

Se acomodó en las mantas y se perdió entre los brazos de Amarine mientras ella le contaba historias. Todas las preferidas de Shai sobre valientes caballeros y sus batallas para salvar a las doncellas. Le contó otras historias también, sobre hombres enamorados de princesas pero como esas princesa amaban a otros hombres, unos que podían transformarse en dragones. Le contó historias sobre chicas que se creían inofensivas y el castigo mágico que caía sobre ellas. El niño no miro a Shai ni una sola vez, sus ojos estaban fijos en los de Amarine mientras ella contaba ahora historias sobre los pueblos del pantano.

-Sus obsequios son preciados pero siempre vienen con un precio-dijo ella-. Siempre debes ser bueno con ellos, y nunca jamas ser grosero.

El niño comió lentamente el guisado y le dio tiempo a que Amarine siguiera contando historias, contó muchísimas, algunas que ni siquiera Shai había oído antes, cada una mas increíble que la otra. Entre pequeños bocados, el niño recostaba su cabeza sobre el pecho de Amarine y preguntaba detalles de los detalles, y ella respondía. Los dos juntos eran mas hermosos que el tapiz mas bello que Shai hubiera visto jamas. Amarine tejía historias, entre la belleza del reino del pantano, y los distintos tipos de dragones mágicos, el resplandor del sol en la espada de un caballero, y la sangre esparcida de un enemigo caído, y como saber si un hada está siendo amable o intenta engañarte.

A medida que las historias se entrelazaban, Amarine y el niño se enclaustraban cada vez mas en sus reinos fantásticos, con héroes y villanos, y Shai quedaba cada vez mas afuera. Estaba sola en las sombras proyectadas por la fogata y el olor del guiso, la humedad y la sensación que nunca estaba sola en esa cabaña. Amarine y el niño se convirtieron en el centro de los mundos que creaban a su alrededor, y cuando Shai había tenido suficiente y sintió que ya no podría alcanzarlos y que estaban a mundos de distancia y que moriría del tristeza, escuchó el canto de un ave.

Había amanecido.

La luz se filtraba en la cabaña como si tuviera miedo de interrumpir y cuando alcanzo los pies de Amarine, ella respiro profundo, como si despertara de una pesadilla. El niño se desenvolvió de sus brazos y de las mantas y se puso de pie. A la luz del día, Shai pudo ver su piel amarillo verdoso, sus dedos unidos por membrana y sus ojos negros como el ónix. Se sintió vacía cuando miro a Amarine y sus ojos solo exhibían afecto por el niño.

-Ya me siento mejor-dijo el niño.

-Nunca nos dijiste tu nombre-dijo Amarine.

-Pic-dijo él.

-Es un nombre chistoso para un niño-dijo ella.

-¿Eso crees?-preguntó Pic con una voz mas madura y familiar. Entonces sonrió. Su boca estaba cubierta de dientes delgados como agujas.

Shai guardó silencio mientras Amarine cargaba al niño y lo acostaba en la cama, lo cubría con las mantas y se aseguraba de estuviera cómodo y no pasara frio. No parecía preocuparle la inusual naturaleza de Pic por lo que Shai determinó que el niño no era una amenaza. Mas tarde, mientras yacían enroscadas en la cama, Shai estaba inquieta. Los sucesos de la larga noche le habían dejado una sensación de pavor. Y ahora, mientras oía la húmeda y suave respiración de Pic, esa sensación se hacia cada vez mas fuerte.

Los episodios empezaron a la mañana siguiente. Shai encontró a Amarine junto a la pila de leña, inmóvil, con el hacha en la mano. Sus ojos mirando a la nada, su agarre firme y sus pies plantados al suelo. Shai la sacudió, la beso, la abrazo y le susurro al oído. Le gritó, la empujó, la abofeteó en el rostro. Pero durante una hora, Amarine permaneció inmóvil como una estatua de madera tallada que respiraba y parpadeaba,y cuando volvió en sí, no creía que hubiera pasado una hora.

Amarine no sabia a donde había ido, o siquiera que se hubiera ido a algún lado.

-Estaba aquí-decía-. Cortando leña para el fuego.

-No, desapareciste-decía Shai-.Tu cuerpo estaba aquí pero te habías ido.

-No seas tonta. No tengo a donde ir.

Los episodios seguían. Amarine se iba durante diez minutos o tres horas. Así pasaron los días, y Shai no sentía que podía dejar a su esposa sola ni por un momento. ¿Qué pasaría si desaparecía mientras prendía el fuego?¿O mientras se bañaba? Esto confundía y divertía a Amarine, se preguntaba qué había hecho para merecer una atención tan amorosa y estricta. Pero cada vez que Amarine tenía un episodio, Shai estaba ahí, para asegurarse de ser lo primero que viera cuando regresara.

Era obra de Pic, por supuesto, pero era principalmente su culpa. Él debió haber venido por la segunda estrella; debió ser un enviado de las hadas. Shai se sentía una idiota por pensar que su deseo habría de funcionar a su favor y que todo iba a salir bien. Entonces, recordó la historia de Amarine, Shai pensó que su deseo era inofensivo y ahora estaba pagando el precio.

Su madre siempre decía que los sucesos de una tarde tienen consecuencias que duran semanas e incluso años, decía que lo que las personas hicieran en su vida nunca se restringía a un solo momento. Había hecho ese trato con el hada sin tener consideración por absolutamente nada, solo pensó en lo que ella quería y ahora estaba cosechando lo que había sembrado. Se estaban llevando a Amarine por minutos y horas, todo por una estúpida semilla de diente de león.

Se escabulló de su cama esa noche y salió a caminar, mas allá del suelo recién removido del huerto de Amarine. El canto de las ranas cubrían todo sonido, y el manto del bosque era tan espeso, negro y oscuro que era lo único que veía, y así eran todas las noches. Pero esa noche había una luz, a unos veintes pasos de distancia. Una lampara. Alguien las había encontrado.

-Oiga usted-dijo Shai-.¿Quién anda ahí?

-Te dije que sabía donde se escondían-dijo Baelin. Salió del manto de oscuridad y su rostro se iluminó-. Aquí es donde murió tu madre. Donde murieron nuestros padres. Ahora tu también morirás.

-No lo sabía-dijo Shai. Empezó a retroceder en dirección a la pila de leña, donde estaba el hacha.

-Eras demasiado joven. Pero Yann lo sabe, el recuerda,claro que recuerda.

-¿Entonces has venido a matarme?-dio otro paso atrás, solo necesitaba dar un par mas y alcanzaría el hacha-. Mátame antes de llevarte a Amarine. No soportaría ver como la apartan de mi lado-. Pero Baelin no estaba siguiendo a Shai hacia la pila de leña. Avanzar era arriesgado, dejaría la puerta de la cabaña expuesta, y entonces… entonces Amarine se iría para siempre. No, Shai tenía que hacer esto de otra manera. Tendría que jugar el juego de Baelin.

-¿Qué es lo que quieres Baelin?

-Venganza por la muerte de mi padre-dijo-. Y la tendré- Se dio vuelta y abrió su mano, dejando escapar un polvo que se desparramó con la brisa detrás suyo y eventualmente abandonó la luz para perderse en la oscuridad-Esa era tu esencia, la robé de tu capa anoche. Ahora los perros de Yann podrán seguir tu rastro del otro lado del agua. Lo traeré ante ti, como lo prometí.

-Tu madre te enseño bien-dijo Shai.

-Y la tuya no te enseño nada-Baelin levantó la lampara y miro por encima de los hombros de Shai-. Es una lastima por ti, siempre eligen a las mujeres equivocadas.

-¿Cuánto le tomará a mi hermano llegar hasta aquí?-preguntó-. Aunque sea puedes decirme eso.

Pero Baelin se encogió de hombros y entonces todo se puso oscuro. Shai arremetió en dirección a donde Baelin había estado pero ya se había ido. La única luz que quedaba venía desde el interior de la cabaña, no hubo chapoteo de pisadas ni el ruido de los cascos de un caballo. Baelin había desaparecido tan silenciosamente como había llegado, y ahora había dejado un rastro para que los perros lo siguieran. Yann estaría ahí pronto, el peligro era inminente. Tenía que irse de ahí.

Corrió al interior de la cabaña a buscar provisiones. No podían esperar, tenían que irse esa misma noche.

Shai estaba ocupada juntando comida cuando escuchó que la puerta se abrió detrás suyo. Giro rápidamente y alcanzo a ver que Amarine y Pic huían rápidamente de la cabaña, iban tomados de la mano y reían alegremente. Los siguió dejando todo lo que había juntado, la comida, el agua, la cabaña. Los corrió hasta el extremo del pantano y los vio desaparecer en la oscuridad. Solo podía oír sus pisadas, chapoteando en el agua, luego por el barro y por ultimo saltando sobre ramas secas.

Iba a matar a Pic por esto, le daba igual si era un hada o no. Tomó firmemente el hacha de la pila de leña y corrió hacia el pantano para alcanzarlos. No se detuvo por nada, ni siquiera cuando sus pies tocaron el agua helada. La risa de Amarine la guiaba para avanzar en la oscuridad. Corrió como corría cada vez que se encontraba secretamente con Amarine en el pantano. Corrió como había corrido a la cabaña cuando temía por la venganza de Yann, la advertencia de Baelin y la furia del pueblo. Corrió con miedo y preocupación, guiándose por el sonido de los pasos de Amarine. Así como el amor la había motivado antes, ahora también lo haría.

Amarine y Pic corrían tan rápido, con tal facilidad mientras que Shai luchaba con cada paso que daba. El hacha se hacia cada vez mas pesada pero se negaba a soltarla. Tuvo que subirse a las ramas de un árbol, luchando con el peso de su vestido y sus botas cubiertas de barro. Caía en aguas profundas y cada vez se levantaba, seguía escuchando las pisadas que se alejaban y sus risas eran demasiado distantes para ser un recuerdo. Con la respiración húmeda en el pecho y sus latidos resonando fuerte en sus oídos.

Pronto, demasiado pronto, los sonidos del pantano engulleron el sonido de las pisadas y de las risas de Amarine, y con ella toda esperanza. Escuchó la risa de Pic que venía en crescendo antes de ver un fuego fatuo. Le gritó, “¡Detente!¡Por favor!” y entonces se fue, y ella quedo ahí sola.

El hada del pantano había prometido que ella y Amarine se casarían, eso era todo lo que Shai había pedido. Ahora, se habían llevado a su esposa y se había quedado sin nada.Se sumergió hasta las rodillas en el agua, sosteniendo el hacha a la altura de su cintura, había perdido toda esperanza.

Si me quedo aquí, podría convertirme en parte del pantano, pensó ella. Tanto como el pantano se ha convertido en parte de mí. Dos noches antes de que su madre huyera, le había besado en la frente y le había dicho “Siempre seras mi estrella especial.” Era el ultimo buen recuerdo que tenía de ella. Busco cuál era el ultimo recuerdo que tenía de su esposa pero no pudo encontrar ninguno. Estaba vacía. No podía llorar. No podía moverse.

Amarine la había amado durante años. Se reunían en secreto, pero Shai había querido mas. Ella lo había arruinado, había sido egoísta, no había considerado los deseos de nadie excepto los suyos. Ahora Amarine había desaparecido, perdida, al igual que ella. Hundiéndose en el pantano hasta que éste terminará de engullirla y desapareciera para siempre.

Demasiado pronto.

Los sabuesos ladraban a la distancia, y con ellos el chapoteo de las pisadas. La turba había venido por ella, y la encontrarían ahí, la coraza rota de una cosa, un pieza vacía de lo que alguna vez fue. No, no les dejaría tenerlo.

A la distancia se veía la luz de un fuego fatuo. Ahí. Ahí libraría su ultima batalla. Shai era hija de su madre, y moriría de la misma forma en que se había imaginado su muerte, peleando hasta su ultimo aliento. Empezó a correr, y los perros aceleraron el paso. Los aullidos se hacían cada vez mas fuertes y las pisadas se acercaban. Habían captado su esencia, la atraparían en cualquier momento.

Aceleró, luchando contra el peso de todo lo que intentaba detenerla. Corrió por su madre, por su padre, por Amarine y por sí misma. Corrió hasta que se quedo sin aliento, hasta que se cayó mas veces que los pasos que avanzó. Corrió hasta que se arrastro, hasta que tosió y quedo ahí temblando. Moriría antes de alcanzar esa luz, pero por lo menos moriría sabiendo que no se había rendido. Moriría con su orgullo intacto.

Cuando sus músculos se abarrotaron y su garganta estaba prendida fuego, dejo de moverse, escuchando el crujido de los pasos que se acercaban hacia ella. A medida que se sumergía en el agua, se sentía mas liviana. Se perdono a sí misma por no haber salvado a su madre, por no haber detenido a su padre. Se permitió volver a querer a su hermano y a su deseo de proteger al pueblo, y a ella. Se perdonó a sí misma por su deseo y por haber querido amar a Amarine. Se permitió creer que ahora Amarine estaba a salvo, mas de lo que habría estado con Yann, mas de lo que habría estado con ella o con cualquier otra persona. Dejo ir sus remordimientos, sus titubeos, su odio,y cuando se despojo de todo, estaba lista para morir.

En paz consigo misma, cerró los ojos para dejarse hundir el frío profundo cuando alguien la levantó y la saco del barro.

-Quedate quieta-le dijo el hada del pantano.

Los dedos del hada se cerraron como prensa sobre sus hombros, sus ojos negros eran insondables. Shai intentó liberarse del agarre pero ya no le quedaban fuerzas.

-Shh-dijo el hada del pantano, dejándola en el suelo. En su mano sostenía la nube de un diente de león-. Pide un deseo, pero con mucho cuidado.

Con un deseo Shai había perdido todo lo que tenía y todo lo que quería, ¿qué mas podrían pedirle esta vez? Mientras el hada acunaba su cabeza y su cuello en sus dedos con membrana, Shai pensó en algo que no había considerado: el por qué. ¿Por qué le habían concedido un deseo?¿Por qué pusieron a Yann en su contra?¿Por qué se llevaron a Amarine?

Pero estaba demasiado débil y lo único que pudo decir fue: “¿Por qué?”

La voz de Yann a la distancia le indicaba a sus hombres que cerraran los flancos y que iluminaran con antorchas el agua. Los perros estaban tan cerca de su presa que su trote se había convertido en una suave caminata. Frente a todo eso, el hada del pantano seguía aferrada a Shai, con su piel resplandeciente y sus ojos negros como el ónix reflejando la luz de la antorcha.

-De prisa-dijo ella-. No tenemos mucho tiempo.

¿Qué es lo que Shai quería? Quería a Amarine de regreso. Quería que la turba se fuera. Quería estar enamorada como lo había estado durante esas ultimas semanas pero también como antes de todo esto. Quería que su hermano se fuera.Quería que la familia de Amarine estuviera viva. Quería demasiadas cosas. Demasiadas.

Podía oír a su hermano con claridad. “Antorchas arriba,” decía. “Armas listas.”

Shai cerró su mano alrededor del hada del pantano y la miro directo a sus ojos negros.   

-Deseo-dijo-. Deseo tener el poder para revertir todo lo que me han hecho.

Y soplo las semillas que se desparramaron como las estrellas, y cayeron en la oscuridad.

-¿Es ella?-preguntó Yann.

-No-dijo Baelin-. No es ella. No lo toques.

Shai abrió los ojos y se puso de pie, los hombres retrocedieron levantando sus armas. Sus antorchas cayeron al barro. Cuando Shai dio un paso adelante se sintió mareada, sus brazos y piernas apenas le respondían,su cuerpo giraba bruscamente como si estuviera ebria. Su mente era ágil y aguda. Evaluó la amenaza: treinta hombres,no, cincuenta, todos con espadas, hachas, piquetas, y ella estaba desarmada y completamente libre de miedo.

Bajo su mirada y vio sus manos, escurridizas y amarillo verdoso, brillando a la luz de la antorcha. Vio sus piernas desnudas y sus pies descalzos. Con la tercera estrella, Shai se había transformado. Su cuerpo sabía que hacer sin ella, sus alas se extendieron, y varios hombres cayeron de rodillas, pero Yan y Baelin estaban firmes de pie.

-Retrocede hada-dijo Yann-Dinos a donde se fue la bruja.

No quería las respuestas que iba a obtener, y no las estaba pidiendo de la manera correcta. Dio un torpe y serpenteante paso hacia él. Yann levantó su espada en alto, Baelin avanzó. Pobres tontos, solo estaban empeorando la situación.

-Dinos donde está-dijo Yann-. O muere.

Shai respondió con una sonrisa. No tenía que responder una pregunta de Yann, por primera vez en años. No tenía que decirle nada. Tenía a su propia familia con ella ahora, y estaban cerca, mas cerca de lo que él habia estado jamas. Estaban detrás suyo, a su alrededor, reuniéndose a su alrededor. Cuando ella estiró su brazo para ponerlo sobre su hombro, este agitó su espada, pero sus movimientos eran veloces y certeros y antes que pudiera hacer nada, ella había cerrado sus dedos alrededor de su garganta.

-Yann, hay mas-dijo Baelin-.Tres mas… no, cuatro.Cinco…seis. Estamos rodeados.

Intentó retroceder pero alguien la tomo de los hombros y la levanto por el aire.

-He venido por Amarine-dijo Yann-Solo quiero llevarla a casa.

-Pero hermano-dijo Shai-. Ella ya está en casa. Esta conmigo, y nosotras somos su hogar.

Extinguió las antorchas y los sumergió a todos a en la oscuridad del pantano nocturno.

Las bocas y pulmones de veinte hombres se llenaron de agua esa noche. Se ahogaron en un reyerta de puños y alas, de gritos y alaridos. Los perros permanecieron tranquilos, silenciosos, y eventualmente encontraron su camino de vuelta a casa. Yann estaba entre los veinte, enterrado en el barro igual que su padre, que había venido por su madre hacia tantos años atrás. Baelin también había caído, nunca había sido tan lista como su propia madre. Los treinta que sobrevivieron, huyeron a casa al amanecer, cuando los techos del poblado dibujaban una silueta en el cielo.

Cuando el sol se filtró a través de los arboles e iluminó los estanques del pantano,Shai y Amarine reclamaron uno como propio. Se sumergieron bajo el agua juntas y vieron un mundo hecho de la luz de las estrellas y deseos, de potencial y emoción. Un mundo donde el amor era tan real, que cantaba. Shai tomó la mano de Amarine entre las suyas y sus enmarañados dedos se fundieron entre sí, sus ojos negros como el ónix fijos en las maravillas que se presentaban ante ellas.

Mientras contemplaban, con las alas plegadas, Shai sintió el latido de Amarine en armonía con el suyo mientras esa escena se desenvolvía ante ellas entre destellos de luces y colores, se sentía familiar y sobrecogedor a la vez. Como cuando su madre y su padre se reían en la cocina mientras ella y su hermano peleaban en la mesa. Su casa olía entonces a una cálida fogata y a la comida de su madre, y no había nada mas que felicidad en ese momento.

Como cuando Amarine besó a Shai por primera vez en el camino largo junto a la Fortaleza. Sus ojos eran de un verde tan brillante y curioso, sus labios tan pálidos como su piel; lucía tan perfecta como si fuera un dibujo. Y Shai estiró su mano y acarició el cabello de Amarine por un momento que deseo durará para siempre.

Shai sostuvo su mano con fuerza cuando dieron un paso adelante, era lo que siempre había querido, para ella, para las dos. Estaba rodeada de madres, hermanos, padres y hermanas, amantes y enamorados, de toda la magia del mundo y el amor. Amor para dar, recibir, para ofrecerle al mundo libremente, y Shai pudo sentir como era el amor el que les daba la bienvenida.

Era ahí donde pertenecían. Tocó la lengua bífida de Amarine con la suya, y deslizó sus delgados dientes como aguja sobre sus labios,y así, juntas, atravesaron las olas de magia, a través de la luz de las estrellas, hasta que finalmente llegaron a casa.

© Copyright 2018 Jordan Kurella

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