Operación Policial

Por H. Beam Piper

Dar caza a la bestia, bajo las mejores circunstancias, era peligroso. Pero en esta pequeña operación policial, las condiciones requieren el uso de medidas poco ortodoxas.

“… creo que existe algo así como una fuerza policial oculta que opera para disipar las sospechas del ser humano, y para dar explicaciones que convenzan a las personas de que, en caso de que existen alborotadores o saqueadores ocultos, deben provenir de un mundo donde otros seres actúan para mantenerlos a raya y dar explicaciones, pero que lo hacen para distraer la atención de ellos mismos, ya que ellos también explotan la vida sobre esta tierra, pero lo hacen de una forma mas sutil, y de forma mucho mas organizada y ordenada.”

Charles Fort: “¡Mira!”

John Strawmyer, una iracunda figura vestida con un overol gastado y una camiseta negra blanqueada por el sudor, se paro ahí, lejos de los demás, de espaldas a los desvencijados graneros, a una linea de amarillentos bosques, y a las nubes cirrus que atravesaban el cielo azul de octubre. Levantó su nudosa mano en señal de acusación.

“¡Esa heifer valía doscientos, doscientos cincuenta dolares!” reclamo ruidosamente. “¡Y ese perro de ai era como dela familia, y míralo ahora! ¡No me gusta decir profanidades pero tienen q hacer algo!”

Steve Parker, el guarda fauna del distrito, apuntó su cámara hacia el cadáver del perro y apretó el disparador. “Estamos en eso,” dijo cortante. Avanzó unos metros hacia la izquierda y rodeó el descuartizado cuerpo de la heifer, buscando el mejor angulo para tomar fotografías.

 Los dos hombre de gabardina gris de la policía estatal, al ver que Parker había terminado con el perro dieron un paso al frente y se agacharon para examinarlo. El que tenia tres galeones en la manga lo tomó por las patas frontales y lo volteó para dejarlo panza arriba. Era un perro enorme, de raza no identificada, con un pelaje áspero negro y marrón. Algo le había desgarrado la cabeza, tenía varios cortes trasversales en la garganta y lo habían destripado, un solo corte le había abierto el estomago desde el pecho hasta la cola. Lo observaron detenidamente, y entones se ubicaron junto a Parker que seguía fotografiando a la heifer. Al igual que el perro, tenía rasguños en ambos lados de la cabeza, y varios cortes en la garganta. Ademas de eso, le habían arrancado grandes tiras de carne de un lado.

“¡No puedo matar un oso fuera de temporada, no!” decía quejándose Strawmyer. “Pero un oso viene y mata mi ganado y a mi perro; ¡pero eso si está bien! ¡Eso es lo que nos queda a los granjeros en este estado! No me gusta decir profanidades…”

“¡Entonces no las diga!” gritó Parker impaciente. “¡No diga nada! ¡Solo haga la denuncia y cállese la boca!” se volvió hacia los hombres de gabardina “¿Vieron algo muchachos?” preguntó. “Entonces en marcha.”

*

Caminaron rápidamente de vuelta al vehículo, Strawmyer los seguía, vociferando sobre todo lo que padecen los granjeros a manos de los cínicos y corruptos del gobierno estatal. Se subieron a la patrulla, el sargento y el cadete adelante y Parker en el asiento trasero, apoyo su cámara en el asiento donde tambien descansaba una carabina Winchester.

“¿No fuiste un poco duro con ese sujeto Stevie?” preguntó el sargento mientras el cadete encendía el auto.

“No lo suficiente. “No me gusta decir profanidades”,” dijo Parker burlándose del afligido dueño de la heifer, y aclaró: “Estoy moralmente seguro de que ese hombre le ha disparado a por lo menos cuatro ciervos ilegalmente en los últimos años. Cuando y si logro probarle algo, va a estar mas afligido que ahora pero por él mismo.”

“Es de ese tipo de personas de personas problemáticas,” acordó el sargento. “¿Crees que lo que sea que haya hecho esto es el mismo que los otros casos?”

“Si. El perro debe haber interferido mientras devoraba la heifer. Los mismos rasguños superficiales en la cabeza, y cortes profundos en la garganta y el estomago. Mientras mas grande el animal, los cortes aparecen mas adelante. Es evidente que algo los toma de la cabeza con las garras frontales y los desgarra con las patas traseras; por eso creo que es un lince.”

“Sabes,” dijo el cadete, “he visto muchas heridas como esa durante la guerra. Mi grupo aterrizó en Mindanao, donde había actividad de guerrillas. Y esto parece obra de un experto en armas blancas.”

“Las tiendas de usados están llenas de machetes y cuchillos de caza,” consideró el sargento. “Creo que llamaré al Doctor Winters, en el Hospital del Condado, y ver si no se les perdió algún loquito.”

“Pero la mayoría del ganado fue devorado, como la heifer,” objetó Parker.

“Por definición los lunáticos tienen gusto anormales,” respondió el sargento. “O quizás se lo comieron los zorros, despues de que los matara.”

“Eso espero, sería un alivio,” dijo Parker.

“¡Ha!¡escuchen al señor!” aulló el cadete deteniendo el vehículo al final del camino. “Cree que un lunático con machete y complejo de Tarzán es algo divertido. ¿Ahora por donde?”

“Bueno, veamos.” el sargento desplegó una hoja cuadrangular, el guardafauna se inclinó hacia adelante para mirar por encima de su hombro. El sargento pasó su dedo de un lado para el otro sobre una serie de cruces de colores marcadas en el mapa.

“Lunes por la noche, aquí en la Montaña Copperhead, asesinó una vaca,” dijo. “La noche siguiente, cerca de las diez de la noche, atacó el rebaño de ovejas, de este lado de la Copperhead, justo aquí. La noche del miércoles, rasguñó a una mula en el bosque detrás de la granja Weston. Apenas la lastimo, debe haber pateado al engendro y escapó, pero el engendro no salió gravemente herido, ya que unas horas mas tarde, atacó un averío de pavos en la granja Rhymer. Y anoche, hizo lo que hizo.” Sacudió su dedo y señalo la granja Strawmyer. “Mira, siguiendo la cresta de la montaña, en dirección al sudoeste, evitando el campo abierto, y matando solo de noche. Puede ser un lince.”

“O un maníaco con un machete,” acordó Parker. “Vamos al cañadon Hindman a ver si podemos encontrar algo.”

*

Giraron entonces en dirección a un polvoriento sendero, que se iba deteriorando cada vez mas hasta convertirse en un pastizal que se perdía en el bosque. Eventualmente se detuvieron y el agente sacó el vehículo del camino. Los tres hombres salieron del auto, Parker con su Winchester, el sargento revisando el barril de su Thomson y el cadete cargando su escopeta con perdigones. Caminaron durante media hora por el sendero cubierto de arbustos que corría junto a un arroyo, cuando pasaron junto a un jeep gris oscuro de modelo comercial aparcado a un lado y subieron a la cima del desfiladero.

Un hombre, vestido con un abrigo de lana, botas, y pantalones caquis, estaba sentado sobre un tronco, fumando una pipa, con un rifle sobre su piernas y un par de binoculares colgando de su cuello. Tenía unos treinta años y los inmóviles rasgos de su rostro eran tan atractivos que debía ser la envidia de cualquier ídolo sensación adolescente de la pantalla grande. Mientras Parker y los dos policías se acercaron, se levantó balanceando su rifle y los saludo.

“¿Sargento Haines?” preguntó amablemente. “¿Están cazando a esa criatura también?”

“Buenas tardes, Sr. Lee. Sabía que era su jeep el que vimos ahí abajo.” El sargento se volvió hacia los demás. “El Sr. Richard Lee; ocupante actual de la vieja estancia Kinchwalter, del otro lado del Fuerte Rutter. El Sr. Parker, guardafauna del distrito. Y el cadete Zinkowski.” Miro el rifle. “¿Le esta dando caza usted mismo?”

“Si, creí que encontraría algo aquí arriba. ¿Qué cree usted que estamos cazando?”

“No lo sé,” admitió el sargento. “Puede ser un lince. Un gato montes canadiense. Aquí, Jink tiene la teoría de que puede ser un fugitivo del hotel de lunáticos con un machete. Por mi parte, espero que no, pero no descarto la posibilidad.”

El hombre con el rostro de ídolo de la matinee asintió. “Puede ser un lince, si. Tengo entendido que no son poco comunes por estas lados.”

“Pagamos recompensa por dos en este condado, el año pasado,” dijo Parker. “Es un rifle extraño el que tiene ahí, ¿le molesta si lo veo?”

“Para nada,” el hombre presentado como Richard Lee se descolgó el rifle y se lo alcanzó. “Está cargado,” advirtió.

“Nunca vi uno como este,” dijo Parker. “¿Es extranjero?”

“Creo que si. No sé mucho sobre el tema. Pertenece a un amigo mio, él me lo prestó. Creo que el mecanismo de carga es alemán o checo; el resto es un trabajo personalizado hecho por algún armero de la costa oeste. Está diseñado para cargas de ultra-velocidad.”

El rifle pasó de mano en mano; los tres hombres lo examinaron detenidamente haciendo comentarios de admiración.

“¿Encontró algo sr. Lee?” preguntó el sargento, devolviendo el rifle.

“Ni un rastro.” Lee se volvió a colgar el rifle y tiro la cenizas de su pipa. “Recorrí la cima de estas crestas, dos kilómetros, por ambos lados, y por debajo hasta el Cruze Hindman; no encontré rastro alguno o indicios de que hubiera matado.”

El guarda fauna asintió, volviéndose hacia el sargento Haines.

“No tiene sentido entonces seguir adelante,” dijo. “Diez a uno, siguió la linea de arboles detrás de la granja Strawmyer y cruzó a la otra hondonada. Creo que tendremos mejor resultado pasando el acantilado Lowrie. ¿Qué les parece?”

El sargento acordó. El hombre llamado Richard Lee empezó a rellenar su pipa metódicamente.

“Creo que me quedare aquí un poco mas, pero creo que tiene razón. El desfiladero Lowrie o el cruce Lowrie en el Valle de Coon,” dijo.

Cuando Parker y los policías se fueron, el hombre a quien se habían dirigido como Richard Lee regresó a su tronco, se sentó y encendió su pipa con el rifle sobre las piernas. Por momentos, miraba su reloj pulsera y levantaba la cabeza para escuchar. Eventualmente, escuchó a la distancia, el sonido de un motor al encenderse.

Se puso de pie rápidamente. Del interior del tronco donde había estado sentado retiró un bolso de tela. Camino rápidamente hasta una sección de suelo húmedo junto al pequeño arroyo, apoyó su rifle contra un árbol y abrió el bolso. Primero, saco un par de guantes hechos de alguna especie de goma color verde y se los puso, estirándolos hasta los codos por encima de sus abrigo. Entonces saco una botella y la destapo. Con mucho cuidado para evitar salpicar su ropa, vertió el liquido cristalino sobre la tierra en varios lugares. Donde este caía, se elevaba un vapor, y las ramas y el pasto se convertían en polvillo marrón. Volvió a tapar la botella y la guardo en el bolso, esperó unos minutos, entonces con una espátula que también saco del bolso escarbó donde había vertido el fluido y saco cuatro trozos de materia, negros y de forma irregular, los llevo hasta el curso de agua y los lavo cuidadosamente, los envolvió y los coloco en el bolso junto con los guantes. Entonces, se colgó el bolso y el rifle y encaro el sendero que lo llevaría hasta el jeep.

Media hora mas tarde, después de conducir a través de la pequeña aldea rural de Fuerte Rutter, se estacionó en el predio de una derruida granja y estacionó dentro del granero. Cerró las puertas dobles y le cruzó una tabla desde adentro. Fue hasta el muro posterior del granero, que estaba mucho mas cerca del anterior de lo que las dimensiones externas del granero parecían indicar.

Saco de su bolsillo un objeto negro similar a un portaminas. Tanteando el áspero muro de madera, encontró un pequeño orificio e insertó el extremo puntiagudo del portaminas presionando lo que había del otro lado. Espero un instante y nada. Entonces una sección de tres metros cuadrados del muro retrocedió unos metros y se deslizó silenciosamente a un lado. La sección que se había deslizado estaba hecha de acero de ochenta centímetros de espesor, revestido con una delgada capa de tablas de madera, el muro a su alrededor era de concreto, sesenta centímetros, camuflado de la misma forma. Entró rápidamente.

 A la derecha de la abertura encontró un interruptor y lo presionó. Al instante, la masiva placa de acero regresó a su lugar con un suave y bien aceitado clic. Al mismo tiempo, las luces de esa habitación oculta se encendieron, revelando una enorme semiesfera hecha de una delicada malla metálica, de casi diez metros de diámetro y cinco de altura. El hombre llamado Richard Lee ingresó a la semiesfera a través de una puerta corrediza lateral y ésta se cerró detrás suyo. Se volvió hacia el centro del domo hueco y se sentó en una silla con respaldo frente a un enorme panel de instrumentos y un escritorio. Todo, desde las valvulas, medidores, diales, palancas, e interruptores en ese panel de control estaban señalizados con números y caracteres pero no del alfabeto romano ni arabigo, también había, al alcance del ocupante de la silla, un arma que parecía una pistola en el escritorio. Tenía un gatillo y empuñadura convencional pero en lugar de un barril tubular, tenia dos delgadas varillas de metal que se extendían paralelamente por unos diez centímetros, unidos por lo debería ser el cañón por un estilizado botón de cerámico azul claro o una especie de sustancia plástica.

El hombre con el rostro apuesto e inmóvil depositó su rifle y el bolso en el suelo junto a la silla y se sentó. Primero, levantó el arma extraña y la reviso, entonces examinó los instrumentos en el panel frente a él. Y finalmente, activó un interruptor de la tablero de control.

De inmediato, se escuchó un pequeño zumbido, desde algún lugar sobre su cabeza. El zumbido empezó a aumentar en intensidad hasta convertirse en un sonido estable y monótono. El domo empezó a titilar con un brillo frio y extraño y lentamente se desvaneció. El cuarto oculto a su alrededor se desvaneció, y de repente se encontró mirando el oscuro interior de un granero desierto. El granero se desvaneció, apareció un cielo azul en lo alto, atravesado por nubes cirrus. Un paisaje otoñal apareció por un segundo. Edificios, aparecían y desaparecían y así con todo tipo de construcciones en un parpadeo. Todo a su alrededor, formas a medio aparecer se movían brevemente ante sus ojos y desaparecían.

En un momento, la figura de un hombre apareció, dentro del circulo del domo. Tenía un rostro furioso y brutal, y vestía una túnica negra con plateado, pantalones negros y botas negras pulidas, tenía una insignia, compuesta por una cruz y un trueno en el casco. Y un arma automática en su mano.

Al instante, el hombre del escritorio se despabiló y tomo su arma y le saco el seguro, pero antes de que pudiera levantarla y apuntar, el intruso tropezó y cayó afuera del campo de fuerza que rodeaba la silla y los instrumentos.

Por momentos, pudo escuchar fuego de metralla fuera del domo, y al siguiente, el hombre del escritorio se encontró rodeado por un gran corredor con un cielorraso alto como si fuera una bóveda, a través del cual las figuras se movían rápidamente y desaparecían. Por momentos, pudo ver las profundidades de un bosque, siempre con el mismo fondo de montañas y siempre bajo el mismo cielo azul atravesado por nubes cirrus. Hubo un intervalo de una luz blanca azulada de una intensidad insoportable. Entonces el hombre del escritorio se vio así mismo en el interior de un gigantesco complejo industrial. Las figuras que se movían a su alrededor disminuyeron su velocidad y se hicieron distinguibles. Por un instante el hombre de la silla sonrió al encontrarse dentro del vestidor de mujeres donde una mujer rubia se bañaba y otra, mas pequeña y de cabello roja se secaba desnuda con una toalla. El domo se hizo visible, destellando con muchas luces de colores, el zumbido empezó a disminuir en intensidad hasta apagarse por completo y el domo volvió a ser una malla fría e inerte del mas fino metal blanco. Una luz verde sobre él se encendió y apago lentamente.

Apretó un botón y bajo un interruptor, y se puso de pie, levanto su rifle y el bolso y tanteó bajo su camisa buscando una pequeña bolsa tejida, de donde saco un pequeño disco de plástico azul. Abrió un contenedor en el panel del instrumental, y tomo un pequeño rollo de película solidográfica que guardó en su bolso. Abrió entonces la puerta y salio a su propia dimensión de espacio-tiempo.

Fuera del domo había un amplio pasillo con suelos color verde, muros de un verde aun mas claro y un cielorraso de un verde blanquecino. Un enorme hoyo había sido tallado para dar lugar al domo y del otro lado del pasillo, sentado detrás de un escritorio, un funcionario de túnica azul claro, que al verlo se sacó los audífonos. Dos policías de uniforme verde, con sus paralizadores ultrasónicos colgando de la muñeca izquierda y aguijoneadores de rayos sigma como el que tenía en su escritorio dentro del domo, charlaban armoniosamente con un grupo de mujeres vestidas con batas naranjas, carmesí y verde brillante. Una de ellas, la de verde brillante era el duplicado de la chica que había visto secándose con una toalla.

“Aquí llega su jefe,” dijo una de las chicas a los policías, cuando lo vieron acercarse. Ambos se voltearon y saludaron casualmente. El hombre que hasta entonces respondía al nombre de Richard Lee les devolvió el saludo y se dirigió al escritorio. Los policías tomaron sus paralizadores y sus rifles y se encaminaron rápidamente hacia el domo.

Saco el disco de plástico azul de su empaque y se lo entregó al funcionario en el escritorio, que lo introdujo en una ranura del Voder frente a él. Al instante, una voz mecánica respondió:

“Verkan Vall, noble sello azul, heredero de Mavrad de Nerros. Asistente Especial del Jefe, Policía Paratemporal, asignación especial. Bajo ordenes directas de Tortha Karf, Jefe de la Policía Paratemporal. Todas las cortesías y cooperación a su disposición en lo que refiere al Código de Transposición Paratemporal y la Código de la Fuerza Policial. ¿Algo que agregar?”

El empleado presionó el botón “no”. el emblema azul salió eyectado de la ranura y fue devuelto a su portador, que lo guardo en su manga izquierda.

“¿Supongo que querrá asegurarse que soy su Verkham Vall?” dijo él, extendiendo su brazo. “Si, claro señor.”

El empleado toco su brazo con un pequeño instrumento que frotaba antiséptico, tomaba una muestra de sangre y medicaba con la punta de la aguja, todo en un operación casi indolora. Colocó la gota de sangre en una lamina y la insertó de un lado del microscopio de comparación, asintiendo. Mostraba el mismo patrón de suspensión coloidal distintivo que la muestra que estaba ya dispuesta para comparación; el patrón coloidal que le habían inyectado en su infancia para distinguirlo de la innumerable cantidad de Verkham Valls de cada una de las demás lineas de probabilidad del paratiempo.

“Correcto, señor,” asintió el empleado.

Los dos policías salieron del domo , con sus armas enfundadas y la guardia baja. Encendieron cigarrillos al salir del lugar.

“Todo en orden señor,” dijo uno de ellos. “No trajo nada con usted, esta vez.”

El otro se rió. “¿Recuerdas la vez que un salvaje del Nivel Cinco se infiltro en el cargamento del transporte en Jandar el mes pasado?” preguntó.

Si esperaba que una de las chicas quisiera escuchar la historia del hombre salvaje, era un caso perdido. Con un mavrad sello azul en la habitación ¿qué esperanza había para un par de simples policías? Las chicas convergieron rápidamente alrededor de Verkham Vall.

“Cuando vas a quitar esa monstruosidad de nuestra sala de descanso,” demandó la pequeña pelirroja de la bata verde. “Si no fuera por esa cosa, estaría tomando una ducha en este momento.”

“Acabas de tomar una, como hace cincuenta parasegundos atrás, justo cuando llegue,” le dijo Verkham Valls.

La chica lo miró con una indignación obviamente fingida. “Pero como, tu… ¡parafisgón!”

Verkham Valls se rió y se volvió hacia el empleado. “Quiero un cohete estratosférico y un piloto, con destino a Dhergabar, de inmediato. Llama al Campo de Policía Paratemporal de Dhergabar y dales mi ETA; llama a un taxi aéreo para que me busque y notifica al jefe, dile que voy en camino. Informe extraordinario. Deja un guardia en el transporte, creo que voy a volver a necesitarlo, pronto.” Se volvió hacia la pequeña pelirroja. “¿Quieres acompañarme hasta la pista de cohetes?” preguntó.

Afuera, en la pista de aterrizaje al aire libre, Verkham Vall levantó la vista al cielo y miró su reloj.

Han pasado veinte minutos desde que estacionó el jeep en el granero, en esa otra linea temporal tan distante; las mismas lineas delicadas de cirrus blanco atraviesan el cielo azul. La constancia del clima, incluso a doscientos mil paraaños de tiempo perpendicular, nunca deja de impresionarlo. La larga curva de las montañas era la misma, y moteado con los mismos colores otoñales. Pero en el lugar donde estaba la pequeña aldea Fuerte Rutter en esa otra linea de probabilidad, se erigían torres blancas de apartamentos, los habitáculos del personal de la planta.

Caminó rápidamente hacia el cohete que iba a llevarlo al cuartel general, con su rifle y su bolso a cuestas, mientras lo remolcaban y lo colocaban en la plataforma de despegue . Un piloto de aspecto muy juvenil lo esperaba en la plataforma, le abrió la puerta del cohete, se hizo a un lado para que Verkham Vall entrara, lo siguió y cerro la puerta, espero hasta que su pasajero asegurara su bolso y su rifle y se ajustará a su asiento.

“¿A la Terminal Comercial de Dhergabar señor?” preguntó el piloto, sentándose en el asiento contiguo frente a los controles.

“Al Campo de Policía Paratemporal, detrás del Edificio de Administración Paratemporal.”

“Entendido señor. Veinte segundos para el despegue, cuando esté listo.”

“Listo.” Verkham Vall se relajo, contando los segundos en forma subconsciente.

El cohete se sacudió y Verkham Vall sintió una leve presión que lo ajusto al asiento al despegar. Los asientos, y los instrumentos del piloto frente a él se balancearon sobre el cardan y el indicador se movió lentamente hasta los noventa grados mientras el cohete se elevaba y se nivelaba. Para entonces, las nubes cirrus que Verkham Vall habia visto desde el campo quedaba lejos por debajo suyo cuando se metían de lleno en la estratosfera.

No había nada que hacer ahora, durante las tres horas que demoraba el cohete en acelerar en dirección al norte, atravesar el polo y virar hacia el sur, hacia Dhergabar; la navegación estaba a cargo del robot controlador. Verkham sacó su pipa y la encendió, el piloto también encendió un cigarrillo.

“Esa es una pipa muy particular señor,” dijo el piloto. “¿De otro tiempo?”

“Si, Cuarto Nivel de Probabilidad; típico del cinturón paratemporal en el que estaba trabajando.” Verkham Vall se la paso para que la examinara. “El hornillo esta hecho de una raíz de zarzarrosa; la boquilla de una especie de plástico hecho con la savia de ciertos arboles tropicales. El pequeño punto blanco es la marca característica del fabricante, hecha de marfil de elefante.”

“Suena un poco rustica para mi gusto señor,” dijo el piloto mientras la devolvía. “Es un trabajo de calidad si. Parece hecho a maquina.”

“Si. El sector en el que estaba ha avanzado bastante, para ser un civilización electro química. El arma que traje conmigo, ese proyector de misiles sólidos, es típico de la cultura del Cuarto Nivel. Partes móviles fabricadas magistralmente e intercambiables con partes similares de armas similares. El misil es un pequeño perno de aleación de cobre recubierto de plomo, impulsado por gases en expansión por ignición de un compuesto de alguna especie de nitro celulosa. La mayoría de los avances científicos ocurrieron durante el ultimo siglo, y la mayor parte se ha producido en los últimos cuarenta años. Claro que la expectativa de vida en ese nivel es apenas de setenta años.”

“¡Hum! Yo tengo setenta y ocho, recién cumplidos,” resopló el joven piloto. “¡Su ciencia medica debe ser prácticamente brujería!”

“Hasta hace poco lo era,” Acordó Verkham Vall. “Lo mismo sucedió con todo lo demás, un avance rápido en las ultimas décadas después de miles de años de inercia cultural.”

“Sabe, señor, nunca entendí todo este tema de lo paratemporal,” confesó el piloto. “Sé que el tiempo es el tiempo presente y que cada momento tiene su propia linea de eventos pasados y futuros, y que todos los eventos en el espacio tiempo suceden de acuerdo a una máxima de probabilidad, pero no logro entender esto de la probabilidad de alteridad, no lo entiendo. Si algo existe, es porque tiene la máxima probabilidad de ser el efecto de causas previas; ¿por qué entonces existen otras cosas en otras lineas temporales?”

Verkham Vall exhaló el humo en dirección al renovador de aire. Una clase sobre teoría paratemporal sería genial para llenar el viaje de tres horas antes de aterrizar en Dhergabar. Por lo menos el muchacho hacía preguntas inteligentes.

“Bueno, ¿supongo que conoces el principio del paso del tiempo?” comenzó.

“Si,claro; la Doctrina Rhogom. La base de la mayor parte de nuestra física. Existimos perpetuamente en todos los momentos de nuestra vida, nuestro componente ego extrafísico pasa del ego existente en un momento al ego existente en el siguiente momento. En momentos de inconsciencia, el componente extrafísico se libera de las restricciones del tiempo, puede desconectarse, y conectarse en algún otro momento, con el ego existente en ese otro punto temporal. Ese es el principio detrás de la precognición. Nos sometemos a una auto hipnosis y recuperamos recuerdos, traídos desde un momento en el futuro y enterrado en nuestro subconsciente.”

“Así es,” le dijo Verkham Vall. “E incluso sin la auto hipnosis, mucha de la materia precognitiva se filtra desde nuestro subconsciente hacia nuestra mente consciente, pero por lo general en formas distorsionadas o en forma de acciones “instintivas”, por esa razón no les traemos al nivel de la consciencia. Por ejemplo, supongamos, que usted va caminando por el Paseo Norte, en Dhergabar, y llega al Café Martian Palace, va a tomar algo, y conoce una chica y deciden seguir viéndose. Esta relación eventualmente se convierte en una relación romántica, y un año mas tarde, por celos, ella le dispara, digamos con media docena de rayos de una aguijoneadora.”

“Eso le ocurrió a un amigo hace un tiempo atrás,” dijo el piloto. “Continué señor.”

“Bueno, en el microsegundo antes de morir, o después, es indistinto, ya que sabemos que el componente extrafísico sobrevive a la destrucción física, tu CEF se transmite a unos años atrás y se reconecta contigo en algún punto del pasado antes de conocer a esta chica, y con él, todos los recuerdos de todo lo que sucedió hasta el momento de la desconexión, y todo eso queda indeleblemente registrado en su subconsciente. Entonces, cuando vuelva a experimentar los eventos y se paré frente al Café Martian Palace y sienta sed, en lugar de entrar se va a dirigir a Starway o Nhergal, o a algún otro bar. En ambos casos, en ambas lineas temporales, usted siguió la linea de máxima probabilidad; en el segundo caso, los recuerdos futuros de su subconsciente agregan un factor causal.”

“Entonces cuando mi recuerdo viajo hacia atrás, después de ser aguijoneado, ¿generé una nueva linea temporal? ¿Es así?”

Verkham Vall dejo escapar un pequeño bufido de impaciencia. “¡No, no existe tal cosa!” exclamó. “Es semánticamente inadmisible hablar de la presencia total del tiempo en un momento y al siguiente de generar nuevas lineas temporales. Todas las lineas temporales están totalmente presentes, en perpetua co-existencia. La teoría es que el CEF pasa de un momento en una linea temporal al siguiente en otra linea temporal, para que el verdadero pasaje de CEF de momento a momento sea una diagonal en dos dimensiones. Entonces, en el caso que hemos establecido, el evento, usted entrando al Martian Palace existe en una linea temporal y el evento, entrando al Starway existe en otra, pero ambos eventos existen.

“Ahora, lo que nosotros hacemos, en transposición paratemporal, es construir un campo hipertemporal para incluir la linea temporal que queremos alcanzar, y entonces movernos a ella. El mismo espacio ocupado, el mismo punto en el tiempo primario, mas el tiempo que transcurra durante la transmisión mecánica y electrónica, pero en una linea de tiempo distinta de tiempo secundario.”

“Entonces ¿por qué no podemos viajar al pasado o futuro de nuestro propia linea temporal?” preguntó el piloto.

Esa es una pregunta que todo paraviajero tiene que responder cada vez que se habla del viaje paratemporal con los laicos. Verkham Vall la esperaba, y la respondió con paciencia.

“El generador de campo Ghaldron-Hesthor es como cualquier otro mecanismo; solo puede operar en el área de tiempo principal en la cual existe. Puede transportarse a cualquier otra linea temporal, y llevar consigo todo lo que este dentro del campo, pero no puede salir de su propia área temporal de existencia, no mas de lo que una bala disparada por un rifle puede dar en el blanco un semana antes de que sea disparado,” señaló Verkham Vall. “Nada que suceda por fuera del campo debe afectar lo que viaje dentro de él, debe es una forma de decir, no siempre funciona así. De tanto en tanto, se puede arrastrar algo desagradable durante el transposición.” pensó brevemente en el hombre de la túnica. “Por esa razón tenemos guardias armados en las terminales.”

“Supongamos que recibe el impacto de una bomba nuclear,” preguntó el piloto, “¿o algo ardiente o radiactivo?”

“Tenemos un monumento, en Cuartel General de la Policía Paratemporal, en Dhergabar, con los nombres de todo el personal que no logro regresar. Es un monumento grande, tiene registro de los últimos diez mil años, y hay bastantes nombres en él.”

“Por mi quédeselo, ¡yo me quedo con los cohetes!” respondió el piloto. “Pero dígame, ¿qué es todo ese asunto de los niveles y sectores, y cinturones?¿Cuál es la diferencia?”

“Son términos puramente arbitrarios. Hay cinco niveles principales de probabilidad, derivados de cinco posibles resultados del intento de colonizar este planeta hace setenta y cinco mil años. Nosotros estamos en el Primer Nivel, donde ha tenido un éxito total y una colonia completamente establecida. El Quinto Nivel es la de mayor probabilidad de fracaso, no hay población humana establecida en este planeta, y las formas de vida nativa cuasi humana evolucionó en forma autóctona. En el Cuarto Nivel, los colonos evidentemente fueron victimas de algún tipo de catástrofe en el cual perdieron todo recuerdo de su origen extraterrestre, al igual que todo rastro de su cultura extraterrestre. Si alguien les pregunta son una raza autóctona de este planeta con una larga prehistoria de vida salvaje en la edad de piedra.

“Los Sectores son áreas paratemporales que existen en cualquier nivel en los cuales la cultura dominante tiene un origen y características en común. Esta dividida en forma mas o menos arbitraria en sub sectores. Los Cinturones son áreas dentro de esos sub sectores donde las condiciones son el resultado de probabilidades alternas recientes. Por ejemplo, acabo de regresar de un Sector Europeo-americano del Cuarto Nivel, un área que abarca aproximadamente diez mil paraaaños, en los cuales la civilización dominante se desarrolló en el continente Noroeste de la Masa Continental Mayor y desde ahí se esparce hacia la Masa Continental Menor. La linea en la cual estaba operando a su vez, es parte de un sub sector de unos tres mil paraaños y un cinturón que se desarrolló como uno de varios resultados probables de una guerra que concluyó hace tres años transcurridos. En esa linea temporal, el campo en La Fabrica de Sintéticos Hagraban desde donde despegamos, es parte de una granja abandonada, y donde está la Ciudad Hagraban hay una pequeña aldea rural. Esas cosas están ahí, en este momento, tanto en el tiempo principal como en el espacio ocupado. Se encuentran a unos doscientos cincuenta paraaños perpendicularmente uno del otro, y cada uno se encuentra en el orden general de lo que se considera la realidad.”

Una luz roja se encendió sobre él. El piloto miró su visor y colocó sus manos sobre los controles manuales en caso de que el robot controlador fallara. El cohete aterrizó de manera impecable, sin embargo, si hubo un pequeño ajetreo cuando la grúa enderezo el cohete y los asientos giraron sobre el cardan. El piloto y el pasajero se quitaron las amarras y rápidamente salieron del ardiente cohete.

*

Un taxi aéreo, con la insignia de la Policía Paratemporal esperaba por él. Verkham Vall se despidió del piloto del cohete y tomó asiento junto al piloto del aerotaxi; este levantó el vehículo y sobrevoló los edificios hasta llegar a la pista de aterrizaje del Edificio de la Policía Paratemporal, donde se zambulló lateralmente y aterrizó. Un elevador expreso llevó a Verkham Vall a uno de los pisos intermedios, donde mostró su insignia al guardia y finalmente ingresó a la oficina de Tortha Karf.

El jefe de la Policía Paratemporal se levantó de su escritorio semi circular, repleto de teclados, monitores y comunicadores. Era un hombre grande de mas de doscientos años; tenía el cabello gris metalizado que se retraía exponiendo su frente, estaba un poco gordo y su tranquilos rasgos portaban las arrugas de la mediana edad. Vestía con el uniforme verde oscuro de la Policía Paratemporal.

“Y bien Vall,” saludo. “¿Está todo asegurado?”

“No exactamente, señor.” Verkham Vall rodeó el escritorio, depositó su rifle y su bolso sobre el piso y se sentó en una de las sillas a su alrededor. “Tendré que regresar.”

“Te escucho” dijo su jefe mientras encendía un cigarrillo.

“Rastreé a Gavran Sarn.” Verkhan saco su pipa y empezó a llenarla. “Pero eso es solo el comienzo. He rastreado algo mas. Gravran Sarn excedió su permiso Paratemporal, y se llevó a una de sus mascotas con él. Un sabueso nocturno Venusiano.”

La expresión de Tortha Karf no se altero; solo se intensificó un poco. Utilizó uno de los mas breves y semánticamente feos términos que servían, en lugar de una profanidad, como alivio emocional de una raza que había dejado atrás todos los tabúes y terminologías de religiones sobrenaturales e inhibiciones sexuales.

“Estás seguro de esto, por supuesto.” Era mas una afirmación que una pregunta.

Verkham Vall se inclinó y tomó los objetos envueltos en tela de su bolso, los desenvolvió y los puso sobre el escritorio. Eran moldes de plástico negro solido de las huellas de un animal grande de tres dedos.

“¿Las reconoce señor?” preguntó él.

Tortha Karf pasó sus dedos sobre ellas y asintió. Fue entonces que se dejo ver visiblemente molesto, tanto como un hombre de su nivel cultural y civilizatorio se podía permitir.

“¿Para qué cree ese idiota que tenemos un Código Paratemporal?” demandó. “Es completamente ilegal transposicionar un animal o cualquier otro objeto extraterrestre a una linea temporal donde no exista el viaje interestelar. No me importa si es thavrad sello verde; ¡cuando regrese enfrentara cargos por esto!”

Era thavrad sello verde,” corrigió Verkham Vall. “Y no va a regresar.”

“Espero que no hayas tenido que lidiar con él sumariamente,” dijo Tortha Karf. “Con su titulo, y posición social, y la relevancia política de su familia puede ser problemático. Por supuesto que no sería yo el que te daría problemas, pero parece ser que es imposible hacerle entender a la Administración o al público en general los extremos a los que nos llevan.” Suspiro. “Probablemente nunca lo entiendan.”

Verkham Vall esbozó una leve sonrisa. “Oh no, señor; nada de eso. Estaba muerto antes de yo me transposicionara a esa linea temporal. Murió al estrellar un vehículo autopropulsado en el que se transportaba. Uno de esos automóviles del Cuarto Nivel. Me hice pasar por un familiar e intenté reclamar su cuerpo para los arreglos funerales típicos de la cultura de ese nivel, pero me dijeron que quedó completamente destruido por el fuego cuando el tanque de combustible ardió en llamas. Me dieron sus efectos personales que sobrevivieron al fuego, encontré su insignia oculta en lo que parecía ser una cigarrera.” saco un disco verde de su bolso y lo coloco sobre el escritorio. “No hay duda alguna; Gavran Sarn murió en ese accidente.”

“¿Y el sabueso nocturno?”

“Iba en el auto con él pero escapó. Usted sabe lo rápidos que son esas cosas. Encontré esa huella,” dijo señalando uno de los moldes de plástico negro “cerca del lugar del accidente sobre un charco de barro seco. Como puede ver, ese esta un poco defectuoso. Los otros son mas frescos, los tomé esta mañana.”

“¿Qué has hecho hasta ahora?”

“Alquilé una vieja granja cerca del lugar del accidente e instalé mi generador de campo ahí. Corre a través de la Fabrica de Sintéticos Hagraban, a unos cien kilómetros al este de Thalna- Jarvizar. Tengo la terminal en esta linea instalada en el vestuario de mujeres en la fabrica de plásticos durables, lo manejo con un pequeño contingente de policía local. He estado cazando al sabueso nocturno desde entonces. Creo que lo encontré pero voy a necesitar equipamiento especial y adoctrinamiento hipnomecanizado. Por eso regresé.”

“¿Ha llamado mucho la atención?”

“Está matando ganado en las proximidades; y ha causado un revuelo considerable. Afortunadamente, está en un valle montañoso con bosques y algunas granjas, y no en un distrito industrial bien desarrollado. La policía local y oficiales de protección de vida salvaje están preocupados, los granjeros están inquietos y se están armando. La teoría es que puede ser alguna especie de lince o un maníaco armado con un machete. Ambas teorías son factibles analizando la naturaleza de los ataques. Nadie lo ha visto.”

“¡Eso es bueno!” dijo aliviado Tortha Karf. “Bueno, tendrás que ir y traerlo contigo, o matarlo y desintegrar el cuerpo. Sabes tan bien como yo porque eso es importante.”

“Ciertamente señor,” respondio Verkham Vall. “En una cultura primitiva, a cosas como estas se le pueden atribuir explicaciones sobrenaturales y se incorporan a la religión localmente aceptada. Pero esta cultura, aunque nominalmente es religiosa, en la práctica es altamente racional. Un típico efecto retraso característico de toda cultura en expansión. Y en este sector Europeo-americano tiene ciertamente una cultura en expansión. Hace ciento cincuenta años, los habitantes de esta linea en particular ni siquiera sabían manipular la energía a vapor; ahora han empezado a liberar energía nuclear, en formas aun un poco rudimentarias.”

Tortha Karf silbó suavemente. “Es un salto considerable. Ese sector va a tener problemas serios en los próximos siglos.”

“Es lo que ellos también creen, señor.” Verkham Vall se concentro en volver a encender su pipa y continuó: “Me arriesgo a decir que desarrollaran el viaje espacial en ese sector en algún momento del próximo siglo. Quizás dentro de los próximos cincuenta años, por lo menos hasta la Luna. Y el arte de la taxidermia está muy extendido. Ahora, suponte que algún granjero le dispara a esa cosa; ¿qué cree usted que harán con él señor?”

Tortha Karf gruño. “Buena lógica, Vall. La posibilidad mas incomoda es que lo disequen y lo pongan en un museo. Tan pronto como la primera nave espacial llegue a Venus y se encuentre a esas cosas en su estado salvaje habrán identificado a la especie.”

“Exacto. Y entonces, en lugar de romperse la cabeza pensando de donde salió ese espécimen, van a empezar a preguntarse de que época vino. Incluso ahora, tienen la capacidad de llegar a ese razonamiento.”

“Cien años no es un periodo particularmente largo de tiempo,” consideró Tortha Karf. “Estaré retirado para entonces, pero tu tendrás mi trabajo, y será tu dolor de cabeza. Sera mejor que arregles este desastre ahora, mientras aun se pueda. ¿Qué es lo que vas a hacer?”

“No estoy seguro señor. Primero quiero pasar por la maquina de adoctrinamiento hipnomecanizado.” Verkham Vall señaló el comunicador en el escritorio. “¿Puedo?” preguntó.

“Ciertamente.” Tortha Karf arrastró el instrumento a lo largo del escritorio. “Lo que quieras.”

“Gracias señor.” Verkham Vall tomó bruscamente el indice de códigos, encontró el símbolo que quería y lo presionó en el teclado. “Asistente Especial del Jefe Verkham Vall,” se identificó. “Hablo desde la oficina del Jefe de la Policía Paratemporal, Tortha Karf. Quiero un hipnomecanizado completo sobre Sabuesos Nocturnos Venusianos, con énfasis en estado salvaje, énfasis especial en sabuesos domesticados devueltos a su estado salvaje en entornos terrestres, énfasis extra especial en técnicas de cacería aplicables a la misma. La palabra “sabueso nocturno” funcionara como disparador.” Se volvió hacia su Jefe. “¿Puedo tomarlo aquí?”

Tortha Karf asintió, señaló hacia una fila de cabinas que corrían a lo largo del muro mas lejano de la oficina. “Ajusten para transmisión a distancia; lo tomare aquí.”

“Entendido señor; en quince minutos,” respondió una voz en el comunicador.

Verkham Vall devolvió el comunicador. “A propósito, señor; levante un polizón cuando regresé. Lo arrastré por alrededor cien paraaños, debo haberlo levantado cerca de trescientos paraaños después de dejar la terminal de la otra linea. Un sujeto de aspecto desagradable, vestido de negro, parecía uno de esos soldados de ejercito privado que se encuentra por doquier en ese sector. Armado y hostil. Pensé que tendría que dispararle, pero se tropezó y cayó fuera del campo apenas unos segundos después. Tengo el registro sino le molesta verlo.”

“Si, claro activalo,” dijo Tortha Karf señalando el proyector solidográfico. “Está configurado para reproducir una miniatura aquí en el escritorio, ¿le parece bien?”

Verkham Vall asintió, saco el film y lo cargo en el proyector. Cuando presionó un botón, un pequeño domo radiante apareció sobre el escritorio, de unos sesenta centímetros de ancho y treinta de alto. En el centro de la pequeña imagen solidográfica se veía el interior del transporte, mostraba el escritorio, el panel de control y la figura de Verkham Vall sentado frente a él. La pequeña figura del soldado de asalto apareció, pistola en mano. El pequeño Verkham tomó rápidamente su pequeño aguijoneador; el soldado dio un paso al costado y al salir del domo desapareció.

Verkham Vall bajó un interruptor y cortó la imagen.

“Si. No sé que es lo que ocasiona esto pero sucede, de vez en cuando,” dijo Tortha Karf. “Por lo general sucede cuando la transposición recién comienza. Recuerdo que cuando era apenas un niño, hace unos ciento cincuenta años atrás, ciento treinta para ser exactos, levanté a un sujeto del Cuarto Nivel, casualmente del mismo lugar donde tu estás operando ahora, y lo arrastré unos doscientos paraaños. Volví para buscarlo y regresarlo a su propia linea temporal, pero antes de que pudiera encontrarlo, había sido arrestado por las autoridades locales como persona sospechosa, y le terminaron disparando en un intento de fuga. Me sentí mal por eso, pero…” Tortha se encogió de hombros. “¿Sucedió algo mas en este viaje?”

“Atravesé un cinturón de bombardeo nucleonico intermitente en el Segundo Nivel.”  Verkham Vall mencionó una localización paratemporal aproximada.

“¡Aaagh! La civilización Khiftan, y lo de civilización es pura cortesía!” Tortha Karf asomó su mueca irónica. “Supongo que las enemistades intrafamiliares de la Dinastia Hvadka han alcanzado masa crítica nuevamente. Van a seguir haciendo este tipo de idioteces hasta que terminen por destruir todo y vuelvan a la edad de piedra.”

“Intelectualmente, ya están ahí. Tuve que operar en ese sector una vez y , ah lo olvidaba, hay algo mas señor. Este rifle.” Verkham Vall lo levantó, vació el cargador y se lo entregó a su superior. “Se equivocaron con este en el Departamento de Suministros; no es apropiado para mi linea de operación. Es un rifle muy bueno pero es dos o tres veces mas avanzado que el diseño de armas existente en mi linea. Llamó la atención de un par de policías y del guarda fauna, que deben estar familiarizados con las armas de su propia linea. Les dije que no era mía y no conocía su origen, quedaron aparentemente satisfechos con esa respuesta pero me preocupó.”

“Si. Esta fue hecha en nuestra tienda de duplicación aquí en Dhergabar.” Tortha Karf lo llevó a un banco fotográfico detrás de su escritorio. “Lo mandaré a revisar mientras tomas tu hipnomecanizado. ¿quieres que te lo cambie por uno mas autentico?”

“No, señor no lo haga. Ya lo han visto en mis manos, sería menos sospechoso que lo lleve a que lo abandone y misteriosamente aparezca con uno distinto. Solo quiero que lo revisen y que adviertan a Suministros para que tenga mas cuidado en el futuro.”

Tortha Karf asintió con aprobación. El joven Mavrad de Nerros pensaba como todo un agente paratemporal.

“¿Cuál era la designación de tu linea?”
Verkham Vall se lo dijo. Era una especie de valor numérico de seis cifras, pero expresaba un numero en el orden de la décima a cuarentésima potencia, exacto hasta el ultimo dígito. Tortha Karf lo repitió en su estenomemografo, con las correspondientes explicaciones.

“Parece que hay varias cosas mal en esa área,” dijo. “Veamos ahora.”

Ingresó la designación en el teclado; al instante, apareció una pantalla translucida frente a él. Ingreso otra combinación y en la parte superior de la pantalla, bajo el número apareció la leyenda:

EVENTOS, PASADO TRANSCURRIDO CINCO AÑOS

Pulso otra vez, bajo esta linea apareció un subtitulo

EVENTOS QUE INVOLUCRAN TRANSPOSICION PARATEMPORAL

Un código y apareció una tercera linea:

(LLAMO LA ATENCIÓN PUBLICA ENTRE LOS HABITANTES)

Presiono el botón de “inicio”; el encabezado desapareció y en su lugar aparecieron página tras página de papel impreso, pasando una tras otra mientras los dos hombres leían. Hablaban sobre extrañas y aparentemente desconectadas historias, fuegos inexplicables y explosiones; personas que se desvanecían sin dejar rastros; desastres aéreos incomprensibles. Muchas historias sobre una epidemia de misteriosos objetos en forma de discos avistados en el cielo, de a una o en grandes cantidades. En cada relato venía un anexo de uno o mas números de referencia. Tortha Karg o Verkham Vall ingresaban alternadamente alguno de estos y leían información adicional en una pantalla adjunta.

Finalmente Tortha Karf se reclinó en su silla y encendió otro cigarrillo.

“En efecto Vall; definitivamente tenemos que actuar sobre este asunto del nocturno fugitivo del difunto Gavran Sarn,” dijo él.

“Había olvidado que esa era la linea del tiempo en la que la expedición Ardrath lanzo esos discos anti-gravedad. Si esta monstruosidad extraterrestre aparece, sumado a este escándalo de “Platillos Voladores”, cualquiera que sea un poco mas que un idiota puede hacer la conexión.”

“¿Qué sucedió realmente con el Ardrath?”preguntó Verkham Vall. “En esa época estaba en una operación en el Imperio Luvarian, en el Tercer Nivel.”

“Es verdad, te lo perdiste. Fue una de esas operaciones en conjunto. La Comisión Paratemporal y la Patrulla Espacial estaban experimentando con una nueva técnica para transposicionar naves espaciales. Utilizaron el crucero Ardrath, al mando de Kalzarn Jann. Se lanzó al espacio, y se quedo en órbita a mitad de camino entre la Tierra y la Luna, manteniéndose en el lado iluminado del planeta para evitar ser avistado. Hasta ahí todo bien. Pero entonces, el Capitan Kalzarn ordenó lanzar los discos anti gravedad, tripulados, para tomar fotografías, y finalmente los autorizó a aterrizar en la cadena montañosa del oeste, en el Continente del Norte, la Masa Terrestre Menor. Ahí es donde empezaron los problemas.”

Presionó el botón “regresar” hasta que recuperó la página que quería. Verkham Vall leyó sobre un aviador del Cuarto Nivel, que desde su pequeña aeronave, divisó nueve objetos voladores con forma de platillos.”

“Así fue como comenzó,” le dijo Tortha Karf. “No paso mucho tiempo hasta que otros incidentes similares se sucedieron, nuestra agentes en esa linea empezaron a regresar para saber que estaba sucediendo. Naturalmente por la descripción de estos “platillos”, reconocieron los objetos como discos de aterrizaje anti gravedad de una nave espacial. Así que me presente ante la Comisión y hice llover lluvia radioactiva, así fue como a la Ardrath se le ordenó restringir sus operaciones a las áreas mas bajas del Quinto Nivel. Nuestros agentes en esa linea temporal tienen ordenes de tomar acciones correctivas. Mira.”

Limpio la pantalla y empezó a ingresar combinaciones. Página tras página con relatos de personas que afirmaban haber visto los misteriosos discos, y cada informe era mas fantástico que el anterior.

“La técnica estándar de la asfixia,” dijo Verkham Vall sonriendo. “Se habla poco sobre los “Platillos Voladores” y todo lo que he oído ha sido en broma. En ese orden cultural, para desacreditar una historia se montan diez mas, notablemente falsas en paralelo a esa. ¿No fue en esa misma linea temporal que la Corporación de Comercio Tharmax casi pierde su licencia paratemporal?”

 “¡Si si la misma! Compraron todos los cigarrillos y causaron una sospechosa escasez cuando los cigarrillos del Cuarto Nivel se conocieron por primera vez en esta linea y se hicieron muy populares. Deberían haber repartido su compra a lo largo de múltiples lineas y no afectar la oferta y demanda de una sola linea. También se metieron en problemas con el gobierno local por vender petroleo en forma irrestricta y ruedas de automóviles. Tuvimos que enviar un grupo de operaciones especiales y estuvieron demasiado cerca de involucrarse en la política local.” Tortha Karf citó entonces una linea de una canción actual muy popular sobre las penurias de la vida de un policía. “Somos malabaristas, Vall; intentando evitar que nuestros comerciantes y observadores sociológicos, y turistas o simplemente idiotas como el difunto Gavran Sarn se metan en problemas, intentando evitar pánicos y disturbios, o un descalabro en la economía local como resultado de una operación; intentando mantenernos al margen de la política extra temporal, y, en todo momento, asumiendo los costos y los riesgos de mantener el secreto de la transposición temporal, cueste lo que cueste. ¡A veces desearia que Ghaldron Karf y Hesthor Ghrom se hubieran muerto en sus cunas!”

Verkham Vall sacudió su cabeza. “No jefe,” dijo. “No diga eso. Hemos utilizado la transposición por los últimos diez mil años. Cuando se descubrió el campo transtemporal Ghaldron-Hesthor nuestras ancestros habían agotado completamente los recursos de este planeta. Teníamos una población mundial de medio trillón y fue lo único que pudieron hacer para mantenerlos con vida. Después de que empezamos a utilizar la transposición paratemporal la población ascendió a diez trillones y ha permanecido así por los últimos ocho mil años. La cantidad suficiente para disfrutar de nuestro planeta y los demás planetas del sistema al máximo, suficiente de todo para todos por lo que nadie necesita pelear con alguien por nada. Hemos explotado los recursos de esos otros mundos en otras lineas temporales, un poco de aquí, un poco de allá, y nunca en cantidades que pudieran causarle daño a alguien. Hemos dejado nuestras marca en algunos lugares, las Tierras Baldías en Dakota, y el Gobi, en el Cuarto Nivel, por ejemplo, pero nunca dañamos gravemente a ninguno de esos mundos.”

“Excepto por la vez que volamos la mitad del Continente Insular del Sur, hace quinientos paraaños en el Tercer Nivel,” mencionó Tortha Karf.

“Un lamentable accidente, eso seguro,” concedió Verkham Vall. “Y mira cuanto hemos aprendido de las experiencias en todos esas otras lineas temporales. Durante la Crisis, después de la Cuarta Guerra Interplanetaria, podríamos haber adoptado el esquema de “Dictadura del Elegido” que proponía Palnar Sarn, sino fuera porque vimos lo que ese esquema le hizo a la Civilización de los Jak-Hakka en el Segundo Nivel. Cuando se lo dijimos a Palnar Sarn, fue a verlo por sí mismo y cuando regresó, renunció horrorizado a su propuesta.”

Tortha Karf asintió. En ese momento sintió que dejarle su puesto a Mavrad de Nerros al retirarse era lo correcto.

“Si, Vall; lo sé,” dijo. “Pero cuando has estado en este escritorio por tanto tiempo como yo, es inevitable no tener un momento de amargura, o dos, de vez en cuando.”

*

Una luz azul resplandeció sobre una de las cabinas del otro lado de la habitación. Verkham Vall se puso de pie, se quitó el abrigo, lo colgó en el respaldo de su silla, y cruzó la habitación arremangandose la camisa. Había una silla relajante en la cabina, con un casco de plástico azul sobre ella. Observó la pantalla de observación para asegurarse que estaba a punto de obtener el adoctrinamiento que había pedido, y entonces se sentó y bajó el casco para ajustarlo a su cabeza, se colocó los audífonos y se ajustó el mentón. Entonces se inyectó algo en el brazo izquierdo y activó la maquina al mismo tiempo.

Una música suave y lenta empezó a reproducirse a través de los audífonos. Los insidiosos dedos de la droga bloqueaban sus sentidos, uno por uno. La música disminuyó y las palabras de la hipnótica formula lo arrullaron hasta dormirse.

Se despertó con una animada música bailable. Se relajó por un momento y desactivó la maquina, se quitó los audífonos, el casco y se puso de pie. En lo profundo de su subconsciente se encontraba todo el conocimiento necesario sobre el Sabueso Nocturno de Venus. Pronunció mentalmente la palabra y un torrente de información inundó su mente consciente. Ahora conocía la historia evolutiva del animal, su anatomía, sus rasgos característicos, sus hábitos alimenticios y reproductivos, cómo cazarlo, cómo la criatura cazaba a sus presas, como evadía a sus perseguidores y cuál era la mejor manera de rastrearlo y matarlo. Asintió. Ya tenía un plan para lidiar con la mascota renegada de Gavran Sarn.

Tomó un vaso plástico del dispenser, se sirvió vino especiado de la canilla del refrigerador, lo bebió y descartó el vaso en el cesto de basura. Repuso el inyector de la maquina, lista para el siguiente usuario. Entonces emergió de ella mirando su reloj pulsera del Cuarto Nivel traduciendo mentalmente la hora a la escala temporal del Cuarto Nivel. Tres horas habían pasado; había mas que aprender sobre la presa de lo que había anticipado.

Tortha Karf estaba sentado detrás del escritorio, fumando. Parecía que no se había movido de donde Verkham lo había dejado, aunque sabía que en ese tiempo había cenado, asistido a varias conferencias y hecho muchas otras cosas.

“Revisé el asunto de tu polizón, Vall,” dijo el jefe. “No tienes de que preocuparte. Es un miembro de algo llamado Los Vengadores Cristianos, uno de esos grupos de odio de raza y religión típicos de la zona europeo-americana. Pertenece a un cinturón resultado de la victoria de Hitler en 1940, lo que sea que haya sido eso. Algo desagradable me arriesgo a decir. No le debemos nada, ese tipo de personas se merece lo que le toque, deben ser aplastadas como las cucarachas. Y no va a ocasionar mas problemas en la linea donde lo dejaste que los que ya tienen. Está en un cinturón donde reina la anarquía social y política; ya deben haberle disparado, apenas emergió, porque no tener el uniforme correcto. ¿Mil novecientos cuarenta y cuanto?”

“Años transcurridos desde el nacimiento de un líder religioso,” explicó Verkham Vall. “¿Averiguaste sobre mi rifle?”

“Ah, si. Es una reproducción de algo llamado Modelo Sharp ‘37 calibre .235 de Ultravelocidad. Hecho por una compañía de un cinturón paratemporal adjunto que quebró hace sesenta y siete años, tiempo transcurrido, en tu linea de operación. Lo que hizo la diferencia fue la Segunda Guerra entre los Estados, No se muy bien lo que fue, no estoy muy bien versado en la historia del Cuarto Nivel, pero sea que lo sea, no existe en tu linea de operación. Probablemente sea para bien, aunque seguramente tengan cosas igual de peligrosas o peor. Elevé una queja a Suministros y te conseguí mas municiones y herramientas de recarga. Ahora, dime que vas a hacer con este Sabueso Nocturno.”

Tortha Karf guardó silencio por un momento al escuchar el plan de Verkham Vall.

“Es muy arriesgado Vall,” dijo al fin. “La forma en la que planeas hacerlo, el Nocturno corre con todas las ventajas. Esas cosas pueden ver tan bien en la noche como tu en el día. Supongo que lo sabes, ahora que eres un especialista.”

“Si. Pero están acostumbrados a las llanuras ardientes de Venus; y hemos tenido climas secos durante las ultimas dos semanas, en toda la sección noroeste del Continente del Norte. Lo escucharé mucho antes de que pueda acercarse a mi. Y voy a llevar una lampara eléctrica en la cabeza. Cuando me lance contra él, quedara temporalmente cegado.”

“Bueno, como dije, tu eres el especialista. Ahí está el comunicador, ordena lo que necesites.” se encendió otro cigarrillo con la colilla del anterior. “Pero ten cuidado Vall. Me tomó casi cuarenta años formar un paratemporal como tu, no quiero tener que repetir el proceso con alguien mas antes que pueda retirarme.”

*

Verkham Vall, que se recordó a sí mismo que su nombre aquí era Richard Lee, cruzó el pasto húmedo del patio de la granja en dirección al desvencijado granero una oscura madrugada de otoño. Había estado lloviendo esa mañana cuando el cohete estratosférico lo había llevado desde Dhergabar hasta la Fabrica de Sintéticos Hagraban, en el Primer Nivel; sin efecto por las probabilidades de la historia humana, la misma lluvia había caído sobre la granja Kinchwalter, cerca del Fuerte Rutter, en el Cuarto Nivel. Y así había estado durante todo el día, un rocío lento y deliberado.

Eso no le gusto. El bosque estaría húmedo, y las pisadas de su presa estarían mas acolchadas, eliminando así su única ventaja por sobre el merodeador nocturno. Sin embargo, no tenía intención de posponer la cacería. En todo caso, esta lluvia no hacia mas que reafirmar la urgencia de asesinar al Nocturno. En esta estación, un descenso de temperatura estaba a la vuelta de la esquina. El Nocturno, un criatura de las ardientes planicies de Venus, no soportaría el frio, y adiestrado por años de domesticación buscaría el calor en habitáculos humanos. Podría invadir alguna granja aislada o peor, una de las pequeñas aldeas del valle. Si no lo mataba esa misma noche, el incidente que había venido a prevenir sería casi inevitable.

En el granero, extendió una vieja manta de caballo sobre el asiento de su jeep, acostó el rifle sobre ella y sacó el jeep del granero. Entonces tomó su abrigo, le saco la pipa y el tabaco del bolsillo y lo extendió sobre el pasto. Desenvolvió un paquete y sacó una pequeña pistola plástica de roció que había traído consigo desde el Primer Nivel, apuntó con ella al saco y presionó el gatillo hasta que dejarla vacía. Un olor fétido y rancio llenó el aire, la esencia de una cucaracha venenosa gigante de Venus, la única criatura por la cual el Sabueso Nocturno sentía un odio innato e implacable. De hecho, fue gracias a esta compulsiva necesidad de los Nocturnos de asesinar a las letales cucarachas venenosas que los primeros asentamientos humanos en Venus, hace mas de mil años atrás, decidieron domesticar a estas horribles y salvajes criaturas. Recordó también que la familia Gavran había heredado su título debido a sus inmensas propiedades en las tierras ardientes de Venus, Gavran Sarn, el mismo hombre que había traído esta cosa al Cuarto Nivel, había nacido en el planeta interior. Cuando Verkham Vall rocío su abrigo, se convirtió en carnada viviente para atraer a la furiosa criatura a la cual debía cazar. En ese momento, intentando dominar las nauseas para ponerse el abrigo, sentía mas rechazo por esa peste nauseabunda que por el peligro que representaba. Para obtenerlo tuvo que sacrificar un valioso espécimen del Museo de Zoología Extraterrestre de Dhergabar.

Llevó la pistola de plástico y su envoltura y los arrojó a la chimenea, eran altamente inflamables por lo que ardieron rápidamente y se desintegraron en un instante. Probó la lampara eléctrica que había dispuesto en su gorra, revisó su rifle, desenfundó un pesado revolver, producto autentico de su linea de operación, e hizo girar el tambor para asegurarse de que girara. Entonces se subió a su jeep y se alejó de la granja.

Durante media hora condujo rápidamente por los caminos del valle. Por momentos pasaba frente a las granjas enfureciendo a los perros con la esencia alienígena que emanaba de su abrigo. Finalmente llegó hasta un camino secundario, y de ahí a un viejo sendero maderero apenas discernible. La lluvia había cesado, y para estar listo para disparar en cualquier dirección le quitó la capota al jeep. Ahora debía protegerse detrás del parabrisas para no golpearse con las ramas bajas.

Conducía muy lentamente ahora, dejando tras de sí una estela de la apestosa esencia. Había vuelto a matar la noche anterior, mientras él estaba en el Primer Nivel. La ubicación de su ultimo ataque confirmaba sus estimaciones e indicaban donde estaría el rondador esta noche. Estaba seguro de que estaría cerca, y tarde o temprano captaría la esencia.

Se detuvo y apagó las luces. Había elegido ese lugar cuidadosamente mientras estudiaba el mapa de Actividad Geológica, estaba en la explanada de una vieja linea ferroviaria, ahora abandonada, sin las vías que habían servido para operaciones madereras cincuenta años atrás. De un lado, la montaña se eleva agudamente, y del otro una pronunciada caída. Si el Nocturno viniera de abajo tendría que escalar una pendiente de cuarenta y cinco grados, y sería imposible escalarla en silencio, sin duda rompería una rama o aflojaría una roca. Se bajaría de ese lado, si el nocturno estuviera sobre él, el jeep lo protegería de su carga. Se bajo del jeep aferrado a la seguridad de su rifle, pero un instante mas tarde entendería que había cometido un error que podía haberle costado la vida, un error que ni su lógica impecable o su conocimiento hipnoticamente adquirido sobre los hábitos de la bestia habían evitado que cometiera.

Cuando bajó del jeep, mirando hacia el frente del jeep, escuchó un suave aullido detrás suyo, y un rápido movimiento de piernas. Giro rápidamente sobre sí mismo encendiendo su lampara con su mano izquierda y blandiendo su rifle como si fuera una pistola con la mano derecha. Alcanzo a ver al animal cargando contra él por un breve segundo, alcanzo a ver su cabeza como la de un lagarto exhibiendo una feroz dentadura y las filosas garras de sus patas delanteras.

Abrió fuego y la bala se perdió en la oscuridad sin dar en el blanco. Al instante siguiente la criatura le arrebato el arma de sus manos. Instintivamente se cubrió el rostro con el brazo izquierdo y las garras del animal arañaron su brazo hasta su hombro, la fuerza del impacto lo arrojó al piso y lo hizo perder la lampara de su sombrero, rodó bajo el jeep y se enrolló en el suelo a la vez que intentaba sacar su revolver de bajo su abrigo.

En ese instante, supo que era lo que había salido mal. Su plan había sido victima de su propio éxito. El nocturno había sentido su presencia cuando apenas llegó a la explanada y lo había seguido. El sonido del motor había tapado el sonido de sus pisadas mientras permanecía a pocos metros detrás suyo. En los segundos que tardó en detener el pequeño auto y bajarse de él, el sabueso lo había alcanzado y se había arrojado contra él.

Era característico de la mentalidad del Primer Nivel no perder demasiado tiempo en reproches o en entrar en pánico. Por lo que mientras Verkham Vall rodaba bajo su jeep evaluaba también como salir de esta situación. Se quedo inmóvil mientras intentaba tomar la Smith & Wesson de la funda de hombro, que descubrió estaba seriamente desgarrada por el ataque del Nocturno, aun cuando estaba hecha del cuero mas resistente que había. El seguro de la funda estaba dañado y necesitó de ambas manos para desenfundar su revolver. El miembro intermedio del Nocturno tenía una sola y filosa garra de veinte centímetros, si no se hubiera cubierto con el brazo y no hubiera tenido la funda de cuero probablemente hubiera acabado con su vida.

El nocturno caminaba alrededor del jeep aullando frenéticamente. Estaba severamente confundido. Podía ver a la perfección, incluso en la oscuridad de esa noche sin estrellas, sus ojos podían percibir radiación infrarroja como la luz. En ese momento había mucha, el motor del jeep, seguía caliente después de recorrer un buen tramo cuesta arriba. Si hubiese estado solo, especialmente en esta noche cruda y fresca, el calor corporal de Verkham Vall hubiera revelado su posición como si encendiera una lampara. Ahora, sin embargo, con el motor caliente encima suyo había enmascarado su propia radiación. Lo que es mas, la esencia de la cucaracha venenosa en su abrigo parecía emanar del suelo del jeep y se mezclaba con el hedor del asiento, pero el nocturno tenía problemas en localizar al insecto de medio metro que debería estar ahí, emanando ese olor. Verkham Vall se quedo inmóvil, preguntándose cuanto tardaría en hacer su próximo movimiento. Entonces, sintió un golpe sobre el jeep y a continuación un furioso ataque sobre la manta y los asientos del auto.

“Espero que se le enganche una garra en los resortes del asiento,” comentó mentalmente Verkham Vall. Para entonces, ya había encontrado dos piedras grandes con las que lleno los bolsillos de su abrigo. Se calzó el revolver en la cintura y se quitó el abrigo retorciéndose bajo el auto, y destrozando lo que quedaba de la funda en el proceso. Se arrastró como pudo entre las ruedas traseras y se ubicó detrás del auto. Entonces lanzó su pesado abrigo por encima del nocturno y frente al auto, a la vez que desenfundaba su revolver.

De inmediato, el Nocturno atraído por el repentino movimiento de la principal fuente de la esencia, saltó del jeep y se lanzó sobre el abrigo. Al mismo tiempo, Verkham se metió al jeep y encendió las luces.

Su estratagema había funcionado a la perfección. El apestoso abrigo había aterrizado sobre un arbusto a unos dos metros del auto y dos metros del suelo. Con sus patas delanteras el Nocturno bajo el abrigo y lo destrozo furioso con las garras de sus miembros intermedios dándole la espalda a Verkham Vall.

Con su objetivo claramente definido por las luces del vehículo, el agente paratemporal apuntó a la espina dorsal de la criatura, justo por encima de sus hombros secundarios y apretó suavemente el gatillo. La enorme Magnum .357 estalló en sus manos y escupió una llamarada, el nocturno cayó lanzando un escalofriante alarido. Mientras amartillaba su revolver, Verkham Vall espero un instante y entonces asintió satisfecho. La espina de la bestia estaba desecha, y sus piernas e incluso sus miembros intermedios estaba paralizados. Apuntó cuidadosamente por segunda vez y le disparó en la base del cráneo. Se sacudió un poco y murió.

*

Con ayuda de una linterna encontró su rifle con la culata sumergida en el barro detrás del jeep y maldijo brevemente utilizando expresiones del Cuarto Nivel, ya que Verkham Vall era un hombre que amaba las armas, así fuera aguijoneadores de rayos sigma, blasters disruptores de neutrino o los proyectores de misiles sólidos de los niveles inferiores. Para entonces, estaba increíblemente dolorido por los rasguños que había recibido. Se quitó la camisa y la arrojó sobre el capot del jeep.

Tortha Karf le había aconsejado llevar un aguijoneador o un blaster, o aunque sea un arma neuroestática, pero Verkham Vall se había mostrado reticente a llevar ese tipo de armas al Cuarto Nivel. Si no salía con vida de la cacería no quería que un arma así cayeran en las manos equivocadas, alguien que pudiera deducir que los principios científicos eran demasiado avanzados para la cultura general del Cuarto Nivel. Solo se permitio llevar un único articulo del Primer Nivel y principalmente porque debidamente empaquetado no era fácil identificarlo como tal. Sacó un respetable maletín de cuerina del Cuarto Nivel de bajo el asiento, lo abrió y sacó una botella de medio litro de etiqueta roja, y una toalla. Saturando la toalla con el contenido de la botella, se refregó cada centímetro del torso para desinfectar las heridas que el Nocturno le había ocasionado. Donde sea que la loción tocaba su piel rasgada sentía un ardor similar a que si se estuviera pasando un hierro ardiente, la curación resulto ser una agonía. Satisfecho de haber desinfectado cada uno de sus heridas, dejó la toalla a un lado y se subió lateralmente al jeep. Empezó a vociferar una serie de injurias en el idioma local, y las combinó con obscenidades en otra lengua que había aprendido de los habitantes del Cuarto Nivel de su isla natal de Nerros, en el sur, y una atronadora maldición en el nombre de Mogg, Dios del Fuego de Dool, en un lenguaje del Tercer Nivel. Mencionó a Fasif, el Gran Dios de Khift, de forma tal que lo hubieran bañado en ácido si los seguidores de Khift lo hubieran oído. Aludió a las practicas barrocas y eróticas del pueblo Illyalla del Tercer Nivel, para tranquilizarse, en la lengua clásica Dar Halma, con uno de esos insultos genealógicos comunes en el Sector Indo-Turaniano del Cuarto Nivel.

Para entonces, su dolor había menguado hasta convertirse en un leve picazón. Tendría que soportarlo hasta que su trabajo estuviese terminado y pudiera disfrutar de un baño caliente. Sacó otra botella similar del kit de primero auxilios, etiquetada como “Old Overholt,” con un brebaje producido localmente específicamente para heridas internas o externas, y se medicó copiosamente con él, la tapo y se la guardo en el bolsillo para usos futuros. Levantó la derruida funda de hombro y la tiró bajo el asiento. Se volvió a poner la camisa y entonces, arrastró el cuerpo del Nocturno muerto tirándolo de la cola.

Era una criatura realmente horrenda, pesaba cerca de noventa kilos, sus patas traseras eran puro musculo, lo cual le daba una apariencia poderosa como una mole, y sus patas frontales exhibían tres robustas garras. Sus miembros secundarios, a un tercio de distancia de sus hombros, eran largos y delgados, normalmente los llevaba plegados sobre su cuerpo, y cada uno iba armado con una sola garra curva. La bala del revolver entró por la base del cráneo y salió por debajo de su mandíbula, la cabeza estaba relativamente ilesa. Verkham Vall se alegró de que así fuera, quería esa cabeza para la sala de trofeos de su casa en Nerros. Gruñendo y con mucho esfuerzo logro cargar la criatura en la parte de atrás del jeep y lo tapó con su abrigo de lana hecho jirones.

Dio un ultimo vistazo para asegurarse de que no había dejado nada que pudiera ser sospechoso. El arbusto estaba destruido ya que era donde el Nocturno había destrozado el abrigo; pero un oso podría hacer eso. Había salpicaduras del viscoso liquido que la criatura usaba como sangre pero no estarían ahí por mucho mas tiempo. A los roedores terrestres les gustaba la sangre del nocturno, y los bosques estaban llenos de ratones. Se sentó tras el volante, retrocedió, giro y se alejó entonces de ese lugar.

*

Una vez dentro del domo de transposición paratemporal, Verkham Vall dejó el cuerpo del nocturno que había arrastrado hasta ahí y volcó su atención a la forma inerte de otro animal, un Lince Canadiense de cola corta y orejas peludas. Ese animal en particular había sido transposicionado dos veces, había sido capturado en la inmensidad del bosque en América del Norte del Quinto Nivel y confinado a los Jardines Zoológicos en Dhergabar, para terminar aquí, a petición de Verkham Vall y autorizado por Tortha Karf. Estaba casi en el final de sus viajes.

Verkham Vall pinchó al supino animal con la punta de su bota, y se retorció ligeramente. Tenía las patas atadas con precintos pero cuando vio que el efecto del narcótico se agotaba, tomó un jeringa y lo volvió a inyectar en la base del cuello. Esperó un momento y lo cargo en sus brazos hasta el jeep.

“Tranquilo gatito,” dijo él mientras lo acostaba en el asiento trasero, “este es un viaje de ida. Con los narcóticos no sentirás nada.”

Volvió a revisar entre los escombros del abandonado granero. Levantó una azada, pero la descarto por ser demasiado liviana. Un viejo arado era poco práctico. Consideró la pesada parrilla del hornillo pero entonces encontró la alabarda, tirada entre una pila de tablas agusanadas. Tenía el mango cortado y medía apenas treinta centímetros lo que la convertía en un hacha pesada. La pesó con las manos y la probó con un bloque de madera, y entonces, asegurándose que la puerta secreta estaba cerrada, abandonó el granero y se alejo con su auto.

Una hora después, regresó. Abrió la puerta secreta y cargo dentro del domo la derruida funda de hombro, los precintos con los que habían atado las patas del lince, y el hacha, ahora manchada de sangre y pelo de gato. Entonces cerro la puerta y le dio un largo trago a la botella que llevaba en el bolsillo.

El trabajo estaba hecho. Se daría entonces un baño caliente y descansaría en la casa de la granja, y luego regresaría al Primer Nivel. Quizás Tortha Karf vuelva a enviarlo a esa linea por un tiempo. La situación esta lejos de ser satisfactoria, incluso ahora que la crisis desatada por la mascota renegada de Gavran Sarn estaba bajo control. La presencia del asistente del jefe podría ser necesaria.

Tenía derecho a esperar aunque sea una pequeña vacación. Pensó en la pequeña pelirroja en la Fabrica de Sintéticos Hagraban. ¿Cómo se llamaba? Kara algo, Morvan Kara, si. Si todo sale bien estaría saliendo de su turno para cuando regrese al Primer Nivel mañana por la tarde.

Las heridas del rasguño aun le ardían. Un baño caliente y una buena noche de sueño… se tomó otro trago, encendió su pipa, levantó su rifle y caminó hasta la casa.

*

El agente Zinkowski colgó el teléfono y se levantó del escritorio, desperezándose. Dejó el ordenado cuarto y cruzó el pasillo hasta el cuarto de recreación, donde el resto de los muchachos haraganeaba. El sargento Haines que jugaba una lánguida partida de gin-rumi con el Cabo Conner, un ayudante del sheriff, y un mecánico de la estación de servicio cercana levantó la mirada.

“Bien Sargento, creo que podemos tachar el caso de la matanza de ganado,” dijo el agente. “¿Así?” El interés del sargento se despertó rápidamente.

“Si. Creo que el comosellame lo atrapó. Acabo de recibir un llamado de un policía ferroviario en Logansport. Parece que el supervisor de vías encontró un lince muerto en la rama del Río Logan, a un par de kilómetros del torre MMY. Parece que se metió con el cargamento nocturno río arriba y salio perdiendo. Estaba hecho picadillo.”

“La torre MMY, eso está justo debajo del Cruce Yoder,” consideró el sargento. “La granja Strawmyer hace dos noches, la granja Amrine anoche, si, tiene sentido.”

“Le sirve a Steve Parker, los linces no son especies protegidas así que no es problema suyo. Y no es una violación a una ley estatal, así que tampoco es problema nuestro,” dijo Conner. “¿Le toca a usted Sargento?”

“Si, espera un minuto.” El sargento se puso de pie. “Le prometí a Sam Kane, el periodista de Logansport que le contaría cualquier novedad en el caso.” Se paró y enfiló hacia el teléfono. “¡El asesino fantasma!” dijo burlón.

“Bueno, fue emocionante mientras duró,” dijo el asistente del sheriff. “Como eso de los Platillos Voladores.”

FIN

Mientras caminaba junto a los caballos

Por H. Beam Piper

Este relato está basado en un hecho real y documentado. Un hombre se desvaneció, desapareció de la faz de la tierra. Este relato muestra qué fue de él…

En noviembre de 1809, un hombre inglés llamado Benjamín Bathurst desapareció en forma completamente inexplicable.

Iba camino a Hamburgo desde Viena, donde había servido a su gobierno como enviado a la corte de lo que Napoleón había dejado del Imperio Austriaco. En una posada en Perleburg, en Prusia, mientras supervisaba a su cochero cambiar los caballos, salió casualmente del rango de visión de su secretario y su valet. No lo vieron abandonar el patio de la posada. No volvieron a verlo nunca mas.

Por lo menos, no en esta linea temporal.

Del Baron Eugen von Krutz, Ministro de Policia, a su Excelencia Conde von Berchtenwald, Canciller de Su Majestad Friedrich Wilhem III de Prusia

25 de noviembre de 1809

Su Excelencia:

Una circunstancia ha llamado la atención de este Ministerio, y es un asunto de una magnitud tal que es difícil para mi definirla pero que al parecer se ha convertido en asunto de Estado,  tanto local como extranjero, estoy convencido de que es lo suficientemente importante para que tome usted cartas en el asunto. Para ser sincero, prefiero no seguir adelante con este asunto sin su consejo.

Brevemente, la situación es la siguiente: tenemos en custodia, aquí en el Ministerio de Policía, a una persona que se presentó como Benjamín Bathurst, y afirma ser diplomático británico. Esta persona fue detenida ayer por la policía de Perleburg, como resultado de un disturbio en una posada local, está detenido bajo los cargos de alterar el orden público, y por  persona sospechosa. Cuando lo arrestaron tenía en su poder un maletín con una cantidad de papeles de naturaleza tan extraordinarias que las autoridades locales rechazaron asumir responsabilidad alguna mas allá de enviar a este hombre a Berlín.

Después de entrevistar a este hombre y examinar sus papeles, debo confesar que me encuentro en la misma posición. Este no es un asunto policial ordinario, hay algo muy extraño y perturbador en en todo esto. La declaración de este hombre, por poner un ejemplo, es tan increíble que solo con eso podríamos determinar que estamos tratando con un demente, sin embargo, no puedo adoptar esa teoría en base a su comportamiento, que es el de un hombre perfectamente racional y por el hecho de que los papeles efectivamente existen. Todo este asunto es una locura, incomprensible.

Le envío los papeles en cuestión, copias de los diversos testimonios que se tomaron en Perleburg, y una carta personal dirigida a mí de parte de mi sobrino, el Teniente Rudolf von Tarlburg. Esta ultima merece su atención; el Teniente von Tarlburg es un joven oficial muy centrado y racional, lejos de ser un hombre fantasioso. Es un asunto serio si lo ha afectado de esta manera.

El hombre que se hace llamar Benjamín Bathurst está alojado en un apartamento aquí en el Ministerio, esta siendo tratado con toda consideración y excepto por su libertad ambulatoria goza de todos los privilegios.

Espero ansioso su consejo.

Krutz

Informe de Traugott Zeller, Oberwachtmeister, Staatspolizei, hecho en Perleburg,

25 de noviembre de 1809

Diez minutos después de las dos de la tarde del sábado 25 de noviembre, mientras estaba en la estación de policía, entró un hombre conocido por mi como Franz Bauer, empleado de Christian Hauck que servía en la posada Espada & Cetro aquí en Perleburg. Este hombre, Franz Bauer reclamó ante el Staatspolizeikapitan Ernst Hartensein, afirmando que había un demente generando disturbios en la posada donde él, Franz Bauer trabajaba. Por lo tanto, instruido por el Staatspolizeikapitan Hartensein me dirigí a la posada Espada & Cetro para actuar a discreción y preservar el orden.

Cuando llegué ahí, en compañía de Franz Bauer, encontré una multitud considerable de personas reunidas en la sala común, y en medio de todo eso, el posadero, Christian Hauck discutiendo con un extraño. Este extraño era un hombre de apariencia muy cuidada, vestido con ropa de viajante, y con un maletín de cuero bajo el brazo. Cuando entré al salón pude escucharlo, hablaba en alemán con un fuerte acento inglés, intimidaba al posadero,  el ya mencionado Christian Hauck, y lo acusaba de haberle echado drogas a su vino, al vino del extraño, y de robarle su carruaje de cuatro caballos, el carruaje del extraño, y de haber secuestrado a su secretario y a sus sirvientes. Dicho esto, Christina Hauck lo negó ruidosamente y las demás personas, tomando partido por el posadero se burlaban del demente.

Cuando entré al salón, ordené silencio en nombre del rey, y entonces, como él parecía ser la parte acusadora en esta disputa, le demandé al caballero extranjero que me contara cuál era el problema. Repitió sus acusaciones contra el posadero, Hauck, diciendo que Hauck, o mejor dicho otro hombre que se parecía mucho a Hauck y que afirmaba ser el posadero había drogado su vino y robado su carruaje y se había hecho con su secretario y sus sirvientes. En ese punto del relato, el posadero y los espectadores empezaron a gritar todo tipo de negativas y contradicciones, por lo que tuve que golpear la mesa para ordenar silencio.

Le pedí al posadero, Christian Hauck que respondiera por las acusaciones que había hecho el extraño; y así lo hizo, negándolas completamente, dijo que el extraño no había consumido vino en su posada, que había ingresado a la posada y al cabo de unos minutos había empezado a hacer acusaciones, y que en su posada no estaban ni el secretario, ni el valet, ni el conductor y mucho menos su carruaje, y que el caballero estaba lisa y llanamente demente. Para esto, llamo a las personas de la sala común para atestiguar lo que decía.

Entonces le pedí al extraño que se presentara formalmente. Me dijo que su nombre era Benjamín Bathurst, y era un diplomático británico, que regresaba a Inglaterra desde Viena. Para probarlo, saco diversos papeles de su maletín. Uno de estos era una carta de salvoconducto, emitida por la Cancillería Prusiana, en la cual estaba nombrado y descrito como Benjamín Bathurst. Los demás papeles eran ingleses, todos con sellados, y en apariencia documentos oficiales.

Por consiguiente, le pedí que me acompaña a la estación de policía, junto al posadero y tres hombres que el posadero quiso llevar como testigos.

Traugott Zeller

Oberwachtmeister

Informe aprobado

Ernst Hartenstein

Staatpolizeikapitan

Declaración del hombre que se hace llamar Benjamín Bathurst, tomada en la estación de policía en Perleburg

25 de noviembre de 1809

Mi nombres es Benjamín Bathurst, y soy Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del gobierno de Su Majestad Británica ante la corte de Su Majestad Franz I, Emperador de Austria, o por lo menos lo era hasta los eventos que se sucedieron seguido a la rendición de Austria que hicieron necesario mi regreso a Londres. Deje Viena la mañana del Lunes 20 en dirección a Hamburgo donde debía subir al barco que me llevaría a casa. Viajaba en mi propio carruaje de cuatro caballos con mi secretario, el Sr. Bertram Jardine, y mi valet, William Small, ambos británicos, y un conductor, Josef Bidek, un sujeto austriaco, a quien contraté para el viaje. Debido a la presencia de tropas francesas, me vi forzado a desviarme al oeste hasta Salzburg antes de virar al norte hacia Magdeburg, donde cruce el Elbe. No pude procurar un cambio de tiraje para mi conductor después de dejar Gera, y no fue hasta que llegamos a Perleburg y nos detuvimos en la posada Espada & Cetro que pudimos hacerlo.

Cuando llegamos, deje mi carruaje en el patio de la posada y junto al Sr. Jardine, mi secretario, entramos a la posada. Un hombre, no éste sujeto, sino otro canalla, con mas barba, y menos barriga, y ropa mas andrajosa, pero tan parecido que podría pasar por su hermano, se presentó como el posadero y negocié con él un cambio de tiraje, le pedí un botella de vino para mi y mi secretario y una jarra de cerveza para el valet y el conductor que esperaban afuera. Entonces Jardine y yo nos sentamos en una mesa de la sala común a tomar el vino hasta que el hombre que afirmaba ser el posadero vino para decirnos que los caballos frescos ya estaban arreados y que el conductor los estaba preparando para partir. Entonces salimos de la posada.

Le di un vistazo a los caballos de la retaguardia y luego caminé hasta el frente para examinar los de adelante y al hacerlo, sentí un mareo, como si estuviera a punto de caer al suelo y de repente todo se oscureció ante mis ojos. Creí que me había desmayado, algo que nunca me había sucedido antes, y cuando levanté la mano para tomar la barra de enganche no pude encontrarla. Estoy seguro, ahora, de que estuve inconsciente por un buen tiempo porque cuando me despabilé el carruaje ya no estaba, y en su lugar había una gran carreta de granja, desvencijada, le habían sacado la rueda derecha y dos campesinos le ponían grasa a la rueda.

Los miré por un momento y sin poder creer lo que veían mis ojos les hablé en alemán, “¿dónde demonios está mi carruaje de cuatro caballos?”

Se incorporaron desconcertados: el que sostenía la rueda casi la deja caer.

“Disculpe, excelencia,” dijo, “no hemos visto un carruaje así en todo el tiempo que hemos estado aquí.”

“Si,” dijo su compañero,” y hemos estado aquí desde el mediodía.”

No intenté discutir con ellos. Se me ocurrió entonces, y sigue siendo mi opinión, que fui victima de una conspiración, alguien le hecho algo a mi vino, perdí la consciencia y durante ese periodo de tiempo se llevaron a mi conductor y dejaron esta carreta en su lugar, y a estos campesinos a trabajar en ella con instrucciones de que decir si alguien les preguntaba. Si alguien había anticipado mi llegada a la posada y había puesto este plan en marcha no debían de haber pasado mas de diez minutos.

Entré,por lo tanto, a la posada, determinado a desquitarme con este posadero sinvergüenza, pero cuando regresé a la sala común, no estaba por ningún lado, y este otro sujeto, que se presentó como Christian Hauck, afirmaba ser el posadero y negaba tener conocimiento sobre todo lo que venía relatando. Lo que es mas, había cuatro jinetes de caballería, Ulanos, bebiendo cerveza y jugando cartas en la mesa donde Jardine y yo habíamos estado tomando el vino y ellos afirmaban estar ahí desde hacia varias horas.

No tenía idea de por qué alguien me jugaría una broma tan elaborada, con tantas personas involucradas, excepto que hubiesen sido instigados por los franceses. En ese caso, no puedo comprender porque los soldados prusianos se prestarían a semejante ardid.

Benjamín Bathurst

Declaración de Christian Hauck, posadero, tomada en la estación de policía en Perleburg

25 de noviembre de 1809

Su señoría, mi nombre es Christian Hauck, y tengo una posada de nombre Espada & Cetro, la he tenido por los últimos quince años y mi padre y su padre antes que yo, durante los últimos cincuenta años y nunca he sido victima de un reclamo como este. Su señoría, es difícil para un hombre como yo el ser acusado de un crimen como este, un hombre como yo,que mantiene su casa decente,  paga sus impuestos y obedece la ley.

No conozco a este caballero, ni a su conductor, ni a su secretario, nunca lo he visto antes de que entrara a la posada desde el patio, gritando y lanzando acusaciones como un demente, preguntando por “ese descarado sinvergüenza del posadero”

Le dije, “yo soy el posadero y ¿qué razón tienes para decir que soy un sinvergüenza?”

El extraño respondió:

“Usted no es el posadero con el que acabo de hacer negocios, él es un maleante y quiero verlo. Quiero saber qué demonios ha hecho con mi conductor y que ha sucedido con mi secretario y mis sirvientes.”

Intenté decirle que no tenía idea de lo que me estaba hablando pero no escuchaba, solo repetía que lo había drogado, robado y secuestrado a sus sirvientes. Incluso cometió la imprudencia de decir que él y su secretario habían estado sentados en una mesa del salón, bebiendo vino hacía menos de quince minutos, en el mismo lugar que ocupaban cuatro suboficiales del Tercer Batallón Ulano desde el mediodía. Todo el mundo en ese salón habló en mi defensa, pero él no escuchaba, seguía gritando, acusándonos de ladrones, secuestradores y espías franceses y no se cuantas cosas mas, hasta que llegó la policía.

Su señoría, el hombre está loco. Todo lo que le he contado es cierto y es todo lo que sé sobre este asunto, Dios me libre.

Christian Hauck

Declaración de Franz Bauer, empleado de la posada, tomada en la estación de policía de Perleburg

25 de noviembre de 1809

Su señoría, mi nombre es Franz Bauer y son empleado en la posada Espada & Cetro, cuyo dueño es Christian Hauck.

Esta tarde, cuando salí al patio de la posada a vaciar el contenedor de basura cerca de los establos, escuché voces, me di vuelta y pude ver a este caballero hablando con Wilhem Beick y Fritz Herzer que estaban engrasando su carreta en el patio. No estaba en el patio cuando pasé con el contenedor lleno, así que creí que había entrado desde la calle. Este caballero le preguntó a Beick y a Herzer donde estaba su conductor y cuando le dijeron que no lo sabían entró corriendo a la posada.

Hasta donde tengo conocimiento, el hombre no había estado dentro de la posada hasta entonces, tampoco su conductor ni todas las personas que menciona, o nada de lo que él dice que sucedió, si así fuera lo sabría ya que estuve en la posada todo el día.

Cuando volví a entrar lo encontré en la sala común discutiendo con mi jefe y reclamando que lo habían drogado y robado. Vi que era un demente y temiendo que pudiera dañar a alguien acudí a la policía.

Franz Bauer

Su firma

Declaración de Wilhem Beick y Fritz Herzer, campesinos, tomada en la estación de policía en Perleburg

25 de noviembre de 1809

Su señoría, mi nombre es Wilhem Beick, y soy arrendatario de la estancia del Baron von Hentig. El día de hoy, Fritz Herzer y yo estábamos en Perleburg con un cargamento de papas y repollos que el posadero de Espada & Cetro le había comprado al superintendente de la estancia. Después de descargar, decidimos engrasar la carreta antes de volver ya que estaba muy seca, así que desenganchamos la carreta y empezamos a trabajar. Nos tomó cerca de dos horas y empezamos después de almorzar y en todo ese tiempo no vimos un carruaje de cuatro caballos en el patio. Estábamos terminando cuando éste caballero nos habló, exigiendo saber donde estaba su conductor. Le dijimos que no habíamos visto a ninguno en el patio en todo ese tiempo así que dio media vuelta y entró corriendo a la posada. En ese momento, pensé que había salido desde la posada cuando nos habló ya que era imposible que viniera desde la calle. Ahora, no sé de donde salio, pero si sé que hasta ese momento no lo había visto nunca antes en mi vida.

Wilhem Beick
Su firma

Escuché el testimonio anterior y doy fe que todo lo relatado es cierto, no tengo nada que agregar.

Fritz Herzer
Su firma

Del Staatspolizeikapitan Erns Hartenstein, a Su Excelencia Baron von Krutz, Ministro de Policia

25 de noviembre de 1809

Su Excelencia:

Las copias de las declaraciones tomadas hoy explican como el prisionero, que se identifica así mismo como Benjamín Bathurst, llegó a estar bajo mi custodia. Lo he acusado formalmente de causar desorden y por persona sospechosa, para retenerlo hasta que pueda obtener mas información sobre él. Sin embargo, como se ha presentado como diplomático británico, no estoy dispuesto a asumir mas responsabilidades de las que me corresponden, por lo tanto se lo enviare a su excelencia en Berlín.

En primer lugar, su excelencia, tengo serias dudas sobre la historia de este hombre. La declaración que hizo ante mí y firmó, es de por si bastante cuestionable, con un carruaje de cuatro tiros convertido en carreta, como si fuera el carruaje de cenicienta que se convierte en calabaza, sumado a que tres personas se han desvanecido de la faz de la tierra. Pero todo esto es perfectamente creíble y razonable, comparado a las cosas que me relato y que he registrado por escrito.

Su excelencia habrá notado en su declaración cierta alusión a una supuesta rendición austriaca, y a tropas francesas en Austria. Después de tomar su declaración y repasarla, he notado esas alusiones y lo he confrontado al respecto, qué rendición y qué hacían tropas francesas en Austria. El hombre me miró compasivamente y me dijo:

”Parece que las noticias viajan lento por estas partes, la paz terminó en Austria el 14 del mes pasado. Y en cuanto a las tropas francesas en Austria, hacen lo mismo que las tropas de Bonaparte hacen en todas partes de Europa.”

“¿Y quién es Bonaparte?” pregunté.

Me miro como si le hubiera preguntado “¿quién es nuestro señor jehova?” al cabo de unos segundo su rostro cambio a una mirada de comprensión.

“Entonces, ustedes en Prusia le conceden el título de Emperador y se refieren a el como Napoleón,” dijo. “Bueno, puedo asegurarle que el gobierno de Su Majestad Británica no lo ha hecho y nunca lo hará, no mientras un solo hombre inglés tenga dedos para jalar del gatillo. El General Bonaparte es un usurpador. El gobierno de Su Majestad no reconoce otra soberanía en Francia que no sea la de la casa de Borbón.” Esto lo dijo en forma muy seria, como reprendiéndome.

Me tomó unos minutos digerir todo eso y apreciar sus implicaciones. Este sujeto evidentemente cree que la monarquía francesa ha sido derrocada por un aventurero militar de nombre Bonaparte, que se hace llamar Emperador Napoleón, y que fue a la guerra contra Austria y forzó su rendición. No intenté discutir con él, es una perdida de tiempo discutir con dementes, pero si este hombre puede creer en algo así, entonces el asunto del carruaje convertido en carreta de repollos es efectivamente un asunto menor. Para seguirle la corriente le pregunté si él pensaba que los agentes del General Bonaparte estaban detrás de los incidentes ocurridos en la posada.

“Ciertamente,” respondió. “Existe la posibilidad de que como no conocían mi rostro se hayan llevado a Jardine pensando que era el ministro, y que yo era su secretario. Pobre Jardine. Me pregunto, porque se habrán ido sin el maletín. Eso me recuerda, lo quiero de vuelta. Son documentos diplomáticos, usted sabe.”

Le dije muy seriamente que tendríamos que verificar sus credenciales. Le prometí que haría todo lo que estuviera a mi alcance para localizar a su secretario, sus sirvientes y su conductor, le tome una descripción completa de todos ellos y lo persuadí de que subiera a la habitación donde ha quedado bajo custodia. Efectivamente empecé a investigar, llamé a todos mis informantes y espías, pero no pude encontrar nada. No pude encontrar a nadie que lo haya visto en todo Perleburg antes de que entrara a la posada Espada & Cetro, y eso si me sorprende, alguien debería haberlo visto entrar al pueblo o caminar por la calle.

En este punto, déjeme recordarle su excelencia que hay una discrepancia entre las declaraciones del sirviente, Franz Bauer y los dos campesinos. El primero esta seguro de que el hombre entró al patio de la posada desde la calle, los demás están igualmente  seguros de que no fue así. Su excelencia, no soy aficionado a los acertijos, y estoy seguro de que los tres hombres dicen la verdad en cuanto a ellos concierne. Son personas comunes y corrientes, debo admitir, pero saben si vieron no vieron algo.

Después de asegurar al prisionero me volqué a examinar sus documentos y puedo asegurar su excelencia que me han dejado estupefacto. No le había dado demasiado importancia a sus delirios cuando me los relato por primera vez, delirios sobre el derrocamiento del rey de Francia o sobre este General Bonaparte que se hacia llamar Emperador Napoleón, pero encontré todas estas cosas mencionadas en sus documentos y misivas, que en apariencia son completamente legítimos. Se menciona repetidamente la invasión de Austria por parte de Francia, el pasado mes de mayo y como el Emperador de Austria habría capitulado ante este General Bonaparte, y otras batallas librándose en todas partes de Europa, y no se cuanta fantasías mas. Su excelencia, he oído de todo tipo de dementes, uno que creía ser el Arcángel Gabriel, o Mohammed, o un hombre lobo, y otro que estaba convencido de que sus huesos eran de cristal y que estaba siendo atormentado por demonios, pero Dios mediante, ¡es la primer vez que oigo de un demente que tenga pruebas documentales de sus delirios! Entenderá entonces su excelencia el por qué no quiere tener parte en este asunto.

El asunto de sus credenciales es aun peor. Tenía papeles sellados con el sello oficial de la Oficina de Asuntos Exteriores, aparentemente genuino, pero  firmado por el Ministro de Exterior, un tal George Canning, y todo el mundo sabe que Lord Castlereagh ha sido Ministro de Exterior por los últimos cinco años. Como si esto fuera poco, tenía en su poder un salvoconducto sellado por la Cancillería Prusiana, comparé el sello bajo una lente de aumento con uno que sabemos es real y son idénticos. Pero, esta carta está firmada por el Canciller, no por el Conde von Berchtenwald sino por el Baron Stein, el Ministro de Agricultura, y la firma hasta donde pude averiguar es autentica. Esto es demasiado para mi, su excelencia, debo pedirle que me excuse de lidiar con este asunto antes de que me vuelva tan loco como mi prisionero.

He hecho los preparativos correspondientes con el Coronel Keitel del Tercer Batallón de Ulanos para que uno de sus oficiales escolte al prisionero hasta Berlín. El carruaje en el que viajaran pertenece a la estación de policía y el conductor es uno de mis hombres. Debe ser despachado con dinero para regresar a Perleburg. El guardia es un cabo de los Ulanos, ordenanza del oficial. Él se quedará con Herr Oberleutnant y ambos regresaran cuando lo crean conveniente y correrán con sus propios gastos.

Es un honor su excelencia.

Ernst Hartenstein
Staatspolizeikapitan

Del Oberleutnant Rudolf von Tarlburg para el Baron Eugen von Krutz

26 de noviembre de 1809

Querido Tío Eugen;

Esto no forma parte del informe oficial, ese informe ya se lo entregué al Ministro cuando le entregué la custodia del hombre inglés y sus documentos a uno de tus oficiales, un muchacho de cabello rojo y rostro como de bulldog. Hay algunas cosas que creo que deberías saber y no podía incluirlas en el informe oficial, para que sepas que clase de pez ha caído en tu red.

Apenas había regresado de entrenar con mi pelotón cuando el ordenanza del Coronel Keitel me dijo que me presentara ante el coronel en su domicilio. Encontré al anciano fumando su pipa en su salar de estar.

“¡Adelante teniente, adelante y tome asiento, muchacho!” me saludo él, en esa manera jocosa y amable que tiene de dirigirse a un oficial mas joven cuando tiene que asignarle un trabajo especialmente difícil. “¿Qué le parecería hacer un pequeño viaje a Berlín? Tengo un encargo que no le tomará mas de media hora y puede quedarse el tiempo que quiera, siempre y cuando vuelva antes del jueves que es cuando le toca patrullar los caminos.”

Bueno, pensé, este es el señuelo. Esperé para ver cual era el anzuelo, detrás de tanta amabilidad y le pregunté cual era el encargo.

“Bueno, no es exactamente para mi, Tarlburg,” dijo. “Es para Hartenstein, el Straatspolizeikapitan. Necesita enviar algo al Ministerio de Policía y pensé en usted porque escuché que tiene parentesco con el Barón von Krutz, ¿es así verdad?” preguntó, como si no supiera con quienes están relacionados todos sus oficiales.

“Es correcto coronel, el Barón es mi tío,” le dije. “¿Qué es lo que necesita el capitán Hartenstein?”

“Tiene un prisionero y necesita trasladarlo a Berlín para entregarlo en el Ministerio. Todo lo que tiene que hacer es escoltarlo en carruaje, y asegurarte de que no se escape en el camino y que te firmen un recibo por él y unos documentos. Es un prisionero muy importante; creo que Hartenstein no tiene a nadie mas en quien pueda confiarle este asunto. El prisionero afirma ser alguna especie de diplomático británico y hasta donde Hartenstein sabe, puede serlo. Pero también es un demente.”

“¿Un demente?” repetí yo.

“Si, como lo oye. Por lo menos eso es lo que Hartenstein me contó. Quise saber que clase de demente era, ya que hay varios tipos diferentes y cada uno de ellos debe ser tratado de manera diferenciada, pero Hartenstein solo me dijo que tenía creencias poco realistas sobre el estado de los asuntos en Europa.”

“¡ha! ¿Y qué diplomático no las tiene?” pregunté

El anciano se largo a reír, que era una mezcla entre el ladrido de un perro y el graznido de un cuervo.

“¡Si, exactamente! Las creencias poco realistas de los diplomáticos son la razón por la cual mueren los soldados,” dijo él. “Le dije eso a Hartenstein pero no me confió con mas información que esa. Incluso parecía lamentar haberme contado eso. Parecía un hombre que ha visto un fantasma particularmente grotesco.” El anciano se dedicó a su pipa por momentos y exhaló grandes bocanas de humo. “Rudi, a Harstenstein le ha tocada sacar una papa caliente esta vez, y quiere pasársela a tu tío antes de quemarse los dedos. Creo que por esa razón me ha pedido a mi garantizar una escolta para este inglés. Mira, debes llevar a este diplomático desquiciado o desquiciado diplomático o lo que sea que fuera, a Berlín. Y quiero que entiendas lo siguiente.” me dijo mientras me apuntaba con su pipa como si fuera una pistola. “Tus ordenes son llevarlo y entregarlo en el Ministerio de Policía. Pero no han dicho una palabra sobre entregarlo vivo o muerto, o a mitad de camino entre uno y el otro. No se nada sobre este asunto y tampoco quiero saberlo; si Hartenstein quiere cargarnos con esto debe estar satisfecho con nuestra forma de hacerlo.”

Bueno, para resumir, le di un vistazo al carruaje que Hartenstein había puesto a mi disposición y decidí encadenar la puerta izquierda por el lado de afuera para que no pudiera abrirse desde dentro. Así podría poner al prisionero a mi izquierda y solo podría escapar pasando sobre mí. Decidí no llevar armas que pudiera arrebatarme, así que deje mi sable y lo guarde bajo llave en el compartimiento bajo el asiento junto a los papeles del inglés. Estaba lo suficientemente frio para vestir un abrigo así que me puse el mio y en el bolsillo derecho, donde mi prisionero no pudiera alcanzarlo, me guarde una porra de plomo y una funda con pistolas de bolsillo. Hastenstein me había garantizado un guardia ademas de un conductor, pero le dije que prefería llevar un sirviente que a la vez cumpliera el rol de guardia. El sirviente claro, era mi ordenanza, el viejo Johann; le di mi arma de caza de doble cañón para que cargara con un bala para jabalí en un barril y un perdigón de tres gramos en el otro.

Ademas de todo eso, me armé con un botellón de coñac. Pensé que si tenía todo eso a disposición para dispararle a mi prisionero no me daría demasiado problema.

Y dicho sea de paso, no lo hizo y no necesite de ninguna de mis precauciones, excepto por el coñac. El hombre no me dio la impresión de ser un lunático. De hecho era todo un caballero, de mediana edad, con un rostro inteligente y rojizo. Lo único inusual en su apariencia era su sombrero, era un artilugio interesante, parecía una olla. Lo subí al carruaje, le ofrecí un trago y me tome uno yo también. Le pegó un buen trago de la botella y me dijo, “ bueno, esto si es un brandy, lo que sea que pensemos sobre sus detestables políticas no podemos criticar a los franceses por sus licores.” entonces dijo, “me alegro que me envíen custodiado por un caballero militar, y no por un pobre soldado. Dígame la verdad teniente, ¿estoy bajo arresto?”

“Vaya,” le dije yo, “creo que el capitan Hartenstein debería haberle informado eso. Lo único que sé es que tengo que llevarlo hasta el Ministerio de Policía, en Berlín y no dejarlo escapar en el camino. Son mis ordenes y pretendo cumplirlas. Espero no me guarde rencor.”

Me aseguro que no lo haría, y nos tomamos otro trago, me aseguré que esta vez tomara tanto como yo, entonces el conductor agitó su látigo y partimos para Berlín.

En ese momento, pensé, voy a ver que clase de demente es y por qué Hartenstein había convertido una simple disputa en una posada en un asunto de estado. Así que decidí explorar sus creencias poco realistas sobre el estado de situación en Europa.

Después de guiar la conversación hacia donde yo quería, le pregunté:

“¿cual cree usted, Herr Bathurst, que es la verdadera causa de esta trágica situación que estamos viviendo hoy en Europa?”

Eso fue lo que considere como la pregunta mas segura. No hubo un solo año desde los días de Julio Cesar en adelante en que la situación en Europa no haya sido trágica, y funcionó a la perfección.

“Yo creo,” dijo el ingles, “que todo este desastre es resultado de la victoria de los colonos rebeldes en América del Norte, y de su condenada república.”

Bueno, como podrás imaginar ese fue el disparador. Todo el mundo sabe que los Patriotas Americanos perdieron la guerra de independencia ante Inglaterra, que su ejercito fue destruido y sus lideres exiliados o asesinados. Cuando era niño en el castillo Talburg, escuché cientos de veces las historias del Baron von Steuben, ¡historias de gallardía de una guerra perdida! Solía temblar ante el relato del campamento azotado por una feroz ventisca, o saltar de emoción al oír sobre las batallas, o llorar mientras contaba como sostuvo a un Washington agonizante en sus brazos ¡escuchaba sus ultimas nobles palabras en la Batalla de Doylestown! Y aquí estaba este hombre, diciéndome que los Patriotas habían ganado realmente la guerra y establecido la república por la cual habían luchado. Me había preparado para lo que Hartenstein había caracterizado como creencias poco realistas, pero nada tan fantástico como esto.

“No puedo reducirlo a otra cosa que no sea esa,” continuó Bathurst. “Fue la derrota de Burgoyne en Saratoga. Fue una buena estrategia convertir a Benedict Arnold en aliado pero no lo hicimos a tiempo. Si él no hubiese estado en el campo de batalla ese día, Burgoyne habría atravesado el ejercito de Gates como un cuchillo caliente sobre la mantequilla.”

Pero Arnold no había estado en Saratoga. Lo sé; he leído mucho sobre la Guerra Americana. Arnold fue asesinado el día de año nuevo de 1776, durante el asedio de Quebec. Y Burgoyne había hecho exactamente lo que Bathurst dijo, había atravesado el ejercito de Gates como un cuchillo, y bajó por el Hudson para unir sus fuerzas con las de Howe.

“Pero Herr Bathurst,” pregunté, “¿cómo podría afectar eso a Europa? América esta a cientos de kilómetros de distancia, del otro lado del océano.”

“Las ideas pueden cruzar océanos mucho mas rápido que un ejercito. Cuando Luis XVI decidió asistir a los Americanos, se condenó a si mismo y a su régimen. Una resistencia exitosa a la autoridad real en América era todo lo que los Republicanos Franceses necesitaban para inspirarse. No hay que descontar la propia debilidad de Luis XVI. Si solo hubiese bañado a esos granujas con una lluvia de metralla cuando intentaron atacar Versalles en 1790, no hubiera existido una Revolución Francesa.”

Pero lo hizo. Cuando Luis XVI ordenó dirigir los obuses hacia la turba en Versalles, y luego envió a los Dragones Verdes a arrasar con los sobrevivientes, quebró definitivamente los movimientos Republicanos. Ese fue el momento en que el Cardenal Talleyrand, que apenas era Obispo de Autun dio el paso al frente y se convirtió en el poderoso jugador que es hoy en Francia; el mas grande ministro del Rey desde Richelieu.

“Y, después de eso, la muerte de Luis era tan inminente como la noche sigue al día,” Decía Bathurst. “Como los franceses no tenían experiencia en gobernarse a si mismo, su república estaba condenada. Si Bonaparte no hubiese tomado el poder, alguien mas lo habría hecho; cuando los franceses asesinaron a su rey, se entregaron en bandeja a un dictador. Y un dictador, sin el apoyo del prestigio de la realeza, no tenía mas opción que llevar a su pueblo a una guerra en el extranjero para evitar que se volvieran en su contra.”

Y así fue todo el camino hasta Berlín. Todo esto parece una tontería, a la luz del día, pero esa noche, mientras el movimiento del carruaje nos mecía en la oscuridad, estaba casi convencido de que la historia que me contaba era real. Lo juro tío Eugen, era aterrador, como si me estuviera dando un vistazo del infierno. ¡Gott im Himmel!, ¡las cosas que me ha contado ese hombre! Ejércitos esparcidos por todo Europa; saqueando y masacrando, ciudades en llamas, bloqueos y hambrunas; reyes destituidos, y tronos que caían como pinos, batallas que involucraban a soldados de todas las naciones donde cientos de miles caían como granos maduros, y ahí arriba sobre el campo de batalla, la satánica figura de un hombrecillo con un abrigo gris que aceptó la rendición del Emperador Austriaco y tomó al Papa prisionero en Savona.

¿Demente? ¿Creencias poco realistas dice Hertenstein? Bueno, prefiero los dementes que babean y tiran espuma de la boca y vociferan obscenas blasfemias. Pero no éste tipo de caballero tan complaciente que se sentó junto a mi y habló de semejantes horrores con una voz suave y educada, mientras bebía coñac.

Pero claro que no bebió él solo. Si tu hombre en el Ministerio, el del cabello rojo y cara de bulldog, te dice que estaba ebrio cuando entregué al inglés, será mejor que le creas.

Rudi.

Al Ministro Británico, del Conde von Berchtenwald

28 de noviembre 1809

A su Honorable:

El dossier que acompaña este carta debe servir para ponerlo al tanto del problema que enfrenta la Cancillería sin necesidad de repeticiones de mi parte. Por favor, trate de comprender que no es y nunca ha sido la intención del gobierno de Su Majestad Friedrich Wilhem III ofender o injuriar al gobierno de Su Majestad Británica George III. Nunca hubiéramos contemplado mantener bajo arresto, o manipular los papeles de un enviado acreditado de su gobierno. Sin embargo, tenemos serias dudas de que esta persona que se hace llamar Benjamín Bathurst sea ese enviado, y no creemos que le beneficie al gobierno de Su Majestad  permitir que un impostor viaje por Europa haciéndose pasar por diplomático británico. Ciertamente no tenemos nada que agradecerle a Su Majestad Británica por no tomar las medidas necesarias con esta persona en Inglaterra, podría haberse presentado como diplomático prusiano.

Este asunto nos toca muy de cerca al igual que a su gobierno; este hombre tiene en su poder una carta de salvoconducto que encontrara usted en el maletín. Es un modelo estándar, emitido por la Cancillería, y con el sello de la Cancillería, o una falsificación muy exacta del mismo. Sin embargo, está firmada por el Canciller de Prusia, con la firma inconfundible del Barón Stein, quien actualmente es Ministro de Agricultura. Le mostramos la firma al Barón Stein, sin revelarle el resto de la carta y sin duda alguna reconoció que era su propia letra. Sin embargo, cuando se le reveló el resto de la carta lo invadió un sensación de sorpresa y horror que solo la pluma de Goethe o Schiller podrían describir, y negó categóricamente haber visto ese documento antes.

No tenía mas opción que creerle. Es imposible creer que un hombre como el Baron Stein, serio y honorable pudiese ser cómplice de la fabricación de un documento como este. Ademas, yo estoy tan involucrado como él en este asunto, si el documento tiene su firma, también tiene mi sello, un sello que nunca he perdido de vista en los diez años en los que he sido Canciller. De hecho, la palabra “imposible” es apropiada para describir esta situación. Era imposible que Benjamín Bathurst hubiese entrado al patio de la posada, pero lo hizo. Era imposible que llevara documentos como los que se encontraron en el maletín o que esos papeles siquiera existan pero sin embargo hoy me encuentro enviándoselos junto a esta carta. Es imposible que el Barón von Stein firmara un papel como este pero lo hizo o que tenga el sello de la Cancillería, pero tiene ambas, la firma de Stein y mi sello.

Encontrarás en el maletín, otras credenciales, emitidas ostensiblemente por el Ministerio Británico de Asuntos Exteriores, que presentan las mismas características, firmadas por personas que no tienen conexión alguna con el Ministerio, o siquiera con el gobierno, pero tienen el sello en apariencia autentico. Si usted enviase estos documentos a Londres, me imagino que ocasionaría el mismo revuelo que esta carta de salvoconducto ha provocado aquí.

Le envío también un retrato en carbonilla de la persona que se hace llamar Benjamín Bathurst. Retrato realizado sin conocimiento del sujeto en cuestión. El sobrino del Barón von Krutz, el Teniente von Talburg, hijo de nuestro amigo en común el Conde von Tarlbug tiene una amiga, una joven muy inteligente que, como podrás ver, es una experta en este tipo de trabajo: la llevamos a una habitación en el Ministerio de Policía y se ubicó detrás de una pantalla desde donde pudo retratar el rostro del prisionero. Si envía este retrato a Londres creo que hay una buena posibilidad de que alguien lo reconozca. Doy fe de que el retrato es extraordinariamente fiel.

Para serle sincero, hemos agotado todos nuestros recursos en este caso. No entiendo como pudieron falsificar todos estos documentos, sellos y firmas, la firma del Barón von Stein es la mejor falsificación que he visto en los treinta años que llevo como funcionario del gobierno. Esto indica que alguien realizó un trabajo cuidado y minucioso, pero como, entonces, conciliamos una labor tan cuidada con torpezas y errores dignos de un niño en edad escolar, errores como firmar el documento a nombre del Barón von Stein como Canciller o el Sr. George Canning, que es miembro del partido de la oposición y no tiene conexión con su gobierno, como Secretario de Asuntos Exteriores.

Son errores que solo un demente podría cometer. Hay quienes piensan que nuestro prisionero está loco principalmente por sus delirios sobre este gran conquistador, el General Bonaparte, alias el Emperador Napoleón. Hay antecedentes de dementes fabricando evidencia para sustentar sus delirios, pero nunca he visto a uno que tenga los recursos para fabricar este tipo de papeles. Lo que es mas, algunos de nuestros mejores médicos, especialistas en desordenes mentales, lo han entrevistado y dijeron que excepto por su firme creencia en una situación inexistente está perfectamente cuerdo.

Personalmente, yo creo que todo este asunto es un gigantesco fraude, perpetrado por algún oculto y siniestro propósito, probablemente para crear confusión y destruir la confianza que existe entre su gobierno y el mío, para enfrentar a las múltiples personas relacionadas a ambos gobiernos, o para enmascarar alguna otra actividad conspiratoria. Recordara como hace algunos meses atrás desenmascaramos un complot Jacobino en Köln.

Sea lo que sea que se traiga entre manos, esto no me gusta para nada. Quiero llegar al fondo de este asunto lo mas rápido posible, y gratificaré a usted y a su gobierno por cualquier ayuda que pudiese procurar.

El honor es mío señor.

Berchtenwald

DEL BARÓN VOS KRUTZ PARA EL CONDE VON BERCHTENWALD
URGENTE, IMPORTANTE, PARA SER ENTREGADO EN PERSONA DE INMEDIATO Y SIN IMPORTAR LAS CIRCUNSTANCIAS

28 de noviembre 1809

Conde von Berchtenwald:

En la ultima media hora, es decir, alrededor de las once de esta noche, el hombre llamado Benjamín Bathurst fue asesinado de un disparo por un centinela en el Ministerio de Policía mientras intentaba escapar de nuestra custodia.

Un centinela apostado en el patio trasero del Ministerio observó que un hombre intentaba abandonar el edificio de forma furtiva y sospechosa. El centinela, que tenía ordenes estrictas de no permitir que nadie entrara o saliera sin autorización escrita, le llamó la atención: cuando intentó darse a la fuga, el centinela disparó su mosquete y lo derribó. Al oír el disparo, el Sargento de la Guardia se presentó rápidamente en el lugar con su escolta, y descubrió que el hombre a quien el centinela había disparado era el inglés, Benjamín Bathurst. El perdigón impactó en su pecho y falleció antes que el doctor pudiera atenderlo, y sin recobrar la conciencia.

Una investigación reveló que el prisionero, que estaba confinado en el tercer piso del edificio, fabricó una cuerda con las sabanas de su cama y el cordel de la campana. Esta cuerda apenas le alcanzó para llegar hasta la ventana de la oficina del segundo piso debajo de su propia recamara, pero se las ingenió para abrir la ventana de una patada. Aun intento descifrar como hizo esto sin que alguien lo oyera. Le aseguró que alguien va a responder por lo que sucedió esta noche. En cuanto al centinela, actuó según sus ordenes; lo felicité por cumplir con su deber y su puntería, y asumo por completo la responsabilidad por la muerte de este prisionero. No tengo idea de por qué el hombre que se hacia llamar Benjamín Bathurst, que hasta ahora tenía un comportamiento ejemplar y parecía asimilar su confinamiento con mucha templanza, de repente se lanzó a este apresurado y fatal intento de fuga. Debe ser por culpa de esos idiotas doctores del manicomio que han estado acosándolo. Esta tarde, deliberadamente, le entregaron un paquete de periódicos, prusianos, austriacos, franceses e ingleses, todos del mes pasado. Según ellos querían ver cómo reaccionaria. Bueno, Dios los perdone pero lo han descubierto.

¿Qué cree que debemos hacer con los arreglos funerarios?

Krutz

Del Ministerio Británico para el Conde von Berchtenwald

20 de diciembre de 1809

Mi querido Conde von Berchtenwald:

Finalmente ha llegado a mis manos una respuesta a la carta que envié a Londres el día 28 junto al maletín diplomático y los demás papeles. Papeles que entiendo quiere usted recuperar, copias de las declaraciones tomadas en Perleburg, la carta del capitán de la policía dirigida al Barón von Krutz, una carta personal del sobrino del Barón, el teniente von Talburg y la carta de salvoconducto que encontramos en el estuche, van todas juntas en este envío. No se qué habrán hecho en Whitehall con el resto de los papeles, si tengo que adivinar creería que los arrojaron a la fogata mas cercana. Si estuviera en su lugar haría lo mismo con estos documentos que le estoy devolviendo .

No he tenido respuestas, aun, al comunicado que envié el 29, informando sobre la muerte de este hombre llamado Benjamín Bathurst pero dudo mucho que haya algún comunicado oficial al respecto. Su gobierno estaba en todo su derecho de detener al sujeto, y llegado el caso, intentó escapar bajo su propio riesgo.

Para arriesgar un opinión estrictamente no oficial, no imagino que Londres esté en absoluto desatisfecho por el resultado de estos acontecimientos. El gobierno de Su Majestad esta integrado por obstinados aristócratas que no se deleitan con misterios, mucho menos si la solución a tales misterios resulta ser mucho mas perturbador que el problema original.

Esto es completamente confidencial, pero los documentos del maletín desataron un infierno en Londres, con la mitad de los peces gordos del gobierno clamando inocencia a viva voz y el resto acusando a los demás de ser cómplices en este complot. Si alguien hizo esto a propósito debo decir que tuvo un éxito arrollador. Por momentos, se temía que podía llegar hasta el Parlamento, pero eventualmente, todo el asunto fue enterrado.

Puede decirle al hijo del Conde Tarlburg que su amiga es una joven muy talentosa, su retrato fue muy halagado por una autoridad de la talla de Sir Thomas Lawrence y aquí viene la parte mas endiablada de todo este endiablado asunto. Han reconocido a la persona del retrato al instante. Es exactamente igual a Benjamín Bathurst, o debería decir, Sir Benjamín Bathurst, teniente gobernador del Rey en la Colonia Real de Georgia. Y fue el mismo Sir Thomas Lawrence quien lo retrato hace unos años y está en una excelente posición para criticar el trabajo de la joven artista. Sin embargo, Sir Benjamín Bathusrt ha estado en Savannah todo este tiempo, atendiendo asuntos relacionados a su función y a la vista del público, todo eso mientras su doble estaba en Prusia. Sir Benjamín no tiene un hermano gemelo. Alguien sugirió que este hombre podría ser un medio hermano pero no tengo conocimiento que pueda justificar esa teoría.

El General Bonaparte, alias Emperador Napoleón que tanto se ha mencionado en los documentos, parece tener su contra parte en el mundo real: hay un Coronel de Artillería con ese nombre en el ejercito francés, Un Corso que afrancesó su nombre original, Napolione Buonaparte. Es de los mas brillantes teóricos militares, estoy seguro de que alguno de tus propios oficiales podría contarte mas sobre él, oficiales como el General Scharnhorst. Su lealtad con la monarquía francesa nunca ha sido puesta en duda.

En este sentido hay otros hechos que salen a relucir en esa increíble colección de seudo misivas y seudo documentos de estado. Los Estados Unidos de América, recordara, era el nombre con el que los colonos rebeldes se referían a su territorio en la declaración de Filadelfia. El James Madison mencionado como el actual presidente de los Estados Unidos está viviendo en el exilio en Suiza. Su supuesto antecesor en el cargo, Thomas Jefferson, fue el autor de la Declaración rebelde, escapó a la Habana después de la derrota y murió, años después en el Principado de Lichtenstein.

Me resultó muy divertido descubrir que nuestro viejo amigo el Cardenal Talleyrand, sin titulo eclesiástico, ocupará el cargo de jefe asesor del usurpador Bonaparte. Siempre he creído que Su Eminencia es el tipo de sujeto que siempre cae de pie y tiene los escrúpulos necesarios para ser Primero Ministro tanto de Dios como del Diablo.

Estoy desconcertado por uno de los nombres que se menciona con frecuencia en esos fantásticos papeles. El General Inglés, Wellington. No tengo ni las mas remota idea de quien puede ser esta persona.

El honor es mío.

Sir Arthur Wellesley

FIN

A través del Rayo Hewitt

Por M.F. Rupert

La hija de un científico sigue a su padre a un mundo complejo donde los hombres son objetos y las mujeres gobiernan.

Capitulo 1 

Mensajes desde el Mas Allá

Carta para Lucile Hewitt de parte de su padre, John J. Hewitt:

Querida hija: son las once de la noche y solo tengo una hora para darte mi mensaje de despedida. No te alarmes, Lucile. No estoy contemplando el suicidio. Pero he llegado al punto culminante de toda una vida de estudios y voy a poner a prueba mis recientes descubrimientos. Si tuviese éxito en este experimento no volverás a verme por un largo tiempo. Cuando descubras que he desaparecido no temas por mí, regocijate ya que mi proyecto ha sido exitoso.

Ahora que has terminado tus estudios universitarios y te concentras en tu propio trabajo, y aunque voy a extrañarte y sin dudas tu a mi, me siento en libertad para realizar este experimento. Ahora que eres financieramente independiente ya no me necesitas, he dejado instrucciones para que recibas esta casa y todo lo que poseo al cabo de un año. Lo mas difícil de este asunto es romper nuestro lazo de camaradería, por lo menos temporalmente, pero sé que apoyaras este sacrificio.

¿Recuerdas, querida, que hace aproximadamente un año te conté de los experimentos que estoy haciendo con ondas de luz? Es sobre esos experimentos y a donde esos experimentos me llevaron que quiero escribirte. Intentaré no ser demasiado técnico.

En el laboratorio encontraras mis equipos, aparatos eléctricos y mi maquina de ondas de luz, y también la maquina de Rayos Hewitt. En el cajón superior de la derecha en mi escritorio, encontraras un manuscrito donde explico todos los descubrimientos que he hecho. Por favor, no permitas que nada perturbe mi laboratorio mientras no estoy.

Si regreso dentro de un año, puedes publicar el manuscrito. Espero regresar y poder hacerlo yo mismo pero si no sucediera espero que tú, mi querida hija, le presente al mundo el trabajo de mi vida.

Sin dudas recuerdas cuando construí la maquina de ondas de luz. Te dije entonces que era similar a una maquina receptor de ondas de radio pero en lugar de captar ondas de radio, estaba diseñada para captar ondas de luz. Al igual que el sonido, la luz se propaga desde una fuente a través del aire mediante una serie de ondas.

Esta máquina recepciona las ondas de luz al igual que la radio recepciona ondas de radio. Claro que la explicación real es mucho mas complicada y solo un físico podría entenderla y apreciar la belleza y la inmensidad de la idea. Pero como estoy escribiendo en forma simple para tu beneficio la explicación que te di hace un año es suficiente.

Cuando construí la máquina no tenía idea de las asombrosas revelaciones que iba a recibir. Pero un día, mientras giraba el dial, noté un desplazamiento del espectro en la pantalla.

¿Recuerdas lo suficiente para entender lo que esto significa? Cuando estudiamos minuciosamente el espectro con un espectroscopio descubrimos que no era una banda de colores continua sino que estaba atravesada por muchas lineas oscuras llamadas lineas de Fraunhofer, conocidas por cualquiera que estudie las ondas de luz. También es un hecho conocido que la diferencia entre los colores en el espectro se debe a las distintas longitudes de onda. Recuerda esto para lo que viene a continuación.

 Cuando noté que estas peculiares lineas aparecían a lo largo del espectro, detuve inmediatamente el dial y estudié las lineas del espectro, cuyas características me resultaban totalmente desconocidas. Este peculiar espectro se mantuvo en la pantalla por quince minutos hasta que las lineas de Fraunhofer convencionales lo desplazaron.

Sin tocar el dial espere cuidadosamente a que volvieran a aparecer las lineas oscuras, algo que no sucedió hasta las cinco en punto del día siguiente. Compare linea por linea con el diagrama del día anterior y ¡eran exactamente las mismas! Todos los días a las cinco en punto estas lineas reaparecían en pantalla. Finalmente, me animé a cambiar el dial, para ver si el fenómeno se repetía cuando hubiese restaurado el numero del dial.

Y así fue, pero solo a las cinco en punto. Con la ayuda del Profesor Hendricks, que falleció el mes pasado, construí un emisor de ondas de luz y después de mucha investigación y trabajo encontramos la correcta combinación de lentes y prismas que producen el espectro correcto. Al manipular la longitud de las ondas producíamos el espectro de la linea oscura que me había maravillado cuando la observé por primera vez en mi pantalla.

Como sabes el Profesor Hendricks y yo siempre hemos creído en la existencia de una cuarta dimensión e incluso de una quinta y una sexta. ¿Recuerdas como te reíste de nosotros pero nos dijiste que teóricamente era posible pero era imposible conseguir pruebas reales y tangibles? No te rías ahora, querida, pero el Profesor Hendricks y yo creemos que estas inusuales lineas fueron enviadas por seres inteligentes pero ¡no de nuestra dimensión! Los elementos presentes en estas lineas son desconocidas para nosotros.

¿Estas entendiendo? Si estas extrañas lineas del espectro en mi pantalla eran enviadas por alguien, el hecho de que llegaran día tras día a la misma hora y solo con el dial ajustado de una forma particular era prueba de que no un corto circuito accidental de la longitud de onda sino que eran enviados deliberadamente. Ese arreglo de lineas, preciso y constante era prueba de que era algún tipo de mensaje. Que significaba ese mensaje y quien lo enviaba era algo que desconocíamos pero teníamos intención de averiguar.

Una tarde, inmediatamente después de recibir lo que habíamos empezado a llamar “nuestro mensaje”, encendimos nuestro emisor y repetimos el mensaje linea por linea. Al cabo de unos minutos recibimos en nuestra pantalla otra emisión de lineas idénticas. Estábamos muy entusiasmados, tenlo por seguro, entendimos que quien fuera que enviara el mensaje había recibido nuestra repetición y nos lo hacia saber.

Sin embargo, fue entonces que el Profesor Hendricks cayó rendido por una enfermedad y falleció por lo que tuve que seguir adelante solo. Estaba casi desesperado cuando se me ocurrió de pronto una forma posible de comunicarme con estos seres extraños.

Hace varios años, realicé una serie de experimentos con ondas cortas, particularmente con catódicos y rayos X. En esa época la experimentación con rayos catódicos condujo al descubrimiento del rayo X, y yo, al experimentar con los rayos X, descubrí un nuevo tipo de rayo al cual bauticé el Rayo Hewitt. Sin duda recuerdas el revuelo que ocasionó ese descubrimiento.

Al igual que el rayo X, el Rayo Hewitt puede penetrar cualquier sustancia opaca a la luz ordinaria con la diferencia que no se detiene para formar imágenes de sombra como lo hace el rayo X.

Al disminuir la presión de gas dentro del tubo y aumentar el voltaje en los electrodos el poder de penetración de los rayos generados aumenta hasta el punto en que el objeto donde se concentra el rayo queda completamente desintegrado. Lo que es extraño es que no aparece una imagen del objeto en el punto de fuga sino el objeto verdadero que se reconstruye y vuelve a aparecer.

Eras apenas una niña en ese entonces pero debes recordar todo lo que se habló y conjeturó sobre el descubrimiento de este nuevo rayo. Se construyeron gigantescas máquinas de Rayos Hewitt con un alcance de cientos de kilómetros y algunas almas intrépidas se ofrecieron voluntariamente para el experimento.

Pero, aunque llegaron a destino sanos y salvos y no dejaron de alabar este método de transporte, el público general no estaba preparado para esto.

La humanidad no había evolucionado al punto de disponerse a viajar a 300 mil kilómetros por segundo. Fue así que mi Rayo Hewitt, a pesar de ser considerado una maravilla fue almacenada junto a muchas otros inventos revolucionarios.

Pensé entonces en usar este rayo. Me pregunté si, experimento de por medio, era posible modificar el rayo para que ademas de reconstruir el objeto después de desintegrarlo se pudiera viajar utilizando ese mismo rayo. ¿Viajar adonde te preguntaras? ¿Al espacio? ¿A la cuarta dimensión o donde sea que van las ondas de luz cuando desaparecen de nuestro rango de visión?

No quiero agotarte con los detalles, Lucile, pero he modificado exitosamente los rayos como tenía propuesto y he descubierto que las ondas de luz no se desvanecen sino que sufren una transformación de energía, pasan a otro plano de energía.

Con mi Rayo Hewitt modificado he desintegrado objetos como libros, jarrones, flores y animales vivos y los envié integrados a la onda de luz hacia el mundo desconocido desde donde provienen los mensajes.

Ajusté el dial de mi maquina de ondas de luz para recibir una respuesta de parte de los seres con los que me he estado comunicando, y cada vez que envié algo, sin importar la hora, ya sea de día o de noche, recibí un mensaje, el cual entiendo significa que los objetos llegaron a su destino.

Estoy determinado a viajar a este nuevo mundo. Es un procedimiento simple. He construido un inmenso proyector de Rayos Hewitt que se apagará automáticamente luego de que haya cruzado. Qué tipo de mundo me encontraré o qué tipo de personas o seres voy a conocer, no lo sé. Creo que son amistosos y me darán la bienvenida, pero de todas formas pronto lo averiguaré.

Ahora, querida hija, debo dejarte. En el cajón encontraras las llaves del laboratorio e instrucciones detalladas para operar el receptor y el emisor de ondas de luz. Todas las tardes a las cinco en punto voy a hacer el esfuerzo de enviarte un mensaje siguiendo el código de ondas de luz que he diseñado. Me haría muy feliz si pudieras responderme.

Adiós, querida. Que sigas bien y feliz, es el deseo de tu
Amado padre
          JOHN J. HEWITT

Capitulo II

La historia de Lucile Hewitt

Como describir mi reacción al recibir esta carta, no alcanzaría con decir estupefacta y muy preocupada. Mi querido y anciano padre, ¡viaja sobre una onda de luz en dirección a un nuevo mundo lleno de nuevos y desconocidos peligros! No entiendo, siempre me advertía y me pedía que fuera cuidadosa. Era 1945 y mi padre aun se rehusaba a subirse a un aeroplano porque creía que eran peligrosos. Con frecuencia le rogaba que me dejara llevarlo a pasear en mi avioneta pero él afirmaba que no tenía el valor suficiente para subirse. Pero aun así arriesgaba su vida cotidianamente en su amado laboratorio.

Es una verdadera pena que yo no tuviera su inclinación por la ciencia. ¡Podría haber ayudado mucho a mi padre! Honestamente lo intenté, intente seguir una carrera científica y no fue culpa mía el haber fracasado estrepitosamente.

Cuando papá descubrió su Rayo Hewitt y se hablaba de utilizarlo para viajar, ahí fue cuando mi interés por la ciencia se despertó. ¡Viajar a la velocidad de la luz!¡Imaginen la emoción! Sin que papá lo supiera, ya que de lo contrario me lo habría prohibido, me escabullí del colegio y me ofrecí como voluntaria para el viaje de prueba del Rayo Hewitt. Yo fui una de esas “almas intrépidas” de las que habla papá.¡Fue glorioso! Pararte frente al rayo y moverte miles de kilómetros en un parpadeo. ¡Eso sí que es viajar!
Cuando discontinuaron el uso del Rayo Hewitt mi interés en la ciencia sufrió el mismo destino. Pero uno de mis grandes intereses en la vida se había revelado ante mí. Viajar, y viajar con velocidad ilimitada. Lo mas veloz que encontré después de eso fue el aeroplano y puedes estar seguro que me hice con uno.

Para cuando aprendí a operar mi primer aeroplano tenía dieciséis años. Cuando el interés general por la aviación creció, el mio creció a la par, y ahora con veintiséis años piloteo un gigantesco avión comercial entre New York y Honolulu, es lo que he hecho por los últimos cinco años.

La mañana que recibí la carta de papá coincidió con que terminaba mi turno. Estuve seis días de turno y ahora me correspondían tres de descanso. Ese era mi esquema laboral.

Después de leer la carta, fui de inmediato al laboratorio. Lo primero que atrajo mi atención fue la enorme máquina de Rayos Hewitt. Después de examinarla detenidamente, encontré los controles y con un poco de estupor la encendí. Un suave y casi invisible rayo color ámbar resplandeció en la abertura con forma de embudo. Ya con un poco mas de valor me quite un guante y lo coloque experimentalmente en la plataforma sobre la cual brillaba el rayo. Al principio no sucedió nada pero entonces el guante empezó a brillar con el mismo suave resplandor del rayo y de forma casi imperceptible, desapareció, se convirtió en parte de la luz que lo envolvía.

Volví mi atención hacia el receptor de ondas de luz, lo encendí y ajuste el dial en veinte. La pantalla se encendió de inmediato. Una sucesión de hermosos colores desfilo frente a mi. Active el interruptor señalizado como Espectro y al hacerlo la pantalla cambió por completo. Los hermosos colores se habían separado para luego mezclarse y entrelazarse descontroladamente, pequeñas lineas se formaba aquí y allá. Lo observé fascinada por un tiempo y luego lo apagué.

En fin, Papá se había ido y yo aquí, con un laboratorio lleno de maravillosos maquinarias que apenas si lograba comprender. Leí su carta una y otra vez para asegurarme de que iba a estar bien. ¿Pero cómo podía convencerme de semejante cosa? Era un científico maravilloso pero fuera de su laboratorio estaba perdido. Siempre había sido como un niño en el mundo exterior.

Después de dos días de pensar y enferma de preocupación me decidí a conseguir a alguien que pudiera operar la maquinaria y así seguirlo hasta ese extraño mundo. Me puse manos a la obra y llame por radio a mi antigua compañera de clases, Marion Wells, que ya tenía una prominente carrera como científica.

“Estaré ahí en diez minutos,” me dijo y corto la comunicación.

Y en exactamente diez minutos su auto-plano aterrizaba verticalmente en nuestra entrada, las alas se retraían automáticamente al tocar el suelo. Admire su habilidad para conducir mientras ella atravesaba el portón y se deslizaba bajo los arboles hasta el porche de la casa.

En el laboratorio Marion demostró un gran interés por el Rayo Hewitt. El receptor de ondas de luz de hecho le resultaba familiar. Entonces se volvió y observo detenidamente la pantalla. Con curiosidad le pregunté si sabía que significaban los colores y las lineas.

“Si, es un sistema de código de onda internacional,” asintió. “Lento pero con firmeza, esta forma de comunicación esta reemplazando los métodos de antaño. Las estaciones de ondas de luz son mucho mas simples de construir, mucho mas baratas y el servicio que proveen es ampliamente superior al viejo telégrafo.”

Una vez que las maravillas en el laboratorio han sido examinadas y puestas a prueba, nos sentamos e intentamos resolver el problema de traer a Papá de vuelta sano y salvo. Marion proponía esperar a recibir un mensaje concreto de su parte pero yo estaba demasiado preocupada para considerarlo. Quería que Marion se quedara aquí a interceptar mensajes mientras yo iba a buscarlo.

“Sé razonable,” rogaba Marion. “Este plano de existencia al cual ha ido tu padre es sin lugar a dudas tan grande como el mundo en el que vivimos ahora. Quizás se ha movido o lo han llevado a cientos de miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo esperas encontrarlo?”

“Bueno,” respondí obstinadamente, “si esta ahí del otro lado, quizás me necesite, y si me necesita, debo ir con él. Lo encontraré de alguna manera.”

“Muy bien. Dime como planeas volver una vez que lo encuentres.”

Debo haber tenido una apariencia fatal porque Marion se inclinó y me palmeó la mano. “No te preocupes, Lou. Tengo un plan. Pero hay que ponerse a trabajar de inmediato si esperas cruzar en un futuro cercano.”

Rápidamente me pidió el manuscrito de mi padre y obtuvo un detalla descripción para crear y operar una nueva máquina de Rayos Hewitt.

“Veras,” explicó finalmente, “vamos a construir otra maquina de rayos y la enviaremos contigo. Es tu única oportunidad de volver.”

Durante las siguientes semanas trabajamos arduamente. Llamé por radio a mi compañía para extender mi licencia y me la dieron. Hasta que una tarde finalmente, terminamos. Eran las cinco en punto y encendimos el receptor de ondas de luz siguiendo las instrucciones de papá. Marion observó atentamente el mensaje sobre la pantalla pero algo no estaba bien y tuvo que consultar las notas de papá.

“Lou, me temo que tenemos un problema. Este no es el código privado de tu padre. O el código internacional que yo conozco.”

“Quizás es el mismo mensaje que papá había estado recibiendo,” dije.

“Si, eso debe ser. Por alguna razón tu padre esta incapacitado para mandar su mensaje y estos seres intentan comunicarse contigo.”

“¡Oh! Sabía que le había pasado algo,” dije casi llorando. “Déjame ir ahora Marion. Puedes terminar la otra maquina y enviarla después.”

“No,” respondió. “Es mejor no correr ese riesgo y esperar a que la otra maquina esté lista.”

No estuvo lista sino hasta la mañana siguiente y pudimos empezar. Me vestí con mi ropa de piloto y me calcé una Colt .45 y una cartuchera de balas. Un par de pañuelos limpios y un paquete de cigarrillos completaban mi equipaje.

Aunque estaba muy preocupada no pude evitar sentir un arrebato de emoción cuando subía a la plataforma y le indicaba a Marion que encendiera el rayo.

Un tenue resplandor me envolvió. Sentí un hormigueo desde la cabeza hasta los pies. Mis manos empezaron a brillar tenuemente. ¡Estaba cruzando! Sentí un repentino lapso de ausencia en mi consciencia, entonces, el hormigueo regresó… se detuvo… y cuando me quise dar cuenta estaba del otro lado.

La desorientación me duro unos cuantos segundos. Lentamente mi cabeza se aclaró. Estaba en alguna especie de lugar cerrado. Los muros, el techo y el suelo eran blancos como la nieve. Me agaché y toqué el suelo. Se sentía como la Tierra. Toque los muros, eran rocas. Estaba en una cueva, una cueva blanca como la nieve.

Un cueva debía tener una entrada. Pensé. Empaqué la máquina de Rayos Hewitt y la deje en una esquina y empecé a caminar pegada a uno de los muros. El túnel dio tres vueltas antes de que pudiera ver una abertura. El brillo reflejado de los muros blancos gradualmente dio lugar a un tenue color rosa, que se oscurecia cada vez mientras me acercaba a la abertura y a un extraño resplandor sonrosado.

Salí cautelosamente de la cueva y me quede inmóvil ante semejante maravilla. El suave resplandor de un sol rojo brillaba alto en el cielo sonrosado. La cueva estaba sobre una pequeña colina y había allí un sendero que bajaba y se adentraba en un bosque con arboles carmesí. Bajé corriendo por el sendero, hecho de tierra tan blanca como la de la cueva, para observar de cerca esos arboles.

No tardé demasiado en alcanzarlos, sus hojas eran de un color carmesí brillante, pero los troncos y las ramas eran blancos como el suelo. A su alrededor crecían arbustos carmesí con flores del mismo color pero un poco mas claras y pequeños brotes color plateado. Un poco mas adelante había un pequeño arroyo que serpenteaba alegremente así que me decidí a seguirlo y ver donde me llevaba. Había mucha paz y tranquilidad. El aire era suave y confortable, un contraste directo con los intensos vientos invernales que había dejado atrás. Era un lugar realmente mágico.

Al principio tuve miedo de encontrar algún animal extraño o persona pero ese momento de mio el coraje para abandonar el amparo de los arboles bajo los cuales había estado viajando y camine junto al arroyo hacia un área mas desprotegida.

Sin la mínima advertencia, un sonido aterrador rompió el silencio. Tomé mi revolver y corrí a resguardarme en los arboles y ahí espere, agitada detrás de un ancho tronco blanco mientras el sonido se acercaba.

Cada vez mas cerca, el sonido se hacía cada vez mas fuerte hasta que algo surgió de entre los arbustos a mi derecha, algo realmente increíble.

Dos enormes criaturas, hombres o animales, no podía saberlo a primera vista, ya que eran una mezcla de los dos, cayeron rodando sobre el camino frente a mi. Estaban trenzados en una pelea a muerte. Chillando y gritando forcejearon y pelearon, se separaban solo para volver a arremeter el uno contra el otro, desgarraban y mordían hasta que disgustada ya no pude seguir mirando semejante escena.

Cuando volví a verlos, uno de ellos yacía agonizante en el suelo y el otro, aunque victorioso seguía emitiendo el aterrador sonido y descuartizando vivo a su oponente. Esa imagen me enfureció de tal manera que olvidé mi precaria posición y levante mi revolver, que aun sostenía en la mano, y abrí fuego contra el monstruo.

El estallido del arma detuvo el aullido de la criatura que se dio vuelta y observó estúpidamente sin entender que sucedía. Eventualmente descubrió de donde venía el extraño sonido y miro hacia donde yo estaba. Completamente aterrorizada, volví a levantar el arma pero antes de que mis temblorosos dedos pudieran jalar el gatillo, la criatura se desplomo estrepitosamente.

A unos metros de ella yacían entonces dos inmensos cuerpos. El que había caído en batalla estaba demasiado mutilado así que me acerqué al que yo le había disparado. El cuerpo que medía cerca de dos metros y medio y pesaba, según mis cálculos, unos doscientos kilos estaba cubierto de cabello corto y pinchudo. Las manos y pies de las criaturas eran como grandes garras le daban la apariencia de ser una cruel y poderosa criatura.

¡Pero su rostro! ¿Cómo podría describirlo? Si su cuerpo era humano, excepto por el hecho que sus manos y pies eran como garras y lo tenia cubierto de cabello, su rostro estaba lejos de ser humano. La monstruosa cabeza parecía demasiado grande y pesada incluso para su enorme y poderoso cuerpo y el cuello que la soportaba, era chata atrás y arriba y de frente era puntiaguda con dos aberturas como nariz.

Los ojos, ahora fijos con la mirada vidriosa, eran pequeños y verdes, y su boca, una ranura enorme con gruesos labios, había quedado inmóvil en una mueca que exhibía dos filas de afilados y feroces dientes. No tenía mentón y su mandíbula desembocaba abruptamente en el cuello. En definitiva, era la cosa mas espantosa y aterradora que había tenido la mala fortuna de encontrar en mi vida.

Capitulo III

¡Capturada!

Sin poder controlar mis nervios me aleje de ahí. Si esto era una muestra de como eran los habitantes de la cuarta dimensión tenía que encontrar a mi padre de inmediato para llevarlo de vuelta a nuestro propio mundo.

Seguí caminando y preguntándome donde podría encontrarlo. De repente, una rama crujió en los arbustos junto a mi. Mire a mi alrededor en señal de alarma. ¿Alguien me estaba siguiendo? Con pasos ligeros me escabullí en los arboles. Un enorme búho alzo vuelo a mis espaldas y entonces escuche el repiqueteo de un pesado cuerpo moviéndose con rapidez.

¡Fiiu! Algo voló sobre mi cabeza y pude ver horrorizada como una especie de flecha de apariencia muy extraña se enterraba en la tierra blanca a centímetros de mi. Corrí por el sendero hasta que terminaba abruptamente en un ancho desfiladero que me resultó imposible siquiera considerar saltarlo. Me detuve en seco. Mi mano bajo rápidamente para tomar el arma automática que olvidé que llevaba pero fue demasiado tarde. Mi perseguidor ya estaba junto a mi y antes que pudiera sacar el arma sus garras me apresaron y pude ver sus pequeños ojos muy de cerca esta vez.

Me levantó y me arrojó sobre su hombro como un saco de harina, soltó un aullido de triunfo y corrió velozmente entre los arboles. No dure mucho tiempo consciente, ya que escuchar ese aullido tan de cerca me hizo desmayar.

Cuando volví en si, estaba tirada en el suelo y rodeada por esas asquerosas criaturas. Ninguno me tocaba pero todos me miraban con curiosidad, farfullando en tonos guturales. Evidentemente nunca habían visto algo como yo.

Me senté y se movieron como sobresaltados. Ninguno me molesto y me quede ahí sentada durante un buen tiempo, rodeada por una curiosa audiencia. Tenía hambre pero ninguno parecía tener intenciones de ofrecerme comida. Finalmente encendí un cigarrillo. Si se habían sobresaltado cuando me senté, cuando vieron la pequeña llama y el humo los invadió el pánico. Salieron corriendo en todas direcciones y se quedaron a mirarme desde una distancia considerable.

Eventualmente un grupo de criaturas se me acercó, armada con arcos y flechas. El líder valientemente me indicó que bajara mi arma. Ignoré su orden y con tranquilidad exhalé una nube de humo en su dirección. De inmediato una lluvia de flechas cayeron silbando a mi alrededor. No tenían intenciones de herirme, era solo una advertencia para que obedeciera. Algo que por prudencia termine haciendo. Después de esa interacción me dejaron sola así que empece a deambular por las proximidades, con un grupo de criaturas siguiéndome a una distancia prudente.

Mire por todas partes y no pude ver señales de papá. Determinada, intente obtener información de estas personas, me acerque al líder y con una variedad de señas intenté preguntar si había visto a otra criatura como yo en su territorio.

Al principio me miró como quien no entiende nada pero entonces sus ojos de puerco se encendieron e hizo señas para que le siguiera. Lo seguí con el corazón el boca. Quizás tenían a papá escondido en algún lugar apartado de este bosque. Con seguridad podía decir que no eran ellos los que mandaban mensajes a papá. Eran apenas salvajes.

Mi guía me llevo a través de un matorral donde seguimos un angosto sendero a través de un pastizal carmesí hasta que llegamos a un claro. Ahí encontramos una aeronave de un diseño muy peculiar y junto a ella, una mujer. ¡Y que mujer! Era tan alta como la criatura a mi lado y de proporciones magnificas. Tenía cabello corto, negro y rizado. Su rostro era hermoso pero sus rasgos tenían un aspecto sombrío.

Un flecha había perforado su corazón y su vestimenta, una túnica azul de una sola pieza, estaba completamente teñida de sangre. Estaba muerta pero mi corazón se sintió aliviado al verla junto a su aeronave. Estas bestias salvajes no eran los únicos habitantes de este lugar.

Alejé la vista de la mujer muerta y me concentré en la aeronave. Era de las que tienen la cabina cubierta. Nunca había visto una como esa y me moría de ganas de subirme y probar esos extraños controles que podía ver a través del vidrio de la cabina.

Haciendo señas pedí permiso para subirme e investigar la maquina. Pero mi guía, se posiciono rápidamente entre el vehículo y yo y me indicó que me alejara.

Deslice mi mano hacia mi cinturón y con mucho cuidado tome la culata de mi arma, ya que mis captores sin saber que era no se habían molestado en quitármela.

Desenfundé rápidamente y le disparé a quemarropa a la criatura en la pierna. Dejo escapar un terrible alarido. Entre el sonido del disparo y el estruendoso alarido, la manada entera estaría ahí muy pronto. Abrí la escotilla y me subí rápidamente al vehículo.

“¡Oh Dios, funciona por favor!” dije mientras jalaba de una palanca. Con un movimiento tan inesperado que me dejo sin aliento la aeronave se elevó verticalmente a toda velocidad. Al recuperarme maniobré la palanca hacia atrás hasta la primera posición y dejo de ascender para empezar a avanzar. ¡No sabía a donde estaba yendo pero por lo menos me había puesto en marcha!

Volé en linea recta esperando ver aunque sea una señal de civilización, pero kilómetro tras kilómetro lo único que veía era el sol rojo sobre mí y el bosque carmesí debajo.

De repente, tres pequeños bulbos en el frente de la cabina se encendieron, el vehículo viró bruscamente en angulo recto hacia mi derecha. Me asusté, había perdido el control, el vehículo actuaba ahora por voluntad propia y había trazado una nueva dirección a una velocidad sorprendente.

A la distancia pude divisar una pequeña mancha que se hizo cada vez mas grande a medida que avanzaba hacia ella hasta que adquirió dimensiones descomunales. Iba directo hacia ese lugar y no había nada que pudiera hacer para desviar el vehículo.

De repente, la velocidad disminuyo drásticamente hasta que termino planeando y aterrizando magistralmente sobre lo que parecía ser una montaña de cima chata. La aeronave se detuvo con una sacudida apenas perceptible y los bulbos se apagaron.

¡Control remoto! Había sido llevada hasta ese lugar por una fuerza desconocida. Quien sea que haya sido, ¿sabría que venia y me ayudo a llegar? ¿o había atravesado accidentalmente por su campo de control? De cualquier manera debería haber alguna señal de presencia humana. Pero lo único que veía desde la ventana de la cabina era la cima de la montaña o mejor dicho, una meseta.

En el preciso momento en que me preguntaba qué debía hacer, alguien me trajo a esta montaña. ¿Que sigue ahora? Me pregunté atemorizada. La aeronave se detuvo y asombrada descubrí que estaba alineada junto a muchas otras aeronaves iguales.

Abrí la escotilla y salí a lo que debía ser un gigantesco hangar. Entonces escuché un tenue zumbido y miré hacia arriba justo cuando el techo se abría y otro auto volador aterrizaba suavemente. Mi vehículo y los demás se movían silenciosamente a un lado para dejar lugar y que otras maquinas pudieran aterrizar.

La puerta de ese vehículo se abrió y de ella salió una mujer casi idéntica a la mujer muerta que vi en el bosque carmesí. Me miro sorprendida por unos segundos y luego levantó una mano con la palma abierta en lo que interprete era una especie de saludo. Con la misma solemnidad le devolví el saludo y la mujer sonrió y hablo en una lengua extraña.

Le respondí en mi propio idioma. Y aunque ninguna de las dos entendió lo que la otra decía nos reímos simultáneamente, entrelazo su brazo con el mio de forma amistosa y me guió hacia un muro cercano. Había un hilera de botones embutidos a un lado y ella presiono uno, un click y una abertura apareció frente a ella. Esperaba entrar en alguna especie de elevador pero no había nada ahí excepto un espacio iluminado.

Con serias dudas, deje que mi compañera me guiara al espacio donde nos sumergimos suavemente en el vacío. En un momento el descenso se ralentizó hasta detenerse y otra abertura apareció frente a nosotras. Por lo que pude deducir estábamos dos pisos abajo del hangar.

Un largo corredor con muchas puertas en forma de arcos nos dio la bienvenida. Pasamos delante de varias rápidamente y entramos en una. No sabia que esperar en ese preciso momento, supuse que alguna especie de escenario surrealista, pero en su lugar encontré una especie oficina, donde muchas mujeres estaban ocupadas operando máquinas de aspecto muy peculiar. Me recordaron a las electromecanografas de mi mundo.

Atravesamos el salón y entramos a una oficina privada donde mi acompañante me indicó que tomara asiento. Presionó un botón en su escritorio y otra mujer de la oficina externa trajo un objeto muy similar a un casco de fútbol americano pero con muchos mas cables.

Siguiendo el ejemplo de mi compañera me puse el casco, ella sonrió y habló, y para mi sorpresa pude entender cada palabra.

“Bienvenida, Visitante, a la Ciudad Cuarenta y Tres del Segundo Plano Evolutivo. Yo soy Mavia, jefa de gestiones de esta ciudad, y en nombre de mis camaradas gobernantes quiero darte la bienvenida y poner nuestra voluntad y nuestra ciudad a tu servicio.”

Respondí un poco dubitativa, “Gracias. Me siento muy extraña. Soy Lucile y he venido desde la tercera dimensión en busca de mi padre.”

“Guau, ¿de la tercera dimensión dices? ¿en serio? No tenía idea que los seres de la tercera dimensión habían evolucionado al punto de dominar el viaje interdimensional. ¿Mencionaste algo sobre otra persona de tu mundo en este plano?”

“Si, mi padre. Estuvo recibiendo ondas de luz desde este mundo así que utilizó una máquina de su propia invención para venir hasta aquí. Me preocupé por él así que lo seguí. ¿lo has visto?”

“No, lamento decirte que no lo he visto. Ni ha sido visto en alguna de las otras ciudades de la Segunda Evolución de lo contrario lo habrían reportado.”

Mi corazón se sobresaltó. Pobre papá, ¿donde podrá estar? Mavia siguió hablando.

“¿Dices que recibía mensajes por ondas de luz? Creo que puedo explicar eso. Pero primero, déjame contarte sobre nosotras.”

Capitulo IV 

Las tres evoluciones

El mundo en el que te encuentras ahora, es la cuarta dimensión. En él encontraras seres de la Primera, Segundo y Tercero Plano Evolutivo. El primer plano consiste en salvajes del mas bajo orden, en estos momentos están emergiendo de su etapa bestial a una mas humana.”

“Si,” la interrumpí entusiasmada. “Ellos fueron los que me capturaron. Mataron a una de tus mujeres y utilicé su aeroplano para escapar.”

Mavia no pareció conmovida por el accidente de su camarada. “Esa era Donna, mi segunda al mando. Le advertí que no fuera sola al bosque carmesí. Reconocí su aeronave en el hangar y me pregunté como había llegado a tus manos. ¿Así que ha muerto? Bueno, todas debemos pasar por eso alguna vez.

“El Segundo Plano Evolutivo somos nosotras. Tenemos setenta y nueve ciudades. Cada una de las ciudades es como esta, donde estas ahora. Originalmente eran montañas pero construimos nuestras ciudades dentro como una forma de protegernos del primer y el tercer plano, quienes están constantemente en campaña para exterminarnos.”

“Nuestro plano esta compuesto mayoritariamente por mujeres. Mantenemos una pequeña cantidad de hombres para la preservación de la raza. Las pocas criaturas masculinas que dejamos vivir entre nosotras viven rodeados de lujos y en un estado de ocio permanente. Hace mucho tiempo los hombres eran el sexo dominante de este plano. Pero gradualmente las mujeres exigieron igualdad de derechos y poco tiempo después terminamos gobernando a los hombres. Fueron días oscuros y sangrientos. La historia le llama “La Era de la Guerra de los Sexos.”

“Eventualmente las mujeres ganaron y destruyeron a millones de los mas despreciables seres masculinos.”

“¡Oh!” dije yo. “En nuestro mundo las mujeres estamos igualando nuestros derechos a los de los hombres. Durante mucho tiempo, nosotras también, fuimos sometidas, pero ahora nos hemos puesto de pie y trabajamos juntos, hombro a hombro. Espero que no lleguemos a tener una guerra de los sexos.”

“El tiempo dirá,” respondió Mavia. “Ahora, Lucile, ¿hay algo que desees preguntarme? Debes estar hambrienta así que continuaremos nuestra conversación después de que hayas comido y descansado.”

“Primero, cuéntame ¿cómo es que podemos entendernos cuando ambas hablamos lenguas diferentes?”

Mavia se rió. “Es muy simple. Las placas sensibles dentro de estos cascos captan las vibraciones de tus pensamientos hablados, los cables lo transmiten y llegan a mí como si estuviera hablado en mi propio idioma a través de los cables de mi propio casco que recibe y traduce tus pensamientos. Lo mismo ocurre con mis pensamientos hablados.”

“Los teníamos desde la era en que gobernaban los hombres. En esa época cada una de nuestras ciudades era una nación en sí misma y hablaban cada una en su propio idioma, tenían sus propias leyes e iban a la guerra una con otra. Cuando las mujeres tomamos el control de las cosas internacionalizamos el idioma y las leyes, y ahora cada ciudad es parte de un todo. Las Segundas somos ahora iguales a los del Tercer Plano prácticamente en todo sentido.”

“¿Cómo fue que,” pregunté, “no nos estrellamos cuando nos metimos al foso que existe entre piso y piso?”

“Porque apenas entramos en él nuestros cuerpos perdieron casi todo su peso debido a la fuerza de gravedad disminuida que emana desde arriba del foso.Ahora, Lucile, voy a llevarte a mi apartamento donde podrás comer y descansar, tengo mucho para contarte y mañana va a ser un día muy agitado. Ven conmigo.”

Dejamos la oficina y bajamos flotando por otro foso hacia el piso inferior, Mavia me explicó el esquema general de los pisos a medida que ibamos bajando. El piso superior estaba designado completamente a albergar los aeroplanos. El segundo piso, es decir el que sigue al piso superior, era el piso de las oficinas, y desde el tercero al décimo se encontraban los habitáculos de estas extraordinarias mujeres. Yo estaba muy preocupada por papá pero tenía confianza en que Mavia me ayudaría a encontrarlo.

Cuando llegamos al tercer piso me asuste al ver que un inmenso insecto venía hacia nosotras. Retrocedí alarmada. Mavia dijo, “no temas. Es uno de nuestro sirvientes. Es de la familia de las hormigas y mediante un cuidadoso método de crianza lo hemos desarrollado para que sean de este tamaño. Son sirvientes extremadamente eficientes, cada uno entrenado para una tarea especifica.”

Noté que en el medio del corredor, o calle como Mavia le llamaba, había un amplio sector del suelo que se dividía en dos y se movía en direcciones opuestas mientras que a ambos lados una franja del mismo tamaño permanecía inmóvil. Nos subimos a la calzada móvil y ésta nos llevo rápidamente a nuestro destino.

El apartamento de Mavia era estrictamente utilitario, prácticamente vacío. Solo tenía los muebles mas necesarios. Le manifesté que deseaba bañarme y me acompaño hasta el cuarto de baño, me instruyó que me desnudara pero que no me quitara el dispositivo de transmisión de pensamientos y que me parara debajo de lo que asumí era una ducha. Hizo girar una rueda y una luz brillante recorrió todo mi cuerpo.

“¿Dónde esta el agua y el jabón?” pregunté.

Mavia dijo, “Este es nuestro método de aseo y rejuvenecimiento del cuerpo. Los rayos radioactivos limpian la piel y penetran los poros,  revivifican el cuerpo, llenándolo de vida y energía.”

Era verdad. El polvo y la suciedad que había recolectado desapareció y aunque estaba muy cansada ahora me sentía como si hubiera descansado. Mavia me prestó una de sus túnicas para que no tuviera que seguir llevando mi incomodo traje de vuelo.

De ahí fuimos al comedor, y Mavia le ordenó a tres insectos gigantes que se retiraran y me atendió ella misma. Primero fue hacia una pared y operó una maquina que parecía una maquina de escribir portátil. Abrió una sección del muro y saco una mesa con platos y la ordenó. Para cuando hubo terminado la maquina de escribir hizo un leve zumbido y Mavia saco una bandeja desde otra parte del muro. Depositó frente a mi una comida extraña pero deliciosa y comí con gran entusiasmo.

Durante el transcurso de nuestra comida le pregunte de dónde venía la comida y me dijo que en el piso treintiuno estaban las cocinas y que ahí se preparaba la comida para toda la ciudad, y que desde el piso treintidos al cincuenta desarrollaban exitosamente la agricultura utilizando luz solar artificial y riego.

“Mavia, dime,” le pregunté finalmente, “¿crees que seras capaz de ayudarme a encontrar a mi padre?”

“Si él está donde creo que está, quizás si pueda.”

“Gracias,” respondí. “Por favor continua con la descripción de los tres evoluciones de tu mundo.”

Y así lo hizo. “Después de la guerra vino un tiempo de caos absoluto. Las mujeres no estaban acostumbradas al poder y se les fue a la cabeza. Querían matar a toda criatura masculina del segundo plan evolutivo porque estaban hartas de parir y criar niños. Unas pocas fueron capaces de soportar la embriaguez de nuestra victoria y tomaron el control de la situación, y fue así como evitaron la completa exterminación del sexo masculino, por lo menos hasta que pudiéramos determinar si eran estrictamente necesarios para el futuro de nuestra raza.”

“Yo hubiese creído,” Interrumpí, “que con su avanzado conocimiento científico podrían haber desarrollado un método para reproducirse sin ayuda de los hombres.”

Mavia rió. “Lo intentamos y deberías haber visto los resultados. Eran monstruosidades. No queríamos que nuestra raza se deteriorara así que volvimos a los métodos de antaño.”

“Los hombres que sobrevivieron al exterminio fueron sometidos a rígidos exámenes físicos y mentales. Los que superan el promedio están albergados en el doceavo piso, y estos hombres son para fines reproductivos.

“Cada mujer está obligada por ley a darle dos bebés a la ciudad, que mediante métodos científicos de avanzada realiza en un periodo de tiempo mínimo y prácticamente sin sentir dolor.”

“Los masculinos cuya inteligencia estuviera por debajo del promedio del estándar que hemos establecido pero que poseen belleza física han sido esterilizados mediante un proceso especial y hoy viven en el treceavo piso.”

“Pero no necesitan a esos hombres estériles,” le dije.

Mavia sonrió macabramente. “Hemos cambiado muchas cosas pero no hemos sido capaces de cambiar los instintos mas fundamentales. Cuando una mujer ya ha aportado con dos bebes a la raza no tiene permitido reproducirse por tercera vez. Sin embargo el deseo biológico de antaño regresa y es entonces que encontramos uso para los hombres estériles.”

“Pero eso es completamente inmoral,” objete.

Mavia frunció el ceño. “¿Qué es la moralidad?” ¿qué acaso no es moral vivir de manera tal que eres capaz de darle lo mejor de ti a la raza a la que perteneces? Pero volvamos a la explicación de los tres planos evolutivos. Nosotras, como comprenderás, somos la Segunda Evolución. Hay otro plano mas, el Tercero, cuyos habitantes son nuestros enemigos mortales.”

“Son horribles y grotescas criaturas, con un desarrollo mental anormal. Tienen pequeños y débiles cuerpos y cabezas enormes. Máquinas inteligentes los llevan de aquí para allá y hacen todo el trabajo físico que sus marchitos cuerpos no les permiten realizar.”

“¿Por qué son sus enemigos?” pregunté con curiosidad.

“Nos temen,” respondió Mavia. “Temen que evolucionemos al punto en que podamos tomar su lugar. Probablemente debamos exterminarlos para asegurar la seguridad de nuestra raza. Bien, acerca de esos mensajes de ondas de luz…”

En ese momento tocaron a la puerta y cerca de quince mujeres entraron al apartamento, todas llevaban el casco de las ondas de pensamiento. Estaban listas para conocerme y conversar conmigo.

Mavia las presentó. Eran todas muy agradables, inteligentes, bien desarrolladas y atractivas, y me miraban con disimulada curiosidad.

“Camaradas gobernantes,” dijo ella, “han llegado justo a tiempo, le explicaba a nuestra visitante algo que creo que sera del interés común. Un hombre a quien ella llama “Padre” ha estado recibiendo mensajes vía ondas de luz desde este mundo. Utilizando un rayo desintegrador, este “Padre” ha viajado desde la tercera dimensión a esta. Lucile fue capturada por la Primer Evolución y “Padre” no estaba entre ellos. Sabemos que no está con nosotras, por lo tanto debe estar con los Terceros.

“Como saben, los Terceros planean una ataque contra nosotras y sin lugar a dudas esos mensajes de ondas de luz que “Padre” intercepto eran llamados para pedir refuerzos de esos horrendos seres de la segunda dimensión.”

Las mujeres murmuraron horrorizadas. Me divertía escuchar que Mavia llamaba “Padre” a papá como si ese fuera su nombre.

Mavia siguió. “Mi sugerencia es la siguiente: los Terceros no saben que conocemos sus planes de ataque, así que porque no tomarles desprevenidos y lanzar nuestro propio ataque nocturno con nuestros recientemente perfeccionadas armas de rayos y borrarlos de la existencia.”

Una arenga se extendió entre la multitud y duro varios minutos antes que alguien me oyera. “¡Mi padre!” chillé. “Si él está con los de la Tercera Evolución y van a exterminarlos…¿qué será de él?”

“Me temo que es inevitable, pero si está con ellos, tendrá que irse con ellos también.”

Desesperada empecé a llorar y a rogarles que salvaran a mi padre de la destrucción. Me miraron asombradas. Supuse que no estaban acostumbradas a semejante demostración de emociones. Eventualmente, Mavia me palmeó la espalda un poco incomoda y me dijo “lo siento si hemos herido tus sentimientos, pero nosotras, en este mundo, acostumbramos poner siempre el bienestar de la raza por delante de preferencias individuales. Pero, como eres nuestra invitada haremos una excepción a tu favor.”

“¿Eso significa que van a salvar a mi padre?” lloré de felicidad y para sorpresa de todas me lancé sobre Mavia para abrazarla.

“Espera un segundo,” gritó. “No puedo prometerte que lo salvaremos, pero si haremos el esfuerzo de salvarlo para tu beneficio. Tú, Calissia, te designo para ser guía e instructora de nuestra visitante. Muéstrale la ciudad.”

Capitulo V

Exploración

Calissia resultó ser una agradable compañera y me llevo a explorar la ciudad. Bajamos por un agujero expreso desde el tercer piso al onceavo. Ahí trabajaban las científicas.

El piso entero era un inmenso laboratorio y conocí a muchas mujeres que habían oído hablar de mi presencia y estaban ansiosas por conocerme. Muchas de ellas intentaron explicarme lo maravilloso de sus experimentos pero me temo que la mayoría eran demasiado complejos para mi. Pero papá la hubiera pasado de maravillas.

En el doceavo piso estaban las habitaciones de los hombres destinados para la reproducción. Debo admitir que estaba ansiosa por conocerlos. Fuimos directamente a la sala de recreación donde encontramos a cientos de hombres, algunos caminaban sin rumbo y otros estaban recostados leyendo. No eran tan altos como las mujeres y estaban vestidos prácticamente de la misma manera. Esperaba encontrar un grupo de timoratas criaturas pero en su lugar encontré un grupo de hombres que excepto por su particular cabello hasta los hombros podrían pasar por hombres de mi propio mundo.

En el piso siguiente, sin embargo, mis expectativas estaban mas que justificadas. Los hombres en ese lugar estaban peinados y perfumados y con sofisticadas vestimentas, no pude soportar su timorata mirada por lo que le pedí a Calissia que nos largáramos de inmediato.

El quinceavo piso albergaba la guardería de la ciudad, donde niños y niñas eran cuidados por los insectos gigantes. ¡Esos pobres pequeñuelos! Lo único que hacían eran caminar muy seriamente de aquí para allá o jugar tranquilamente con juguetes educativos. No parecían tener la misma espontaneidad y alegría de vivir característico en los niños y niñas de nuestro mundo.

En el piso dieciséis estaba el hospital, las mujeres ejercían como doctoras y asistentes trabajando en forma mas que eficiente. Recorrimos los siguientes catorce pisos donde conocí las fabricas y los centros de manufacturas.

El piso treinta y uno lo exploré extensivamente.

Preparaban grandes cantidades de comida y pensé que alivio representaría un sistema así para miles de agotadas amas de casa. Utilizaban gigantescos refrigeradores automáticos para mantener la comida fresca.

A continuación, visitamos los niveles agrícolas. Desde el piso treinta y dos al cincuenta incluido donde habían hectáreas tras hectáreas de cultivos. Con inmensas luces colgando sobre ellos para proporcionar la luz solar necesaria para que crezca el alimento, y con un sofisticado sistema de irrigación. Aquí también estaban los insectos, de aquí para allá manejando la producción industrial de alimentos.

El piso cincuenta y uno estaba, según me informó Calissia, destinado para uso exclusivo de las hormigas gigantes, donde vivían, se reproducían y se las entrenaba. Cuando decline visitar ese piso Calissia sugirió que deberíamos regresar al apartamento de Mavia.

“¿No hay mas pisos que estos?” pregunté.

“Si claro,” respondió Calissia. “Muchos mas, algunos incluso bajo la tierra, pero se utilizan principalmente como graneros, depósitos y mausoleos para las cenizas de nuestros muertos. Y debajo de eso están las antiguas prisiones que han quedado en desuso.”

“¿Qué hacen con los prisioneros si ya no utilizan las prisiones?”

“No tenemos prisioneros. Si alguien manifiesta una tendencia criminal la tratamos científicamente para erradicar tales impulsos. Si los tratamientos son efectivos es devuelta a la sociedad. Si no lo son, nos deshacemos de ella en forma indolora.”

En el camino de vuelta mientras subíamos por el foso, Calissia me enseñó los contenedores de donde emanaba la luz solar artificial sanitaria que se difuminaba en forma equilibrada sobre toda la ciudad. Y junto a ella, la máquina que fabricaba el aire artificial que respiraban.

Para entonces habían llegado a un foso expreso que nos llevo directamente al tercer piso. Sentí curiosidad por la fuerza invisible que nos hacia subir rápidamente por el foso y pregunté como funcionaba. Calissia me explicó que a diferencia de los que fosos que bajaban en los que subían manteníamos nuestro peso y un rayo magnético ubicado sobre el foso nos hacia levitar.

Cuando nos reportamos con Mavia, ésta le pidió a Calissia que presidiera el juicio por insubordinación de uno los hombres reproductores. Alguien sugirió que quizás yo podría estar interesada en presenciar el juicio, acepté de inmediato y me dispuse a acompañar a Calissia de vuelta al doceavo piso.

Encontramos un grupo de cinco mujeres sentadas cómodamente con el acusado frente a ellas, con la cabeza echada hacia atrás y un luz de rebeldía que emanaba de sus encantadores ojos oscuros.

Calissia ocupó su lugar y me indicó que me sentara junto a ella. Entonces, le pidió a todas las presentes, incluyendo a los hombres, que se pusieran los cascos de ondas de pensamiento para que yo pudiera seguir el juicio. Mientras una de las mujeres buscaba y repartía los cascos yo me puse a estudiar al acusado.

Firme con un árbol se paro frente nuestro. Era muy apuesto. Supongo que al ser mujer era natural que lo primero que noté fuera su atractivo físico.

En mi mundo no había tenido mucho tiempo para relacionarme con hombres, estaba lejos de ser promiscua. Algún día, de encontrar al hombre correcto, estaría dispuesta a casarme. Pero de alguna manera se las han ingeniado para alejarme, ya sea porque los hombres con los que he tenido contacto me han generado rechazo o los que si me han atraído han terminado por ahuyentarme con sus aires de superioridad.

Pero volviendo al juicio. Calissia estaba hablando. “¿Cuáles son los cargos contra este acusado?”

Una de las mujeres se levantó y dijo. “Está acusado de sedición, lo atrapamos intentando convencer a los demás a levantarse contra el presente sistema de gobierno. Tenemos un testigo.”

Calissia llamó al testigo y otro hombre fue escoltado al estrado. Sus aires de excesivo servilismo me disgustaron y noté que incluso las otras mujeres lo miraban también con desprecio.

“¿Nombre y posición?” preguntó Calissia.

“Mi nombre es Soonta, de la Sección Frontal, número seis,” respondió el recién llegado dedicándole una maliciosa mirada al acusado. “Ese hombre ha sido fuente de problemas desde que lo trajeron aquí desde el cuarto de entrenamiento.”

“Eventualmente declaró que prefiere morir antes de someterse a vivir de esta manera. Se rehusó a atender a las mujeres cuando vienen a vernos y se encerró en su cuarto ofuscado. He intentado de todo para ayudarlo a acostumbrarse a esta vida pero es inútil.”

“Muy bien Soonta, tomo nota de tu lealtad. Puedes retirarte ahora. Acusado, ¿cómo es tu nombre y qué tienes que decir en tu defensa?”

El acusado habló y una sensación de empatía me atravesó el cuerpo al escuchar su orgullosa respuesta. “Mi nombre es Joburza y los cargos contra mi son perfectamente reales. Despreció el presente sistema de gobierno y las odio a ustedes las mujeres. Son tiranas de las peor clase. Me rehusó a someterme a mi rol de reproducción. Con gusto aceptaré mi condena a la Cámara Letal.”

“Sin dudas,” dijo Calissia con desprecio. “Pero creo que con un poco de tratamiento en el cuarto de coma eléctrico para reducir tu capacidad intelectual y una pasada por el rayo esterilizador estarás listo para ocupar tu lugar con los hombres del treceavo piso.”

Joburza visiblemente desanimado dijo “Se lo ruego. ¡Concédame la bendición de la muerte!”

Las mujeres rieron y una de ellas dijo, “Una vez que pases por el reductor de inteligencia no te importara demasiado. Te daremos un trato especial para erradicar ese orgullo.”

“¡Tenga piedad!” suplicó Joburza.

Yo, que ya no podía soportar tanta crueldad, hice uso de mi condición de visitante bien recibida para pedir permiso para hablar. “Me gustaría hacer una solicitud. Soy una mujer como ustedes. Si esto no ofende sus costumbres me gustaría pedirles que me dejen tener a este prisionero para disponer de él como me plazca”

Mi pedido fue recibido por un silencio estupefacto y Joburza me miró con sospechas. “Le molestaría compartir con nosotras ¿qué es lo desea hacer con él?” preguntó Calissia.

“Quiero llevarlo de vuelta conmigo a mi dimensión para…” pensé desesperadamente, “¡para realizar experimentos científicos!”

“Un pedido particular,” afirmó Calissia.

“Pero en fin, tenerte aquí es una situación particular de por sí. ¿Qué dicen camaradas gobernantes? Personalmente, estoy a favor. Por lo menos es una forma novedosas de castigo.”

Las otras cinco mujeres acordaron y yo escondí cuidadosamente mi entusiasmo. Pedí hablar con el prisionero a solas. Cuando las demás se fueron le pregunté si estaba contento porque lo había salvado de su castigo.

“No lo sé,” replicó con severidad. “Quizás los experimentos que tienes planeado para mi terminen siendo aun mas degradantes.”

“¡Pobre Joburza!” le dije. “¡Alégrese! No tengo intenciones de experimentar con usted. Solo lo dije para que accedieran y puedas irte conmigo. Quiero ayudarte.”

“¿Ayudarme?” preguntó. “¿Esto significa que…?”

 “Significa, Joburza, que voy a llevarte a mi mundo, donde todos, hombres y mujeres por igual, tiene la posibilidad de vivir y trabajar. Seras libre, absolutamente libre, libre para hacer de tu vida lo que quieras. ¿Ahora lo comprendes?”

“¿Es eso posible?” murmuró. “Parece ser demasiado bueno para ser verdad. ¿Cómo puedo agradecerte?”

“No hay necesidad. Cuando lleguemos a mi mundo quiero que me demuestres con tu conducta que no he cometido un error.”

“¡Así lo haré!” prometió él, con lágrimas de agradecimiento en sus ojos.

En ese momento Calissia entre y me dijo que Mavia deseaba verme en su oficina.

“Creo que tiene buenas noticias para ti.”

Le pedí que se ocupara de mi prisionero y me apresure a ver a Mavia. “¡Hey!” dijo en tono burlón. “Me enteré que hiciste con un prisionero. Entregarle un prisionero a los habitantes de la tercera dimensión es hilarante,” dijo riendo a carcajadas.

“¡Si es verdad!” respondí sonriendo.

“Tengo algo que quiero mostrarte.”

En un parte de su oficina había un dispositivo que asumí era alguna especie de radio. Mavia hizo girar unos diales y el muro inmediatamente arriba de la maquina se encendió. En él pude ver los arboles carmesí sobre una puesta de sol, y una gigantesca esfera color lavanda que lentamente desaparecía en el horizonte. “¡Guau!” exclamé. “¡Televisión! Que belleza. Parece como si estuviéramos mirando el mundo exterior.”

“Espera un segundo.” Mavia ajusto uno de los diales y conecto un pequeño cable. De repente, tuve la sensación de que estaba viajando a una velocidad sorprendente. El paisaje pasaba volando a mi lado. Montaña tras montaña pasaban junto a mi en segundos.

“Esas son nuestras otras ciudades. Una onda bifocal recoge estas imágenes y las reproduce en la pantalla camino a su objetivo. Observa con atención, esto puede interesarte.”

La ultima montaña quedo atrás. Llegamos al final de la vegetación carmesí. Grandes sectores áridos pasaron rápidamente a mi lado. A la distancia, pero acercándose rápidamente, había una niebla densa y purpura. Por algunos segundos la pantalla quedó completamente tapada por bruma. Se aclaró y llegamos a lo que parecía ser una enorme granja de abejas.

Ese era nuestro objetivo. Pasamos junto a las colmenas. Las llamaba colmenas pero en realidad eran casas. Giramos bruscamente y una colmena mucho mas grande que cualquier otra llenó la pantalla.

Capitulo VI

¡Papá!

De repente la pantalla cambio. Habíamos penetrado los muros y una gran puerta de metal, hasta llegar a un salón.

Reconocí a las criaturas de grotesca apariencia por la descripción que Mavia había hecho de ellas, eran los seres de la Tercera Evolución. Y en el medio del salón, hablando muy seriamente estaba él.

“¡Papá!” grité, olvidando por completo que era apenas una reproducción de algo que sucedía a cientos de kilómetros.

“¿Ese es “Padre”?” preguntó Mavia. “¡Eso pensé! Lo localizamos hace una hora y cincuenta de nuestras mejores exploradoras han ido a rescatarlo. Ya no tienes que preocuparte por “Padre”. En poco tiempo estará aquí. ¿te gustaría observar la batalla? No, pensándolo bien creo que sería una escena horrenda.” Apagó la pantalla.

“Veras,” continuo hablando, “al enviar a las exploradores a rescatar a “Padre” los Terceros no esperaran otro ataque tan pronto así que podemos atacar esta noche y tomarlos desprevenidos.”

Le pedí a Mavia que volviera a encender la pantalla pero en su lugar empezó a preguntarme sobre el Rayo Hewitt. Le conté todo lo que entendía sobre su funcionamiento y ella sugirió que mientras esperábamos deberíamos localizar la cueva donde deje el segundo modelo de la máquina.

Mientras ella guiaba el ojo invisible por el bosque le dije, “supongo que estas ansiosa por deshacerte de nosotros. Mi padre y yo estamos causando demasiados problemas.”

“En absoluto,” respondió. “Disfrutamos mucho el tenerte aquí, pero solo como visitante. Cuando tu visita termine debes regresar a tu mundo.”

“Hay algo que me tiene desconcertada y me pregunto si quizás tu sabes que sucede.” le dije. “Siempre pensé que si un ser de una dimensión cruza a otra, las cosas tendrían para esa persona una apariencia extraña, ángulos raros e intersecciones. ¿cómo es que todo aquí luce igual que en mi mundo?”

“Entiendo lo que dices,” respondió Mavia. “Pero cuando un objeto pasa de una dimensión a otra asume de inmediato las proporciones y dimensiones del nuevo plano de existencia. Es por eso que tenemos una apariencia normal ante tus ojos y tu ante los nuestros.”

Localizó la cueva donde había dejado la maquina, anotó los números que indicaban la posición exacta del lugar, presionó un botón y le ordenó a una mujer entrar y recuperarla.

Volvimos al apartamento y nos refrescamos con un baño radioactivo. Mientras descansábamos tocaron a la puerta, la puerta se abrió y papá entró junto a sus rescatadoras.

Corrí a abrazarlo y no podía dejarlo ir de tanta alegría.

“¡Valgame! ¿Eres tú, Lucile?” los ojos de papá titilaban. “Por un momento pensé que una de esas extrañas mujeres me estaba abrazando.”

Entre risa y risa, Mavia despachó a las exploradoras y ordenó comida para los tres. Papá nos contó sus experiencias. Le brillaban los ojos de alegría mientras nos relataba emocionado todos los conocimientos científicos que había adquirido en este viaje. No parecía percatarse que había estado en grave peligro.

“Sabe,” dijo dirigiéndose a Mavia, “esos Terceros, como se llaman a sí mismos, son unas criaturas increíblemente brillantes. Señorita Mavia, ¿sabía usted que estuve a punto de dirigir una guerra en su contra? Los Terceros me dieron a entender que eran salvajes que amenazaban con tirar abajo su civilización y todo su acumulado conocimiento científico. Y aquí estoy entre ustedes, un grupo de hermosas damiselas jugando a la política.”

“Como vera hacemos un poco mas que jugar,” dijo Mavia con frialdad. “Y en cuanto al conocimiento científico, descubrirá que no estamos muy por detrás de los Terceros. Ahora, Lucile, voy a estar muy ocupada durante la siguiente hora o dos. Hemos decidido adelantar la hora del ataque y debo irme. “Padre” y tu son libres de circular por la ciudad.”

“Mavia, antes de que te vayas quería…”

“No, nada de “gracias”. Eres nuestra invitada y era nuestro deber ayudarte.”Y se marchó.

Papá y yo nos quedamos mirando. Con preocupación me dijo, “¡Bueno jovencita! Ahora quiero saber ¿cómo se te ocurrió seguirme hasta aquí?”

“¡Vamos papá! No uses ese tono conmigo. Me muero de curiosidad, quiero saber como fuiste rescatado. Mavia apagó la pantalla antes de que empezara el rescate. ¿Qué sucedió?”

“Bueno, no puedo decirte mucho mas. Estaba en medio de mi explicación sobre el uso de explosivos en la batalla ante el Codrom, es decir el líder de los Terceros, cuando de repente los muros del salón empezaron a temblar. Rayos de luz entraron por las aberturas y vaporizaron a los Terceros. Para mi sorpresa los rayos destruyeron absolutamente todo el edificio, dejándome ahí, sano y salvo en medio de todo.

“Fue entonces que un grupo de jóvenes mujeres con curiosas armaduras entraron violentamente al salón, me tomaron por la fuerza y me sacaron del edificio por la abertura mayor. Ahí pude ver varias aeronaves rodeando el edificio y disparando mortíferos rayos para destruirlo. Presumo de verlos en acción que esos rayos son algún derivado de rayo ultravioleta de frecuencia muy baja, que una vez que la longitud de onda alcanza…”

“¡Papá!” lo interrumpí impaciente. “¿Qué sucedió después?”

“Bueno, casi inmediatamente después levantamos vuelo. Estuve congelado por el miedo durante varios minutos, y lo digo literalmente. Como sabes nunca me había subido a un aeroplano antes, pero no pasó mucho tiempo hasta que la agitación fue tal que alejó el miedo a volar de mi mente.”

“Cuando nos aproximamos a las nieblas purpuras la piloto me dio un traje aislante. Esas nieblas purpuras, como sabrás, son la principal protección de los Terceros. Hasta el momento nada ni nadie había podido atravesarlo y seguir con vida pero estas mujeres parecen haber encontrado una forma de protegerse. Atravesamos las nieblas y aquí estamos.”

“Me alegra que estés aquí y no con los Terceros, ya que después de esta noche ya no habrá mas Terceros,” le dije, intentando que comprendiera lo peligrosa que había sido su posición.

“Si, si, lo sé. Es terrible. Poseer un conocimiento científico como el que tienen estas maravillosas personas y utilizarlo para destruirse mutuamente. No entiendo, los Terceros han descubierto que la vida es apenas…”

Anticipando un largo discurso científico lo interrumpí. “Papá, deberías bajar al onceavo piso y ver lo que estas mujeres han hecho en materia de ciencias.”

Lo deje ahí, feliz en su propio ambiente, y me apresuré a buscar a Mavia.


La encontré en su oficina y le rogué que me dejara ir con ella al combate. Se rehúso rotundamente pero me prometió que podría utilizar la pantalla para seguir el combate desde ahí. Mientras hablábamos entró una exploradora y pasó su reporte.

Los Terceros, al parecer, habían tenido éxito en comunicarse con los seres de la segunda dimensión y miles de ellos habían cruzado y ocupaban ahora las nieblas purpuras, y que estas a su vez rodeaban por completo los dominios de la Tercera Evolución.

“¡Maldición!” dijo Mavia, o cualquiera sea el equivalente de eso en su lengua.

“¿Puedo hacer una sugerencia?” pregunté timidamente.

“Si, por supuesto.” Dijo Mavia exaltada. “Si tienes una forma de ayudarnos dila de inmediato.”

“Si utilizamos el Rayo Hewitt de mi padre, podría transportarte a ti y a todo tu ejercito y situarte justo en el medio de sus dominios. Los seres de la segunda dimensión no podrán dañarlas cuando atraviesen la niebla.”

“Hmm. Y una vez que entremos podremos acabar rápidamente con los Terceros. Pero, jovencita, has considerado que cuando hayamos acabado con ellos ¡no podremos regresar a casa!”

Sonreí triunfante. “Mavia, si me llevas contigo, te prometo que las traeré a salvo a través de las nieblas.”

“Ciertamente eres una jovencita muy determinada ¿verdad? ¡muy bien! Te has ganado un lugar en nuestras filas.”

Las siguientes horas fueron muy extremas. Siguiendo mis indicaciones, Mavia ordenó construir un Rayo Hewitt adicional, y las científicas con ayuda de papá la armaron en muy poco tiempo. Y ademas me dieron mi propio traje aislante.

“Te protegerá de los rayos de los Terceros, pero que tu deidad, cualquiera que sea, te ayude si entras en contacto con los seres de la Segunda Dimensión.”

“¿Qué tipo de arma utilizan?¿Es realmente tan terrible?” pregunté.

“Ese es el tema,” respondió una de las exploradoras que se estaba poniendo el traje detrás mio. “No lo sabemos. Son criaturas aladas enormes de apariencia repugnante. Sus cuerpos emiten rayos eléctricos que aniquilan todo lo que tocan. Por alguna razón solo pueden subsistir en esta dimensión es dentro de las nieblas purpuras que están cargadas de electricidad.”

Finalmente estuvimos listas. Las dos máquinas de Rayos Hewitt fueron trasladadas a la cima de la montaña y Papá fue el encargado de operar la que nos enviaría hasta allá. Imaginen, si pueden, la escena. Papá en un extremo de la montaña con su maquina de Rayos Hewitt y la otra máquina en el centro de la montaña, custodiada por una escolta de cincuenta mujeres cuya única misión era protegerla de los rayos enemigos. Dispersadas en formación estaban las mujeres guerreras, no solo de nuestra ciudad sino de las otras setenta y ocho también. Columna tras columna de mujeres con armaduras brillantes.

Mavia, que estaba apostada junto a mi, dio la señal y en un segundo estábamos en la cima de la montaña y al siguiente en el interior del circulo creado por las nieblas purpuras.

Entonces, ¡el infierno se desató! Nuestras mujeres se dispersaron y sembraron destrucción a su paso. Las casas tipo colmenas que teníamos mas cerca colapsaron y se convirtieron en polvo cuando fueron alcanzadas por el destructivo rayo que blandían nuestras tropas. Los Terceros de las demás colmenas se retiraron rápidamente y se montaron sobre enormes maquinas que disparaban rayos de luz.

Sus rayos tenían mejor enfoque que las nuestras pero el traje aislante funcionaba y casi no sufríamos daño, con un par de excepciones cuyos trajes asumo estaban defectuosos y cayeron rendidas al piso.

Me volví a ver si la maquina de Rayos Hewitt había sufrido algún daño. Las cincuenta mujeres que la rodeaban emitían rayos de luz en todas direcciones y formaban una barrera de luz que, mas tarde aprendí, podía reflejar cualquier rayo destructivo que pudiera estropear la maquina.

Era todo muy emocionante pero a la vez completamente distinto a las sangrientas carnicerías que alguien de mi mundo esperaría encontrar en una batalla, era casi como una puesta en escena de la que yo formaba parte.

Marché con el resto de las soldadas y dispare contra los Terceros y sus hogares. Eran criaturas de un aspecto tan inhumano, con delgados cuerpos como maquinas y cabezas gigantescas que cuando sucumbían y desaparecían ante mi rayo no sentía la repugnancia que sí hubiese sentido si hubieran tenido un aspecto mas humano. En lugar de eso, festejé salvajemente cada victoria.

Marchamos desde el centro hasta el límite con la niebla purpura, no dejamos a nadie con vida excepto por las mujeres que cayeron ante los rayos de los Terceros. Cuando llegamos a la niebla dirigimos nuestros rayos hacia ella intentando alcanzar alguna de las gigantescas criaturas que la habitaban.

Ahora que estábamos tan cerca podíamos verlas, claramente, gigantescos cuerpos con alas de murciélago y cabezas pequeñas. Sus feroces ojos rojos ocupaban gran parte de la superficie de sus pequeñas cabezas. Nos rugian y arrojaban sus rayos eléctricos contra nosotras.

Nos retiramos a una distancia segura y les gritamos desafiante. Cansadas por el combate, el ejercito victorioso de mujeres regresó cantando y gritando hasta la máquina de Rayos Hewitt que seguía bien custodiada.

Era mi deber entonces operar la máquina no tenía intención de quedarme atrás. Ajusté el control automático como Papá me había enseñado, y me ubiqué rápidamente en mi lugar.

El rayo de brillo tenue se disparó y volvimos a la cima de la montaña. Papá, quien había esperado ansioso mientras seguía la batalla a través de la pantalla de observación de Mavia, se apresuró a recibirnos.

“Lucile, no sabía que eras una salvaje sanguinaria. ¡Te observé por la televisión y ciertamente hiciste tu parte de destrucción y parecías disfrutarlo en gran manera!”

“Bueno, Papá, si tu te lanzas a la aventura en tierras extrañas no puedes culpar a tu hija si decide seguir tus pasos.”

“Aun así,” dijo con los ojos brillantes, “será mejor que nos vayamos a casa antes de que encuentres otras formas de meterte en problemas.”

“Si,” admití. “Tengo solo tres semanas de licencia y debo descansar un poco antes de regresar a trabajar.”

Mientras Papá reajustaba el Rayo Hewitt para llevarnos de vuelta, mandé a buscar a Joburza, mi prisionero, y se lo presente a papá. Le conté sobre el juicio y sus resultados.

Papá se rió y dijo “Vaya vaya, nunca escuché de una mujer que no quisiera llevarse alguna especie de recuerdo de sus viajes. Supongo que debo agradecer que solo trajiste uno.”

“Claro que si,” acordé divertida.

Entre amistosas despedidas de nuestras extrañas amigas y con su afectuosa invitación a regresar algún día resonando en nuestros oídos, Papá, yo y nuestro prisionero atravesamos el rayo y en pocos segundos nos encontramos en el laboratorio de mi padre.

“Despierta,” grité, sacudiendo a Marion, que se había dormido junto a la maquina de ondas de luz. “¡Hemos regresado!”

Aunque estábamos exhaustos, nadie pudo dormir esa noche. Mario demandó que le contáramos cada pequeña detalle de nuestras aventuras. Nos tomó casi toda la noche contar la historia por completo y explicar las extrañas cosas que habíamos encontrado en la otra dimensión. Marion se anotó para integrar el grupo que iría en el próximo viaje. Estaba muy interesada en las mujeres de la cuarta dimensión.

“Siempre pensé que nosotras nos habíamos emancipado, pero esta Mavia y su gente se emanciparon al cuadrado.”

Mientras desayunábamos bien temprano, le pregunté a Papá, “¿por qué tu y yo nos materializamos en distintos lugares? Tu en el país de los Terceros mientras que yo me materialicé junto a los salvajes Primeros.”

Papá explicó. “Debido a la curvatura del espacio, no viajamos en linea recta. Tu partiste un tiempo después que yo y por lo tanto apareciste al otro lado del circulo. ¿Entiendes?”

“Siii, creo que si,” respondí dubitativamente.

Joburza, a quien rebautice John, se ajustó fácilmente a nuestra vida. Aprendió nuestra lengua rápidamente pero la hablaba con un pintoresco y curioso acento. Papá, al descubrir que tenía aptitud para la ciencia, lo llevo a su laboratorio y lo tomó como asistente aprendiz.

“Mi hija no siguió mis pasos, así que he adoptado a este muchacho,” explicaba riendo a sus amigos.

Me agradaba mucho John pero solía exasperarme con su excesiva timidez para con las mujeres. Pobre muchacho, no podía evitarlo por la forma en que fue criado.

Un día, como seis meses después, regresé a casa por mis tres días de descanso y encontré a John recibiendo una severa reprimenda de nuestra ama de llaves. La despaché para que siguiera con su trabajo y me volví hacia John.

“¿Por qué haces esto John?¡Animate! Recuerda que eres un hombre. Olvida tu vida pasada. Ahora estas en este mundo. Recuerda, no hay nada que temer. Las mujeres no pueden lastimarte. Repitelo para ti mismo, “Soy un hombre,” ¡y actúa como tal! Si una mujer no acuerda contigo se frontal y dile lo que piensas. Le gustará. Inténtalo y veras que funciona.”

“Creo que lo haré,” dijo John y ¡me tomó de los brazos y me beso!

“¡John!” grité asombrada. “¿Por qué hiciste eso?”

Mi padre que estaba parado junto a la ventana se largo a reír. “Pobre John solo seguía tu consejo.” “Se frontal” En serio Lucile , creí que querías que los hombres admitieran la superioridad de las mujeres.”

“Si bueno” respondí despreocupada, mirando a John con el rabillo de mi ojo. “Creo que depende de que hombre estemos hablando.”

“Oh ya veo,” Papá sonrió y con exagerado sigilo abandonó la habitación.

Fandom de Robots

Por Vina Jie-Min Prasad

Computron no siente nada por el programa de televisión animado titulado Hyperdimension Warp Record (超次元 ワープ レコード). Después de todo, Computron no tiene circuitos de emoción instalados, y es, por lo tanto, constitucionalmente incapaz de experimentar “entusiasmo”, “odio” o “frustración.” Es completamente imposible para Computron experimentar emociones como “entusiasmo por el séptimo episodio de HyperWarp,” “odio por la brevedad de los episodios de anime” o “frustración porque falta mucho para el viernes.”

Computron revisa su cronómetro interno y la cuenta regresiva de la página de streaming  al mismo tiempo. Faltan veintidós horas, cinco minutos, cuarenta, seis segundos y doce mili segundos para que sean las 2 am del viernes (hora estándar de Japón). Lógicamente, está al tanto de que el tiempo probablemente transcurre a una ritmo normal. El Museo de Robótica Simak no está en proximidad a un agujero negro, y hay pocas o nulas posibilidades de dilatación temporal. Revisar el cronómetro y compararlo con la cuenta regresiva de la página no sirve a un propósito científico en absoluto.

Al cabo de cincuenta mili segundos, Computron vuelve a revisar la pagina.

El juego de postales conmemorativas (a 15$ el juego de doce) del Museo de Robótica Simak describe a Computron como “El único robot consciente conocido, creado en 1954 por el Doctor Karel Alquist para servirlo como asistente de laboratorio. Ningún científico conocido ha conseguido recrear la invención del doctor. Su diseño, un armazón de acero similar a una caja con pinzas, es característico de la época.” Debajo, en letra pequeña, la postal agradece al patrimonio de Alquist por su generosa donación.

En el museo, Computron está considerado como un pintoresco artefacto, y juega un rol fundamental en el espectáculo Robótica Entonces y Ahora, como ejemplo del “Entonces”. Cuando la presentadora termina su introducción a la robótica, Computron sale a escena y responde cuatro preguntas de la audiencia como prueba de su consciencia, y entonces sale de escena para dejar lugar al resto del espectáculo, que cierra con TETSUCHAN, el autómata con cuerpo de androide, haciendo alarde de su habilidad para el breakdance.

Las preguntas de hoy probablemente sean similares al resto. Una chica adolescente le hace señas a la presentadora y recibe el micrófono.

“Hola, Computron. Mi pregunta es… ¿alguna vez has visto anime?”

“[Si,] vocaliza Computron. [He visto la obra de la reconocida actriz Anna May Wong. El Doctor Alquist disfrutaba ver sus peliculas cuando era niño.]

“Ah, ehm, no, eso no,” continuó la chica. “Me refiero a la animación Japonesa. ¿Alguna vez has visto la serie Hyperdimension Warp Record?”

[No la he visto.]

“Ah, bien, creo que te pareces mucho a uno de los personajes. Pero como no lo has visto, ¡quizás quieras probar ver HyperWarp! Es muy bueno, te puede gustar. Hasta ahora solo hay seis episodios y puedes verla por…”

La presentadora interrumpió a la chica y le dio el micrófono a la siguiente, que tenía una pregunta sobre la investigación del Doctor Alquist. Después de responder dos preguntas mas, Computron regresó al depósito a responder sus correos electrónico, que consistían en preguntas hechas por estudiantes de escuela primaria. Tomó dos lapices electrónicos de metal, uno en cada una de sus pinzas de agarre, y empezó a tipear con ellas en el teclado del ordenador. Computron explicó la diferencia entre un robot y un androide a cuatro estudiantes, y al quinto le envió un link a los escritos de Daniel Clement Dennett III sobre la consciencia.

Mientras Computron se preparaba para entrar en modo sueño, recordó lo que había dicho la chica adolescente sobre “probar ver HyperWarp.” Era algo lógico indagar sobre esa serie de animación japonesa llamada Hyperdimension Warp Record en caso de que futuros visitantes le volvieran a preguntar por ella. El título, cuando lo ingresó en el motor de búsqueda de la World Wide Web, arrojó aproximadamente 957.000 resultados (en 0,27 segundos).

Computron maniobra el puntero del mouse hasta el tercer enlace, que ofrecía “ver Hyperdimension Warp Record, episodios COMPLETOS online streaming alta calidad.” detrás del prominente botón “play” había una imagen estática de una figura gris cuadrada como una caja de pie junto a un humano de ojos grandes y cabello azul y ciertamente, se parecía mucho al diseño de Computron. Era lógico presionar el botón “play” del primer episodio, para familiarizarse con el discurso actual sobre robots en la cultura popular.

Los seis episodios de la serie duran aproximadamente 25 minutos cada uno. Entre mirar la serie, leer los tablones de anuncios y leer detenidamente los extensos comentarios en la enciclopedia de fanáticos. Computron no entra en modo sueño por diez horas, treinta y seis minutos, dos segundos y veinte mili segundos.

Hyperdimension Warp Record (超次元 ワープ レコード Chōjigen Wāpu Rekōdo, cuya traducción literal era: Crónica del Impulso Hiperdimensional) es una serie de anime japones ambientada en el espacio en un futuro distante. El protagonista, Ellison, es un fugitivo que ha escapado de una prisión galáctica supuestamente a prueba de fugas. Acompañado por su compañero fugitivo, Cyro (abreviatura de Cybernetic Robot), los dos se abren camino a través de la galaxia buscando venganza. Sus objetivos, los Siete Sables del Paraíso, quienes han robado la unidad de Impulso Hiperdimensional del creador de Cyro y ocasionaron la muerte de toda la familia de Ellison.

El episodio siete de HyperWarp reveló que el Segundo Sable, gemelo idéntico de Ellison, había asesinado a sus padres antes de fingir su propia muerte. Cuando Cyro y Ellison regresan a la Kosmogram, el ultimo segmento del episodio transcurre sin diálogos. Hay una toma lenta que recorre el área de control de la nave y revela que Ellison ha incurrido en el pasatiempo humano conocido como “llorar” antes de quedarse dormido en la silla del capitán. Su chest binder está manchado de sangre debido a la herida que tiene en la clavícula. Cyro se acerca y gentilmente utiliza sus pinzas de agarre para aflojar el binder de Ellison y lo cubre con una frazada. Una versión instrumental de la canción de cierre suena mientras Cyro se levanta de su asiento y camina hasta la bahía de carga ubicada en la retaguardia de la nave. Por la forma en que sus pisadas están animadas, es evidente que Cyro hace su mejor esfuerzo por caminar sin hacer ruido.

Los créditos corren sobre un plano lejano de la Kosmogram camino al siguiente exoplaneta, un pequeño punto de luz azul en la vasta oscuridad del espacio.

El avance del próximo episodio parece indicar que el episodio se enfocará en el primer intento de los Sables de activar la unidad de impulso hiperdimensional. No hay mención de Cyro o Ellison en absoluto.

A la espera del episodio ocho, Computron descubre un concepto llamado “fanfiction”

Si bien la “fanfiction” significa que son “historias escritas por fanáticos sobre los personajes o entornos de una obra de ficción original,” Computron observa que mucha de la fanfiction de HyperWarp no se parece en nada a los personajes reales o al entorno en el que viven. Por ejemplo, la serie que afirma ser “un spin-off centrado en Cyro el Poderoso” invoucra a un Cyro que ha instalado muchas armas de gran calibre en su cuerpo y se ha unido a los Marines Espaciales, algo que no parece ser relevante en su búsqueda de venganza o en la recuperación de la unidad de impulso hiperdimensional. De igual manera, la “ficción de preparatoria,” en la cual Cyro y Ellison estudian en la Preparatoria Hiperdimensional no contempla el hecho de que la educación formal en el universo de HyperWarp está reservada para la élite.

La mayoría de la fanfiction ambientada en la serie original parecer ser particularmente imprecisa. La mas reciente ofensa se llama “Romero para recordar” de EsposaDeEllison, la cual no contempla el hecho que Cyro no tiene rasgos faciales humanos y que por lo tanto no podía “tocar su nariz contra el cabello de Ellison, respirar el sándalo, el romero y esa esencia que lo hacia único ,” para luego “besar apasionadamente a Ellison, con una urgencia, con ansias, su lengua deslizándose en su boca.”

Computron preparó sus lapices de metal y movió el cursor hasta la casilla de comentarios, listo para dejarle una “critica constructiva” en forma anónima a la EsposaDeEllison, cuando detectó un comentario con una palabra clave.

bjornruffian:

Okay, he notado esto en varias de tus fics y estaba intentando no ser tan dura, pero cuando llegue a la escena del beso ya no pude resistirlo mas. Cyro no puede tocar su nariz contra nada, ¡porque no tiene nariz! Cyro no puede deslizar su lengua en la boca de nadie, ¡porque no tiene lengua! ¿Es que acaso no vemos la misma serie? ¿Se perdieron la parte en que la que Cyro es un robot de metal con cabeza de cubo?

EsposaDeEllison:

Quien eres? La policía del fandom??. Estoy basando mis historias en el diseño de Cyro propuesto en este fanart (link aquí) porque creo que se ve mucho mejor que una condenada caja de metal!! De todas formas, en las notas de autor lo puse clarito AL QUE NO LE GUSTE QUE NO LEA!!! Si detestas tanto la forma en la que escribo porque simplemente no lo escribes tú?????

Computron es incapaz de sentir odio por algo, ya que eso hubiera requerido que el Doctor Alquist le hubiera instalado circuitos de emociones durante su creación.

Sin embargo, debido a su capacidad de procesamiento por encima de la media, Computron es perfectamente capaz de seguir las indicaciones para crear una cuenta en fanfictionarchive.org.

… y así, Ellison manipuló sus manos de carne en un movimiento tipo pinza para entrelazarla con las pinzas de Cyro. Su suave cuerpo humano presionado contra las duras lineas de la aleación patentada de Cyro, de una forma que les hubiera generado desgaste si el cuerpo de Cyro no fuera de manufactura superior. Los fluidos goteaban de los ojos de Ellison. Ningún fluido goteaba de las unidades oculares de Cyro, pero…”

Comentarios (3)

NoTengoRitmo:

¿Qué carajo?¿Alguna vez has visto a un ser humano? Esto parece escrito por un extraterrestre.

andrajosas_alas_libertad:

Ohhh esto es un poco raro pero creo que me gusto?? aunque no estoy seguro sobre el tema de la caja

bjornruffian:

OH POR DIOSSSS. :DDDD Por fin, alguien que no escribe sobre robots con forma humana que no se parecen en nada a Cyro. Algunas de las caracterizaciones de Ellison son un poco extrañas, no creo que él diría todo eso de la cosa blanda sobre la hermosa forma de caja de Cyro?? pero amo tu Cyro! Si ésta es tu primer fic, no puedo esperar a que escribas mas!!

Computron empezó a pasar cada vez menos tiempo en modo sueño después del cliffhanger del episodio trece y ha pasado su tiempo sosteniendo objetivas discusiones sobre el atractivo de HyperWarp con comentaristas de varios sitios de streaming y en foros de mensajes anónimos.

Mientras estaba a punto de responder a la ultima misiva sobre su falta de genitales y actividades sociales en exteriores, lo cual es técnicamente correcto, su cronómetro interno indica que es hora del espectáculo Robótica Entonces y Ahora.

“Bueno, me preguntaba, ¿alguna vez has visto Hyperdimension Warp Record? Hay un personaje llamado Cyro que…”

[Si, estoy al tanto de HyperWarp,] dijo Computron. [Tome el quiz online sobre “Cómo saber si tu vida es HyperWarp” y me ha indicado que soy “¡Hiper-archi mega fan de HyperWarp!” He visto muchas veces la escena del final del episodio siete entre Ellison y Cyro, y recientemente le deje un “me gusta” al artwork de bjornruffian sobre lo que podría haber sucedido poco después de esa escena, ya que era excepcionalmente precisa. El programa ha sido ampliamente calificado como “el éxito revelación de esta temporada” y ha obtenido la aprobación de una cantidad estadísticamente importante de críticos. Si los demás miembros de la audiencia desean ver esta serie, hay trece episodios hasta el momento y se pueden ver en—] la presentadora le acerca utilizando el mismo gesto que usa cuando un miembro de la audiencia está hablando demasiado. Computron guarda silencio hasta que la presentadora selecciona la siguiente pregunta, que a su vez es la ultima debido a limites de tiempo.

Después de que TETSUCHAN termina su breakdance y exhibe su recientemente programada nueva habilidad de pop & lock, la presentadora habla con Computron detrás de escena. Le pide que en el futuro se tome menos tiempo para el segmento de preguntas y respuestas .

[Entendido,] dice Computron, y regresa a su depósito para volver a revisar su casilla de entrada.

Mensaje Privado de bjornruffian:

Hola RobotFan,

He notado que te gusta mi arte (gracias!) y se ve que sabes MUCHO sobre robots al juzgar por la fic que escribes (y bueno, por tu nombre). Estoy haciendo un fan comic sobre Ellison y Cyro en donde quedan varados en uno de esos exoplanetas desérticos mientras intentan reparar la Kosmogram, pero quiero asegurarme de que estoy dibujando el cuerpo de Cyro en forma correcta. ¿hay alguna referencia que puedas recomendarle a alguien que busca aprender mas sobre robots? Pero de los clásicos, no los tipo androide. Sería genial si estuvieran disponibles online, especialmente si tiene imágenes. He encontrado algunos libros con imágenes pero están MUUYY fuera de mi presupuesto. :\\\

¡Agradezco cualquier ayuda que puedas ofrecerme!¡Espero ansiosa tu próxima fic!

Poco después de leer el mensaje de bjornruffian, Computron visita la sección del museo llamada Inicios de la Robótica. Es una sección que se ha visto reducida significativamente a lo largo de los años, particularmente después de la creación de secciones como “Redefiniendo al Ser Humano,” “Androides del Futuro,” y “Zona de Drones”. Consiste de varios paneles de información, una pequeña colección de juguetes de hojalata, y los remanentes de las tres versiones del robot Hexode .

En el episodio 14 Hyperdimension Warp Record, Cyro visita él solo un exoplaneta desértico para investigar la historia del motor de impulso hiperdimensional, y de repente se encuentra rodeado por cuerpos de robots desactivados de fabricación similar, con sus pinzas extendidas, siendo lentamente compactados por los engranajes de una gigantesca maquina. La escena del “Reciclador de Robots” es listada con frecuencia en el top diez de las escenas mas impactantes del año en un anime.

El 7 de junio de 1957, la tercera versión de Hexode falló la prueba del espejo del Doctor Alquist por centésima vez, demostrando que no tenía un nivel mensurable de conciencia de sí mismo. Computron observó al Doctor Alquist destrozar el rostro de Hexode con una llave inglesa, dejando abollada su nariz y sus labios. El aceite gotea de su unidad ocular  cuando ésta cae al suelo con un golpe seco y metálico. Su sintetizador vocálico crujía y siseaba.

“Condenado pedazo de hojalata,” grita el Doctor Alquist. “Vete al infierno.” Si el Doctor Alquist fuese a levantar su llave contra Computron, es probable que el Doctor se hubiera quedado sin asistente para futuros experimentos robóticos. Computron se quedó ahí, estático, parado frente al espejo, observando silenciosamente la destrucción de Hexode para poder juntar sus partes después.

Cuando Computron fotografió el exhibidor de Hexode, lo hizo con cuidado para que ninguna  parte de su propio cuerpo saliera en el reflejo.

[bjornruffian] hombre, MUCHAS gracias por instalar el chat solo para esto! De todas formas, estoy realmente agradecida por tu ayuda con el guión hasta el momento (creo que a esta altura ya podemos llamarlo colaboración, ¿no crees?). ¡Y gracias por las fotos de la exhibición! ¿te costo mucho obtenerlas? Revisé el sitio web y ese museo está prácticamente en el medio de la nada…

— Transferencia de Archivo “GRACIAS ROBOTFAN.png” de “bjornruffian” comenzó.

— Transferencia de Archivo “GRACIAS ROBOTFAN.png” de “bjornruffian” terminó.

[bjornruffian] Bueno, tengo un par de preguntas sobre la pagina 8 del archivo que compartí, ¿puedes darle un vistazo a la segunda viñeta desde arriba? Imaginé que sus juntas estarían engomadas por la arena, así que pensé en hacer una especie de acercamiento en forma de rayo X… si tienes alguna idea sobre cómo podrían ser los circuitos, ¿podrías revisarlo?

[bjornruffian] Bueno, te está tomando bastante tiempo responder, esto me esta poniendo muy nerviosa hice todo mal ://

[RobotFan] Disculpas

[RobotFan] Yo

[RobotFan] no soy muy rápido para tipear

[bjornruffian] Ahh bieen, esperare al experto entonces

[RobotFan] El circuito esta conectado en forma incorrecta y el mecanismo de las juntas también es incorrecto.

[bjornruffian] ohhhh sabía que estaba mal!! DDD:

[bjornruffian] Desearía que las fichas de personaje vinieran con mas diagramas o algo, he pausado las escenas de los flashbacks donde aparecen todos los robots caídos como diez billones de veces para sacar capturas ˃://

[RobotFan] Ademas de las escenas en el Episodio 14, hay otros cuadros donde se pueden ver esquemas de Cyro en el Episodio 5 (17:40:18 y 20:13:50) al igual que en el Episodio 12 (08:23:14)

— Transferencia de Archivo “capturas de pantalla-esquemas.zip” de RobotFan” empezó.

–Transferencia de Archivo “capturas de pantalla-esquemas.zip” de RobotFan” terminó.

[bjornruffian] MUCHAS GRACIAS

[bjornruffian] Lo juro, eres alguna especie de ángel o algo así.

[RobotFan] Eso es incorrecto

[RobotFan] Soy solo un robot

Hay ciertas cosas en el depósito del museo que podrían beneficiar la misión de bjornruffian de completar su cómic de Cyro/Ellison. Computron y los diagramas de Hexode son parte de la Colección Alquist, la cual no es prioridad en el proyecto de digitalización del museo debido a su evidente poco valor. Siendo él mismo parte de la Colección Alquist, no debería haber objeción alguna a que Computron retirara los esquemas.

Cuando Computron toma la manija de la puerta con su pinza izquierda, alcanza a ver al Cyro del Episodio 15 en los paneles de vidrio de la puerta, con sus unidades oculares amarillo radiantes de determinación después de superar su pasado. En jerga de fanático, a esto se lo conoce como ¡Cyro Empecinado! y solo ha sido visto hasta entonces en escenas de pelea. Es ilógico poner a Cyro Empecinado en este contexto, o en esta ubicación.

Computron volvió a mirar el polvoriento cristal y solo vio el reflejo de su rostro.

[RobotFan] Tengo un archivo grande para enviarte.

[RobotFan] Para ser preciso, cuatro archivos grandes.

[RobotFan] Los tres restantes serán digitalizados y enviados en una fecha posterior

— Transferencia de Archivo “alquist-archivo-escaneos-pt1.zip” empezó.

— Transferencia de Archivo “alquist-archivo-escaneos-pt1.zip” terminó.

[bjornruffian] OMG ESTO ES MARAVILLOSO

[bjornruffian] de dónde sacaste esto?? asaltaste ese museo? Esto es PERFECTO para esa otra cosa sobre Cyro/Ellison que he estado pensando hacer una vez que terminé este estúpido cómic del desierto!!

[bjornruffian] Sería genial si tuviera a alguien para ayudarme a escribir a Cyro, GUIÑO GUIÑO

[RobotFan] Estaría encantado de ayudar si tuviera circuitos de emociones.

[RobotFan] Sin embargo, mi falta de circuitos de emoción significa que no puedo estar “encantado” de hacer nada.

[RobotFan] No obstante, voy a ayudarte

[RobotFan] Para hacer un intercambio equitativo como es costumbre entre los humanos, también puedes proporcionar tu opinión sobre ciertos errores recurrentes que lectores han reportado en mi caracterización de Ellison.

[bjornruffian] SIIIIIIII :DDDDDD

Rossum, Sulla. “Hombres y Juguetes de Hojalata: Análisis de Robots Reales y Ficcionales desde los años 50.” Journal de Estudios en Robótica 8.2 (2018): 25-38.

Mientras la figura de los robots en la ficción encarna el miedo atemporal a la tecnología y su potencial para hacer daño, el diseño físico de los robots reales y ficticios a menudo esta relacionado con los rasgos visuales de la modernidad. Lo que alguna vez fue considerado como “un objeto del futuro” puede convertirse en “algo abrumadoramente obsoleto” en un periodo de tiempo de apenas unos años, luego de que avances tecnológicos modifiquen los rasgos visuales de la modernidad (Bloch, 1979). Los torpes diseños tipo juguete de lata de los años 50 son ampliamente considerados como “hojalatas que deberían haber sido recicladas hace mucho tiempo” (Williamson, 2017). Notablemente, la mayoría de las criticas modernas al diseño de Computron tienden a centrarse en sus obsoletos diales analógicos…

Ver-anime-gratis | Hyperdimension Warp Record | Episodio 23 | Chat en vivo

Piro: Ok, es mi impresión o es que Cyo se está poniendo cada vez MAS atractivo? Juro que no soy gay (es gay si es un robot?) pero cuando carga a Ellison sobre sus hombros y usa su pinza para bloquear al Sexto Sable al mismo tiempo

Piro: SANTO CIELOS la escena del francotirador, LE DIO JUSTO EN LA MIRA y le CHOCA EL PUÑO A ELLISON CON SU PINZA

Piro: Al carajo, soy gay por Cyro no me importa, le retorcería los diales hasta que me diga basta después de este episodio

ckwizard: chaval llegaste tarde, hemos estado hablando de lo sexi que se puso Cyro desde esa escena en el episodio 15

ckwizard: sabes de cual te hablo

ckwizard: donde apenas se ve esa pequeña sombra rectangular de un bloque caminando muy lentamente hacia el primer saber con esos burdos efectos de sonido de fondo

ckwizard: entonces sus bulbos oculares resplandecen con ese amarillo bien brillante y emite un pitido ACTIVANDO MODO ASESINO y sus pinzas de agarre empiezan a zumbar

ckwizard: hay una muy buena fic sobre eso en fanficarchive… aunque lo mas bien podrían buscar directamente el blog del autor, está bastante obsesionado con Cyro

ckwizard: sus primeras obras son un poco inconsistentes pero las colaboraciones con bjorn son buenas, ella ha estado ilustrando sus trabajos desde hace un tiempo

piro: ok

piro: acabó de darle un vistazo al comic del planeta desierto

Piro: creo que shipeo

Piro: HOMBRE cuando Ellison intenta la reparación manual en la junta del brazo y Cyro tiene un FLASHBACK DEL RECICLADOR DE ROBOTS pero intenta recordarse a sí mismo que puede confiar en él

Piro: Al carajo, DEFINITIVAMENTE lo shipeo

Ckwizard: bienvenido al club

Ckwizard: es la quinta vez que veo este episodio, esta serie me arruinó la vida

ckwizard: no puedo esperar por la temporada 2

Bjorn-robot-collaboración posteó:

Hola todo el mundo, aquí bjornruffian y RobotFan! Gracias por todos sus comentarios en nuestro primer comic colaboración! Estamos encantados por la gran recepción que tuvo “Bajo el sol del desierto”, bueno, yo estoy encantada y el RobotFan dice que estaría encantado si tuviera los circuitos emocionales que se lo permitieran (¡es un increíble compañero de juegos de rol también! AMO su sentido del humor :DDD).

EN FIN! Resulta que RobotFan tiene en su poder una increíble colección de diagramas retro de robots y está dispuesto a compartirlos, para quienes quieran escribir sobre robots de la vieja escuela y necesiten referencias para su arte! (GUIÑO GUIÑO: el fandom definitivamente necesita de mas Cyro y mas Cyro/Ellison antes que llegue la temporada 2) Para ser honesta no estoy segura de que tan legal sea difundir estos escaneos (RobotFan dice que está todo bien), solo respondan a este post si los quieren y les enviamos un link por mensaje privado si prometen no seguir difundiéndolo.

Ademas, vamos a hacer otro comic de Cyro/Ellison en el futuro, y estamos pensando en hacerlo como parte de una antología. Si les interesa contribuir con comics o ilustraciones ¡avisen!

Prepárense para dibujar cajas a montones gente! La revolución de los robots ya está aquí!

©Vina Jie-Min Prasad

Academia para Señoritas Dobladoras del Tiempo de la Señorita Karami

Por Kat Otis
Publicada originalmente en Kaleidotrope, enero 2020

Ryksa y yo somos gemelas pero no exactamente idénticas. Así fue como me descubrieron haciendo un duplicado del tiempo de una manera que Madre describió como, “inapropiada para una dama de Sociedad.”

Pasé mi primera semana de exilio en la academia de la Señorita Karami furiosa, tanto por mi mala suerte como por el desprecio que Ryksa camufló detrás de su abanico mientras se despedía de mí. Cualquier otra hija de caballero hubiera vendido su alma para entrar en los prestigiosos salones de la Srta. Karami, donde las hijas de la nobleza formaban alianzas vitalicias mientras aprendían como mantener caliente el té de sus invitados por un periodo de tiempo similar. Yo estaba mas interesada en aprender a ser expulsada. Al cabo de tres días y la misma cantidad de bromas, confiaba en que lo lograría, pero en su lugar, la Srta. Karami me llamó a su oficina y me dio consejos sobre cómo doblar el espacio-tiempo en secciones determinadas para maximizar los efectos de mis travesuras. Entonces me inició en el mas selecto grupo de dobladoras del Imperio.

Dos semanas fueron suficiente para descubrir que había encontrado mi lugar en el mundo. Pero no por eso iba a dejar pasar mi venganza cuando Ryksa llegó exiliada igual que yo seis meses después.

“¡La mucama de servicio me delató!” estalló Ryksa apenas se retiró el sirviente que la había traído junto a una bandeja de té. “¡Podría haberme pedido cualquier tipo de soborno, si tan solo hubiese mantenido la boca cerrada, pero no!” Ryksa se acostó sobre el sofá, despreocupada por la forma en que la pollera de lino de su nuevo uniforme se arrugaba bajo su cuerpo. “Esa boba gritó despavorida cuando se dio cuenta que había dos como yo. Intenté convencer a Madre de que ella mentía, pero…”

Pero la Srta Karami probablemente había estado sobornando a sus sirvientes, con mucho mas de lo que Ryksa podía ofrecerles, desde el momento que escuchó sobre mi desafortunada experiencia doblando el tiempo. Mientras que la mayor parte de la nobleza tenía la capacidad de doblar el tiempo lo suficiente para aumentar o disminuir el flujo del tiempo en una área especifica, no habían muchas personas con la fortaleza para volver el tiempo atrás sobre sí mismo. Quizás una chica en una década descubría ese truco por sus propios medios. Y yo no tenía intenciones de confiarle a Ryksa esa habilidad.

Por lo menos, hasta que tuviera mi venganza.

Saqué a relucir las habilidades que la Srta. Karami me había estado ayudando a perfeccionar y concentré mis alegría en forma de sonrisa de Sociedad, tan insulsa que Madre lloraría de orgullo. Entonces me estiré para alcanzar la tetera con mi mano física y los hilos del tiempo con mi mente. “¿Te sirvo té?”

Ryska se incorporó en el sofá con un gesto de sorpresa en el rostro, gesto que habría pasado por modestia si no hubiese sido por la forma en que llevaba la pollera enroscada entre sus piernas. “¿Té? Estamos solas, puedes dejar de fingir.”

No hice tal cosa, apenas estaba empezando a engatusarla. “Servir el té es un arte bastante complejo,” simule confidencia, con seriedad, mientras tiraba suavemente de los hilos para ralentizar el flujo del tiempo en la taza y así evitar que el té perdiera temperatura a su ritmo normal. “La clave está en la precisión. No sirve controlar los hilos alrededor de la taza, solo del liquido en su interior.” Cuando estuve segura de que había tirado de los hilos correctos, le serví el té a Ryksa como si le estuviera sirviendo el té a la Reina de los Romanos. “Ese nivel de control lleva práctica, la cual encontraras aquí en abundancia. La Srta. Karami no acepta nada menos que…”

“¡Al demonio los hilos, Elzbieta! ¿Acaso sigues enojada conmigo por no defenderte?” Ryksa tomó la taza de un arrebato y bebió. Segundos después escupió una bocanada de liquido hirviendo y casi dejó caer la taza, derramando todo el liquido sobre su pollera. Aullando de dolor, arrojó la taza sobre la mesa al mismo tiempo que retrocedia con silla y todo.

Contuve una sonrisa mientras tiraba de los hilos para ralentizar la caída de la taza, y la retiré cuidadosamente del aire antes que se estrellara contra algo y se rompiera. La Srta. Karami me había jurado que los modales eran una arma efectiva, cuando se blandían apropiadamente, parece que estaba en lo correcto. “Cuida tu lenguaje,” reprendí a Ryksa, utilizando la misma voz suave que Madre hubiera utilizado. “Según la Srta. Karami…”

“¡La srta. Karami, la srta. Karami, la srta. Karami!” Ryksa tiró de los hilos con torpeza para acelerar el secado de su pollera, lo cual solo hizo que la mancha se asentara. Probablemente asumió que una lavandera la limpiaría por ella. Me hubiese gustado estar ahí para ver su cara cuando descubriera que no había lavandera. La Srta. Karami nos hacía hacer nuestros propios quehaceres de la casa durante los primeros tres meses en la academia, para asegurarse de que valoráramos apropiadamente a los sirvientes, y pudiésemos pasar por uno si la situación lo demandase.

“Eso va a dejar una mancha.” dije yo.

Ryksa me ignoró. “¿Seis meses fueron suficiente para borrar todo rastro de pensamiento inteligente de tu cabeza?” Las palabras me hubieran dolido si los ojos marrones de Ryksa, el mismo tono miel que los míos, no hubieran expuesto un nivel de ansiedad que bordeaba el miedo. Servía a mis intereses que creyera que mi verdadero ser había estado restringido y sofocado hasta la muerte en una red de modales de Sociedad, después de que ella no movió un dedo para salvarme de la ira de nuestros padres.

Pero cuando estaba a punto de apaciguarme Lady Euphrosyne Habsburg-Lothringen entró repentinamente a la habitación. “¡Señorita Olisava!”

Ryksa y yo nos levantamos al unísono, aunque mis saludos de cortesía fueron mas profundos y duraron mas que los suyos. Antes de llegar a la academia, ninguna de nosotras se había movido en círculos donde pudiéramos conocer a una chica como Lady Euphrosyne, numero veintitrés en la linea de sucesión al trono del Imperio.

Euphrosyne dio dos pasos al interior de la habitación, se detuvo y se quedo mirando, su mirada iba rápidamente de la una a la otra. Pude ver el momento en el que ella registro que mi lunar estaba sobre mi mejilla izquierda, y el de Ryksa en la derecha, se sintió tan aliviada que hasta se achico unos centímetros.

“Lady Euphrosyne,” le dije, apurada, esperando distraer a Ryksa antes de que se diera cuenta. “¿Puedo presentarle a mi hermana mayor, la Srta. Ryksa Olisava?”

“¿Mayor?” chistó Euphrosyne, su rostro se cubrió con rasgos de exasperación mientras tiraba de los hilos a nuestro alrededor para ralentizar nuestra conversación en relación al resto del mundo. “¡Que molestia! Como si llevar su rostro no fuera lo suficientemente confuso, ¿también debes tomar su dirección?”

Ryksa se endureció, con una voz tranquila y un tono entrecortado que usaba cuando intentaba esconder su feroz temperamento de extraños. “Ya que Elzbieta es seis minutos mas joven que yo, nunca fue suya para empezar.”

Euphrosyne olisqueó, con arrogancia digna de la realeza. “Bueno. Como usted diga. Srta… Elzbieta, llega tarde a su sesiones de tutoría. Indispensables para formar relaciones sociales Srta. Olisava.”

¡Tutoría! Lo único sobre lo que Euphrosyne podría darme tutoría es sobre como rechazar pretendientes que van detrás de tu título y fortuna. Y dado que no tengo ninguna de las dos, era claramente una excusa para separarme de mi gemela. “La Srta. Olisava acaba de llegar,” le dije, devolviéndole la mirada de exasperación a Euphrosyne.

“Esto no puede esperar,” Euphrosyne golpeteó la punta de su estilizado zapato lo cual puede haberse interpretado como un gesto de impaciencia pero que no era tal. Al haberse criado bajo la eterna vigilancia de sirvientes, guardaespaldas, y cortesanos, Euphrosyne solo telegrafiaba sus emociones de forma tan clara cuando ocultaba algo o cuando intentaba transmitir un mensaje. O ambas.

“Lady Jolanta podría…” empecé, cuidadosamente, intentando medir el nivel de la crisis que recaía sobre Euphrosyne.

“Está con la Srta. Karami.” El golpeteó de Euphrosyne se aceleró.

Que extraño. Jolanta era la mas débil de nosotras tres, bueno, cuatro, ahora que Ryksa estaba aquí, aunque no estuviera al tanto de nada. Jolanta podía viajar una hora al pasado, pero su fortaleza palidecía en comparación a mis dieciséis horas o las veintidós de Euphrosyne.

“Esta bien,” concedí, ahora sentía curiosidad y confusión a la vez. “Estaré allí en un momento.”

Ahora mismo,” insistió Euphrosyne. El shock que tuvo cuando vio a Ryksa me hizo comprender la advertencia, por un momento pensó que habían dos versiones de mí juntas. Nada de doblar el tiempo hacia atrás para llegar antes de partir.

“Por supuesto,” acordé. Euphrosyne siguió mirándome unos segundos mas antes de pasarme cuidadosamente los hilos a mi y deslizarse por la puerta con la misma serenidad con la cual había entrado.

“¿Qué fue eso?” demandó Ryksa, sin hacer el menor esfuerzo por ocultar su descontento ahora que Euphrosyne se había ido. “Elzbieta, no me importa que tan enfadada estés conmigo, estás siendo infantil, de nuevo y…”

Me quede mirando los hilos, preguntándome que era tan urgente que Euphrosyne estaba tan determinada a que la atendiera tan pronto como fuese linealmente posible. Por mas que estuviera disfrutando mi venganza, mi juramento tenía precedencia. “De acuerdo. Quedate aquí. Regresaré tan pronto como me sea posib…”

“¿Qué haga qué?” Ryksa estaba perpleja. “¡No lo haré!”

Dude, confundida. Por un lado, mi gemela nunca había tenido el hábito de hacer travesuras para beneficio propio, esa siempre ha sido mi marca distintiva. Por el otro lado, cuando se le mete algo en la cabeza no hay nada que pueda persuadirla de lo contrario. Ya podía imaginarla siguiéndome y solo las Nornas sabían del el daño que podía llegar a ocasionar. “Bueno. Ven conmigo. Pero si te digo que hagas algo lo haces. De inmediato, sin hacer preguntas.”


”Está bien,” dijo Ryksa, irritada.

“No nada de está bien. Júralo, por los hilos.”

Ryksa enrolló los ojos. “Lo juro por los hilos, que mis poderes me abandonen si miento.”

Mi gemela era molesta y arrogante y temperamental, pero no rompía sus promesas. No era lo ideal, pero tendría que ser suficiente.

“Ahora, apurate.”

****

Utilicé los hilos para envolvernos, luego tomé su mano y la llevé conmigo, salimos de la habitación rápidamente y atravesamos el pasillo. Las pocas personas que encontramos parecían estar congeladas en su lugar, ni siquiera parpadeaban mientras pasamos junto a ellas. Ryksa y yo habíamos jugado con los hilos de esta manera antes, cuando eramos niñas, pero nunca había tenido el control suficiente para evitar influenciar a las personas del entorno. Resistí la tentación de mirarla de reojo para ver que tan impresionada estaba.

Si alcancé a husmear un poco mientras la arrastraba a través de la puerta secreta y hacia el corredor escondido que había detrás. Se veía mas exasperada que intrigada. Si voy a ser completamente honesta conmigo misma, mis hábitos de travesuras y caos nunca antes habían sido puestos al servicio de algo tan intenso y comprometido que Ryksa hubiese aprobado.

Euphrosyne y Jolanta nos esperaban en la cámara secreta que albergaba nuestras reuniones semanales, una reunión informal donde perfeccionábamos nuestras habilidades de manipulación del tiempo y compartíamos nuestros sueños sobre nuestro futuro en las redes de inteligencia de la Srta. Karami.

Jolanta caminaba nerviosa, mientras Euphrosyne estaba sentada en un sillón sirviéndose una taza de té de una bandeja que debía haber llevado ella misma. No se permitían sirvientes en nuestro santuario.

Jolanta se detuvo en seco y abrió grande los ojos cuando vio a Ryksa. Hizo un complicado patrón de señas en el aire mientras miraba amenazadoramente a mi gemela. Confieso que pasé tres segundos enteros de diversión antes de compadecerme por la confusión de Ryksa.

“Ryksa no ha aprendido las señas aun. Aunque supongo que debemos iniciarla lo mas pronto posible.”

No estaba muy contenta con eso. Había disfrutado no ser la gemela mas joven y menos responsable aquí y no me deleitaba pensar en volver a ocupar ese papel.

“¡La gemela!” Jolanta se hundió en la silla mas próxima. “Justo hoy tenía que pasar esto.”

Ocupé la otra mitad del sillón que ocupaba Euphrosyne y mi propia taza de te, ya que no había terminado la primera. “¿Qué sucedió?”

“Con suerte, sigo en compaña de la Srta. Karami,” dijo Jolanta, mirando hacia arriba y a su izquierda, en dirección a la oficina de la Srta. Karami. “Hombres de la Agencia de Protección Cronológica deben estar llegando en estos momentos.”

“¿Agencia de Protección Cronológica?” preguntó Ryksa, que seguía parada en el medio del cuarto desconcertada.

“Hombres autoritarios que buscan custodiar la santidad del tiempo, destruyen las mentes de cualquier hombre o mujer que atrapen retrocediendo el tiempo. Lo hacen, claro, retrocediendo el tiempo ellos mismos cuando deciden que es necesario,” dijo Euphrosyne, con un tono irónico pero gentil. Evitó deliberadamente las formalidades, que en la practica significaba aceptar a Ryksa en nuestro grupo, y continuó, “Siéntate, Ryksa. Ahora ¿nos dirás que sucede Jolanta?”

“Sin entrar en muchos detalles,” suspiró Jolanta, mientras Ryksa tomaba asiento en la silla mas cercana. “El archiduque y la archiduquesa fueron asesinados ayer.”

Eso me tomó por sorpresa. La archiduquesa se había graduado de la academia de la Srta. Karami hacía apenas cuatro meses. Apenas me habían iniciado en el grupo de élite de la Srta. Karami cuando ella se fue, pero aun así alcance a conocerla. Era una de las nuestras.

“La archiduquesa dobló el tiempo lo suficiente para volver atrás cinco minutos antes del asesinato y así advertirles a tiempo para que detuvieran el carruaje y salvarse a si mismo en el pasado,” Jolanta se apresuró en consolarnos. “Pero nadie puede ocultar a un duplicado del tiempo desangrándose hasta la muerte sobre su regazo en un carruaje abierto, así que la APC se involucró. La archiduquesa tiene un cuadro de histeria lo suficientemente convincente para que la mayoría de ellos crean que fue una respuesta instintiva e irrepetible al estrés ser asesinada.”

“La mayoría,” remarcó Euphrosyne, como palabra clave.

   “La APC envió a dos de sus mas eminentes dobladores a asegurarse que la Srta. Karami no está enseñándonos técnicas prohibidas para doblar el tiempo. La Srta. Karami me hizo volver en el tiempo para advertirles, y a ella misma, esperando que fuese lo suficientemente débil para pasar desapercibida.”

Es por eso que teníamos temporalmente prohibido retroceder en el tiempo. “¿Creen que lo notaran?”

Jolanta se mordió el labio. “Espero que no.”

Euphrosyne y yo intercambiamos miradas poco felices. “Si ya tienen sospechas…”

“Esperen,” Pidió Ryksa, frotándose la frente con su mano enguantada. “¿Quieres decir que todas ustedes pueden retroceder en el tiempo?¿y que la archiduquesa de Austria también puede hacerlo?”

“Bienvenida al grupo de mujeres que trabaja en secreto para salvar el Imperio,” dijo Euphrosyne, “si tan solo pudiésemos salvarnos a nosotras mismas primero.”

“Siempre dijiste que era demasiado frívola Ryksa,” agregué. “Bueno, ahora tengo una causa. Felicitaciones, tenías razón.”

“Ninguna de nosotras tendrá una causa por mucho mas tiempo si la APC nos atrapa,” dijo Jolanta.

“Si los agentes problemáticos son una minoría,” Euphrosyne volvió su atención de vuelta al asunto urgente, “entonces todo lo que tenemos que hacer es apelar a la mayoría.”

“¿Convencerlos de que estos agentes en particular tienen algo en contra nuestra?” sugerí, la carta de la victima inocente era mi defensa preferida. Mi mente empezó a acelerarse mientras consideraba las opciones, analizando mis jugadas anteriores, tanto las exitosas como las fallidas.

“Eso sería ideal,” acordó Euphrosyne, “¿pero cómo?”

“Hay que hacer que nos acusen de algo,” dijo Ryksa, volviendo su incrédula mirada sobre mi. “Algo que podamos desacreditar. Eso es lo que Elzbieta siempre hacía cuando se metía en problemas en casa.”

Ignoré la segunda parte de su enunciación y me concentré en la primera. Euphrosyne y Jolanta habían cometido el mismo error… uno que podía desacreditarlos. “Ryksa, prometiste hacer lo que yo diga.”

Ryksa no lucía feliz, pero asintió de todas formas. “Si, ya lo sé.”

La ultima vez cometí el error de asumir que con su involuntario apoyo sería suficiente. Aunque meterme en todos esos problemas y ser enviada con la Srta. Karami era probablemente lo mejor que me podía haber pasado, estaba bastante segura que no tendría tanta suerte por segunda vez. “Ya escuchaste a Jolanta, Ryska, es por una causa justa. No vamos a hacerlo por diversión, lo juro por los hilos.”

“Por supuesto,” dijo ella, aunque no se la veía para nada contenta.

“Bien entonces”, dije, mientras terminaba de hilvanar los detalles del plan. “Para empezar, necesito derramar té sobre mi…”

***

Ryksa disfrutó un poco demasiado cuanto tuvo que recrear su mancha de té en mi pollera, especialmente después de que Jolanta mencionará que lavábamos nuestra propia ropa. Para que parezca mas autentica, se aseguró de que fuera té caliente, el cual seco rápidamente para que la mancha fuera casi idéntica.

Después, deshicimos nuestro cuidadosos arreglos en el cabello y alborotamos nuestros rizos para parecernos lo mas posible, asegurándonos de esconder nuestros lunares en caso de que los agentes fueran lo suficientemente astutos para notar las discrepancias a primera vista. Euphrosyne sacudía su cabeza maravillada ante la ilusión casi perfecta que habíamos logrado, y simulaba arrastrarnos del brazo hasta la puerta de la oficina de la Srta. Karami. Jolanta se decepcionó de no poder presenciar la escena, pero su yo del presente ya estaba en la oficina y hubiese arruinado nuestro duro trabajo si un pareja real de duplicados del tiempo se aparecía junto a nosotras.

“Srta. Karami,” Euphrosyne tocó rápidamente la puerta y la abrió sin molestarse en esperar una respuesta. “Srta. Karami, la srta. Olisava… ¡oh!”

Los dos agentes de la APC sentados frente a la Srta. Karami, tenían las manos sospechosamente vacías.

O la Srta. Karami se había negado a servirles té o ellos se habían negado a aceptarlo. La Jolanta del presente está pegada a una esquina de la habitación, intentando pasar desapercibida. Los cuatro se volvieron a mirarnos cuando entramos al cuarto, Jolanta abrio grande los ojos alarmada.

“Sir Karl, Sir Ludwing,” dijo la Srta. Karami, después un de breve momento de titubeó. “Permitanme presentarles a Lady Euphrosyne y a las señoritas Olisava. Gemelas, por supuesto.”

“Ja! ¡Que historia tan conveniente!” El agente mas joven se levantó del sofá, con la cara enrojecida. “Se lo advertí, esta academia es una cueva de iniquidad y rebeldía…”

“¡Ella empezó!” grité, con la mejor actitud de victima inocente que pude fingir, para no dejarlo avanzar demasiado profundo en esta charada. Él estaba a punto de hacer la acusación, era mejor detenerlo ahora antes de que pudiera aclarar lo que definitivamente estaba pensando. No quería perder la oportunidad de apelar ignorancia en mi defensa si volvía a enfrentarme con la APC en el futuro.

“¡Yo no hice nada!” respondió Ryksa, justo a tiempo, y yo casi arruino todo al suspirar en alivio. Esta vez, ella había venido en mi ayuda. “Tú fuiste quien dobló el té…”

“No es mi culpa si eres demasiado torpe para sostener una taza…”

“Lo enfriaste

“Es lo que debía hacer.”

“¡Chicas!” interrumpió la Srta. Karami, su voz y su rostro eran rígidos pero sus ojos brillaban entretenida. “No frente a nuestros invitados.”

Sin planearlo actuamos al unísono, nos cruzamos de brazos y desviamos la mirada.

El agente mas viejo sacudió la cabeza, lucía como si hubiese envejecido una década en el minuto que pasó. “Buen intento chicas, pero me temo que la verdad es muy evidente. Srta. Karami, tendré que reportar este crimen a la agencia.”

“Esperen, ¿Qué?” Ryksa y yo preguntamos al unisono.

“¿Desde cuándo su agencia,” Euphrosyne arrastró un poco esa palabra, “se ocupa de una infantil pelea de comida?”

Alisé mi pollera, fingiendo vergüenza, y pude ver que Ryksa hacía lo mismo por el rabillo del ojo. Ella me vio y enrolló los ojos.

No por mí, sino ante la reacción de los agentes.

Un calor invadió mis mejillas porque de pronto entendí lo mal que había interpretado la despedida de Ryksa, al estar tan enojada por su traición, que realmente no había sido una traición, ya que yo si había estado haciendo infantiles travesuras mientras ella protestaba. Ryksa y yo nos enloquecíamos mutuamente de tanto pelear, por momentos, pero aun así nos queríamos.

Eramos gemelas después de todo.

Deje de acomodar mi pollera y volqué mi atención a mi cabello, echándolo para atrás para que el lunar se hiciera claramente visible y luego intenté hacerme un rodete para darle alguna apariencia de orden. La Srta. Karami levantó las cejas. “¿Arrojando comida y tirándose de los cabellos? Estoy muy decepcionada de usted señorita Elzbieta.”

Ryksa sonrió, feliz, acomodándose el pelo también de vuelta a su lugar.

“Y en cuanto a usted Señorita Olisava,” continuo la Srta. Karami, con un tono que hizo que Ryksa se enderezara alarmada. “Aun cuando todavía no tiene el beneficio de mi adiestramiento, como la hermana mayor, esperaba que tuviera un poco mas de modales. Aparentemente, me equivoque. Como castigo, creo que ambas van a lavar ropa, la suya y la de las otras chicas, durante todo el mes.”

Ambas la miramos con la boca entreabierta, entonces, instintivamente, nos miramos la una a la otra. Mas tarde, me di cuenta que ese movimiento puso nuestro lunares de perfil de forma perfecta.

“Caballeros,” la Srta. Karami se volvió hacia los agentes para dar la estocada final que le daría el triunfo. “Como pueden ver, las gemelas Olisava no son exactamente idénticas. Aunque si tienen un idéntico talento para el caos.” Les dio unos segundos para que estudiaran nuestra apariencia, durante los cuales ambas instintivamente tocamos nuestros lunares.

No había forma que incluso el hombre menos observador pudiera no verlos. “Creo que hemos terminado aquí.”

El agente mas joven intentó recuperarse de todas formas. “Le dije, sentí que…”

El agente mas viejo le colocó la mano sobre su brazo. “No. No, veo que ella tenía razón.” El disgusto en su rostro era una respuesta familiar, pero el alivio con el que lo combinaba me sorprendió. Él realmente no quería tener razón. “Dejé de avergonzarse a sí mismo, Ludwing.” Se levantó e hizo una reverencia. “Srta. Karami, le agradecemos por su hospitalidad y nos disculpamos por hacerle perder su valioso tiempo. Vámonos.”

Ryksa nos separamos para dejar pasar a los agentes que se iban en un vergonzoso silencio. Ninguna de nosotros se movió durante casi un minuto, entonces Euphrosyne volvió a abrir la puerta para husmear. “Se fueron.”

Jolanta salió de su esquina, sonriendo. “¡Eso fue brillante! No volverán a meter sus narices en nuestros asuntos de nuevo por un buen tiempo.”


”Eso fue muy astuto de su parte,” dijo la Srta. Karami, “aunque no es una estratagema muy confiable, la Srta. Elzbieta lo sabe muy bien.”

El recordatorio de mi fracaso ya no me dolía. En su lugar, mi mente se apresuró a pensar en otras cosas, cosas mas importantes. Como; “¿no hablaba en serio sobre la lavandería verdad?”

***

“No puedo creer que mi hermanita es una espía al servicio del Emperador,” dijo Ryksa, por doceava vez, mientras intentaba sacar la mancha de su pollera.

“Espía en adiestramiento,”la corregí, a la vez que peleaba con mis propias manchas. “Y él no me reconocería si nos vemos en persona. Las mejores espías son las que están encubiertas.”

“El Emperador,” repitió. “Elzbieta, no tienes un gramo de seriedad en tu cuerpo.”

Metí la mano en mi fuente para lavar y salpiqué a Ryksa. “¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?”

Ryksa me miró, con los ojos bien abiertos, por varios segundos. Entonces, sonrió maliciosamente, una sonrisa que se me veía con mayor frecuencia a mi que a ella, esta vez inundaba su rostro y me devolvió el salpicón.

“Te amo hermanita.”


Tiré los hilos y ralenticé el agua de la fuente hasta que llegó a temperaturas glaciales. “Vas a quererme aun mas, cuando te enseñe como hacer esto.” Entonces le volqué la fuente en la cabeza como un tsunami que se movía muy lentamente.

Eventualmente conseguimos lavar nuestras polleras. Lo juro.

©Kat Otis

El palacio del Dragón de Plata

Por Y.M. Pang

Publicada originalmente en Strange Horizons, 1 de octubre de 2018.

Aliah dio un paso hacia el borde del precipicio, hacia la rompiente, que sonaba de fondo como una tenue percusión ante la canción del Dragón de Plata. Se imaginó que eran las aguas del Mar del Oeste las que rociaban su rostro, imaginó la sal del mar en su lengua. Pero el mar yacía muy por debajo y lo que sentía eran solo sus lágrimas. La ultima vez que había llorado… ¿cuando su madre se fue? ¿cuando su hermano se arrojó a estas mismas aguas? Sus lágrimas no habían sido por ellos, solo por ella, como en ese momento. Egoísta, la había llamado su padre. Tenía razón. Su padre, que en ese momento probablemente estaba ardiendo en llamas junto a todas sus pertenencias. Aliah todavía poder oler el humo, podía sentir el fuego.

El viento soplo su oscuro cabello hacia atrás, cabello que llevaba atado con el mismo listón verde que  había pertenecido de su madre.La canción del Dragón de Plata llamaba a los abandonados, los emocionalmente destruidos. Había llamado a su hermano, y aunque Aliah no estaba tan abatida como él, por lo menos no de la misma manera, no dudo y se arrojó desde el precipicio.

Mientras caía, con los brazos extendidos, con sus suaves prendas de cáñamo ondulando por el viento, debía tener un aspecto muy similar al de la obra maestra de su madre, La Doncella Encantada por el Dragón de Plata. Solo faltaba su padre en el trasfondo, invadido por el pánico , llegando demasiado tarde para evitar que su hija saltara.

Aliah azotó en el agua. El impacto hizo crujir sus huesos, amenazando con convertir su cuerpo en un millón de pequeñas piezas, en mas espuma para el mar. El agua salada se filtró en su nariz, le bajó por la garganta. Al principio la luz del sol dejaba ver sus temblorosos dedos bajo las olas, pero pronto se hundió y el sol ya no podía alcanzarla. Su cuerpo temblaba pero sus pulmones ardían, como si fuera ella y no su padre quien se estuviera asfixiando con el humo. Las burbujas salieron abruptamente de su boca. La canción del Dragón de Plata la envolvía, la arrastraba hacia las profundidades.

Aliah no le temía a la muerte. El Dragón Rojo y el Azul  prometían el paraíso, pero todos saben que el Dragón de Plata solo lleva a las personas a su muerte. Solo temía una cosa; que la leyenda mas aburrida fuera la real, que no pudiera ver nada mas que la oscuridad del mar mientras se ahogaba. Estiró una mano y pensó, Te mostrarás ante mí, Karonin, Dragón de Plata, me rehusó a morir sin verte.

Algo envolvió sus brazos. Aliah abrió sus ojos a la fuerza y vio que oscuros rizos la envolvían, la sumergían. Vio un destello de luz a lo lejos, una pequeña esfera al principio, luego se expandió hasta abarcar todo su rango de visión. Un palacio apareció sobre la arena del lecho marítimo, y parado frente a él estaba el Dragón de Plata.

Era tan hermoso que sus doloridos ojos no podían siquiera contemplar la idea de dejar de mirarlo. Delgadas lineas de plata trazaban patrones en su rostro tallado, eran sus escamas. Los rizos negros eran su cabello, cuerdas de seda que la arrastraban hacia él. Sus ropajes blancos resplandecían, y sus costuras estaban decoradas con detalles relucientes que Aliah solo había visto en las pinturas de su madre.

Karonin, el Dragón de Plata, se estiró para alcanzarla con los largos dedos de su mano. Algo estimuló el corazón de Aliah, un elemento extraño parasitó su cuerpo. Una voluntad ajena se extendió por su brazo y su cuerpo se elevó cuando sus dedos sujetaron  los de Karonin. Su piel era suave, refrescante, sin escamas.

Sus cabellos le soltaron los brazos, desenmarañando y retrayéndose, y sin los cabellos para sostenerla, Aliah se hundió hacia el lecho marino. Pero la mano de Karonin la sujetó del mentón, la sostuvo contra su cuerpo y le clavó la mirada. En sus ojos pudo ver océanos distantes y mares extraños, constantemente cambiando de tonalidades de azul y negro. Ella seguía mirando la profundidad de sus ojos cuando él presionó su boca contra la suya.

Sus labios eran fríos, pero su aliento la atravesó como una brisa de verano. Aliah sintió que sus entrañas cambiaron. Se peinó la nuca con los dedos, no detectó branquias pero cuando apartó los dedos pudo respirar nuevamente. Sus ojos, que ya no le ardían, se embriagaron con el palacio. Sus muros brillaban como hueso pulido, decorado con patrones plateados y cristales que resplandecían como las estrellas. Se encontró frente a Los Pilares del Océano, con las bases embutidas en el lecho marino, columnas que sostenían el techo colgante. Sostenían las aguas del Mar del Oeste, calmaban sus olas y su deseo de tragarse las tierras de la superficie. Dragones blancos no mas grandes que serpientes marinas se arrastraban sobre los pilares, exhibiendo sus escamas de piedra y sus ojos color verde jade.

La mano de Karonin descansaba sobre su hombro. Sus labios se movieron y su voz la envolvió, tan rica y cautivadora como su canción. “Bienvenida Aliah. Me alegro que hayas venido.”

Ella debió aceptar su saludo. Él era el Dragón de Plata y podía acabar con ella en un parpadeo. Pero sabía que su bienvenida no era solo para ella, sino una frase que había repetido incontables veces, a su hermano antes que a ella y a cada ser humano antes que a él.

“¿Cómo sabes mi nombre?” dijo Aliah.

El deslizó un dedo sobre sus labios. “Tú me lo diste cuando nos besamos. Es el precio que pagas para sobrevivir aquí.”

“¿El primer precio de muchos?”

“Si eso es lo que crees, ¿para qué has venido?”

“¿Por qué alguien viene aquí?”

Karonin sonrió, mostrando dientes tan blancos como la panza de un tiburón. “Porque yo los acepto cuando el mundo los rechaza. Porque los amo cuando nadie mas lo hace. ¿Es esa tu razón también?”

No espero por su respuesta, solo le extendió una mano y la arrastró hacia el palacio. Su cabello flotaba detrás suyo como tinta que gotea en el agua, las puntas se desplegaban y desparecían. Flotaron por entre los pilares, pasaron junto a un cardúmen de peces magenta. Las puertas con adornos de acero se abrieron y algo que parecía humo blanco salió despedido, aunque claramente no era posible.

Karonin la guió por un jardín de arboles plateados con ramas que tenían campanas en lugar de frutos. Pasaron por un comedor impregnado con aromas de estofado bien condimentado y cangrejo al vapor. Pasaron por un escenario con una pantalla desplegable decorada por anguilas azules. Por un laberinto con interminables puertas, todas cerradas, que Aliah creyó interminable hasta que eventualmente emergieron a una enorme cámara circular. Sillones con respaldos en forma de almeja ubicados contra la pared curva. En el centro de la habitación, una mesa de mármol sostenía una concha de mar tan grande como un carro de compras, y de ella salían anémonas, hipocampos y estrellas de mar.

Aliah se arrodilló junto a la mesa, a la altura de los hipocampos. Sus delicadas colas jugueteaban alrededor de un coral rojo granadino. Aliah pasó su mano por la espalda de un macho con el estomago hinchado, ahí fue cuando eso regresó, le aulló para que destruyera el coral, que desgarrara la estrella de mar en cinco partes, que destripara al caballito de mar y desparramara en el agua los embriones que cargaba. Todo para probar la reacción de  Karonin.

Ella retiró la mano rápidamente.

Karonin la guió hasta una cámara donde había una cama con dosel. Dragones serpiente se arrastraban sobre la estructura de plata, y las cortinas se ondulaban como una ventisca de nieve. Ella se acostó en las sabanas de seda y Karonin se arrodilló a su lado completamente desnudo. Una almeja abierta sobre la mesa de noche desprendía una luz estable y relajante que dejaba entrever las escamas plateadas en la piel de Karonin. Pero cuando Aliah presionó un dedo contra su garganta para sentir su pulso, o cuando deslizó su lengua sobre su pecho, pasando por su abdomen hasta llegar a su oscuro y vacío ombligo, lo único que sintió fue una suave piel humana.

Entrelazó su mano a través de su cabello, que caía sobre su espalda como fuego negro. Su abrazo era cálido ahora, se había sentido así de cálido desde que su beso la reconstruyo. Él era hermoso, monstruoso, y ella tomó todo lo que él le dio, ella se permitió creer que él era suyo, tan suyo como nada había sido en su vida. Una ilusión, claro, pero para entonces ella codiciaba mas. Cada vez que sus dedos se deslizaban por esas lineas plateadas, anhelaba ver su verdadera forma de dragón.

*

Le dio su primer regalo y ella lo retribuyó con una mentira.

La almeja se abrió al tacto.  Dentro, un sol en miniatura se asomaba sobre una pequeña casa. El espejismo capturaba cada detalle, desde las ramas delgadas como agujas hasta las hojas del tamaño de una hormiga. “Cambia según la hora y la estación,”dijo Karonin. “Se usa para medir el tiempo.”

Aliah se lo devolvió. “No necesito esto. Si me importara el paso del tiempo no hubiese venido aquí.”

Frunció el ceño, pero solo eso. No la obligo a aceptar el regalo, no como lo hubiera hecho un amante humano.

Pero mintió, si le importaba. No quería llevar la cuenta pero el monstruo en su interior si. Había construido una casa con reloj de sol en su cabeza, amueblada con relojes de arena y campanas. Medía los días según la cantidad de veces que se dormía en los brazos de Karonin. Su hermano Ruon se había arrojado al mar hacía tres años. Ya no estaba aquí. Había durado cuanto mucho tres años y Aliah sabía que ella no duraría tanto. Ruon siempre había sido mejor que ella en todo, y sobrevivir al Dragón de Plata no sería la excepción.

Por momentos Aliah despertaba agitada durante lo que parecía ser la mitad de la noche. El pánico se apoderaba de ella y clavaba sus uñas en los hombros de Karonin, le enterraba los dientes en la carne hasta que sangraba, como si pudiera de esta manera consumir su inmortalidad. Le decía que hiciera de él lo que quisiera, que tanto su cuerpo como su corazón le pertenecían. Pero Aliah no cayó en esa trampa. Era el Dragón de Plata y no existían historias sobre el regalando amor e inmortalidad a nadie, algo que si hacían sus hermanos.

Durante gran parte del tiempo, Aliah ignoró las campanas en su cabeza, el pasar de los días, el sol saliendo y poniéndose en el ojo de su mente. No había venido a ese lugar esperando sobrevivir.

*

Caminaban por el jardín, escuchando las inquietantes melodías de las campanas. A veces Karonin hacía la danza de la espada, con elegancia y liviandad en el agua.  Aliah no necesitaba comer, ya no,  pero aun así Karonin organizaba festines de langosta y cangrejos de caparazón blando, y salmón enrollado en  forma de ostra, servido en platos que nunca se vaciaban. Le mostró la biblioteca atiborrada de rollos de bambú. Hicieron el amor en la cama con dosel, contra los Pilares del Océano, o flotando bajo el cristalino cielorraso. A veces él cantaba y ella escuchaba las notas que vibraban a través de su cuerpo y la llenaban de inexplicables ansias de llorar.

Pero mas que todo eso, ella amaba escuchar sus historias.

Su voz era un melifluo susurro, un barquito de papel doblado que avanzaba lentamente por las corrientes de aguas blancas. “La Viuda se estiró para alcanzar al Tejedor pero solo alcanzó a tomar el extremo de su seda estelar. Ella cayó del cielo y desenmarañó las estrellas al mismo tiempo. Gritó su nombre, su verdadero nombre, el que había compartido solo con ella y con nadie mas…”

Con un gesto de la mano, Karonin convirtió los muros y el techo de la habitación en el cielo nocturno. Las Estrellas se reunieron en el Tejido Cósmico. La mesa, las ostras, y las anémonas desaparecieron, dejando solo el sillón donde estaban sentados como único recordatorio del palacio.

Aliah había visto el Tejido Cósmico antes. Tumbada en el césped, mirando el cielo con su hermano que parloteaba sobre el nombre de las estrellas, nombres que ella nunca podía recordar. Abrió las puertas y encontró a su madre mirando al cielo nocturno, lágrimas corriendo por su rostro y un cepillo partido al medio en sus manos. Pero Aliah nunca había visto el Tejido Cósmico de esta manera; tan claro, tan brillante, un puñado de seda arrugado contra el cielo nocturno. En algunos lugares era tan delgado como el papel de arroz, conformado por apenas un par de estrellas. En otros era un cúmulo de estrellas doblado sobre si deslumbrante, constituyendo un parche en el cielo tan brillante como el amanecer.

Mientras Karonin hablaba sobre la caída de la Viuda, el Tejido Cósmico se desenmarañaba. Sus manos se estiraban a la distancia como títeres de sombra. El corazón de Aliah sufría por la Viuda, por el Tejedor pero… ¿por qué? ¿por qué amaba las historias de estas personas que habían muerto hacía tanto tiempo cuando nunca le habían importado las personas de carne y hueso en su propia vida?

Sus ojos se desviaron hacia el rostro de Karonin. Contar historias lo transformaba. Sus ojos cambiaban con los colores del océano, desde el brillante amanecer hasta lo mas oscuro de las profundidades del mar. Sus fosas nasales se inflaban cuando hablaba de injusticias, la reina Ukauri decapitando al General Nierah, Isia Ubaren cayendo ante su espada, y sus escamas fantasma reflejaban los mundos que traía a la vida.  Doradas, cuando visitaban el desierto de Eharo. Verde, cuando atravesaban los bosques de bambú. Y de vuelta al plateado, cuando volvían a estar bajo el Tejido Cósmico. Karonin conocía historias de tierras de las que ella nunca había oído, historias de un tiempo en que el mundo era joven.

Mientras la historia del Tejido terminaba, el cielo nocturno se desvanecía, dejando al descubierto las curvas paredes blanco hueso y el cielorraso de cristal. La mesa y la ostra regresaban y el suelo de plata espejado se desenvolvía a su alrededor como el mando del Tejedor.

“¿Qué  sucedería si me bajo del sillón en el medio de una historia?” preguntó Aliah.

Las comisuras de la boca de Karonin se crisparon. “¿Esa es tu primera pregunta?¿No te interesa saber como reaccionó la Dama de la Medianoche al acuerdo? ¿O sobre qué dijeron cuando se volvieron a encontrar?”

Le estaba jugando una broma y no estaba segura de que le gustara. Demasiado humano. “Solo responde la pregunta,” dijo tajante. “¿Caería en el mundo de la historia y no podría regresar?¿me arrancaras el corazón como castigo?”

Arrastró su mano sobre su pecho. “Inténtalo la próxima vez. Te prometo que no habrá castigo.”

*

Lo intentó. Mientras él contaba la historia del Pastor de Ezo-Dal, se levantó y se bajo del sillón. Pudo sentir el césped en sus pies descalzos pero seguía estando bajo el agua, no había aire, ya que cuando se impulso con los pies empezó a flotar.

Apenas había avanzado cuatros pasos cuando chocó contra un muro. No, no era un muro. Era algo suave y resbaladizo, como espuma de mar pero impenetrable. Intentó desgarrarla pero no pudo.

Los caballos galopaban a la distancia agitando sus melenas de distintos colores. Sus cascos retumbaban como tambores de guerra, podía sentir hasta el polvo que levantaban. Pero no podía alcanzarlos. Flotaba en círculos, tanteando su prisión en todos lados, entonces nadó hasta lo mas alto y se impulsó utilizando el cielorraso.

Se negó a mirar a Karonin cuando volvió a sentarse en el sillón. Nada sucedió. Hubiese sido mas emocionante si hubiera intentado arrancarle el corazón.

Pero el Dragón de Plata siguió con su historia, su voz permaneció inalterable durante todo el tiempo que ella exploró la habitación. No le preguntó que había sucedido, no la forzó a decir en voz alta la decepción que había sufrido.

*

Medio año había pasado, según su cuerpo, según eso, que seguía contando las noches, hasta que preguntó, “Las puertas. ¿puedo abrir las puertas?”

Habían estado deambulando por el laberinto, pasando por delante de puertas idénticas de piedras, adornadas con perlas, ópalos y cristales extremadamente afilados. Había pasado por ahí muchas veces pero nunca había podido abrir las puertas. Tampoco lo había intentado con mucho esfuerzo. Quizás abrir esas puertas sería como pasarse de la raya, revelar un misterio que él no toleraría.

¿Pero qué tenía que perder? Solo su vida, y hasta el momento el Dragón de Plata no parecía muy interesado en tomarla.

La miró con el rostro inescrutable y le  preguntó “¿Deseas abrirlas?”

“Si.”

“Entonces recomiendo empezar por el principio.” La llevó hasta la puerta mas cercana a la entrada del palacio. “Requiere de un pago, en sangre, porque la sangre guarda recuerdos.” Deslizó su mano contra los afilados bordes del cristal y presionó el corte contra la placa opalina. La piedra rugió  y se deslizó hacia arriba.

Un jardín crecía en ese lugar, helechos y flores purpuras brillaban bajo un cielo crepuscular. Con miedo de que la puerta de piedra la aplastara, Aliah entró rápidamente a la habitación, y tropezó, ya que a diferencia de los mundos imaginarios de Karonin, el agua se detenía en la puerta. Era extraño volver a sentir el aire. El mas pequeño movimiento amenazaba con  tirarla al suelo, y extrañaba poder escalar los muros y nadar hasta el techo. Tocó la hoja de un helecho y sintió el vello en la yema de sus dedos, pero el tallo no se movió al tocarlo. Avanzó entonces hacia el árbol de naranjas que veía a la distancia, y una vez mas sintió la barrera invisible. Se expandía y cambiaba constantemente bajo sus dedos, como si respirara, atrapándola en un área mas  pequeña que la cabaña de su familia.

Escuchó risas. Dos pares de delgadas piernas salieron de detrás de los arboles, gemelas, dos rostros idénticos como monedas, con trenzas.

“¡Soy el Guerrero Dorado!” gritó la chica exhibiendo la rama de un árbol. “¡Rindete o cae ante mi espada!”

Jadeando, su gemela le dijo, “¿podemos regresar? Si llegamos tarde, mama se va a…” sus voces se perdieron a la distancia. Aliah se detuvo por un momento y luego salió de la habitación. La puerta se cerró detrás de ella.

En la segunda puerta, fue su turno de cortar su mano con el cristal y presionarla contra la placa. Pequeñas perlas bajo su palma formaron el numero “dos”. Cuando la puerta se abrió repentinamente, vio como Karonin abría grande los ojos. ¿Le sorprendió que la puerta respondiera a su sangre como respondió a la suya? ¿O quizás esperaba que ella le pidiera un poco de su sangre para abrir la puerta en lugar de que ella ofreciera la suya como forma de pago?

La puerta numero dos los llevo a una playa de arena, donde un niño recolectaba conchas de mar y se las enseñaba a una mujer alta con un capa gris.

La puerta numero tres contenía un campo de arroz en verano. Justo detrás de la barrera había un hombre inclinado sobre los cultivos arranco malas hierbas, con el rostro  cubierto por la sombra de su sombrero de paja.

Incluso en ese momento, Aliah pudo adivinar lo que contenían las habitaciones.

Una cegadora catarata y un brumoso arco iris se desvanecían en el cuarto circular mientras Karonin terminaba de contar su historia. Dos años, susurraba la voz dentro de Aliah . Estamos llegando al final.

“Quiero escuchar tu historia,” dijo Karonin.

Aliah había anticipado esto. Su historia, la ultima, de las maravillosas cosas que el tomaría para sí mismo. “Te quedaste con mi nombre,” dijo ella. “¿Tomarás también mi historia?”

“Pensaste que tomaría tu vida. ¿Crees que una historia tiene un precio tan alto?”

Aliah cerró los ojos. Había preparado su respuesta. “Nací bajo el signo del Hacha, bajo estrellas desfavorables. Mi madre me abandonó y mi padre me odiaba. No tenía sueños, no amaba a nadie, no perdía nada que no destruyera con mis propias manos. No tengo una historia que contar.”

Se quedó en silencio por unos minutos. Entonces dijo, “en cuanto a mi concierne, tu historia es digna de contar. “

No estoy lista, fueron las palabras que no pudo decir en voz alta. En su lugar nadó por los corredores y salió por las puertas del palacio. Se sentó junto a los Pilares del Océano, con dragones de piedra moviéndose en su espalda. Observó una raya negra como el carbón se enterraba en la arena. En las lodosas aguas mas allá del palacio divisó algo enorme y grisáceo de boca ancha y dientes triangulares. Se preguntó si podría ser el tiburón milenario del Mar del Este. Mas por curiosidad que porque quisiera escapar, nadó hasta límite mas lejano de la luz del palacio. Estiró la mano y tocó la barrera. Pero ésta no era carnosa y resbaladiza. Le lastimó la palma de la mano, era mas bien dura y escamosa, segmentada, en constante movimiento como si estuviera viva.

Se escondió en el laberinto de las cien puertas, en las historias ajenas, y cuando emergió, el Dragón de Plata no volvió a pedirle su historia.

*

Algunos días, Aliah abría una puerta. Algunos días, dos. Entonces pasaba tres o cuatro días sin abrir otra.

Vio a un padre cargar a su hijo en sus hombros durante un carnaval, para que el niño pudiera ver las danzas por sobre la multitud de personas. Se paró en las murallas de una ciudad que desconocía mientras las personas se amontonaban debajo como aves con las alas rotas. Una mujer espadachina hurgaba en un cuarto lleno de libros, buscaba pero nunca encontraba. En un húmedo bosque un hombre joven se sentaba a leer, tomaba una siesta y volvía a leer, su rostro variaba entre una furiosa concentración y alegre somnolencia. Estaba sentado lo suficientemente cerca de la barrera por lo que ésta no lo separaba completamente de ella, Aliah pudo entonces estirarse y tocarle el cabello humedecido por el sudor. Pero cuando intentó sacudirlo para despertarlo, sintió que intentaba desenterrar el árbol mas antiguo del mundo con las manos desnudas. Descubrió entonces que no podía producir efecto alguno en el mundo de sus recuerdos.

El reloj de arena en su interior marco tres años cuando ella alcanzó la puerta numero noventa y nueve. ¿Había durado mas que Ruon? No sentía debilidad ni dolor. Si le llegaba la muerte seguramente sería de forma repentina y violenta.

Aliah presionó un dedo desgarrado contra la placa y el numero “noventa y nueve” se marcó en su mano. La puerta se abrió. Sabía desde hacia mucho tiempo lo que encontraría.

Una habitación que le era familiar. El fuego ardía. Un hombre de barba volcaba trozos de pescado en una olla. Un niño y una niña sentados a la mesa, sosteniendo sus primeros cepillos, esperando instrucciones de una mujer con largo y oscuro cabello atado con un listón verde.

Aliah sintió los brazos de su hermano alrededor suyo, sintió el latir de su corazón contra el suyo. Cada habitación tenía su propia emoción. Alegría, para el niño del festival. Urgencia, para el de la mujer en la habitación de los libros. Este tenía nostalgia, promesa. La habitación le confirmaba lo que siempre había sabido, que su infancia, esas tardes que ella recordaba con frustración y odio, eran los recuerdos mas preciosos que Ruon tenía.

Salió de la habitación. Presionó su mano sangrante contra la puerta numero cien, la puerta final. No se abrió.

Una noche, mientras yacían en la cama con dosel le dijo a Karonin. “Mi madre era pintora imperial.”

Karonin no se inmutó, sus ojos eran indescifrables como los ojos de jade de los dragones de piedra.

“Conoció a mi padre de casualidad,” dijo Aliah. “Él y otros pescadores habían marchado a la capital para reclamar por los impuestos del Emperador. Mi padre no fue decapitado pero tampoco se ganó la simpatía del Emperador. Lo que si ganó, sin embargo, fue el corazón de mi madre. El Emperador, disgustado por su elección de pareja, la liberó de su servicio aun cuando era la mas grande pintora en sus tierras.”

Karonin no cuestionó la valoración que hacía sobre su madre, no como lo hizo su padre y su hermano, no como su propia madre lo hizo por momentos.  Algo dentro de  Aliah se conmovió y sus palabras se quebraron. “Mi madre siguió a mi padre a su aldea. Se casaron, tuvieron dos hijos. No eran…. no eran felices.  Mi madre ya no podía ver su trabajo colgado en la galería imperial. Siguió pintando, el mar, la aldea, los pescadores, pero no era lo mismo. Durante esos años, solo una de sus pinturas se hizo famosa. A un comerciante viajero le gustó, la compró y se la vendió al Ministro de Cultos, quien la exhibió en su habitación de huéspedes. Sus visitas lloraban ante su belleza y por el decline de la artista que lo había pintado.”

Aliah sostuvo la mirada de Karonin. “El nombre de la pieza era Doncella Encantada por el Dragón  de Plata.”

Karonin permaneció en silencio, así que Aliah continuó. “Mi padre no la comprendía. Él amaba mas la idea de llevarse a la pintora imperial mas de lo que amaba a mi madre. Sus hijos le ofrecían poco consuelo. Mi hermano Ruon tenía talento para la pintura, ya que tenía talento para prácticamente todo. Pero ya había llamado la atención de un académico de la ciudad, y mi padre lo alentó a concentrarse en sus estudios. Algún día, dijo mi padre, Ruon tomaría los exámenes imperiales y escalaría entre los rangos del servicio civil. Ese sería el triunfo de nuestra familia.

“En cuanto a mi, lo intenté. No amaba la pintura. No se si incluso amaba a mi madre. Pero a veces, la veía mirando al cielo, se veía tan solitaria y perdida que tenía que hacer algo.” Desafortunadamente, era una pintora bastante corriente, era corriente en todo lo que hacía. En mis estudios, iba detrás de mi hermano a pesar de ser un año mayor, mi padre me echo a las patadas de su bote, me dijo que era mas lo que estorbaba que lo que ayudaba. Solo mi madre siguió enseñándome, y por eso, pensé que se lo debía.”

“Era corriente en todo el sentido de la palabra. Excepto que, dentro mío había… un monstruo, quizás. Cuando tenía cinco años, tomé nuestra jarra de vino y se la estrellé a mi padre en la cabeza.”

Karonin la miró sin juzgarla. Esto la complacía, pero también se preguntó si él ya conocía su historia y solo la estaba forzando a contarla en voz alta. “Era uno de los pocos elementos de lujo que poseíamos,” dijo Aliah. “Era un regalo que el Emperador le dio a mi madre, hacía mucho tiempo, aunque para entonces era mi padre quien mas la utilizaba. Ni siquiera tenía una buena razón para rompérsela en la cabeza. Mi madre estaba enseñándonos y me molesto que Ruon dibujara mejores nubes que yo. Mi padre hablaba cada vez mas alto con cada trago que se servía, divagando sobre como mi madre nos enseñaba frivolidades. Vi como mi madre apartó la mirada con lágrimas en sus ojos. Entonces lo siguiente que supe fue que estaba junto a la silla de mi padre y había pequeños pedazos de la jarra regados en la cabeza de mi padre.”

“No perdió un ojo, pero si le quedó una cicatriz espantosa. Él sugirió arrojarme al mar. Mi madre dijo que era solo una niña. Pero los demás niños no perdían el conocimiento y volvían en si con la cara de su padre deshecha.”

“Mi hermano creció, memorizó libros que a mi me costo mucho terminar de leer, se enamoró y le rompieron el corazón. Yo no tenía amigos, nunca quise a nadie. No era nada y las personas no significaban nada para mi.”

 “Pero a veces el monstruo regresaba. El día que mi padre se rehúso a llevarme de pesca… no recuerdo quien dio el primer golpe pero nos peleamos de forma tan violenta que Ruon y mi madre tuvieron que separarnos.”

“Ruon era… amable. Condescendiente. Siempre ofreciendo consejos que no le pedía. Me contuve para no atacarlo pero si destruí su libro favorito. Le pertenecía a su maestro, y nos azotaron a ambos por eso. Esa fue la primera vez que lo vi quebrarse. Se arrodilló frente al mar, llorando, y mis padres tuvieron que convencerlo para que volviera. Yo solo me quede ahí. Observando. Exaltada y asqueada. Confundida y un poco apenada.

“Mi madre languideció, cada vez mas callada, su cabello se lleno de canas. Mi hermano memorizaba texto tras texto, pasaba semanas en la ciudad con su maestro. Mi padre le dedicaba engreídas miradas a mi madre, hacía comentarios sobre como una consentida de la corte como ella no podía criar niños tan bien como él. Sabía que mi madre debía abandonar ese lugar antes que éste la matara, pero se rehusaba a abandonarnos, a nosotros, sus hijos.

“Déjame ser clara, aunque estaba celosa de Ruon, aunque a veces soñaba con destrozar sus mente brillante, hice lo que hice para perjudicar a mi padre.”

“El día que Ruon iba a tomar su primer examen, lo envenené.”

“No lo maté, por supuesto. No planeaba hacerlo. La raíz de serra en su atole de arroz era apenas suficiente para producirle fiebre y sudores mientras se subía al lujoso carruaje que mi padre había contratado para él. Lo llevaron a la ciudad pero mi hermano no estaba en condiciones de completar un examen de día completo.”

Aliah recordó la mirada en el rostro de Ruon cuando bajaba a los tumbos de la cabina del carruaje el día siguiente. Estaba pálido como un fantasma, mientras su padre estaba rojo de ira. “Mi plan debía  ser apenas un obstáculo en los planes de mi padre,” murmuró Aliah. “Apenas una piedra en el camino de Ruon. Era solo el primer examen. Podía volver a tomarlo tres años después. Pero estaba inconsolable. Se había preparado para ese día durante toda su vida. Se convenció a sí mismo de que estaba maldito, que los dioses mismos lo odiaban. Era apenas un frágil humano, y quizás las exigencias de mi padre lo habían desgastado al igual que habían desgastado a mi madre. Tres días después, Ruon escucho tu canción y saltó al mar.”

Aliah buscó alguna señal en reconocimiento de parte de Karonin, aunque sea como preludio a cómo la recordaría cuando ya no estuviera. Pero fue incapaz de leer algo en su rostro.

“Mi madre se fue después de eso,” dijo Aliah. “Volvió a la capital, retomó su posición como pintora imperial. El antiguo Emperador había muerto y su hija recordaba a mi madre y se enamoró de Doncella Encantada por el Dragón de Plata. Estaba feliz por mi madre, pero el monstruo murmuraba. “Mira, incluso ella amaba mas a tu hermano que a ti. Solo se quedaba por él.”

“De alguna forma mi padre y yo sobrevivimos otros tres años juntos. Deberíamos haber hecho vidas separadas pero ambos necesitábamos alguien a quien culpar. Peleábamos todos los días. El se dedicó a beber y yo a pescar sola ya que siempre me había considerado como una inútil marinera.”

“Hasta que un día estallé. Hizo un comentario sobre mi pesca. Algo sobre mi madre. No importa. Tres años ya era un milagro, y para ser sincera el mundo no necesitaba a ninguno de nosotros. Así que le prendí fuego a nuestra casa con él adentro. No cerré ninguna puerta así que puede estar vivo si se despertó a tiempo. No me aseguré de que estuviera vivo. No me importaba. Había matado a un miembro de mi familia no una sino dos veces, quizás no por acción pero si por omisión, y ya estaba harta de ese patético mundo. Escuché tu canción y me arrojé al mar.”

Aliah se incorporó y se recostó sobre las almohadas. “Quiero ser muy clara al respecto. No vine aquí buscando vengar a mi hermano. No voy a preguntar que hiciste con él. Vine porque eres el único que no iba a juzgarme como lo harían las demás personas. Vine porque ya he conseguido todo lo que quería: mi hermano, llevando una vida que no es mejor que la mía. Mi padre, muerto. Mi madre, a salvo.”

Aliah estiró su brazo y recorrió la mandíbula de Karonin. “Si pienso en mi hermano es para preguntarme; ¿qué tipo de criatura pudo haberlo convencido de abandonar sus deber, su sueño, su vida, todo por una promesa transmitida en una canción?”

“¿Y qué conclusión has sacado?” dijo Karonin, hablando por primera vez desde que ella empezó su historia.

“Que no eres nada especial.”

Su risa reverberó a través del palacio. Aliah también rió y su voz sonó tan inhumana como la suya.

Cuando despertó, se encontró sola en la cama.

La almeja a medio abrir había menguado, y daba apenas suficiente luz para que pudiera encontrar la puerta. Se deslizó en la habitación cavernosa donde Karonin contaba sus historias y la encontró igualmente oscura, era como si la noche finalmente hubiera caído sobre el palacio. La mesa con la almeja gigante seguía en su lugar, pero algo había barrido con las estrellas de mar, los hipocampos y las anémonas y las había reemplazado con pétalos podridos desperdigados por todos lados.

Deambulé por el laberinto de puertas. La oscuridad transformó el palacio, los muros de hueso pulido se habían convertido en el oscuro tracto intestinal de una bestia colosal. Aliah se detuvo ante la puerta noventa y nueve, se cortó con el cristal y colocó su mano sobre la placa.

El cuarto se agitaba como el mar durante una tormenta. Su cabeza estallaba y los escalofríos arrasaban con su cuerpo pero sentía la piel al rojo vivo.

Sintió algo agrio detrás de su garganta. Vio una cortina flameando, sintió el polvo del camino y el sudor de un caballo. La voz de su padre llegaba fragmentada.

“El examen… Ruon… debe tomar…”

Su hermano respondía, sin aliento y quebrado: “Padre… no puedo… no puedo.”

Aliah dejó la habitación. De todas las criaturas en el mundo, ¿era el Dragón de Plata el que intentaba enseñarle sobre lo que significa perder?

Abrió otras puertas con sus manos sangrantes. El fuego consumió el cuarto lleno de libros, y la espadachina arrojó su cuerpo a las llamas para aplacarlas. Un ejercito se había reunido bajo las altas murallas de esa desconocida ciudad. Un hombre arrugaba una carta en sus manos y caminaba, caminaba y caminaba hasta lo tapaba el mar.

Al igual que las habitaciones habían mostrado recuerdos preciados, ahora también mostraban desenlaces. Desenlaces, y las razones por las cual sus predecesores habían respondido a la canción del Dragón de Plata.

Aliah buscó el salón comedor. Tumbó la pantallas de anguilas azules. Buscó a través de los arboles plateados del jardín. Abrió las puertas del palacio y se encontró con charcos de humo blanco en sus pies.

Encontró a Karonin de rodillas junto al Pilar del Océano. Frotando su mano contra la piedra, murmurando algo. No pareció notar que había abierto las puertas del palacio, no levantó la vista cuando Aliah se acercó lo suficiente para oírle.

“Aun me atormentas,” le decía Karonin a la piedra. “Tres años pasaste conmigo. Nada, para mi, ese tiempo no representa nada. No debería sentir este dolor al recordarte pero…” Karonin presionó sus labios contra el pilar….

El mundo de Aliah quedó de cabeza cuando lo vio.

Los labios de Karonin no tocaron la piedra, ni el cuerpo de algún dragón ojos de jade. Era el rostro de su hermano en el pilar, y eran sus labios los que besaba el Dragón de Plata.

El cuerpo de Ruon estaba fundido en el pilar, era el pilar.  Retorcido, cabeza abajo, distendido en partes y comprimido en otras. Sus huesudos hombros estaban atados a la arena y sus brazos pegados a sus lados como si los hubiesen pegado con mortero. Las escalas plateadas recorrían sus retorcidas piernas, y cubrían la pálida y mortecina piel de su torso, y alrededor de sus retorcido cuello. Pero sus ojos, sus ojos seguían bien abiertos, con una mirada penetrante y demencial.

Karonin, con los ojos cerrados, acariciaba las mejillas de Ruon. Aliah sintió como los celos formaban una astilla y se clavaban en algún lugar de sus costillas. Padre tenía razón, solo pienso en mi misma.

“Tenías razón, Ruon,” susurró Karonin. “Aliah es realmente especial.”

Aliah estiró su brazo y tomó a Karonin del cabello obligándolo a mirarla de frente. Sus ojos y boca se abrieron sorprendidos cuando finalmente noto su presencia.

“Esta cosa…” dijo Aliah mirando a su hermano. “Ruon . ¿sigue con vida?”

Karonin se puso de pie. Sus ojos llenos de tristeza y compasión, humano, tan humano, y en ese momento Aliah lo despreciaba como despreciaba al resto de la humanidad. “No creo que podamos decir que está vivo,” dijo Karonin. “partes de su alma aun permanecen aquí, y al igual que los demás que respondieron a mi llamado, sus ojos cobran vida cuando los adjunto al palacio. Pero su mente se ha ido.”

“Entonces los demás, los que vinieron antes que él, antes que yo…”

En sus ojos pudo ver cientos de barcos estrellarse contra las rocas. Escuchó las plegarias de marineros ahogándose y la canción del despiadado mar. “Mira a tu alrededor,” dijo él, “y verás el verdadero rostro del palacio.”

Aliah se volteó y lo que vio la dejó sin aliento.

En cada pilar había un cuerpo humano. Retorcido, reformado, cubiertos de escamas, pero con rostros que podía reconocer porque los había visto detrás de las puertas de piedra. Aliah nadó a través de las puertas hasta las habitaciones que tanto había visitado y vio cuerpos por todos lados. Tendidos sobre la mesa, abierto de brazos y piernas, con la carne fundida en la piedra. Atravesados en los muros, con manos y piernas colgando, escamas fusionando sus dedos. En su habitación preferida, la habitación circular donde Karonin le contaba historias, descubrió que la mesa con las ostras también era un cuerpo, era la espadachina de la habitación de los libros, estaba reclinada y su espalda cubierta de escamas era la superficie de la mesa.

Aliah regresó a la entrada del palacio. Miró detenidamente al Dragón de Plata y luego al pilar de carne que había sido su hermano.

“Me has dado tu historia,” dijo Karonin. “Ahora te daré la mía.”

Aliah escuchó. Porque él la había escuchado. Y porque nunca interrumpía sus historias.

“Has oído sobre el palacio de mis hermanos,” dijo Karonin. “Regocijándose en compañía de sus amados seres humanos, el paraíso bajo el mar. Pero yo comando este árido lugar por mi mismo. ¿Alguna vez te has preguntado por qué?”

Karonin le lanzó una mirada a Ruon. “El beso de un dragón transforma a un ser humano. Mi aliento te permitió a ti y a todos los que vinieron antes de ti la capacidad de sobrevivir en mi palacio. En este aspecto no soy distinto a mis hermanos. Pero mientas sus humanos permanecen eternamente jóvenes, los míos… mueren. Enferman, se deterioran en unos pocos años.”

“Mi hermano mayor, el Dragón de Oro, pensó que yo era un error, un monstruo. Intentó confinarme. Desde que descubrí que mi aliento era venenoso deje de atraer humanos a mis dominios  pero lo odiaba por intentar encarcelarme.”

“Luchamos. Y yo… yo lo maté. No era mi intención, pero mientras su magia me envolvía, arremetí contra él. Mis garras perforaron su ojo y llegaron hasta su cerebro. Apenas entendí lo que había hecho cuando el Mar del Norte empezó a rugir. Agitado por la muerte de mi hermano, amenazó con tragarse las tierras en la superficie. Hice lo único que pude, até el cuerpo de mi hermano a su palacio en decadencia, con sus huesos reforcé los pilares, con sus escamas las puertas y con su carne los muros. Así fue que el mar se calmó.”

“El resto de mis hermanos complotaron para vengarse. Juntos me encarcelaron con la misma técnica que yo utilicé para pacificar el Mar del Norte. Me despojaron de mi forma de Dragón, ataron mi carne y mis huesos al palacio. Pero me dejaron con vida, no era un cadáver como mi hermano mayor, y conocía muy bien estas piedras como para desprenderme de ellas. Quizás mis hermanos no sabían eso. O quizás si, pero sabían que no podría irme ya que si lo hacia el palacio colapsaría y el Mar del Oeste se tragaría el mundo.”

“Pero yo tenía mis canciones, y con ellas atraía a los humanos. Al principio con renuencia, luego por soledad. Entonces me di cuenta de algo, los cuerpos de mis compañeros humanos, que había dejado partir hacia el mar, no se descomponían una vez muertos. En su lugar, su piel se llenaba de escamas y su sangre había adquirido un tono rojo plateado. Al apoyar mi oído sobre sus pechos, no pude escuchar sus latidos pero si sentí el débil lamento de sus almas atrapadas. Mi veneno los había transformado, los había convertido en débiles replicas mías. Fue ahí cuando entendí que si trabaja lentamente, con cuidado, como el Tejedor construyendo estrellas una por una, podía utilizar sus cuerpos para reemplazar el mio. Una costilla aquí, una garra allá, un parche de escamas aquí y allá. Algún día sus cuerpos soportarían el palacio y yo sería libre.”

“Entonces canté. Atraje humanos abatidos y desesperanzados. Sin importar quienes eran o que historias los había traído hasta aquí, los acepté, los amé. Cuando murieron, ofrecí sus cuerpos al palacio, liberando otra parte de mi. En ese entonces vivían un año, o dos. Tu hermano duro tres y yo…” Karonin cerró los ojos y su escalofrío recorrió su cuerpo. “Lo amé demasiado. Me hubiese quedado atrapado en este lugar para siempre si él me acompañaba. Pero murió, y añadí su cuerpo al palacio como había hecho con los demás.” Karonin se arrodilló y pasó su mano sobre el cabello de Ruon. “Intento mantener oculta la verdadera apariencia del palacio. Pero hay momentos como esta noche en que lo extraño desesperadamente.”

Karonin se alejó rápidamente de Ruon, antes que de ya no pudiera hacerlo. “Noventa y nueve almas he recolectado a lo largo de trecientos años. Ya casi está completo. Necesito un cuerpo mas, una historia mas detrás de las puertas de piedra. Una ultima alma y soy libre. Podría haberme liberado y dejar que el mundo se ahogara. Pero me quede, y elegí liberarme de la manera mas difícil. ¿cien almas es un precio muy alto?”

Levantó su mano y sacó una espada, su retorcido mango era un reminiscencia de los cuerpos injertos en el palacio. Sacudió su muñeca y la espada floto a través del agua para terminar a los pies de Aliah. “Tu, Aliah…” dijo Karonin, “estas condenada a morir. No puedo salvarte de mi veneno. Pero puedo darte una opción, eres la única, la única con la capacidad de juzgarme, ya que eres la beneficiaria de la promesa que le hice a tu hermano. Puedes tomar esa espada y atravesarme el pecho y matarme, liberando las almas que he atrapado aquí. Mi cadáver permanecerá, soportando este palacio y manteniendo la calma en el Mar del Oeste al igual que el cuerpo del Dragón de Oro mantiene la calma en el Mar del Norte. O puedes convertirte en parte de este palacio como la centésima alma. Puedes liberarme Aliah.”

Levantó la espada. Por primera vez los ojos de Karonin eran de color negro solido, ya no habían olas distantes remolineando en ellos. Se imaginó a si misma atravesando su corazón con la espada, dejando que su sangre roja plateada salpicara sobre la arena. Los enloquecidos ojos de los cuerpos le pesaban, la juzgaban. Las historias no estaban tan erradas. Karonin también había asesinado a un miembro de su propia familia, y era un monstruo peor de lo que ella podría llegar a ser. Convertirse en una masa de carne retorcida, atrapada en su palacio por la eternidad, eso era todo lo que le esperaba a cada humano que alguna vez lo había amado. Aliah sabía cual era la opción correcta, lo que cada persona antes que ella hubiera hecho.

Hizo una pausa.

Encontró los ojos de su hermano y dentro de toda la locura pudo ver una suplica sin pronunciar. Quizás los pensamientos de Ruon la alcanzaron. Quizás lo descifro por sí misma, conociendo el carácter desafiante de Karonin, tan similar al suyo. Lo mas probable es que no había adivinado nada. Eligió con su corazón y a su corazón no le importaba.

Aliah soltó la espada, la dejo caer hasta tocar la arena. “Toma tu libertad,” le dijo. “Atrapada aquí o en cualquier otro infierno, todo me da lo mismo. En cuanto al resto de ellos… no significan nada para mi.”

El mar a su alrededor cantó y se hizo añicos.

Entonces lo vio ahí, con su cuerpo de serpiente completo ondulando a su alrededor. Sus ojos eran grandes como portales que llevaban a mundos desconocidos. Sus escamas eran tan grandes como su brazo e irradian una luz cegadora. Sus garras, espantosamente filosas la sostuvieron con tal calidez que era casi distinguible del abrazo cálido de su madre.

“Realmente te amé,” le dijo el Dragón de Plata, y su voz sonaba como un viento distante.

Presionó sus labios sobre una escama en su espalda “No te creo.”

Su única respuesta fue su canción, hermosa y ensordecedora. Aliah quería poder decirle algo mas, pero las ultimas luces del palacio se apagaron.

Despertó en la habitación de las historias. Se sentó y apoyo sus manos en el suelo resplandeciente. Las luces inundaron el palacio, y los muros volvieron a ser blancos, sólidos y suaves. La mesa volvió a ser de mármol con corales y estrellas de mar saliendo de la concha de mar. La oscuridad, los cuerpos retorcidos y los demenciales ojos de su hermano podrían haber sido un sueño, excepto que la espada de Karonin descansaba a sus pies.

Aliah nadó hasta el laberinto de puertas. Se cortó la mano y la presionó contra la puerta noventa y nueve. El espeluznante carruaje ya no estaba ahí, pero tampoco el fuego en la chimenea y el recuerdo de su familia como lo había visto la primera vez. La habitación estaba vacía, y sus muros relucían cubiertos por escamas plateadas.

Intentó con otras puertas y encontró mas de lo mismo: escamas en los muros y habitaciones vacías. Cuando llego a la habitación numero cien, la que no había podido abrir antes, apoyó su mano contra la placa. Esta vez la puerta se movió y Aliah entró.

Estaba flotando en un cielo azul, sobre una costa arenosa que llevaba a pequeñas aldeas, las cuales a su vez llegaban hasta colinas y valles verdes y ciudades amuralladas. No había escamas en los muros de esta habitación y la barrera membranosa había desaparecido. Volaba sin restricciones con sus alas invisibles.

Entonces, sintió que brazos conocidos se apoyaban sobre sus hombros. Ahora que estaban en el aire y no en el agua pudo sentir su aliento contra su cuello. “No sé si esto va a funcionar, si puedes oírme,” dijo Karonin. “Si estás oyendo esto, significa que ya no estoy aquí. Pero quería que una parte de mi se quedara contigo, porque tienes derecho a saber.”

Aliah quería darse vuelta y mirarlo a los ojos, pero no se atrevió. Temía que si miraba solo encontraría un cielo infinito.

“Tu hermano y yo hicimos una apuesta,” dijo Karonin. “Le dije que ningún humano, sin importar cuanto me haya amado, me perdonaría cuando viera lo que había hecho, sin mencionar lo que tenía planeado para ellos. Ninguno de ellos me elegiría a mi por sobre cien almas. Ruon dijo que su hermana lo haría. Y me hizo prometerle que si tu me elegías, yo liberaría las noventa y nueve almas y me sacrificaría por ellas. Yo acordé porque creí que nunca sucedería. Porque lo amaba. Porque estaba cansado y me pregunté si la muerte era aceptable si ya había encontrado a alguien que me amara de esa manera.”

Se rió. “Imagina mi sorpresa, cuando me di cuenta que no me amabas en lo mas mínimo.”

Aliah estuvo a punto de reír. Por supuesto que iba a terminar así. El Dragón de Plata había amado a mi hermano y había muerto por una promesa que le hizo a mi hermano. Ella, Aliah, apenas si había sido un arma en sus manos. Que Karonin hubiera desperdiciado su vida ahora, después de todas las almas que había recolectado, tan cerca de obtener su libertad… Aliah no estaba segura de entenderlo, no mas de lo que había entendido a Ruon o a su padre o a cualquier otra persona en tierra firme.

Aun así, una parte de Karonin se había quedado con ella. Quizás, solo quizás, eso significaba algo.

Aliah vio como el paisaje cambiaba. Un listón azul centelleaba a la distancia, el mar. Fijó su mirada sobre él y se encontró ahí en un instante, con las olas besando sus pies. “¿Esto es solo un mensaje?” dijo ella. “¿O aun puedes oírme?”

Karonin no contestó a su pregunta. Pero volvió a escuchar su voz:


”Aquí encontraras el cuento de los Cuatro Mares, como nacieron y como se nos encomendó a cada uno de nosotros custodiar cada uno de ellos. ¿Quieres oír esta historia?”

“Si,” susurro Aliah. De un momento para otro la arrastró bajo el agua. Al principio todo se veía azul y bañado por la luz del sol pero entonces el mundo se oscureció. El azul ya no era agua sino el cielo, de color índigo y cubierto de estrellas. Una esfera centelleaba frente a ella y los cuatro dragones, rojo, dorado, plateado y azul, estaban enroscados sobre la superficie de lo que algún día se convertiría en el mundo.

Karonin habló con el melódico susurro que solo utilizaba para contar historias.

“Cuando la Madre nos entregó los Mares, nos dio dos ordenes: mantener las aguas calmadas y quererlas tanto como nos queríamos entre nosotros.”

Todo había terminado terriblemente mal, eso Aliah ya lo sabía. Pero la belleza de la historia está en saber cómo.

Tres años habían pasado desde que Karonin la había besado. Debería estar muerta para entonces o por lo menos debería estar deteriorándose, pero no se sentía para nada diferente. ¿Estaba condenada a morir o también le había mentido sobre eso? Quizás eran tan similares, ambos habían asesinado a su familia y eran monstruos, que quizás era la única que podía sobrevivir a su veneno.

Tenía tiempo. No sabía cuanto y tampoco estaba segura de que le importara. Quizás lo suficiente para recorrer los recuerdos del Dragón de Plata. Para entender por qué había mantenido la promesa que le hizo a su hermano. Y por qué le había dejado este regalo final; sus historias, lo único que amaba en este mundo.

©Y.M.Pang

La cabeza del lobo

Por Robert E. Howard

Publicado originalmente en Weird Tales, 1926

¿MIEDO? Le ruego me disculpe Messieurs, pero ustedes no conocen el significado del miedo. No, sostengo lo que afirmo. Son soldados, aventureros. Han conocido la carga de los regimientos de dragones verdes, el frenesí de los mares azotados por los vientos. Pero miedo, el miedo que pone la piel de gallina y nos llena de pavura, ese no lo conocen. Yo mismo he conocido ese miedo, pero hasta que las legiones de la oscuridad broten de las puertas del infierno y el mundo arda en llamas, los hombres no volverán a sentir un miedo como ese.

Escuchen con atención, les contaré la historia; fue hace muchos años y a medio mundo de distancia, y ninguno de ustedes jamas vera al hombre del cual les voy a contar.

He de regresar, entonces, muchos años atrás, al día en que yo, un joven e imprudente caballero, descendí del pequeño bote que me permitió bajar del barco que flotaba en el puerto, atravesé la mugre del precario muelle y me abrí paso hacia el castillo, respondiendo a la invitación de un viejo amigo, Dom Vincente da Lusto.

Dom Vincente era un hombre extraño, un visionario, un hombre fuerte que veía mas allá del conocimiento de su época. En sus venas, corría quizás, la sangre de los antiguos Fenicios quienes según cuentan los sacerdotes gobernaban los mares y construían ciudades en tierras lejanas, en tiempos remotos. Su plan era extraño pero exitoso, a pocos hombres se le hubiese ocurrido, y aun mas pocos hubieran tenido éxito. Su estancia quedaba en la costa oeste de ese oscuro y místico continente, que tanto intrigaba a los exploradores, el continente africano.


Ahí, había despejado una pequeña bahía y arrasado con la lúgubre jungla, construido su castillo y sus depósitos, y con mano firme y despiadada había arrebatado las riquezas de esa tierra. Tenía cuatro barcos; tres pequeñas barcazas y un galeote grande. Estas hacían el camino entre sus dominios y las ciudades de España, Portugal, Francia e incluso Inglaterra, cargadas con raras maderas, marfil, esclavos, y cientos de extrañas riquezas que Dom Vincente había obtenido mediante el comercio y la conquista.

Si, era un negocio salvaje, y un comercio aun mas salvaje. Pero aun así, podría haber amasado un imperio desde esa tierra oscura sino hubiese sido por el idiota de Carlos, su sobrino, pero me estoy adelantando en la historia.

Observen, messieurs, he dibujado un mapa sobre la mesa, y aunque lo dibuje con los dedos y use vino como tinta, se puede ver claramente, la pequeña y superficial bahía y los amplios embarcaderos. El camino desde el muelle va desde aquí y por esta pequeña colina con depósitos tipo cabañas a ambos lados y termina frente a un foso ancho pero poco profundo. Sobre él, un puente levadizo y una empalizada alta de troncos enterrados en el suelo. Ésta rodeaba completamente el castillo. El castillo mismo estaba construido como si fuera de época, de una época anterior, mas enfocado en la resistencia que en la estética. Hecho de piedras traídas desde grandes distancias; años de trabajo y cientos de esclavos habían dejado su esfuerzo a latigazos para levantar sus muros, y ahora, una vez completa, era en apariencia invulnerable. Esa era la intención de quienes lo construyeron ya que la amenaza de piratas bárbaros en las costas y el horror de una insurrección entre los nativos siempre estaba presente.

Se había despejado un espacio de alrededor de un kilómetro en todas direcciones del castillo y se habían construido caminos a través de las tierras pantanosas. Todo esto requería de una inmensa cantidad de mano de obra, pero obreros había de sobra. Un intercambio con el jefe y este garantizaba todo lo que fuera necesario. ¡Y los Portugueses si que sabían como hacer trabajar a los hombres!

A menos de doscientos metros hacia el este del castillo corría un ancho pero poco profundo rio que desembocaba en la bahía. El nombre se me ha olvidado por completo. Tenía un nombre pagano que nunca pude pronunciar de todas maneras.

Descubrí que no era el único de sus amigos invitado al castillo. Parecía ser que una vez al año, Dom Vincente traía a una multitud de jocosas amistades a su solitaria estancia para festejar durante semanas, y así compensar por todo el trabajo y soledad del resto del año.

De hecho, era casi de noche cuando llegue al castillo e interrumpí un gran banquete que se celebraba. Me recibieron con gran algarabía y mis amigos me saludaron bulliciosamente a la vez que me presentaban a los demás invitados.

Estaba demasiado agotado para participar en tales festejos así que me limite a comer, beber y escuchar los brindis y canciones y a estudiar a cada uno de los invitados.

A Dom Vincente, ya lo conocía, por supuesto, habíamos sido íntimos amigos por muchos años, al igual que con su bella sobrina Ysabel, ella era la razón por la cual había aceptado la invitación a viajar hasta esa apestosa tierra salvaje. Su primo segundo, Carlos, a quien conocía y detestaba, era un flacucho taimado con cara de visón. También estaba mi viejo amigo, Luigi Verenza, un italiano, y sus coqueta hermana, Marcita, mirando sugestivamente a los hombres como de costumbre. Otro de los invitado era un hombre bajo y fornido que se hacia llamar Baron von Schiller, estaba Jean Desmarte, un andrajoso noble de Gascony, y Don Florenzo de Sevilla, un hombre esbelto, oscuro y silencioso que se hacia llamar el Español y cargaba una espada casi tan larga como el mismo.

Había otros hombres y mujeres pero fue hace mucho tiempo y ya no recuerdo sus rostros ni sus nombres.

Pero había un hombre cuyo rostro atrajo mi atención como el magneto de un alquimista atrae el metal. Era un hombre esbelto y fornido de altura ligeramente por encima del promedio, estaba vestido de forma muy simple y austera, y llevaba una espada casi tan larga como la del Español.

Pero no era su vestimenta ni su espada lo que atrajo mi atención. Era su rostro. Tenía un rostro refinado como de alta alcurnia, pero la profundidad de sus arrugas le daban un aspecto de cansancio permanente. Tenía pequeñas cicatrices repartidas por su mandíbula y su frente como si hubiese sido desgarrado por las garras de un animal, podría haber jurado que sus pequeños ojos grises tenían, por momentos una expresión de profunda aflicción.

Me acerqué a la mujer coqueta, Marcita, y le pregunté el nombre de ese hombre, ya que no le había prestado mucha atención cuando nos presentaron.

“De Montour, de Normandia,” me respondió. “Un hombre extraño, no me agrada para nada.”

“¿Quieres decir que se ha resistido a tus encantos, pequeña encantadora?” murmuré, nuestra larga amistad me inmunizaba contra sus artimañas y también ante sus enfados. Eligió no enfadarse sino responder con falsa modestia a la vez que agitaba con recato sus largas pestañas.

Observé bastante a De Montour, sentía una extraña fascinación. Comió ligeramente y bebió bastante, apenas si hablaba y solo para responder preguntas.

En un momento, durante una ronda de brindis, noté que sus compañeros le exigían que se pusiera de pie y brindara. Al principio se rehusó pero luego se levantó y cedió ante el reclamo, hizo silencio por un momento con su copa en alto. Parecía dominar e intimidar a su grupo de juerguistas. Entonces, con una risa salvaje y burlona, levantó la copa sobre su cabeza.

“Por Solomon,” exclamó, “¡quien derrotó a los demonios!¡ Y tres maldiciones para él ya que algunos escaparon!”

¡Un brindis y una maldición al mismo tiempo! Bebieron en silencio y muchos lo miraron de reojo.

Esa noche me retiré temprano a dormir, estaba agotado por el largo viaje por mar y mareado por lo fuerte del vino, un vino que Dom Vincente tenía en grandes cantidades.

Me acerqué a la ventana y pude ver a los guardias patrullando las tierras del castillo justo afuera de la empalizada, pude ver las tierras deforestadas que se veían áridas a la luz de la luna, el bosque mas allá y el río silencioso.

Desde las barracas de los nativos, cerca de la orilla del río llegaban las extrañas vibraciones de un rustico laúd que tocaba barbaras melodías.

En la oscuridad de la selva, se oían las burlonas voces de alguna exótica ave nocturna. ¡Miles de otros sonidos salían de la selva, aves, bestias y quien sabe que otra cosa!El rugido de algún felino en la selva me puso los pelos de punta. Me encogí de hombros y me alejé de la ventana. De seguro habían demonios acechando en la oscuridad de esas penumbras.

Tocaron a mi puerta y cuando abrí resultó ser de Montour.

Caminó hasta la ventana y observó la luna, que resplandecía en toda su gloria.

“¿Ya casi es luna llena verdad Monsieur?” resaltó, volviéndose hacia mi. Asentí y podría haber jurado que temblaba.

“Le ruego me disculpe, Monsieur. No lo molestaré mas.” Se dio vuelta para irse pero llegó hasta la puerta y volvió sobre sus pasos.

“Monsieur,” dijo casi murmurando con una feroz intensidad, “haga lo que haga, ¡asegúrese de cerrar bien la puerta esta noche!”

Entonces se fue, dejándome seguir sus pasos con la mirada totalmente perplejo.

Me fui a dormir entonces, con los gritos de los juerguistas a la distancia, y aunque estaba cansado o quizás debido a eso, tuve el sueño muy ligero. Aunque no me desperté realmente hasta la mañana siguiente, entre sueños pude oír ciertos ruidos y sonidos y hasta me pareció que había algo que empujaba e intentaba abrir la puerta de mi recámara.

Como era de esperarse, la mayoría de los invitados estaban de un humor bestial al día siguiente y se quedaron en sus dormitorios durante la mayor parte de la mañana e incluso rezagaron hasta bien entrada la tarde. Ademas de Dom Vincente solo habían tres miembros masculinos sobrios; de Montour, el Español, de Seville (como se hacia llamar) y yo. El Español no había tocado ni una copa de vino y aunque de Montour si había consumido increíbles cantidades no parecía afectado en lo absoluto.

Las mujeres nos saludaron con gran cortesía.

“Buen día, Signor,” resaltó Marcita, extendiéndome su mano con un aire de elegancia que me hizo reír, “me alegra ver que aun quedan caballeros entre ustedes que se preocupan mas por nuestra compañía que por la copa de vino, ya que la mayoría parecen estar misteriosamente indispuestos esta mañana.”

Entonces, con el mas escandaloso giro de ojos dijo, “tengo la impresión de que alguien estaba demasiado ebrio para mostrar discreción anoche, o no lo suficiente. Ya que a menos que mis pobres sentidos me hayan engañado, podría jurar que alguien vino tambaleándose a mi puerta anoche muy tarde.”

“¡Oh!” exclamé rápidamente enojado, “acaso algún…”

“No. Silencio.” miró a su alrededor para asegurarse que estuviéramos solos, y entonces me dijo: “¿no es extraño que el signor de Montour, antes de retirarse anoche, me diera instrucciones para que cerrara bien mi puerta?”

“Es extraño,” murmuré, pero no le dije que me había dicho exactamente lo mismo a mi.

“¿Y no es extraño, Pierre, que aunque el signor de Montour dejara el salón de banquetes antes que usted, tenga la apariencia de alguien que estuvo despierto toda la noche?”

Me encogí. Las ocurrencias de esa mujer me resultaron extrañas.

“Esta noche,” dijo maliciosamente, “dejaré mi puerta abierta para ver quien se presenta.”

“No te atrevas a hacer tal cosa.”

Me sonrió despectivamente y me mostró una pequeña daga.

“Escúchame mujer. De Montour me dio la misma advertencia anoche. Lo que sea que supiera, quien sea que deambule por los pasillos es probable que sus intenciones sean mas del tipo homicida que amoroso. La señorita Ysabel comparte habitación con usted, ¿verdad?”

“No, estoy sola porque mando a mi sirvienta a dormir a las barracas por las noches,” murmuró con una picara mirada en sus ojos.

“Uno pensaría que es usted una mujer sin carácter si la escucha hablar así,” le dije con franqueza de la juventud y con la confianza que nos daba nuestra larga amistad. “Caminé con cuidado, jovencita, de lo contrario le diré a su hermano que necesita disciplina.”

Me alejé de ella para saludar a Ysabel. La chica portuguesa era lo opuesto a Marcita, ya que era una joven tímida y modesta, no tan hermosa como la italiana pero tenía otro tipo de belleza que me resultaba cautivante. Una vez me encontré pensando en ella…¡oh!¡las ideas de la juventud!

Les ruego me disculpen Messiurs. La mente de un hombre viejo suele divagar. La historia era sobre de Montour, sobre de Montour y el primo de Don Vincente con cara de visón.

Una banda de nativos armados se había amontonado cerca de las puertas de entrada, contenidos por los soldados portugueses. Entre ellos había un contingente de hombres y mujeres desnudos y encadenados por el cuello uno contra otro. Eran esclavos, capturados por alguna tribu guerrera y traídos para su venta. Dom Vincente los inspeccionó personalmente.

A esto le siguió una larga sesión de regateo y negociación, algo de lo que me aleje rápidamente, preguntándome como uno hombre del porte de Dom Vincente podía rebajarse a hacer ese tipo de transacciones en persona.

Pero regrese cuando uno de los nativos de una aldea cercana se acerco e interrumpió la venta y para hablar con Dom Vincente.

De Montour apareció justo en el momento en que Dom Vincente se volteó para hablarnos, “encontraron a uno de los leñadores de la aldea hecho pedazos anoche, creen que fue un leopardo o alguna bestia similar. Era un hombre joven y fuerte.”

“¿Un leopardo?¿Acaso lo vieron?” preguntó repentinamente de Montour, y cuando Dom Vincente dijo que no, que apareció y desapareció en la oscuridad de la noche, de Montour levantó su mano temblorosa y se la paso por la frente, como secándose el sudor frio.

“Mire, Pierre,” dijo Dom Vincente, “tengo aquí un esclavo que desea ser su sirviente personal. Quien sabe por qué razón.”

Me guió hasta un joven delgado, apenas un muchacho, cuyo dote principal parecía ser una enorme sonrisa.

“Es tuyo,” dijo Dom Vincente. “Está bien entrenado y será un buen sirviente. Vera usted, un esclavo es superior a un sirviente ya que todo lo que requiere es alimento y vestimenta, con una dosis opcional de latigazos para mantenerlo en su lugar.”

No paso mucho tiempo hasta que entendí porque Gola deseaba tanto ser “mío,” porque me había elegido a mi de entre todos los demás. Era por mi cabello. Como muchos dandys de esa época, tenía el cabello largo, con rulos que llegaban hasta los hombros. Era casualidad que fuera el único hombre de la fiesta que usaba el cabello así y Gola se sentaba a observarlo en silenciosa admiración durante horas, o hasta que su implacable escrutinio me ponía nervioso y tenía que echarlo.

Fue esa misma noche que una inquietante reyerta asomó, casi inadvertida, entre el Baron von Schiller y Jean Desmarte.

Como de costumbre se pelearon por una mujer. Resultó que Marcita había coqueteado escandalosamente con ambos.

No fue lo mas inteligente. Desmarte era un joven salvaje e impulsivo. Von Schiller era una bestia lujuriosa.

El pleito escaló rápidamente a furia homicida cuando el alemán quiso besar a Marcita.

Espadas colisionaron en un instante. Pero antes de que Dom Vincente pudiera gritar la orden para detener la pelea, Luigi se había ubicado entre los combatientes y les había arrebatado las espadas y arrojado violentamente al suelo.

“Signori,” dijo suavemente, pero feroz intensidad, “¿es digno de caballeros de alta cuna el pelearse así por mi hermana? Por las uñas de Satanas, tengo que llamarles la atención por estas tonterías . ¡Tú, Marcita, ve a tu recamara en este instante, y quedate ahí hasta que te de permiso!”

Aun con lo independiente que era, hizo lo que su hermano le ordenó, ya que no quería enfrentarlo, porque a pesar de su apariencia frágil e inofensiva, en esos momentos exhibía un semblante feroz y sus ojos una mirada asesina.

Se disculparon entre ellos pero por las miradas que intercambiaban se notaba que la disputa no estaba superada y resurgiría ante el mas mínimo pretexto.

Mas tarde esa noche, me desperté repentinamente con un extraño e inquietante sentimiento de terror. Por qué, no podía explicarlo. Me levanté, y vi que la puerta seguía firmemente cerrada y desperté a Gola que dormía en el suelo.

Justo cuando se estaba levantando, con rapidez y frotándose los ojos, un grito salvaje rompió el silencio, un grito que recorrió el castillo y llamó la atención de los guardias que patrullaban la empalizada, ese grito venía de la boca de una mujer, enloquecida de terror.

Gola chilló y se escabulló detrás del diván. Me apresuré a abrir la puerta y atravesé rápidamente el oscuro corredor. Baje corriendo por una escalera serpenteante y en la base de ésta choque contra alguien y caí de cabeza.

Masculló algo y reconocí su voz, era Jean Desmarte. Lo ayude a levantarse, se unió a mi y seguimos corriendo; los gritos habían cesado, pero todo el castillo estaba despierto y se oían voces, gritos, el ruido metálico de las espadas y las linternas iluminaban los corredores. La voz de Dom Vincente lanzaba ordenes a los soldados, el sonido de hombres armados corriendo y tropezando por los corredores. Entre toda la confusión, Desmarte, el Español y yo llegamos a la recamara de Marcita justo en el momento en que Luigi entraba corriendo a tomar a sus hermana entre sus brazos.

Otros llegaron corriendo, con luces y armas en sus manos, a los gritos y demandando saber que sucedía.

La chica yacía tranquilamente en los brazos de su hermano, su cabello oscuro suelto ondulaba sobre sus hombros, su delicada prenda de noche estaba hecha jirones y exponía su hermoso cuerpo. Tenía largos rasguños sobre sus brazos, su pecho y sus hombros.

En ese momento, abrió los ojos y se estremeció, entonces volvió a gritar enfervorizadamente y se agarro desesperada al cuello de Luigi rogándole que no dejara que nadie se la lleve.

“¡La puerta!” gimoteó. “La deje sin el pasador. Y algo se metió en mi habitación. Lo ataque con mi daga pero me arrojó al piso y me desgarró todo el cuerpo. Entonces me desmayé.”

“¿Dónde está von Schiller?” preguntó el Español, con un feroz destello en sus oscuros ojos. Cada uno miro a quien tenía a un lado. Todos los invitados estaban presentes excepto por el alemán. Noté que de Montour observaba a la aterrorizada joven y su rostro tenía una expresión mas demacrada que de costumbre. Pensé que era extraño que no llevara su arma.

“¡Busquemos a von Schiller!” exclamó ferozmente Desmarte. La mitad del grupo siguió a Dom Vincente por el corredor. Comenzamos la búsqueda por venganza a través del castillo y en un pequeño y oscuro corredor encontramos a von Schiller. Estaba tirado boca abajo en medio de un charco carmesí que se hacia cada vez mas grande.

“¡Esto es obra de un nativo!” exclamó Desmarte espantado.

“Tonterías,” bramó Dom Vincente. “Ningún nativo del exterior pudo haber pasado sobre los guardias. Todos los esclavos, incluidos los de von Schiller están encerrados en las barracas de esclavos, excepto por Gola que duerme en la habitación de Pierre y la chica que sirve a Ysabel.

“¿Pero quién podría haber hecho esto?” exclamó Desmarte embravecido.

“¡Tú!” dije abruptamente; “¿por qué sino saliste corriendo de la habitación de Marcita?”

“¡Púdrete, mentiroso!” gritó mientras desenvainada rápidamente y me apuntaba al pecho, pero aun cuando era muy rápido, el Español fue mas rápido. La espada larga de Desmarte se estrelló contra la pared y éste quedo ahí, como una estatua mientras el Español lo apuntalaba con su espada.

“Amárrenlo,” dijo el impasiblemente el Español.

“Baje su espada, Don Florenzo,” ordenó Dom Vincente, dando un paso al frente y dominando la escena. “Signor Desmarte, es usted uno de mis mejores amigos, pero aquí yo soy la única ley y el deber me lo demanda. Deme su palabra de que no intentara escapar.”

“Se la doy,” respondió el Gascon con tranquilidad. “Actué apresuradamente. Me disculpo. No estaba intentando escapar, es solo que los corredores y pasillos de este condenado castillo me han confundido.”

Nadie le creyó, con excepción de un hombre.

“¡Messieurs!” De Montour dio un paso al frente. “Este joven no es culpable. Den vuelta al alemán.”

Dos soldados siguieron la orden. De Montour se estremeció y señaló. El resto observamos al mismo tiempo y retrocedimos horrorizados.

“¿Acaso un hombre podría haber hecho eso?”

“Una daga quizás…” comenzó a decir alguien.

“Ninguna daga puede hacer una herida como esa,” dijo el Español. “Al alemán lo hicieron pedazos las garras de alguna aterradora bestia.”

Nos miramos entre nosotros, un poco esperando que alguna abominable criatura nos saltará encima desde las sombras.

Registramos el castillo; cada rincón, hasta el ultimo centímetro. No encontramos rastro alguno de una bestia.

Estaba amaneciendo cuando finalmente regresé a mi habitación para descubrir que Gola se había encerrado en ella y me tomó casi media hora convencerlo para que me dejara entrar.

Después de escarmentarlo y reprenderlo por su cobardía, le conté lo que había sucedido, y como entendía francés y hablaba una mezcla extraña de lo que él pensaba que era el francés.

Escuchó el relato boquiabierto y el blanco de sus ojos se asomo cuando la historia llego a su clímax.

“¡Ju ju!” susurró temeroso. “¡Hombre fetiche!”

De repente, una idea vino a mi. Había oído historias, que eran apenas un poco mas que leyendas, del demoníaco culto del leopardo que existía en la Costa Oeste. Ningún hombre había visto alguna vez a sus devotos pero Dom Vincente nos había contado historias de hombres bestias, disfrazados con pieles de leopardos, que deambulan sigilosamente en la selva por las noches para cazar y devorar. Un escalofrío de terror recorrió mi espina de arriba a abajo, y un instante después sujete a Gola y éste gritó aterrado.

“¿Fue un hombre leopardo?” le dije entre dientes mientras lo sacudía violentamente.

“¡Ammo, amoo!” masculló. “¡Yo soi bueno! El hombre ju ju!¡Mejor no decir!”

“¡Dímelo ahora!” dije apretando los dientes, retomando mis esfuerzos, hasta que sus manos abandonaron toda protesta y prometió contarme todo lo que sabia.

“¡Hombre leopardo no!” murmuró, y sus ojos se agrandaron ante un miedo sobrenatural. “Luna, esta llena, el leñador, con garras. Encontró otro leñador. El Gran Ammo (Dom Vincente) dijo, “leopardo”. No leopardo. Sino hombre leopardo viene a matar. ¡Algo mato hombre leopardo!¡El de las garras!¡El hai hai! Luna llena de nuevo. Algo entró, en cabaña solitaria, garreó uma mujer, garreó um hombre. Hombre encuentra garras. El Gran Ammo dice “leopardo”. Luna llena de nuevo, y leñador encuentra garras. Ahora viene a castillo. No leopardo. Siempre huellas de hombre.”

Se me escapó una exclamación de incredulidad.

La afirmación de Gola era verdad. Siempre habían huellas de hombre que se alejaban de la escena del homicidio. Entonces ¿por qué los nativos no le dijeron al Gran Ammo que se encargarían de cazar a esta criatura? En ese instante, Gola asumió una expresión de astucia y susurro en mi oído, “¡las huellas son de un hombre que usa zapatos!”

Incluso asumiendo que Gola mentía, un sentimiento de inexplicable horror recorrió mi cuerpo. Entonces, ¿quién, según los nativos, creían que estaba cometiendo estos horrendos asesinatos?

Y él respondió: ¡Dom Vincente!

En ese momento, Messieurs, mi mente era un torbellino.

¿Qué significaba todo esto? ¿quién masacró al Alemán e intentó forzar a Marcita? Y mientras analizaba los crímenes, me dio la sensación de que el objetivo del ataque no era la violación sino el asesinato.

¿Por qué nos advirtió de Montour? Parecía tener conocimiento sobre el crimen, sabía que Desmarte era inocente e incluso lo demostró.

Esta situación me superaba.

La historia del crimen se transmitió entre los nativos, a pesar de nuestras mejores esfuerzos, y parecían estar inquietos y nerviosos, Dom Vincente tuvo que disciplinar a sus esclavos por insolencia tres veces ese día. Una atmósfera de tensión se respiraba en el castillo.

Considere contarle a Dom Vincente la historia de Gola, pero decidí esperar un poco.

Las mujeres se quedaron en sus recamaras ese día, los hombres estaban inquietos y de mal humor. Dom Vincente anunció que doblaría la guardia y que incluso haría que algunos guardias patrullaran los corredores del castillo. Con cinismo pensé que si las sospechas de Gola eran ciertas, los guardias no harían mucha diferencia.

Debo reconocer, Messieurs, que no soy un hombre que maneje ese tipo de situaciones con mucha paciencia. Era joven en ese entonces. Así que cuando bebimos unos tragos antes de retirarnos a dormir, arrojé mi copa sobre la mesa y anuncié gritando que sin importar que hombre, bestia o demonio que rondara el castillo, yo me iría a dormir con las puertas bien abiertas. Una vez dicho eso me retiré a mi recámara.

Al igual que la primera noche, de Montour vino a verme. Su rostro era como el de aquel que ha visto las mismísimas puertas del infierno.

“He venido,” me dijo, “a pedirle, no Monsieur, a rogarle que reconsidere su apresurada determinación.”

Sacudí mi cabeza con impaciencia.

“¿Está usted resuelto entonces?¿verdad? Entonces déjeme pedirle que haga algo por mi. Una vez que entré yo a mi recámara, puede usted cerrar mis puertas por el lado de afuera.”

Hice lo que me pidió, y regresé a mi habitación completamente confundido. Envié a Gola a las barracas de esclavos y deje mi espada larga y mi daga al alcance de mi mano. No me acosté a dormir sino que me senté en un sillón en la oscuridad. Me costó mucho mantenerme despierto, para evitar dormirme me puse a pensar en las palabras de de Montour. Parecía estar realmente muy emocionado por todo esto, sus ojos escondían un abominable misterio, algo que solo él sabia. Pero su rostro no era el de un hombre malvado.

Se me ocurrió de pronto que debía ir a su recámara y hablar con él directamente.

Caminar por los oscuros corredores era una tarea aterradora, pero eventualmente llegué hasta la puerta de su habitación. Golpeé suavemente. Silencio. Estiré la mano y sentí fragmentos astillados de madera. Tome rápidamente la piedra de encender que cargaba conmigo y la pequeña llama me mostró una enorme puerta de roble colgando de sus poderosas bisagras, la puerta estaba destruida y astillada desde el interior. La recámara de de Montour estaba vacía.

El instinto me hizo volver inmediatamente a mi habitación, rápido pero en silencio con los pies descalzos. Cuando me acerqué a mi puerta, sentí algo en la oscuridad parado frente a mí. Algo que se había escurrido desde un corredor lateral y se deslizaba furtivamente.

En un arranque de pánico empecé a tirar golpes salvajemente y en todas direcciones sin un objetivo claro. Mi puño encontró una cabeza humana y algo cayó estrepitosamente al suelo. Volví a encender una llama y vi a un hombre inconsciente en el suelo, era de Montour.

Encendí una vela y la coloqué en un nicho del muro y justo en ese momento, de Montour abrió los ojos y se puso de pie.

“¡Tú!” exclamé, sin saber exactamente que decir. “Tú, de todos ellos tenías que ser tú.”

Asintió levemente.

“¿Tu asesinaste a von Schiller?”

“Si.”

Retrocedí horrorizado.

“Escucha.” Levantó su mano. “Toma tu espada y atraviesame con ella. Ningún hombre te hará daño.”

“No,” exclamé. “No puedo.”

“Entonces, rápido,” dijo extasiado, “entra a tu recámara y cierra la puerta. ¡De prisa!¡Va a regresar!”

“¿Qué cosa va a regresar?” pregunté estremecido.

“Si puede herirme tu también corres peligro, entra conmigo a la recamara.”

“¡No, no!” dijo casi gritando, a la vez que se alejaba del brazo que le había extendido. “¡De prisa, de prisa! Se fue por un momento pero va a regresar.” Entonces su voz se convirtio en un agudo grito de indescriptible terror; “Está regresando. ¡Ya está aquí!”

Sentí que una presencia muy extraña cerca mío. Era algo salido de una pesadilla.

De Montour estaba ahí de pie, con sus piernas contorsionadas y los brazos hacia atrás y los puños contraídos. Sus músculos se hinchaba bajo su piel, sus ojos se hicieron mas grandes y angostos, las venas sobresalían en su frente como producto de un esfuerzo gigantesco. Mientras yo miraba horrorizado, un ser informe y sin nombre surgió como de la nada. Una sombra se movió sobre de Montour.

¡Flotaba sobre él! ¡Santo Dios, se estaban fundiendo, haciéndose uno con el hombre!

De Montour se tambaleó; dejó escapar un fuerte suspiro. Y la cosa se desvaneció. De Montour titubeó. ¡Entonces giró hacia mi y Dios me salve pero nunca había visto un rostro como ese!

Era un rostro horrendo y bestial. Sus ojos resplandecían con espeluznante ferocidad; sus labios retrocedían dejando ver sus brillantes dientes que aun sobresaltado como estaba pude reconocer que eran mas parecidos a los colmillos de una bestia que a dientes humanos.

Silenciosamente, la cosa (ya no era un ser humano) se abalanzó hacia mi. Horrorizado salí corriendo y entré a mi habitación justo cuando la cosa daba un terrible salto por el aire con un movimiento sinuoso que incluso en ese momento pensé que parecía un lobo saltando sobre su presa. Cerré la puerta de un golpe y la sostuve con mi cuerpo mientras la espantosa criatura arremetía contra ella una y otra vez.

Finalmente desistió y lo escuché escabullirse sigilosamente por el corredor. Tuve que sentarme, estaba agotado y a punto de desmayarme, espere y escuche atentamente. La ventana estaba abierta y a través de elle percibí una brisa cargada con todos los aromas de África, el aroma de las especias y el de la fetidez. Desde la aldea cercana llegaba el sonido de los tambores. Otros tambores respondían río arriba y detrás de la arboleda. Desde algún lugar en la jungla, incongruentemente, llegaba el largo y agudo aullido de un lobo gris. Mi alma se retorció por la impresión.

El amanecer trajo consigo el relato de aldeanos aterrorizados, y una mujer nativa desgarrada por alguna criatura de la noche, apenas había escapado con vida. Fui a buscar a de Montour.

En el camino encontré a Dom Vincente. Estaba furioso y confundido.

“Alguna criatura infernal anda suelta por el castillo,” dijo. “No le he contado esto a nadie, pero anoche, algo saltó sobre la espalda de uno de los guardias, le arrancó el jubón de cuero de los hombros y lo persiguió hasta la barbacana. Ademas, alguien encerró a de Montour en su habitación y tuvo que destruirla para poder salir.”

Siguió caminando, hablando para si mismo y yo bajé por las escaleras mas confundido que nunca.

De Montour estaba sentado sobre un taburete, mirando por la ventana. Un indescriptible aire de cansancio lo rodeaba.

Su largo cabello estaba despeinado y alborotado, sus vestimentas hecha pedazos. Me dio escalofríos ver las manchas carmesí en sus manos, y noté que tenía las uñas rotas y desgarradas.

Levantó la vista cuando me acerque y me indicó con la vista para que me sentara. Su rostro estaba demacrado pero por lo menos era humano.

Al cabo de unos instantes de silencio, habló.

“La extraña historia que voy a contarle, no se la he contado nunca a nadie, y no sé exactamente por que se la voy a contar ya que probablemente no me crea.”

Entonces escuché lo que seguramente era la mas salvaje y fantástica historia, y lo mas extraño que un hombre haya oído jamas.”

“Hace unos años,” dijo de Montour, “estaba en una misión militar en el norte de Francia. Solo, me vi forzado a atravesar los endemoniados bosques de Villafere. En uno de esos espantosos bosques fui confrontado por una bestia inhumana y aterradora, un hombre lobo. Luchamos bajo la luz de la luna de medianoche y logré asesinarlo. Ahora, esta es la verdad; si un hombre lobo es asesinado en su forma humana, su espíritu atormentará a su asesino por toda la eternidad. Pero si es asesinado en forma de lobo ira directo al infierno. ¡El verdadero hombre lobo no es como muchos piensan, no es un hombre que toma la forma de un lobo sino un lobo que toma forma de hombre!

“Ahora, escuche amigo mío, y le contare toda la sabiduría, el conocimiento infernal que he obtenido a través de mis aterradoras experiencias y que me fue confiado en los oscuros y tenebrosos bosques donde merodean los demonios y los hombres bestia.”

“En el principio de los tiempos, el mundo era un lugar extraño, una deformación. Grotescas criaturas deambulaban en las selvas. Vinieron de otro mundo, demonios antiguos y criaturas llegaron masivamente y se instalaron en este nuevo mundo, un mundo joven. Durante mucho tiempo las fuerzas del bien y el mal han combatido entre sí.”

“Para que las fuerzas del bien y el mal puedan cumplir su propósito y combatir entre ellas, los espíritus del bien ocuparon el cuerpo de una bestia extraña que deambulaba entre las demas, una bestia conocida como el hombre. Los seres malignos por su parte, ocuparon los cuerpos de bestias, reptiles y aves, y de esa forma han librado feroces batallas desde tiempos inmemoriales. Pero el hombre prevaleció. Los grandes dragones y serpientes han caído y con ellos los demonios. Finalmente, Solomon, quien tenía conocimientos adelantados para su época, les dio batalla y gracias a su sabiduría, los asesino, los acorraló y los exterminó. Pero hubo algunos, los mas feroces y audaces que aunque Solomon los expulsó no pudo conquistarlos. Esos tomaron forma de lobo. Cuando pasó el tiempo, los lobos y los demonios se fundieron en una sola criatura. El demonio ya no podía dejar el cuerpo del lobo a voluntad. La mayor parte del tiempo, la ferocidad del lobo superaba a la sutileza del demonio y lo esclavizaba, por lo que el lobo termino por ser solo una bestia, feroz y taimada pero simplemente una bestia. En cuanto a los hombres lobo, hay muchos de esos.”

“Durante la luna llena, el lobo puede tomar tanto la forma humana como semi-humana. Cuando la luna se encuentra en su cenit, es cuando el espíritu del lobo prevalece y el hombre lobo se convierte en un verdadero lobo una vez mas. Pero si es asesinado en su forma humana, entonces su espíritu es liberado para atormentar a su asesino por la eternidad.”

“Escuche con atención. Yo creí que había asesinado a esta cosa después de que había cambiado a su verdadera forma. Pero la maté un instante demasiado pronto. La luna, aunque estaba cerca del cenit no lo había alcanzado por completo, y la criatura no había completado su transformación.”

“No sabía nada de esto así que seguí mi camino. Pero cuando llegó la siguiente luna llena, empecé a percatarme de una influencia extraña y perversa. Una atmósfera de terror saturaba el aire y un extraño e inexplicable impulso empezó a rondarme.”

“Una noche, en una pequeña aldea en medio de un gran bosque, la influencia se apoderó de mi por completo. Era de noche, y la luna estaba casi llena y se elevaba sobre el bosque. Fue cuando la vi, flotando en el aire entre la luna y yo, con una apariencia fantasmal y apenas discernible, ¡el contorno de la cabeza del lobo!”

“Recuerdo poco de lo que sucedió después de eso. Tengo recuerdos borrosos, caminar y trepar por calles silenciosas, recuerdo luchar y resistir brevemente, en vano, y el resto es un laberinto carmesí. La mañana siguiente volví en si y encontré mis vestimentas y mis manos cubiertas de sangre, y oí las exaltadas conversaciones de los aldeanos, hablaban de un par de amantes clandestinos que habían sido masacrados de la manera mas horrible en las afueras de la aldea, los hicieron pedazos, como si hubiesen sido atacados por bestias salvajes, como si hubiesen sido atacados por lobos.”

“Huí rápidamente de esa aldea, pero no huí solo. No podía sentir la presencia de mi captor durante el día pero cuando caía la noche y la luna se elevaba en el cielo, deambule por los bosques silenciosos, una criatura aterradora, un demonio en cuerpo de hombre que cazaba seres humanos.”

“¡Dios, las batallas que habré librado! Pero siempre se apoderaba de mi y salía salvajemente a buscar nuevas victimas. Pero cuando la luna llena desaparecía, su poder sobre mi desaparecía súbitamente. Y no regresaba hasta tres días antes de la siguiente luna llena.”

“Desde entonces he vagado por el mundo, huyendo, siempre huyendo e intentando escapar. La criatura viaja conmigo, siempre apoderándose de mi cuerpo durante las noches de luna llena. ¡Por los Dioses, las atrocidades que he cometido!”

“Tendría que haberme matado hace años, pero no me atrevo. Ya que el alma de los suicidas esta maldita y sería condenado a una eternidad en el infierno. Pero escucha, que la parte mas aterradora es que mi cuerpo seguiría caminando por la faz de la tierra, pero estaría completamente ocupado por el hombre lobo!¿Puedes pensar en algo peor que eso?”

“Al parecer soy inmune a las armas del hombre. Me han atravesado con espadas y apuñalado con dagas. Estoy cubierto de cicatrices. Pero no pueden matarme. En Alemania, me atraparon e intentaron apresarme. Gustosamente les hubiera ofrecido mi cabeza pero la criatura se apoderó de mi, rompí las ataduras y maté a todos. He estado en todo el mundo, dejando un rastro de terror y masacre. Cadenas y calabozos no pueden contenerme. Esa criatura esta atada a mi por toda la eternidad.”

“Desesperado, acepte la invitación de Dom Vincente, ya que nadie aquí conoce mi espantosa doble vida. Nadie puede reconocerme cuando el demonio se apodera de mi y son pocos los que me han visto y han vivido para contarlo.”

“Mis manos están rojas, mi alma condenada a arder por siempre en las llamas, mi mente esta devastada por mis crímenes. Y sin embargo, no puedo hacer nada para detener esta maldición. Le aseguro, Pierre, que no hay nadie que conozca el infierno que yo he conocido.”

“Si, yo asesiné a von Schiller, e intenté destruir a la chica Marcita. No sabría decirle porque no lo hice, ya que he asesinado tanto mujeres como hombres.”

“Ahora, si fuese tan amable, tomé su espada y máteme, y con mi último aliento le daré la bendición de nuestro Señor. ¿Está de acuerdo?”

Abandoné la habitación de de Montour mientras la cabeza me estallaba por tan increíble historia. Qué hacer, no lo sabía. Parecía probable que terminaría matándonos a todos pero no podía decidirme a contarle todo a Dom Vincente. Desde el fondo de mi alma me compadecía por de Montour.

Me mantuve callado y por los días que siguieron aproveché cada ocasión para buscarlo y conversar con él. Una verdadera amistad surgió entre nosotros.

Fue durante esos días que Gola empezó a actuar de forma extraña, como si supiera algo que estaba desesperado por contar pero no podía o no se atrevía a hacerlo.

Así pasaron los días, bebiendo, comiendo y cazando, hasta que una noche, de Montour vino a mi recámara y me señaló la luna que empezaba a crecer en el cielo.

“Mira,” dijo. “Tengo un plan. Voy a correr la voz de que voy a internarme en la selva a cazar y saldré del castillo, aparentemente por varios días. Pero a la noche regresaré al castillo y deberá encerrarme en el calabozo que suele utilizarse como deposito.”

Y así lo hicimos. Me las arregle para bajar dos veces al día y llevarle comida y bebida a mi amigo. Insistió en permanecer en el calabozo incluso durante el día, y aunque el demonio nunca había ejercido su influencia sobre él durante el día no quería arriesgarse.

Mientras todo esto acontecía empecé a notar que Carlos, el sobrino de Dom Vincente, el que tenía cara de visón era excesivamente amable con Ysabel, quien a la vez era su prima segunda y parecía sentirse muy incomoda por su comportamiento.

Si fuera por mí, lo hubiese desafiado a un duelo ante la menor ofensa porque odiaba al sujeto, pero realmente no era asunto mío. Pero parecía que Ysabel le tenía miedo. Mi amigo Luigi, dicho sea de paso, se había enamorado de la chica portuguesa y hasta dormían juntos todas las noches.

De Montour reflexionaba solo en su celda sobre sus atrozes acciones y golpeaba los barrotes con sus manos desnudas.

Mientras Don Florenzo recorría los terrenos del castillo como una especie de taciturno Mefistofeles.

Mientras el resto de los invitados bebían, cabalgaban y ocasionalmente se peleaban.

Gola por su parte seguía como de costumbre, mirándome como si estuviera a punto de compartir lo que sabía . Uno se pregunta que tan cerca estuvo de agotar mi paciencia.

Los nativos estaban impacientes, taciturnos y cada vez mas difíciles de tratar.

Una noche, minutos antes de que la luna estuviera alta, baje al calabozo donde de Montour esperaba sentado. Levantó la vista rápidamente y me dijo; “es usted muy valiente al venir a verme de noche.”

Me encogí de hombros y me senté. Desde la ventana con barrotes nos llegaban las esencias y los sonidos de África.

“Escuché con atención los tambores de los nativos,” le dije. “Durante las ultimas semanas han sonado casi sin parar.”

De Montour asintió.

“Los nativos están inquietos. Creo que están tramando algo. ¿Has notado que Carlos pasa mucho tiempo entre ellos?”

“No,” respondí, “pero si creo que Luigi y él van a tener problemas en cualquier momento. Luigi esta cortejando a Ysabel.”

Y así seguimos conversando hasta que de repente de Montour empezó a irritarse y a contestar con monosílabos.

La luna se elevaba y se filtraba a través de los barrotes de la ventana. Los rayos de luz iluminaban su rostro.

Entonces fui testigo privilegiado del horror. En el muro detrás de él apareció una sombra, ¡la figura claramente definida de la cabeza de un lobo!

En ese mismo momento, de Montour sintió su influencia y cayó desde su silla con un grito de terror.

Con las manos temblorosas salí corriendo de la celda y alcance a cerrar la puerta detrás mio cuando sentí el peso de su cuerpo contra ella. Mientras subía por las escaleras podía escuchar como arremetía salvajemente contra la puerta de hierro. Aun con todo el poderío del lobo ésta se mantenía firme.

Cuando volví a mi habitación, Gola se apresuró a contarme lo que se había estado guardando durante días.

Escuché con incredulidad y entonces salí corriendo a buscar a Dom Vincente.

Me dijeron que Carlos le había pedido que lo acompañara a la aldea para negociar una venta de esclavos. Don Florenzo fue quien me informó esto y cuando le resumí lo que Gola me había confiado insistió en acompañarme.

Juntos salimos rápidamente por las puertas del castillos, avisamos a los guardias y corrimos ladera abajo en dirección a la aldea.

Dom Vincente iba con cuidado, ¡mantenía su espada suelta en su vaina!¡Necio, que necio fue al salir a caminar de noche con Carlos, el traidor!

Estaban entrando en la aldea cuando los alcanzamos. “¡Dom Vincente!” exclamé; “regrese inmediatamente al castillo. ¡Carlos va a venderlo a los nativos!¡Gola me ha contado que anhela quedarse con su riqueza y con Ysabel!¡Los nativos descubrieron las huellas de botas en el lugar donde los leñadores fueron asesinados y Carlos les ha convencido de que el asesino es usted!¡Los nativos se alzaran esta noche y mataran a todos en el castillo excepto a Carlos!¿No me cree Dom Vincente?”

“¿Es verdad esto Carlos?” preguntó Dom Vincente asombrado.

Carlos rió burlonamente.

“¡El pelmazo dice la verdad,” dijo, “pero no les servira de nada!” Gritó mientras se abalanzaba sobre Dom Vincente. El acero resplandeció a la luz de la luna y la espada del Español atravesó a Carlos antes de que pudiera moverse.

Las sombras se levantaron a nuestro alrededor. Espalda contra espalda, dagas y espadas, tres hombres contra cientos. Las lanzas brillaron en la oscuridad, y un grito diabólico salio atronadoramente de la garganta de los nativos.  

Alcance a derribar a tres de ellos antes que un formidable garrotazo me tirará al suelo, y un instante mas tarde Dom Vincente cayó sobre mí, con una lanza atravesada en un brazo y otra en la pierna. Don Florenzo estaba sobre nosotros, luchando como si la espada fuera parte de su cuerpo, cuando los guardias del castillo dispararon contra la rivera del río barriendo todo a su paso y nos cargaron hasta el castillo.

Las hordas de nativos cargaron con todo, lanzas resplandeciendo como una ola de metal, con atronadores gritos salvajes que llenaban los cielos.

Una y otra vez barrieron la colina y cayeron al foso, hasta que terminaron por avasallar las empalizadas. Una y otra vez, el fuego de los guardias los hacía retroceder.

Habían incendiado y saqueado los depósitos y la luz que emanaban rivalizaba entonces con la luz de la luna. Del otro lado del río, hordas de nativos se concentraban en un deposito mas grande para saquearlo.

“ Ojala dejaran caer un antorcha ahí,” dijo Dom Vincente, “ya que no hay nada en ese deposito excepto cientos de kilos de pólvora. No me atrevería a almacenar las cosas peligrosas de ese lado del río. Todas las tribus del río y de la costa se han juntado para masacrarnos y todos mis barcos están en altamar. Podemos resistir por un tiempo, pero eventualmente cruzaran la empalizada y nos harán pedazos.”

Corrí hasta el calabozo a ver a de Montour. Le hablé desde afuera y me invitó a entrar, ya el hecho de que pudiera hablar indicaba que el demonio lo había abandonado momentaneamente.

“Los nativos se han rebelado,” le dije.

“Me imaginé. ¿Cómo va la batalla?”

Le conté en detalle lo de la traición y la pelea, y cuando mencioné el almacén de pólvora del otro lado del río se puso rápidamente de pie.

“¡Por mi alma condenada!” exclamó. “¡Es momento de volver a tirar los dados contra el infierno!¡Rápido! ¡Déjame salir del castillo!¡Intentaré cruzar el río a nado y detonar el almacén de pólvora!”

“¡Es una locura!” exclamé. “¡Hay por lo menos mil nativos entre la empalizada y el río, y tres veces esa cantidad del otro lado!¡Ademas el río esta plagado de cocodrilos!”

“¡Lo intentaré!” respondió con el rostro iluminado. “si logro llegar, habrá miles de nativos menos en el asedio; si me matan antes, entonces mi alma será libre y quizás pueda ganar un poco de redención al dar mi vida para expiar por mis crímenes.”

“Date prisa,” exclamó, “¡el demonio está regresando! ¡Ya siento su influencia! ¡Date prisa!”

Corrimos hasta las puertas del castillo y en el trayecto podía ver como de Montour jadeaba horriblemente como librando una batalla tremenda en su interior.

Cuando llegamos a las puertas se lanzo de cabeza, se levantó y corrió a través de ellas. Los nativos lo recibieron con salvajes alaridos.

Los guardias vociferaron maldiciones. Mientras yo lo observaba desde arriba de la empalizada lo vi correr de aquí para allá sin dirección mientras un contingente de nativos avanzaba contra él blandiendo sus lanzas.

Entonces, el temible aullido del lobo inundó los cielos y de Montour avanzó rápidamente. Los nativos se congelaron y antes de que pudieran reaccionar él ya estaba entre ellos. Salvajes alaridos se escucharon, ya no de rabia sino de terror.

Sorprendidos, los guardias del castillo cesaron el fuego.

De Montour cargó directamente contra el grupo de nativos y logro hacerlos romper filas y huir. Dio una docena de pasos para perseguirlos pero se detuvo en seco. Se dio media vuelta y corrió rápidamente en dirección al río.

A unos pasos del río otro contingente bloqueó su camino. La escena estaba perfectamente iluminada gracias a las llamas de las casas incendiadas. Aun con heridas de lanza, de Montour utilizó su cuerpo y arremetió contra los nativos como un ariete.

No podían con él y terminaron por huir despavoridos.

Se levanto y corrio hacia el río. Se detuvo un instante y luego desaparecio en las sombras.

“¡Por todos los diablos!” masculló Dom Vincente sobre mi hombro. “¿Qué tipo de hombre es ese?¿Era de Montour?”

Asentí. Los salvajes alaridos de los nativos se elevo por encima del fuego de los arcabuzes. Gruesas masas de nativos se encontraban frente al deposito del otro lado del río.

“Han planeado un asalto formidable,” dijo Dom Vincente. “Atravesaran la empalizada en cualquier momento.”

Entonces se escuchó un estruendo que casi parte el cielo. ¡La llamarada parecía llegar hasta las estrellas! El castillo se sacudió por la explosión. Luego sobrevino el silencio, mientras el humo se despejaba y dejaba ver el gigantesco cráter que ocupaba ahora el espacio del deposito.

Podría contarles como Dom Vincente, lisiado como estaba, encabezó la carga contra los nativos que habían escapado a la explosión, fuera del castillo y ladera abajo. Podría contarles sobre la masacre, de la victoria y de la persecución que vino después.

Podría contarles también, Messieurs, de como me separé del grupo y terminé deambulando por la selva sin poder encontrar el camino de vuelta a la costa.

Podría contarles como fui capturado por una banda de traficantes de esclavos, y de cómo escape. Pero no es mi intención. En si mismo sería una historia muy larga y lo que importa acá es lo que pasó con de Montour.

Pensé mucho sobre lo que había sucedido y me pregunté si efectivamente de Montour había hecho estallar el deposito hasta el cielo o si todo había sido una mera coincidencia.

Parecía imposible que alguien pudiera atravesar ese río infestado de reptiles aun poseído por un demonio. Y si fue él quien detono el deposito debía haber muerto en la explosión.

Una noche, mientras luchaba por salir de la selva, divisé la costa, y cerca de ella una pequeña y derruida cabaña de paja. Me puse en marcha hacia ella pensando en dormir ahí si los insectos y los reptiles me lo permitían.

Cuando cruce la puerta me detuve en seco. Sentado en un improvisado banquillo había un hombre. Levantó la vista hacia mi cuando entré y los rayos de la luna iluminaron su rostro.

Retrocedí horrorizado. ¡Era de Montour, y había luna llena!

Ahí estaba yo, sin poder huí y con el viniendo hacia mi. Su rostro, aunque demacrado, como el de alguien que ha visto el infierno, era el de un hombre cuerdo.

“Venga amigo mío,” dijo con la voz llena de paz. “Venga y no tema. El demonio me ha abandonado para siempre.”

“Pero ¿cómo? ¿cómo hizo para conquistarlo?” exclamé mientras tomaba su mano.

“Fue una batalla espeluznante, cuando corri hacia el río,” respondió, “el demonio se apoderó de mi y estaba mas interesado en despedazar a los nativos. Pero mi mente y mi alma lograron prevalecer por primera vez en mi vida solo por un instante, lo suficiente para cumplir con mi objetivo. Creo que alguien vino en mi ayuda, los santos, alguien, después de todo estaba sacrificando mi vida para salvar a los demás.”

“Salté al río y nadé, y en un instante los cocodrilos me rodearon. En ese momento el demonio tomó el control y lucho contra ellos en el río. Pero de repente, me abandonó.”

“Salí del agua y encendí el deposito. La explosión me arrojo por el aire y durante días vague por la selva sin tener conciencia de donde estaba.”

“La luna llena llegó, una y otra vez, y la influencia ya no volvió a apoderarse de mi.”

“¡Soy libre, libre!” y con un maravilloso tono de jubilo, no, de exaltación me conmovió con sus palabras:

“Mi alma es libre. Aunque suene increíble, el demonio se ahogó y yace en el fondo del río o quizás se haya apoderado de uno de los salvajes reptiles que surcan las aguas del río Niger.”

FIN

Robert Ervin Howard (22 de enero de 1906 – 11 de junio de 1936) fue un escritor estadounidense, reconocido principalmente por ser el creador de numerosos personajes y relatos del género posteriormente conocido como Espada y Hechicería, de los cuales el mas reconocido es Conan de Cimmeria.
Fue amigo y confidente de H.P. Lovecraft, con quien colaboró aportando relatos a la inmensa mitología de Cthulhu.

La historia de Photogen y Nycteris (2nda parte)


Por George MacDonald

Capitulo VIII La lampara

Watho contaba con que las ordenes que le había dado a Falca eran seguidas al pie de la letra y que su sirvienta cuidaba a Nycteris toda la noche, noche que era el día para ella, pero Falca no pudo acostumbrarse al hábito de dormir durante el día y a menudo la dejaba sola durante la mitad de la noche. La lampara se había convertido así en una especie de custodia para Nycteris. Como no se le permitía salir, por lo menos mientras estuviera despierta, Nycteris sabía menos sobre la oscuridad que lo que sabía sobre la luz. Con la lampara suspendida allá en lo alto, en el centro de todo, tampoco sabía muchos sobre sombras. Las pocas que habían se producían prácticamente todas en el suelo al pie de los muros como los ratones.

Una vez, cuando estuvo sola, escucho el sonido de un estruendo a lo lejos, nunca había oído nada que no supiera de donde venía, era una nueva señal de que debía haber algo mas allá de estas recámaras. Entonces sucedió, un temblor, la lampara cayó desde el techo y se estrelló contra el suelo, sintió como si sus ojos se cerraran repentinamente como si se los hubiera tapado con las manos. Concluyó que había sido la oscuridad la que había ocasionado el temblor y había tirado la lampara cuando entró apresuradamente a la recámara. Se sentó temblando. El ruido y el temblor cesaron pero la luz no regresó. ¡La oscuridad se la había comido!

Su lampara se había ido, y con ella resurgió su deseo de salir de su prisión. Apenas si entendía el concepto de salir, salía de una habitación para entrar en otra, ni siquiera había una pared que las dividiera, son un arco de entrada y ese era todo su mundo. De repente recordó que había oído a Falca hablar de como la lampara se desvanecía, ¿será esto a lo que se refería? y si la lampara realmente se había ido, ¿a donde había ido? Seguramente al mismo lugar donde iba Falca, y al igual que ella, también volvería. Pero no podía esperar. El deseo de salir crecía irresistiblemente. ¡Tenía que seguir a su hermosa lampara!¡Tenía que encontrarla!¡Tenía que ver a donde había ido!

Había un cortina que cubría un hueco en el muro, donde guardaban sus juguetes y sus cosas para hacer ejercicio, era detrás de esa cortina de donde Watho y Falca siempre aparecían, y detrás de ella también se desvanecían. Como atravesaban un muro solido, no tenía idea, el camino hacia ese muro estaba despejado y mas allá de él parecía solo haber mas muros, pero era evidente que lo primero y lo único que podía hacer era atravesar esa cortina a ciegas dependiendo solo de su sentido del tacto. Estaba tan oscuro que un gato no podría atrapar ni al mas grande de los ratones. Nycteris podía ver mejor que cualquier gato, pero ahora sus ojos grandes no le servían en lo mas mínimo. En el camino tropezó con un trozo de la lampara rota. Nunca había usado zapatos o medias y aunque el fragmento era de alabastro suave no la corto pero si le lastimó el pie. No sabía que lo que era, pero como no había sucedido antes de que llegara la oscuridad, sospecho que tenía que ver con la lampara. Se arrodilló y tanteó el suelo con las manos, encontró dos piezas grandes que al unirlas reconoció la forma de la lampara. Se le ocurrió entonces que la lampara había muerto, que el estado de descompostura que tenía la lampara era la muerte sobre la que había leído pero nunca había comprendido, se le ocurrió entonces que la oscuridad había matado a la lampara. ¿A qué se refería entonces Falca cuando decía que la lampara se desvanecía? La lampara estaba ahí, muerta de hecho, y tan cambiada que apenas si tenía forma de lampara. No, ya no era una lampara, estaba muerta, y todo lo que la convertía en una lampara se había ido, es decir el brillo de su resplandor. Entonces ¡debía ser el brillo, la luz lo que se había desvanecido!¡Eso era lo Falca quería decir! Y debía de estar del otro lado de ese muro. Se levantó y retomó su camino, tanteando a ciegas hacia la cortina.

Nunca, en toda su vida, había intentado salir y no sabia como hacerlo; pero instintivamente empezó a mover sus manos sobra el muro detrás de la cortina, esperando que de alguna forma el muro la envolviera como suponía que lo hacia con Watho y Falca. Pero el muro la repelía con inexorable dureza así que decidió probar con el muro opuesto. Al hacerlo, accidentalmente pisó un dado de marfil y como lo pisó con el mismo pie con el que había pisado el alabastro, el dolor la hizo caer hacia adelante con los brazos extendidos contra el muro. Algo cedió, y ella salió casi rodando de la caverna.

Capitulo IX Afuera

¡Pero como puede ser! Afuera era exactamente igual a adentro, ya que su enemigo, la oscuridad también estaba aquí. Momentos después, descubrió algo con alegría, una luciérnaga que se había desviado del jardín. Vio la pequeña chispa a la distancia. Una luz tenue y menguante venía abriéndose camino por el aire, cada vez mas cerca, la luz parecía ser la fuente de su movimiento, un movimiento que se asemejaba mas al nado que al vuelo.

“¡Mi lampara!¡mi lampara!” gritó Nycteris. “Es el resplandor de mi lampara, la cual me fue arrebata cruelmente por la oscuridad. ¡Mi buena lampara me ha estado esperando aquí todo este tiempo! Sabía que yo vendría por ella y me esperó para traerme hasta aquí.

Siguió a la luciérnaga, quien al igual que ella estaba buscando la forma de salir. Si no sabia donde estaba la salida, seguía siendo luz, y como toda la luz es una sola, cualquier luz serviría para llegar hasta otra. Estaba convencida de que si no era el espíritu de su lampara, era de la misma especie y tenia alas. El insecto verde y dorado, impulsado por la luz pasó zumbando frente a ella y atravesó un largo y angosto corredor. De repente se elevó, y en ese momento Nycteris tropezó con una escalera ascendente. Nunca antes había visto una escalera y subir por ella era una sensación curiosa. Cuando llegó a lo que parecía ser la cima de la escalera, la luciérnaga dejó de brillar y desapareció. Se encontraba nuevamente en la mas profunda oscuridad. Pero incluso la extinción de esa luz le sirvió de guía. Si la luciérnaga hubiera seguido brillando, Nycteris hubiese visto que la escalera seguía y hubiese terminado en la habitación de Watho, en cambio, tanteando lo que tenía enfrente llegó hasta una puerta cerrada con pestillo, la cual se ingenio para abrir después de varios intentos, y al atravesarla descubrió un laberinto de una complejidad fascinante que la maravilló. ¿Qué era? ¿era algo real en el exterior de su cuerpo o existía solo en su cabeza? Ante ella se encontraba un corredor muy largo y angosto, que se bifurcaba, no sabia como y se esparcía en todas direcciones, a distancias y amplitudes que parecían infinitas. Era mas brillante de lo que alguna vez había sido su recamara, como si mas de seis lamparas de alabastro ardieran al mismo tiempo. Los muros estaban cubiertos por una importante cantidad de rayas y manchas, muy distintas de las formas que había en los muros de su recamara. Estaba como en un sueño, placenteramente confundida y maravillada. No podía descifrar si la sostenían sus pies o si estaba flotando como la luciérnaga, impulsada por la fuerza de la feliz contenida en su interior. Pero poco sabía entonces sobre su herencia. Sin conciencia alguna, dio un paso fuera del umbral y fue entonces que aquella chica que había vivido como troglodita desde su nacimiento se encontró con la cautivadora gloria de la noche sureña, iluminada por una luna perfecta, no la luna de nuestros climas norteños, sino la luna que brilla como la plata en la fragua, una luna que se la puede confundir fácilmente con un globo, una luna que parecía estar a unos metros de distancia, un simple disco colgando a mitad de camino en el firmamento.

“¡Es mi lampara!” dijo ella idiotizada y con la boca abierta. Un éxtasis silencioso recorría su cuerpo mientras observaba la luna por primera vez.

“No, no es mi lampara,” dijo ella, minutos mas tarde. “Es la madre de todas las lamparas.”

Se dejó caer al suelo de rodillas y levantó sus manos hacia la luna. No sabía ni podía expresar lo que pasaba entonces por su cabeza, pero la acción en si, era una suplica a la luna por ser como era, ese increíble y preciso resplandor colgando en ese techo tan lejano, una gloria tan esencial para chicas pobres como ella, nacida y criada en una caverna. Para Nycteris fue como una resurrección, no, fue como un nacimiento. Que podía ser ese vasto cielo azul, salpicado con pequeñas chispas como cabezas de alfileres. Que era la luna, rebosante de luz, ella no sabia nada acerca de todo eso, mucho menos que ustedes y yo, pero aun así era la envidia de los mas grandes astrónomos que nunca sentirían el éxtasis de semejante primera impresión a los dieciséis años de edad. Era inmesurablemente perfecta, la impresión no podía ser falsa en absoluto porque ella estaba viendo con los ojos que están diseñados para ver y de hecho vio lo que muchos hombres eran demasiado sabios para ver.

Al arrodillarse, sintió que algo suave la arrullaba, la envolvía y la acariciaba. Se puso de pie pero no pudo ver nada, no sabía que era. Pensó que era como el aliento de una mujer. Ya que no tenía conocimiento alguno sobre el aire y de hecho jamas había respirado ese nivel de frescura que el mundo le ofrecía. Lo que ella respiraba siempre había llegado a ella a través de largos corredores y espirales en la roca. Sabía aun menos de ese aire vivo que se mueve, de esa triple bendición que era la brisa en una noche de verano. Era como una bebida espirituosa que llenaba todo su ser con una felicidad de pureza intoxicante. Respirar era una existencia perfecta. Por momentos creyó estar respirando la luz que la envolvía. Poseída por la poderosa belleza de esa noche, parecía estar destruida y enaltecida al mismo tiempo.

Se encontraba entonces en el corredor o galería que corría sobre los muros que rodeaban el jardín, entre las almenas, pero no se le ocurrió mirar hacia abajo para ver que había. Su alma se sentía atraída a mirar hacia arriba, a la bóveda sobre su cabeza, con su lampara y su infinito espacio alrededor. Finalmente rompió en llanto y su corazón se sintió aliviado, así como la noche se siente aliviada por la lluvia y los relámpagos.

Entonces empezó a pensar. ¡Tenía que guardar este esplendor!¡Sus carceleras la habían mantenido en la ignorancia!¡La vida era una poderosa bendición y ellas la habían privado de ella! No debían saber que ella sabía. Debía ocultar su conocimiento, ocultarlo incluso de sus propios ojos, y tenerlo muy cerca de su corazón, satisfecha por saber que lo tenía, incluso cuando no podía reflexionar en su presencia y hastiar sus ojos con toda su gloria. Alejó entonces su mirada de la visión, y con un suspiro de infinita felicidad tanteó su camino de regreso a la oscuridad de la roca. Recorrió el camino de vuelta lentamente con pasos suaves y silenciosos. Después de todo, ¿qué era la oscuridad y la pereza de sus pasos comparado con lo que había visto esa noche? Se había elevado por encima de todo agotamiento, por encima de todo mal.

Cuando Falca entró a la recámara gritó horrorizada. Pero Nycteris le dijo que no tuviera miedo y le contó como un estruendo y un temblor habían derribado la lampara. Entonces Falca le contó a su ama y en menos de una hora ya había un nuevo globo colgando del mismo lugar donde había estado el anterior. Nycteris pensó que no brillaba tanto como el anterior, pero poco le importo el cambio ya que ahora tenía una riqueza mucho mas grande que esa. Ahora que se reconocía prisionera, su corazón estaba lleno de gloria y alegría, por momentos tenía que contenerse para no levantarse de un salto y ponerse a bailar y cantar por la recámara. Al dormir ya no tenía sueños aburridos, en su lugar tenía visiones esplendidas. Había momentos en los que se veía tentada e impaciente a mirar sus riquezas, pero entonces entraba en razón y se decía a sí misma “¿qué importa si me siento aquí durante años con mi pobre y tenue lampara si ahí afuera hay algo ardiendo como diez mil pequeñas lamparas?”

No tenía dudas de que lo que había contemplado esa vez era el día y el sol, algo de lo que solo había leído y en contraposición, la noche y la luna estaban a su vez representada por su cueva y su pequeña lampara.  

Capitulo X La gran lampara

Paso un tiempo hasta que tuvo la segunda oportunidad de salir al exterior, ya que Falca, desde la caída de la lampara le estaba prestando mucha mas atención y rara vez la dejaba sola. Pero una noche que tenía un poco de dolor de cabeza, Nycteris se acostó en su cama con los ojos cerrados, cuando escuchó que Falca se acercaba y se inclinaba sobre ella. No tenía ganas de conversar así que no abrió los ojos y se quedó ahí quieta. Falca consideró que se había dormido así que la dejo ahí y se retiró silenciosamente de la recámara, Nycteris abrió los ojos justo a tiempo par verla desaparecer detrás de un cuadro, que colgaba de un muro distante al muro donde originalmente estaba colgado. Se levantó de un salto, olvidando su dolor de cabeza y corrió en la dirección contraria, salió, tanteó el camino hasta las escaleras y las subió hasta llegar a la cima, ¡Valgame! La gran recámara no estaba mucho mas iluminada que la pequeña que acababa de abandonar. ¿Por qué? ¡Que pena tan grande!¡ la gran lampara ya no estaba! ¿Acaso su globo también había caído? Quizás entonces su hermosa luz también había sacado grandes alas, como la resplandeciente luciérnaga que se abría paso hacia una recámara aun mas grande y adorable que ésta. Bajo la vista para ver si podía divisar los restos de la lampara rota en la alfombra, pero ni siquiera pudo ver la alfombra. No podía haber pasado nada tan terrible ya que no hubo estruendos ni temblores y todas las otras pequeñas lamparas seguían ahí, brillando con mas fuerza que antes, y ninguna de ellas lucía como si algo inusual hubiese sucedido. ¿Y si cada una de estas pequeñas lamparas crecía hasta convertirse en la gran lampara y luego de un tiempo de ser una gran lampara se iban, salían para convertirse en una lampara aun mas grande, ahí afuera, el afuera que había mas allá de este? Ah, aquí estaba de vuelta, ese ser vivo que no podía ver, venía a ella y esta vez era mas grande. La llenaba de besos y le acariciaba las mejillas y la frente, mientras jugaba gentilmente con su cabello. Pero se detuvo y todo quedo en calma. ¿Se había ido?¿que sucedería a continuación? Quizás las pequeñas lamparas no iban a crecer para convertirse en grandes lamparas sino a caer una por una para salir primero de esta recámara. Y al hacerlo, levantan un dulce aroma del suelo, entonces cayó otra y otra. Ah ¡que delicia! ¡Quizás no iban hacia ella sino que pasan junto a ella siguiendo a la gran lampara! Entonces escuchó el sonido del río, el cual no había oído la primera vez por estar demasiado absorta mirando al cielo. ¿Qué era? Valgame, valgame, otro dulce ser vivo que va de salida. Todos ellos marchaban lentamente en un adorable procesión, uno detrás de otro, cada uno saludándola al pasar. Debía ser así, ahora llegaban mas y mas de esos dulces sonidos, llegaban y desaparecían. ¡Todo lo que estaba afuera se estaba yendo, todos se iban, siguiendo a la gran lampara! ¡Ella sería la única criatura en ese solitario día! ¿Qué acaso no había nadie que pudiera colgar una nueva lampara para reemplazar a la vieja y así evitar que las criaturas se fueran? Se arrastró de nuevo hacia la roca con mucha tristeza. Intentó consolarse diciendo que de cualquier manera seguía habiendo una recámara ahí afuera; pero cuando lo dijo se dio cuenta de que muy pronto sería una recámara vacía y eso la asustó muchísimo.

La siguiente vez que se las arreglo para salir, una media luna colgaba en el este; una nueva lampara había llegado y entonces pensó que todo estaría bien.

Sería eterno describir cada una de las fases de sentimiento por las que atravesó Nycteris, fueron mas numerosas y delicadas que las mismísimas fases de la luna. Una nueva alegría florecía en su alma con cada pequeña variante de naturaleza infinita. A la larga empezó a sospechar que la nueva luna era en realidad la antigua luna, que se había ido y había vuelto igual que lo hacia ella, pero que a diferencia de ella, se desvanecía y volvía a crecer, que era de hecho un ser vivo y al igual que ella debía volver a su propia caverna con sus respectivos cuidadores y soledades, escapando y brillando cada vez que podía. ¿Sería una prisión igual que la suya?¿y se oscurecía cada vez que la lampara la dejaba? ¿Dónde estaría el camino hacia esa prisión? Con eso en mente empezó a mirar hacia arriba y abajo y a su alrededor, y lo primero que notó fueron las copas de los arboles que se levantaban entre ella y el suelo. Habían palmas rebosantes de frutos, arboles de eucaliptos con sus pequeñas capsulas, laureles con sus rosas mestizas, y arboles de naranja con sus nubecillas de estrellas plateadas y sus esferas doradas. Sus ojos podían ver colores que eran invisibles para nuestros ojos a la luz de la luna, y podía distinguir todo esto con facilidad, aunque al principio creyó que eran los colores y figuras de la alfombra de esta gran recamara. Anheló bajar y caminar entre ellos, ahora que sabía que eran criaturas reales, pero no sabía cómo. Recorrió todo el largo de la muralla, incluso hasta el extremo que atravesaba el río, pero no encontró forma de bajar. Se detuvo sobre el río a observar y se maravilló con el agua que corría. No sabía nada sobre el agua excepto que la bebía y la usaba para bañarse, y ahí a la luz de la luna, observó el rápido caudal de agua que fluía cantarinamente y no dudo en creer que el río también estaba vivo, una serpiente que corría rápidamente hacia, ¿hacia afuera? ¿o a dónde? Entonces se preguntó si el agua que le llevaban a su recámara había sido asesinada para que ella pudiera beberla o usarla para bañarse.

Una día que salió a la muralla, se encontró con un temporal de viento. Todos los arboles rugían. Grande nubes cubrían el cielo y tumbaban las pequeñas lamparas, pero no había señal de la gran lampara. Todo era un tumulto. El viento sujetaba su ropa y su cabello y amenazaba con desgarrarlos. ¿qué podía haber hecho para enfurecer de tal manera a esa criatura? ¿O quizás era una criatura diferente, de la misma especie pero mucho mas grande y con otro temperamento y forma de comportarse? ¡Pero todo el lugar parecía enojado! ¿será que las criaturas que viven en ese lugar, el viento, los arboles, las nubes y los ríos, todos estaban enfrentados los unos con los otros?¿sería esa la causa de todo este desorden y confusión? Mientras ella observaba preocupada, la luna, se asomaba lentamente en el horizonte y estaba tan grande como jamas la había visto, estaba roja, como si ella también estuviera consumida por la ira, como si se hubiese visto forzada a levantarse a ver porque sus hijos hacían tanto ruido en su ausencia. A medida que se levantaba, el fuerte viento empezó a tranquilizarse y a golpear con menos virulencia, los arboles dejaban de sacudirse y de quejarse, y las nubes dejaron de agolparse en el cielo. Y como forma de mostrarse satisfecha de que sus hijos se comportaban en su presencia, se hizo mas pequeña mientras se elevaba en el cielo estrellado; sus mejillas hinchadas se desinflaron y su complexión se hizo mas clara y una pacífica sonrisa se dibujo sobre su rostro a medida que se elevaba cada vez mas por el cielo. Pero su corte estaba llena de rebeldes y traidores, ya que en el momento en que alcanzó la cima de su gran escalera, los nubes que se habían agrupado, dejando de lado sus conflictos pasados unieron sus cabezas y conspiraron contra ella. Esperaron hasta que se acercara y se arrojaron todas juntas contra ella, y se la tragaron. Desde lo alto del techo empezaron a caer manchas húmedas, cada vez mas rápido, y humedecieron las mejillas de Nycteris, y ¿qué podía ser sino las lagrimas de la luna, que lloraba porque sus hijos la estaban sofocando? Nycteris también lloró, y sin saber que pensar, volvió consternada a su recámara.

La siguiente vez, salió con miedo y temblando. ¡Pero la luna seguía ahí! Estaba lejos, allá en el oeste, pobre, tenía muy mal aspecto, lucía vieja y desgastada como si las salvajes bestias del cielo la hubiesen mordido, pero ahí estaba, aun con vida y con fuerza suficiente para seguir brillando.

(Continua)

Los Principios del Equilibrio

Por Ivana Akotowaa Ofori

Publicado originalmente en JALADA, edición de junio 2019

“Nbelenyin.”

Levanté la vista de mi plato de saabo. Bayuo me miraba amenazadoramente, de la misma forma en la que me imagino que mira a los gorgojos que invaden sus cosechas. Le sonreí.

“Hola hermano,” le dije. “¿Qué te trae por aquí a esta hora?”

Miré intencionalmente en dirección a su sombra, era corta, el indicador mas obvio de que era demasiado temprano para que hubiese vuelto de la granja. Su malestar aumentó. Bayuo nunca pudo superar el hecho de que yo pudiera darme el lujo de almorzar a la sombra mientras él y el resto de mis hermanos debían trabajar arduamente durante toda la semana. No consideraba que mi trabajo fuese una fuente legitima de ingreso. Según él, yo no era mas que una embustero que hacia dinero engañando al mismísimo equilibrio del universo, obteniendo algo sin hacer nada, lo cual no era así. Yo me consideraba una persona ingeniosa, y si podía utilizar mi don para crear una forma mas libre y flexible de empleo para mi misma, no había ninguna razón para no hacerlo.

“Una mujer vino a la casa,” dijo Bayuo. “Te está buscando a ti.”

“¿Así? Suena prometedor. Dile que estaré ahí pronto. Primero debo terminar mi almuerzo.”

Casi podía escuchar el rugir del estomago de Bayuo mientras le decía eso. En un día de trabajo normal todo lo que come es desayuno y cena.

No se equivoquen, el hecho de que yo almuerce no significa que sea derrochadora. Al contrario, ahorraba tanto que mi hermana pequeña solía preguntarme si le debía dinero a alguien. Solo estaba ahorrando para cumplir mis sueños; ser tan financieramente independiente que podría dejar este país y deambular eternamente, donde sea, en cualquier parte del mundo, hasta el día en que este demasiado cansada o aburrida para seguir viajando. Porque si había algo que odiaba era estar atada a un solo lugar.

“Busca a alguien mas que pase tus mensajes,” dijo Bayuo. “Yo tengo trabajo que hacer.”

Se alejó silenciosamente y yo termine tranquilamente el resto de mi saabo.

*

Cuando llegue a casa, encontré a una mujer con el cabello rapado y rasgos angulares sentada en los escalones del frente. Me recordó a una águila coronada. Vestía un boubou suelto que le hubiese llegado hasta los tobillos sino fuera porque utilizaba parte del vestido como faja para cargar algo sobre su regazo. Lo que sea que cargara en esa faja no dejaba de chillar.

La mujer me miró silenciosamente, como midiéndome, probablemente se aseguraba de que quien sea que la hubiese derivado conmigo no mentía. Su mirada se poso sobre mi cabello, tupido y con rastas de distintas formas y tamaños que he dejado crecer durante los últimos diez años. Eran tan largas que me llegaban hasta las nalgas, caían sobre mis hombros de manera que cubrían los pezones de mis senos casi inexistentes, en realidad eran mas o menos del tamaño de los de Bayuo. Sus ojos recorrían mi rostro, deteniéndose en mis patillas y la linea de vellos sobre mis labios. Bajaron hacia mi angosto torso y siguieron de largo por la amplitud de mi cintura. La única prenda de ropa que llevaba era una pollera de raffia que me llegaba justo hasta las rodillas. Note que la mujer evaluaba mi delgada pero fibrosa figura, quizás se preguntaba que había debajo de esa pollera, ajustándose a la ambigüedad de mi cuerpo. Masculino. Femenino. Ambos. Ninguno.

Una vez satisfecha, levantó la mirada y me miró a la cara.

“Mediadora,” dijo. Hablaba dagaare con un leve acento y por un momento me pregunte cual era su lengua nativa. ¿Sisaala? ¿Gonja? ¿Quizás Dagbani?

“Es mi trabajo si,” reconocí. “Pero en lo personal me dicen Nbelenyin. ¿usted es?”

“Puede llamarme Ma.”

Ese no era un nombre, era como llamaría a cualquier mujer mayor cuyo nombre no conociera. Si quería mantener su identidad en secreto, había que dejarla. No era asunto mío.

“¿Cómo puedo ayudarla Ma?”

Ma se levantó para reducir la distancia entre ambas, desenvolvió la faja de su vestido y lo sostuvo en alto para que yo le viera.

“¡Por la sangre de mis ancestros!” maldije.

La criatura que sostenía difícilmente calificaba como humana. Esta niña estaba apenas con vida. Gritó mas fuerte cuando me vio, el alarido de un kontonbili que accidentalmente ha caído en la trampa de un cazador. Parecía no haber comido desde el día que nació. Su carne estaba tensa y estirada sobre sus huesos, sus hombros, mejillas y mentón, su carne amenazaba con desgarrar su piel en cualquier momento. Eso hubiera sido suficiente para aterrorizarme, pero eran sus ojos, grandes y hundidos, y completamente desprovistos de la alegría de la niñez, lo que me hizo retroceder y temblar visiblemente.

“Su nombre es Ngmennakomantware,” dijo Ma. Ese nombre era una oración desesperada, algo así como “Dios dame lo que es mío”. “Tiene casi un año, esta enferma y al borde de la muerte todos los días. Su espíritu está buscando la forma de escapar de su cuerpo y necesito que lo obligues a quedarse.”

Ngmennakomantware volvió a chillar y el sonido resonó en mi cabeza. Por el estado de la situación, su espíritu ya iba por lo menos a mitad de camino hacia su lugar de origen. No creí que pudiera hacer algo al respecto. Ademas, no era la clase de trabajo que normalmente hacia.

“Lo siento, Ma, pero los bigbanmé, niños resurrectos, son espíritus independientes, completamente a cargo de sus propios asuntos,” le explique pacientemente. “Inclusos Mediadores como yo no tenemos autoridad para interferir en esos asuntos.”

Ma reaccionó violentamente, temí que dejara caer al bebe.

“¡Mi hija no es un bigbanmé!” dijo gritando, “¡su alma es humana!¡humana!”

Retire lo dicho. “Oiga, cálmese, no pretendí ofenderla. Solo digo que a ciertos espíritus les gusta aparecer solo para atormentar madres y marcharse. Si lo deja ir, es posible que eventualmente de a luz a un ser humano real…”

“Escúcheme atentamente, Mediadora,” Ma interrumpió. “Reconozco un espíritu no humano cuando lo veo, y juro por Ngmen que mi hija no tiene uno dentro. ¡Su espíritu humano esta atorado en el otro lado, y necesito que vayas a buscarlo y lo liberes para que pueda cruzar completamente!”

Mis clientes por lo general no me asustan, todo lo contrario, tanta gente tratándome con cautela uno pensaría que era un dios, pero Ma estaba peligrosamente cerca de espantarme en mi propia casa. Intente ser mas cuidadosa con las palabras que utilice a continuación.

“Creo que hay un pequeño malentendido,” dije. “Veras, yo voy al mundo espiritual a entregar mensajes a parientes fallecidos que sus seres queridos no tuvieron la oportunidad de decirle en persona. O rastreo ancestros para pedirles informacion y asi romper maldiciones generacionales. Cosas simples ¿sabe? Cruzar, preguntar, volver y responder. ¿Liberar obstinados espíritus humanos? Lo siento, pero esta muy fuera de mis capacidades.”

Esperaba que eso convenciera a Ma para que diera media vuelta y volviera a su casa, donde Ngmennakomantware pudiera finalmente morir en paz. Pero solo se quedo ahí mirándome, y no me atreví siquiera a pestañear.

Al cabo de unos minutos, me dijo, “Mediadora, ven conmigo. Necesito mostrarte algo.”

El sentido común me decía que seguir a una mujer obstinada con un bebe medio muerto era una idea pésima, pero tenía mas miedo de lo que haría si me negaba.

Me llevo hasta la parte de atrás de mi casa, donde había una canasta tejida de mimbre con tapa, parcialmente cubierta por un pequeño arbusto. Se pasó el bebe al brazo izquierdo y con su mano libre levanto la tapa de la canasta. Cautelosamente, me incline para ver que había dentro y lo que vi me dejo sin aliento.

La canasta estaba llena de conchas de cauri, la mayor cantidad que había visto junta en un solo lugar, mas de lo que podría haber juntado ahorrando por años. Con esta cantidad de dinero quizás no tendría que volver a trabajar otro día de mi vida. ¡Podría empezar a tener el estilo de vida de mis sueños de inmediato! Esto me resulto sospechoso desde luego.

“¿De dónde sacaste todo esto?” pregunté. No podía imaginar que alguien pudiese obtener esta cantidad de dinero sin que haya habido alguna brujería de por medio.

“De donde lo saque no es importante. Pero sepa que todo esto le pertenece si puede hacer que el alma de Ngmennakomantware se quede en su cuerpo.”

¡Oh! ¿Cuantas veces tendré que repetirle a esta mujer que no tengo el poder de hacer lo que ella quiere?

“Por favor,” rogó. “Necesito que mi bebe viva. Por favor.”

Me masajee la frente, intentando calmar el estrés. Tenía que encontrar la manera de aplacarla, de darle algo. De lo contrario no me dejaría en paz.

“Bien, te diré que vamos a hacer,” dije. “¿Qué te parece si por una pequeña cantidad, cruzo al mundo espiritual e intento localizar el alma de Ngmennakomantware? Solo para, tu sabes, descubrir cual es el problema y por qué está intentando irse tan pronto. Cuando tenga respuestas, volveré y te lo informare.”

En ese instante, Ma dejo el bebe en el suelo, tomo dos manojos de conchas de cauri y las volcó en mis brazos. “Un adelanto,” explicó. “El resto cuando el trabajo este completado.”

Localizar el espíritu era el trabajo final.

“Ehm, si seguro. ¿Dónde puedo encontrarla cuando vuelva?”

“Yo vendré a verte. Solo haz tu trabajo.”

Me encogí de hombros. “Así lo haré, Ma.”

*

La mayoría de los cuerpos son demasiado desproporcionados para entrar y salir de una realidad, pero moverse entre mundos es como cruzar un río sobre una rama extremadamente delgada con un equilibrio perfecto e inquebrantable. Algo que se nos da bastante fácil a los Mediadores. La fluidez está tallada en nuestra carne.

Apenas pise el mundo espiritual sentí el inconfundible hedor de las secreciones de las civetas. Las arcadas fueron tan fuertes que tuve que tomarme unos minutos para recordar como volver a respirar.

Aterrice en el mismo bosque que aterrizaba cada vez que cruzaba, rodeada de pastizales que me llegaban a la cintura, arboles cinco veces mi altura y no mucho mas que eso. El mundo espiritual es como naturaleza indómita que responde a la voluntad de quienes lo transitan. Cuando levante la vista, las ramas se apartaron para dejar pasar la luz del sol. Donde yo estaba parada el pasto me llegaba apenas hasta los tobillos y seguía achicándose a cada paso que daba.

“Nbele-bele-belenyin,” canturreó una voz burlona.

Gire en dirección a la voz y vi a una civeta salir a la luz, con brillo en sus malvados ojos y una sonrisa de superioridad en el rostro. Su retaguardia moteada se bamboleaba mientras caminaba hacia mi. Me estremecí. Las civetas eran las únicas criaturas en ambos mundos que realmente me espantaban, y el mundo espiritual estaba lleno de ellas. Eran como las Mediadoras del reino animal. La primera vez que me encontré una, no pude discernir si estaba mirando a una criatura canina o felina, un tipo de comadreja o una hiena. Las civetas eran su propia especie, se jactaban de su ambigüedad y dejaban marcas en ambos mundo utilizando sus repugnantes y apestosas secreciones.

“¡Nbelenyin!” continuó el animal. “Que de- de- delicia verte nuevamente por aquí. Me pregunto ¿cuál es tu misión esta vez?”

Caminaba en círculos a mi alrededor, obligándome a seguirlo con la mirada ya que no confío en una civeta como para perderla de vista.

“Estoy buscando a un espíritu cuyo nombre aun no conozco,” le dije. “Hay una niña conectada a este espíritu en el mundo de los vivos que esta muriendo rápidamente.”

“¡Una niña!” canturreó la civeta. “¡Que adorable, adorable, adorable! Si este espíritu es tan rebelde ni siquiera una Mediadora debería interferir en sus asuntos ¿verdad?”

Elegí una dirección arbitrariamente y empece a caminar para alejarme de ahí. Desafortunadamente, la vil criatura me siguió.

“Mi clienta es muy persistente,” le dije. “Ademas, no tengo la intención de interferir con nada. Solo voy a encontrar al espíritu, hacerle un par de preguntas y me iré. Como siempre lo hago.”

La civeta resoplo y sospeche que se estaba riendo de mí.

“¿Qué tan comprometida estas con esta niña Nbelenyin?”

“En lo mas mínimo. Ya me han pagado mas dinero de lo que vale este viaje. Solo intento apaciguar a la demente de mi clienta.”

“¡He-he-heeh! Si, eso es lo que pensé,” me dijo. Entonces salto sobre una rama baja y se desvaneció.

Cuando la civeta se fue, el bosque también empezó a desaparecer. Me encontraba ahora en medio de una ciudad de colorida vegetación, con cada planta que podría imaginarme y muchas mas que no sabría nombrar. Algunos de los accidentes geográficos, el suelo, las rocas, los hormigueros y demás, estaba hechas de tierra, pero el resto estaban hechos de minerales puros de la tierra, como el hierro, el cobre, el diamante y el oro.

Había un numero infinito de direcciones hacia donde ir y no tenia idea cual me llevaría hasta el espíritu de Ngmennakomantware. Afortunadamente, estaba rodeada por las criaturas cuyas habilidades de navegación eran infalibles.

“Disculpe,” le dije a un cuervo cerca mio. “Estoy buscando a una niña llamada Ngmennakomantware. Es particularmente obstinada, no parece querer quedarse en el mundo de los vivos, pero según me dicen es definitivamente humana y no un bigbanmé. ¿Por casualidad sabes donde puedo encontrarlo?”

“El espíritu que buscas se hace llamar Nkongaa en estas tierras,” respondió el cuervo. “Vive en el Valle de Marfil.”

“Muchas gracias,” le dije, me aleje con visibles signos de preocupación. Si necesitaba mas confirmación de que el plan de Ma era una mala idea, el hecho de que el espíritu de su hija literalmente se llamara “No iré” en este mundo era mas que suficiente.

Muy pronto llegué a una parte del mundo espiritual donde todas las colinas estaban hechas de un suave y cálido marfil. Intentando no perder el paso, descendí a un valle entre dos grandes colinas y ahí, encontré el espíritu que estaba buscando.

Nkongaa no era lo que había esperado. El cuerpo que había visto en el mundo de los vivos pertenecía al de una niña de un año, frágil como una pluma. Pero Nkongaa, sentado en una silla mecedora de madera con las piernas y los brazos cruzados, con un palillo de mascar en la boca, había tomado la forma de un hombre humano que si lo hubiese conocido en el mundo de los vivos tendría unos setenta años. Era calvo pero tenía una gruesa mata de cabello gris alrededor de la cabeza que se conectaba con el bigote y la barba que tenían la misma textura. Sintió mi presencia sin siquiera mirarme, y las primeras palabras en salir de su boca fueron las de su nombre.

“No iré,” me informó, con su mirada fija en las colinas de marfil.

“Claro, también me da gusto conocerle. Mi nombre es Nbelenyin,” le dije. “No estoy acá para obligarlo a ir ningún lado, para que lo sepa.”

“No me mienta Nbelenyin,” dijo Nkongaa. “No sería la primer Mediadora en intentar persuadirme de regresar al mundo de los vivos. He dicho que no iré.”

“Respeto completamente su decisión,” le dije a la vez que asentía con seriedad. Me miro por primera vez desde que llegue y lo único que sus ojos dejaban ver era desconfianza.

“¿Intentas engañarme?”

“¿Engañarlo, yo? ¡Santos cielos no! Le dejo ese tipo cosas a las arañas. Las Mediadoras, aunque ocasionalmente ambiguas a la vista, no nos presentamos como otra cosa que como realmente somos. Con nosotras, lo que ves es lo que hay. Somos de las personas mas sinceras que existen.”

Nkongaa se quito el palillo de mascar de la boca para escupir y me revolvió el estomago ver la raíz de Garcinia Kola que masticaba. Parecía que había masticado esa raíz durante años.

“Entonces,” dijo él, reemplazando el palillo entre sus dientes. “¿Qué es lo que quieres?”

“Solo una explicación. Sino le molesta, me diría por qué no quiere regresar exactamente, y así puedo satisfacer a quien sea que le interese en el mundo de los vivos. Quizás sea lo mejor que pueda hacer para que lo dejen tranquilo. A las personas le gustan las respuestas, ¿sabe? He aprendido por experiencia que los humanos hacemos un montón de cosas ridículas y molestas cuando no tenemos respuestas. Solo he venido para ayudar.”

“Hmm.”

Me senté en el suelo junto a él, me cruce de piernas y aclare mi garganta. “Cuando este listo.”

Nkongaa volvió a escupir, arrojo el palillo de mascar al suelo de marfil. “¿Cuántas vidas ha vivido, Nbelenyin?”

La pregunta me tomo desprevenida.

“No lo sé,” Admití. “Esta puede ser mi primera. Si hay vidas detrás mio, no tengo recuerdos de ninguna.”

“Considera eso un privilegio,” gruño Nkongaa. “¿Sabes cuántas vidas he vivido yo? Ochenta y tres. ¿Has oído de un espíritu que haya vivido ochenta y tres vidas?”

Tengo que admitir que nunca había oído de tal cosa. Si me pides describir la relación entre ambos mundos en una sola palabra, no pensaría demasiado en usar la palabra “equilibrio.” Ya que por todo lo que se da, algo mas se quita, y viceversa. Por cada espíritu que regresa al mundo espiritual, otro nace en el mundo de los vivos. Cuando los ancestros pierden interés en regresar a la vida, se crean espíritus nuevos que nacen en el mundo de los vivos por primera vez y así pagar el déficit causado por quienes eligen salirse del ciclo de reencarnaciones. Es así como la población humana en ambos mundos ha crecido de manera constante. Todo esta sostenido por los principios del equilibrio. Es por eso que la historia de Nkongaa era tan sorprendente, no había equilibrio en un espíritu renacido ochenta y tres veces, cuando hay tantos otros a los cuales el universo pudo haber elegido. ¡Por Ngmen! Yo estaría exhausta después de la cuarta vez.

“Nunca en mi vida,” respondí.

“¡Ya lo ves! Nbelenyin, cada una de mis vidas después de la primera ha sido progresivamente peor que la anterior, y cada vez que regreso noto que el mundo de los vivos esta cada vez mas deteriorado. Por lo general uno no recuerda sus vidas pasadas mientras está en el mundo de los vivos pero cuando muero y regreso aquí, es como si un milenio de cansancio cayera sobre mi. No estoy todo el tiempo sentado en el Valle de Marfil porque no quiera deambular por ahí, ¡estoy aquí todo el tiempo porque no tengo la fuerza para irme! Siento el desgaste de haber vivido tanto y con tantas ganas como ningún otro espíritu que hayas conocido antes. Lo único que siempre he deseado, y solo Ngmen sabe durante cuanto tiempo, es descansar permanentemente del esfuerzo, la adversidad y las necesidades carnales. Me pasa todo el tiempo, cuando pienso que soy libre, ¡siento el tirón que quiere llevarme de vuelta! ¡No iré! ¡He hablado, No iré!”

Para cuando termino de despotricar, estaba llorando y a los gritos, y para sorpresa mía, yo también tenia los ojos llorosos. Tuve que fingir una tos para asegurarme que no me iba a temblar la voz cuando hablara.

“Bueno, esa es… es una explicación muy razonable, creo. Muchas gracias. Me aseguraré de transmitirla. Y, ehm, espero que las cosas le funcionen esta vez, y pueda, ya sabe, descansar aquí por la eternidad si es lo que usted necesita. Es decir, personalmente yo no puedo imaginarme atada a un solo lugar ni siquiera por dos siglos pero bueno, cada loco con su tema ¿no? Bien, volveré por donde vine entonces. Gracias de nuevo,” le dije, me levante sacudiendo mis rastas.

“Nbelenyin,” dijo Nkongaa mientras me preparaba para volver a mi mundo.  

“¿Sí?”

“Siempre deteste pedir favores, pero necesito pedirte uno ahora. Convenza a quien sea que esté intentando llevarme de vuelta de que me deje quedarme. No tengo fuerza para la vida ochenta y cuatro, y no me importa si tiene que matar a la bebe usted misma.”

La idea me incomodó. “Bueno, el homicidio no es uno de mis técnicas de resolución de conflictos preferidas pero haré lo mejor que pueda para ayudar dentro de ciertos limites,” le prometí. Entonces salí rápidamente del mundo espiritual antes que me pidiera algo todavía mas absurdo.

Me materialice repentinamente en la habitación que compartía con mis hermanos. Perdí el equilibrio, tropecé y me golpeé la rodilla con la cama de Bayuo. Grite y di un salto hacia atrás y aterrice justamente sobre Bayuo.

“¡Sangre de mis ancestros!” relinchó. “¿qué no puedes regresar a este mundo de forma mas ordenada? ¿Por qué siempre estas chocando contra algo, o alguien?”

“¡Es porque siempre hay algo o alguien que se mete en mi camino!” hice una pausa, y note que la casa estaba en silencio. “Espera. No hay nadie mas en la casa. ¿Qué haces tu en casa tan temprano?”

Su rostro se oscureció, y todo rastro de rivalidad entre hermanos se desvaneció temporalmente.

“Te estaba buscando.”

“¿Por qué?”

“La mujer, la que vino hace unos días. Volvió a venir, y tu no estabas así que me busco a mi en la granja. Es impaciente, y Nbelenyin…” sus ojos escanearon la habitación como si esperara que algo pudiera saltar sobre nosotros, y bajo la voz hasta convertirse en un susurro. “Creo que hay algo muy peligroso sobre esta mujer. Creo que puede estar realmente demente. Ha hecho algo… Bueno, deberías verlo por ti misma.”

Seguí a Bayou hasta la puerta del frente. Ma estaba apoyada sobre los mismos escalones donde la había conocido, con el bulto sobre sus brazos como de costumbre. Salí de la casa y cuando me aleje de los escalones me di vuelta para enfrentarla.  

“Buenas tardes, Ma,” la salude.

Me miró amenazadoramente, con un desprecio tal que como Bayuo nunca hubiese podido. “Han pasado días Mediadora, y aun no has completado mi trabajo. Mi bebé sigue enferma y se pone cada vez peor. Pensé que podías necesitar un pequeño incentivo para completar tu misión.”

Suspire. “Mira, Ma, no eres mi única clienta, y he estado trabajando en varios proyectos en un periodo muy corto de tiempo. Ademas, he hecho lo que prometí que iba a hacer, encontré el espíritu de tu hija y descubrí cual es el problema. Veras, esa alma ha vivido ya ochenta y tres vidas. ¿Me oyes? ¡Ochenta y tres!”

Ngmennakomantware sería su vida numero ochenta y cuatro, es un alma exhausta. Hasta yo puedo verlo. ¿Sabes que tan anciano y cansado tienes que estar para lucir así de viejo en el mundo espiritual? Esta desgastado, Ma. No es la clase de alma que quieres para tu bebé.

“¿Crees que acudí a ti porque quería que me dijeras que deje morir a mi única hija?”

“Con todo respeto Ma, con un alma tan vieja, incluso si curamos la enfermedad de Ngmennakomantware ahora, es probable que aun así no pase de su infancia. Se lo que me pediste, y te lo repito: la restauración de almas no está dentro de mis capacidades. Solo soy Mediadora, una mensajera, si prefieres. Lo que me estas pidiendo es brujería o simplemente imposible.”

“Ah. Ya veo.” dijo con una calma exagerada, mientras se ponía de pie. “Espero que te diviertas al tomar esa decisión entonces.”

“¿Cómo dice?”

“Brujería o imposible. La elección es tuya. Yo ya he hecho la mía.”

Bayuo tenia razón al decir que esta mujer se había vuelto loca, no pude entender nada de lo que decía. Empezó a cambiar el bebe de brazo cuando me di cuenta que no había oído llorar a la criatura durante nuestra interacción. ¿Será que Ngmennakomantware estaba tan cerca de la muerte?

Ma colocó el bulto en posición vertical y dejo caer la tela que lo cubría. Lo que vi me dejo sin aliento.

Sobre las manos de Ma había una figura de madera, un Kpiindaa, hecha de madera ancestral, como de treinta centímetros de alto. Estaba mas que claro que no era un Kpiindaa ordinario, era muy fácil de identificar. Era como otros Kpiinda, hecho de madera, suave, tallado sin genitales, pero el que ella sostenía tenía tallados específicos e intrincados que recorrían mas de la mitad del largo del madero. No había duda de quien eran esas rastas, ese cuerpo, que la figura pretendía representar.

Durante varios segundos no pude respirar.

“Esta prohibido hacer kpiinda de personas que aun están vivas,” le dije con tranquilidad. Como si ella no lo supiera mientras lo hacia.

“¿Sabes que pasaría si quemo esta kpiinda Mediadora?” preguntó, mientras se asomaba el primer atisbo de sonrisa que había visto en su rostro.

“Si.” Me mataría y me encerraría dentro de mi cuerpo, sin poder cruzar, ni siquiera después de mi muerte. Nunca había conocido a alguien con la maldad o la locura suficiente para hacer algo como esto. “¿Por qué estas haciendo esto?” susurré.

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que el viento soplo aire frio sobre mi rostro.

“Obliga al espíritu de mi hija a quedarse,” dijo Ma. “Por los medios que sean necesarios. Porque si ella muere… entonces tu también.”

Ma levantó la tela del suelo, envolvió la kpiindaa prohibida y se alejo caminando, dejándome ahí, petrificada en el mismo lugar. Una vez que se fue, Bayuo hizo algo que no había hecho en muchos años: camino hacia mi y me abrazo. Cuando estuve entre sus brazos y sus mejillas hicieron contacto con mi frente me di cuenta de que el también estaba llorando.

*

Las hojas crujían bajo nuestros pies mientras Bayuo y yo caminábamos sigilosamente a través del bosque con la luna como nuestra única fuente de luz. Nos escabullimos de la casa mientras el resto dormía con la esperanza de seguir con vida por la mañana. Bayuo, aunque era mayor, mas alto y corpulento, caminaba incómodamente cerca mio, aferrándose a mi ante cada ruido que escuchábamos a nuestro alrededor. Yo también estaba aterrada, pero no por la oscuridad o por los arbustos.

Mi peor pesadilla se estaba haciendo realidad. No era la amenaza sobre mi vida lo que me afectaba tanto sino la idea de quedar atada a un cuerpo muerto y podrido aquí en la tierra para siempre.

“Nbelenyin,” susurró Bayuo, interrumpiendo mis pensamientos. “¿Qué pasa si nos ataca una serpiente venenosa?”

Era ridículo que Bayuo se preocupara tanto por serpientes considerando que la persona a la que íbamos a ver era mucho mas digna de preocupación.

“¿A esta hora? La serpientes son de sangre fría. Salen durante el día, a la luz del sol. De noche, buscan un lugar recluido y oculto para que humanos molestos como nosotros no perturben su preciado sueño. “¡Oh!” estire el brazo sobre él para detenerlo. “¡No te muevas!”

“¿Qué paso?¿Qué viste?”

“Hemos llegado.”

La entrada a la cueva estaba tan bien camuflada que casi pasamos de largo. El exterior estaba cubierto con corteza de árbol y hojas cortadas de arboles cercanos y esparcidos sobre el techo. Los Kontonbili, son excéntricos y entrometidos pero no les gusta ser fáciles de encontrar.

“¿Qué hacemos ahora?” preguntó Bayuo.

“Hacemos lo que corresponde, claro.”

Golpee la puerta de corteza, con determinación pero sin agresividad. Pasaron varios minutos y nada.

“¿Quizás no te escucho?” dijo Bayuo. “Golpea mas fuerte.”

“No cariño,” dijo una voz estridente detrás nuestro que nos hizo maldecir en voz alta. “A menos que quieras despertar a las serpientes.”

La criatura que habló le guiño el ojo a Bayuo, y se hubiera desmayado si yo no lo hubiese sujetado. La miro de la misma forma en que las personas que no me conocen suelen mirarme; una cosa es saber de la existencia de alguien, otra muy diferente es encontrársela en persona.

Yo no era particularmente alta, pero la cabeza de la kontonbili apenas me llegaba al pecho. Era adulta, sin lugar a dudas. Tenia rastas como las mías, pero las suyas eran mucho mas gruesas, blancas y solo hasta los hombros. No llevaba puesto un top y sus senos llegaban casi hasta su ombligo. Una cadena de cuentas le daba vueltas y vueltas a su cuerpo cubriendo sus genitales, desde el vientre hasta los muslos.

“No me agradan los insultos y maldiciones,” continuó hablando. “Pero siempre son las primeras palabras en salir de la boca de los humanos donde sea que los encuentre. ¿Es extraño verdad?”

En alguna otra ocasión me hubiese divertido encontrar un ser espiritual con sentido del humor, pero había perdido el mio ese día mas temprano cuando una mujer demente con un estatuilla demoníaca había amenazado tanto mi vida terrenal como la espiritual.

“Si, claro, es muy extraño.” le dije. “Escucha, tengo un dilema con el que ningún otro ser humano puede ayudarme.”

“Por supuesto, cariño. Es la razón por la todos vienen a verme ¿no es así? ¿por qué no me cuentas todo mientras tomamos una buena calabaza de pito?”

“Gracias, pero no, gracias.” le dije, antes de que Bayuo pudiera responder. La kontonbili podía ser de ayuda en situaciones en que ninguna otra criatura podía pero también eran embaucadores impredecibles, y lejos de ser confiables. Pedirle ayuda a uno ya era riesgo suficiente, consumir cualquier cosa que te ofrezca estaba fuera de discusión.

“Oh bueno. Ustedes se lo pierden. Y bien, ¿qué es lo que necesitan entonces?”

Le explique mi situación a la kontonbili mientras Bayuo sostenía mis temblorosos hombros.

“Ah si, ya veo,” me dijo cuando termine mi relato. “Es un problema bastante complicado el que tienes. ¿cómo planeas resolverlo?”

“¿Qué? ¡Por Ngmen, no lo sé! ¿Por qué crees que acudí a ti? ¡Una demente quiere matarme y atarme sino salvo a su condenado bebe!”

“Ahhaa.” Asintió con solemnidad. “Suena a que tienes que salvar a su bebe, entonces.”

“¡No tengo idea de como salvar a su bebe!¿Acaso no has estado escuchando? Su espíritu esta determinado a quedarse en el mundo espiritual. Lo único que tengo es mi audacia y elocuencia, y aun cuando ocasionalmente puedo ser persuasiva, esta lejos de ser brujería.”

“Ahhaa. Suena a que estas buscando brujería para salvar al bebe.”

Esto es absurdo.

“¡Estoy buscando,” dije entre dientes, “una manera… de salvar… mi vida!”

“Valgame. Parece que te estas poniendo nerviosa. ¿Estás segura de que no quieres un poco de pito para calmarte?”

Suspire y me di vuelta hacia Bayuo, estaba a punto de sugerirle que dejáramos de perder el tiempo y volviéramos a casa cuando continuo hablando, “el alma que conociste en el mundo espiritual está dividida; atada parcialmente al mundo espiritual por el poder de su propia voluntad y atada a este mundo por el poder de tu clienta. Pero hay una manera de arreglar esa condición.”

“Podrías haberme dicho eso un minuto atrás,” murmuré.

“Muéstranos cómo hacerlo,” dijo Bayuo. “Haremos lo que sea.”

“Oh si,” dijo la kontonbili. “Sé que lo harán.”

*

Aterrice de rodillas en lo que debe haber sido mi peor cruce al mundo espiritual que haya experimentado en años.

“¡Vaya vaya!” dijo divertida la civeta. “Nbelenyin ¿has vuelto tan pronto? Me pregunto ¿qué misión te trae por aquí esta vez?”

“La misión,” dije gruñendo, mientras me levantaba y me quitaba el polvo, “no es de tu incumbencia.”

“¡Vaya, vaya! Que grosera te has puesto de un día para otro.”

“Por favor, solo déjame en paz, civeta, te lo ruego.”

“Como desees, Nbelenyin. Solo actúa con sensatez,” advirtió la civeta mientras se desvaneció en el bosque, “solo actúa sensatez…”

De vuelta en el Valle de Marfil, Nkongaa no parecía haberse movido en absoluto desde la ultima vez que hablamos, excepto por sus mandíbulas y por suerte esta vez el palillo de mascar entre sus dientes era fresco. Cuando me acerque, me sonrió de manera tan expectante que casi me derrite el corazón.

“¡Nbelenyin! ¡Has regresado!¿Has contado mi historia?¿Qué fue lo paso?”

“Claro que regrese,” le dije. “Tengo buenas y malas noticias. Empezare por las malas, como buena narradora, así avanzamos lentamente hasta la parte buena. Bien, la madre de la niña, en la cual tu espíritu estaba atrapado, es una mujer detestable. Está decidida a hacer todo lo que pueda para mantener a su hija con vida.”

Nkongaa bajo la mirada. “Ya veo.”

“Sin embargo, ahí es donde entran las buenas noticias. Encontré la forma de arreglar la división de tu alma, es decir lo que estas padeciendo en estos momentos. Encontré la forma de unirla y atarla a un mundo y solo a uno.”

Sus ojos se abrieron grande en señal de asombro y esperanza. “¿Lo dices en serio?”

“Muy en serio. Y eso ni siquiera es la mejor parte. Este método ata el alma a un solo reino permanentemente. No tendrás que renacer nunca mas.”

Nkongaa se había quedado sin palabras. Cuando volvió a hablar, su voz era tan bajita, que hasta tuve que leerle los labios. “¿me estas diciendo la verdad?”

“Todo lo que he dicho es verdad, lo juro por Ngmen.” Se relajo visiblemente después de oír eso.

“¿Y cómo descubriste este método en tan poco tiempo?”

“Le pedí ayuda a una persona muy bien informada.”

“¿Kontonbili?” preguntó. Bueno, no pretenderías engañar a alguien que ha vivido ochenta y tres vidas, ¿no?”

“Si,” admití. “Pero sé que no estaba mintiendo. Busque a una kontonbili distinta para que me corroborara lo que la primera me dijo.” Y gracias a toda esa caminata, Bayuo y yo no dormimos prácticamente en toda la noche.

“Si, hiciste bien. Los kontonbili viven para ellos mismos. Así como pueden ayudarnos también pueden ser nuestra perdición. Fuiste sensata al buscar confirmación.”

Me encogí de hombros. “¿Qué es una Mediadora sino una habilidosa navegante de los asuntos espirituales?”

Nkongaa sonrió. “Esta bien, entonces, heroína, ¿qué tenemos que hacer?”

Le devolví la sonrisa. “Pensé que nunca preguntaría.”

Del morral tejido que traía atado a mi espalda, saque una flauta de iroko y se la entregué a Nkongaa, quien lo inspeccionó detenidamente.

“Creo que reconozco este instrumento,” dijo él. “Parece un tambin. Del tipo que hacen los Fulani.”

“Se parece si, pero este objeto fue hecho en Dagaabaland, estas sosteniendo la mitad del mismo. Es un proceso simple; soplas en esta mitad y la criatura que tiene el resto de tu alma inhala desde la otra mitad y así de simple, tu alma queda restaurada permanentemente.”

“¿Así que, todo lo que tengo que hacer es soplar?”

“Todo lo que tiene que hacer es soplar.”

A Nkongaa se le llenaron los ojos de lágrimas lentamente. Su voz se quebró al hablar. “Nbelenyin… no sabría como empezar a agrad…”

“Deténgase ahí. Las escenas emocionales tampoco son parte de mis capacidades, así que por favor no se me ponga emotivo. Solo sople.”

Con sus ojos húmedos y borrosos, asintió lentamente, entonces soplo en el tambin.

“Una sensación extraña,” comento unos segundos mas tarde. “Creo que… me estoy haciendo mas pesado.”

“Lo siento Nkongaa,” susurré.

Su expresión cambió rápidamente cuando comprendió lo que sucedía y lanzó un gruñido.

Nada de lo que le había dicho era falso, solo que le había dado el extremo equivocado de la flauta. La que él debería haber soplado estaba ahora en la boca de Ngmennakomantware, tarea que había encomendado a Bayuo antes de cruzar. El alma se estaba restaurando pero en el mundo de los vivos no en el espiritual.

“¡Nbelenyin! ¿Qué has hecho?” gritó Nkongaa, mientras lo ultimo de su ser se desvanecía de este mundo para siempre.

“Lo siento,” Volví a susurrar, pero él ya no estaba ahí para oírme.

Me senté, escondí mi rostro entre mis manos, y lloré con mas pena y culpa como nunca había sentido en mi vida. Era imposible aprender a convivir con el odio que sentí por mi misma en estos momentos. Sentí que lloré durante horas.

Cuando volví a abrir los ojos, estaba en el bosque de civetas. La civeta estaba sentada sobre sus patas traseras, me miraba con desdén.

“Pobre Nbelenyin,” dijo la civeta. “¿Es una sensación extraña verdad? ¿Estar atada?”

“¿Qué no ves que no estoy de humor repugnante criatura? Largate por favor. O mejor aun yo me iré.”

Me puse de pie limpiando furiosamente mis lagrimas con la palma de mis manos y di unos pasos hacia adelante. Debería haber aterrizado de vuelta en mi habitación, pero sin importar que tanto me concentrara, cada vez que mis pies tocaban tierra, era el pastizal del territorio de la civeta. Intenté trotar e incluso correr, pero no podía salir del maldito bosque. La civeta estaba inusitadamente tranquila y me miraba entretenida. Era evidente que sabia exactamente lo que sucedía. Me volteé hacia ella furiosa.

“¿Por qué no puedo cruzar?” pregunté.

La civeta se estiró, bostezó y se recostó. “¿Qué acaso no es obvio Nbelenyin? Claramente has perdido tu equilibrio. El equilibrio es el principio con el que funciona el universo, y parece que esta vez…” pausó para bostezar nuevamente. “Tú eres el pago por el déficit que produjiste.”

Me congelé. Y solo pude gritar.

“Oh, mira,” dijo la civeta. “Ya se te empiezan a notar las amarras.”

Seguí su mirada hacia mi pecho, donde mis senos habían crecido casi hasta el tamaño de los de mi hermana. Instintivamente me lleve los dedos a mi labio superior y sentí como se me caían los manojos de cabello.

“Pobre Nbelenyin,” se burló la civeta. “Que lastima que ya no es Mediadora.”

La historia de Photogen y Nycteris (1era parte)

Un cuento del día y la noche

Por George MacDonald

Capitulo I Watho

Había una vez una bruja que deseaba saber todo. Pero mientras mas sabia era una bruja, mas duro choca su cabeza contra la pared cuando llega a serlo. Su nombre era Watho y tenía un lobo en su mente. No sentía cariño por nada en particular, solo por el conocimiento. No era cruel por naturaleza, pero el lobo la había convertido en una persona cruel.

Era alta y elegante, de piel clara, cabello rojo y ojos negros, negros con un fuego rojo ardiendo en ellos. Por lo general tenia un postura erguida y fuerte, pero de vez en cuando se doblaba sobre sí misma, temblaba y se sentaba por un momento con la cabeza inclinada sobre su hombro, como si el lobo hubiese salido de su mente y movido hacia su espalda.

Capitulo II Aurora

Esta bruja recibió la visita de dos damas. Una de ellas pertenecía a la corte y su esposo la había enviado a una embajada distante y complicada. La otra era una joven viuda cuyo esposo había fallecido recientemente y que desde entonces había perdido la vista. Watho las atendió en distintas partes de su castillo, y no supieron de su existencia la una de la otra.

El castillo estaba construido sobre la ladera de una colina que descendía gentilmente a un angosto valle por el cual corría un rio por un canal pedregoso. El jardín llegaba hasta la orilla del rio rodeado por altas murallas que cruzaban el rio y se detenían. Cada muro tenia una doble fila de almenas y entre las filas había un angosta pasarela.

En el piso superior del castillo, Lady Aurora ocupaba un espacioso habitáculo de varias habitaciones grandes mirando al sur. Las ventanas mirador se asomaban al jardín debajo y tenia una esplendida vista panorámica del rio. El lado opuesto del valle era estrecho y no muy alto. A lo lejos se veían picos nevados. Aurora rara vez dejaba sus aposentos, pero sus aireados espacios, con el cielo y el paisaje brillante, abundante luz solar, instrumentos musicales, libros, cuadros, curiosidades, y la compañía de Watho que con todo su encanto prevenían cualquier atisbo de aburrimiento. Tenia carne de venado y aves silvestres para alimentarse, leche y vino blanco centelleante para beber.

Tenía un cabello dorado como el oro, ondulado, de piel clara pero no tan blanca como la de Watho, y sus ojos eran azules como el cielo; tenía rasgos delicados pero fuertes, su boca era grande y finamente curvada, a menudo atestada de sonrisas.

Capitulo III Vesper

Detrás del castillo la colina se elevaba abruptamente, la torre del noroeste, de hecho, estaba en contacto con la roca y se comunicaba con el interior de esta. En la roca había una serie de cámaras conocida solo por Watho y una sirvienta de su confianza llamada Falca. Antiguos propietarios del castillo habían mandado a construir estas cámaras imitando la tumba de un Rey Egipcio y probablemente utilizando el mismo diseño, ya que en el centro de una de ellas había lo que solo podía ser un sarcófago, pero tanto ese como otros estaban amurados. Las paredes y los techos estaban tallados con un bajo relieve y curiosamente pintados. Aquí fue donde la bruja alojó a la mujer ciega, cuyo nombre era Vesper. Sus ojos eran negros con largas y oscuras pestañas, su piel parecía de un color plateado oscuro pero era mas bien pálida, de cabello negro y lacio, sus rasgos eran exquisitos, lo único que atentaba contra su belleza era su tristeza. Tenia una apariencia como si quisiera recostarse y no volverse a levantarse jamas. Ella no sabia que estaba alojada en un tumba, aunque de vez en cuando se preguntaba porque nunca había tenido contacto con una ventana. Habían muchos sillones, cubiertos de la mas fina seda y tan suave como sus propias mejillas donde ella se recostaba, y las alfombras eran tan gruesas que podía acostarse prácticamente en cualquier lado. El lugar era seco y cálido, con ventilación cuidadosamente diseñada, por lo que siempre estaba fresco y lo único que faltaba era la luz del sol. Ahí, la bruja la alimentaba con leche, y vino tan oscuro como un carbúnculo, granadas y uvas purpuras, y aves del pantano, le tocaba tristes melodías que acompañaba con el llanto de violines, le contaba historias tristes y así la mantenía en una atmósfera de melancolía constante.

Capitulo IV Photogen

Eventualmente Watho tenía lo que había deseado, ya las brujas con frecuencia se salen con la suya; un niño maravilloso nació de la bella Aurora. Abrió sus ojos al mismo tiempo que el sol salia esa mañana. Watho lo tomó en sus brazos, se lo llevo a una parte distante del castillo, y persuadió a su madre que solo había llorado una vez y que había muerto durante el nacimiento. Sobrecogida por la pena, Aurora abandonó el castillo tan pronto como le fue posible y Watho no volvió a invitarla jamas.

El objetivo de la bruja era que el niño no conociera nunca la oscuridad. Lo entrenó con dedicación hasta que éste no pudo volver a dormir de día y no se despertó jamas durante la noche. Nunca lo dejaba ver cosas negras y hasta alejo todo lo que fuera de un color opaco. Mientras pudiera evitarlo nunca dejaba que siquiera una sombra se posara sobre él, lo mantenía lejos de las sombras como si estas fueran seres vivos que pudieran lastimarlo. Todo el día el niño disfrutaba del esplendor de los rayos del sol en las recamaras que había ocupado su madre. Watho lo acostumbro al sol al punto que podía soportarlo tanto como una persona nacida en África. Todos los días durante las horas mas calurosas, Watho lo desvestía y lo hacía acostarse al sol para que madurara como si fuera un durazno, el niño lo disfrutaba e incluso se resistía a volver a vestirse. Ella utilizó todo su conocimiento para que sus músculos se hicieran fuertes, elásticos y de reflejos rápidos, para que su alma, decía riendo, se asentara en cada fibra y en cada parte de su ser, para despertar cuando fuera llamada. Su cabello era rojo dorado pero sus ojos se oscurecieron a medida que iba creciendo, hasta que fueron tan negros como los de Vesper. Era una criatura de lo mas feliz, siempre riendo, siempre amando, por momentos se enfurecía pero volvía a reír rápidamente después de eso. Watho lo llamo Photogen.

Capitulo V Nycteris

Después de cinco o seis meses del nacimiento de Photogen, la dama oscura asistió el nacimiento de otro bebe, nacida de una madre ciega, en una tumba sin ventanas, en la oscuridad de la noche, bajo los tenues rayos de luz de una lampara en un globo de alabastros, una niña vino al mundo llorando entre toda esa oscuridad. En el momento que esta niña nacía por primera vez, Vesper nacía por segunda vez, y entraba a un mundo tan desconocido para ella como lo era este para su hija, quien, a su vez, debería volver a nacer para poder ver a su madre.

Watho la llamo Nycteris, y creció en condiciones tan similares a las de Vesper como fue posible, excepto por un detalle. Tenía el mismo tono de piel oscura, junto a sus cejas y pestañas, su cabello negro y su mirada triste y gentil; pero tenia los ojos de Aurora, la madre de Photogen, y si se oscurecían a medida que iba creciendo solo se convertían en azul oscuro. Watho, con la ayuda de Falca, tomo todos los recaudos posibles con ella, todo lo que debía hacer de acuerdo a sus planes, el objetivo era que ella nunca debía ver una luz que no fuera la de la lampara. Por lo tanto sus nervios ópticos y en efecto todo sus órganos relacionados a la vista se hicieron mas grandes y mas sensibles, de hecho sus ojos, fueron los únicos que no se hicieron tan grandes. Bajo su oscura cabellera, su frente y sus cejas, sus ojos eran como dos orificios en un nublado cielo nocturno, a través de los cuales se podian ver las estrellas del firmamento. Era una criatura pequeña, triste y delicada. Excepto por ellas dos, no había otra persona en todo el mundo que conociera la existencia de ese pequeño murciélago. Watho la entrenó para dormir durante el día y despertar durante la noche. Le enseño a tocar su música, disciplina en la cual era bastante competente pero eso fue todo.

Capitulo VI La crianza de Photogen

La hondonada sobre la que estaba construido el castillo de Watho era mas una hendidura en una planicie mas que un valle entre las colinas ya que en la cima de sus laderas, tanto al norte como al sur habían amplias y extensas llanos. Estaban cubiertas de frondosos pastizales y flores, con pequeños bosques aquí y allá, una colonia periférica de un gigantesco bosque. En estas frondosas planicies se encontraba el mejor coto de caza del mundo. Grandes manadas de pequeños pero feroces bueyes, con jorobas y melenas greñudas, vagaban por los alrededores. También había antílopes y ñues, y algunos roedores pequeños, mientras que los bosques estaban atestados de criaturas salvajes. Estos animales llenaban las mesas del castillo. El jefe de los cazadores de Watho era un hombre agradable, y cuando Photogen creció demasiado para seguir el entrenamiento que ella podía garantizarle, se lo entrego a él, a Fargu. Estaba predispuesto a enseñarle todo lo que sabia. Le consiguió un poni tras otro, cada vez mas grande a medida que el niño iba creciendo, cada uno mas difícil de manejar que el anterior, y así hasta que pasó de un poni a un caballo, y de un caballo a otro hasta que fue como cualquier otra jinete de ese país. De igual manera lo entrenó en el uso del arco y la flecha, cambiando cada tres meses por un arco mas fuerte y flechas mas largas, y muy pronto se convirtió en un arquero fenomenal, incluso a caballo. Tenía apenas catorce años cuando mató a su primer buey, causando un revuelo de alegría entre los cazadores, y en efecto, en todo el castillo ya que allí también era el favorito. Todos los días, tan pronto salía el sol, él salía a cazar y permanecía fuera casi todo el día. La única orden que Watho le dio a Fargu fue que bajo ninguna circunstancia Photogen tenía permitido estar fuera hasta la hora del ocaso, sin importar cuanto le rogara, no quería que éste sintiera el mínimo deseo que saber que sucede cuando cae el sol, y Fargu respetaba religiosamente esta orden ya que aunque era un hombre muy valiente y no hubiese temblado ni siquiera ante la embestida de una manada de bueyes, si le temía a su ama. Cuando ella lo miraba de cierta manera, decía él, su corazón se convertía en cenizas en su pecho y la leche y el agua reemplazaban la sangre de sus venas. Fue así como a medida que Photogen crecía Fargu empezó a tener miedo ya que cada día era mas difícil restringir sus movimientos. Estaba tan lleno de vida que, como Fargu le dijo a su ama, parecía mas un relámpago con vida que un ser humano, algo que alegro mucho a Watho. No conocía el miedo, y no por que no hubiese estado expuesto al peligro, si hasta tiene una grave herida hecha por el filoso colmillo de un jabalí, al cual se ingenio para matar con su cuchillo de caza antes de que Fargu pudiera asistirlo. Cada vez que lo veía cargar con su caballo y adentrarse entre la manada de bueyes, solo con su arco, sus flechas y su espada corta, Fargu temblaba de miedo, porque no sabia que sucedería cuando estas presas fueran demasiado pequeñas para el. Que sucedería cuando se viera tentado a buscar presas mas peligrosas, como leopardos y linces, animales que abundaban en el gran bosque. El niño había estado tan expuesto al sol durante toda su infancia, tan saturado con su influencia que ahora veía cada peligro con un soberano nivel de coraje como nunca antes visto. Sin embargo, al acercarse a los dieciséis años, Fargu le rogó a Watho que empezara a darle ordenes directamente al muchacho y lo librara de tamaña responsabilidad. Ordenes que pudieran contener a un león dorado como Photogen, le dijo. Watho llamó al joven y en presencia de Fargu le ordenó que nunca debía permanecer fuera del castillo cuando el sol se acercara al horizonte, acompañando la prohibición con indicios de las consecuencias, que no eran tan terribles sino mas bien confusas. Photogen escuchó respetuosamente pero sin conocer el miedo ni la tentación de la noche, las palabras de Watho cayeron en oidos sordos.

Capitulo VII La crianza de Nycteris

La poca educación que Watho decidió darle a Nycteris, se la dio a través de la palabra. Sin mencionar que no tenía la luz suficiente para leer, entre otras razones, ella jamas puso un libro en las manos de la niña. Nycteris, sin embargo, veía mucho mejor que lo que Watho imaginaba, y la luz que tenia le resultaba mas que suficiente. Logro convencer a Falca para que le enseñara las letras y aprendió sola a leer por lo que Falca le llevaba libros para niños de tanto en tanto. Pero su mayor disfrute lo hallaba en su instrumento. Sus dedos lo amaban, y lo buscaban como una oveja busca su alimento. No era infeliz. No sabía nada del mundo por fuera de la tumba en la que vivía, y encontraba gran placer en todo lo que hacia. Pero sin embargo, deseaba algo mas, algo diferente. No sabia que era, y lo mas cerca que estuvo de expresarlo para ella misma fue que necesitaba mas espacio. Watho y Falca iban hasta ella guiándose por la luz de la lampara y así también a la vuelta, por lo tanto debía haber mas espacio, en algún lugar. Cuando se quedaba sola, se volcaba a leer detenidamente los bajo relieves de los muros. Estos eran una representación de los variados poderes de la Naturaleza bajo alegóricas similitudes y como nada que no existiera podía ser representado, no pudo evitar imagina ciertas relaciones entre algunas de esas representaciones, y así fue como una sombra de duda la envolvió.

Había solo una cosa que se movía y le enseñaba mas que todo el resto, y era la lampara que colgaba del techo, la cual siempre vio encendida aunque nunca vio su llama, apenas una leve condensación en el centro del globo de alabastro. Ademas del trabajo que la lampara hacia sobre las demás personas, era la indefinición del globo y la suavidad de su luz lo que le daba la sensación a sus ojos de que podían entrar en esa blancura, y que de alguna manera eso estaba asociado con la idea del espacio y el lugar donde vivía. Se sentaba durante una hora entera a mirar la lampara y al hacerlo, su corazón se expandía. Se preguntaba que era lo que la había dañado, cuando descubrió su rostro lleno de lagrimas y como podía haberse lastimado sin saberlo. Nunca miró la lampara en compañía de Watho y Falca, eso era algo que se reservaba para si misma.

Continuara…